Yo aborté

Tenía 18 años, estaba a dos meses de terminar el secundario. Estaba pendiente del baile de la primavera, pendiente de terminar y poder irme a estudiar a Buenos Aires. Recuerdo que saqué turno con una ginecóloga por primera vez en mi vida para pedir pastillas anticonceptivas, a la vez que usaba preservativos, porque creía fehacientemente que tenía que cuidarme de todas las formas posibles. Hasta ese momento, como recién me iniciaba en el sexo, sólo me cuidaba con preservativos y procuraba no tener ningún tipo de contacto hasta que el preservativo estuviera puesto. La ginecóloga me hizo una ecografía para darme los anticonceptivos mas indicados para mi edad y mi fisionomía. Fue una sorpresa cuando me dijo que no podía dármelos, porque estaba de algunas semanas. Lloré, putié y me cagué en todo el mundo. Jamás había tenido relaciones sexuales sin protección, no podía entender como había pasado ni por qué. No lo merecía, y sobre todo no quería, no era mi momento.

La ginecóloga me dijo que los anticonceptivos no son 100% fiables, que siempre hay un margen de error, y en ese ínfimo margen estaba yo, pero también me dijo que se podía hacer algo que estaba a tiempo y que con unas pastillas era suficiente, que tenía que contarle a mi vieja primero y que además tenía que pagar por ello. Las pastillas salían caras, muy caras, no estaban ni de lejos a mi alcance (cualquiera que me conoce sabe que la situación económica de mi familia nunca fue la mejor). Me fui de la consulta en bici, a toda velocidad a contarle a mi amiga de toda la vida y a decirle que no tenía como pagarlo que estaba laburando pero que el tiempo pasaba y tenía que hacerlo cuanto antes. Ella sin pensarlo se fue a su habitación y sacó el dinero que guardaba para sus vacaciones, me lo dio aún sin saber cuándo podría devolvérselo, me lo dio con el corazón y con un abrazo mas que sincero. Recuerdo que lloramos juntas y abrazadas porque yo tenía miedo, miedo a contarle a mi vieja y que me obligase a tenerlo.
Recuerdo que mientras nos abrazábamos, mi amiga me dijo que todo iba a salir bien, que confiara. Mi vieja lloró cuando le conté. Lo primero que me dijo fue: “como se lo vamos a decir a tus abuelos.” Lloró aún más cuando le dije que no iba a hacer falta decírselo porque no iba a seguir adelante. Ella respetó mi decisión, y me acompañó en el proceso, no me dejó sola ni un minuto, aún en contra de sus convicciones de aquel entonces estuvo conmigo, y le estoy eternamente agradecida.
Esto no se lo contamos a nadie de la familia porque tuve miedo que alguien se enterase y me denunciara. Tuve miedo de ir presa, tuve miedo de ser juzgada, de ser señalada como le había pasado años antes a una chica conocida: le habían pintado con aerosol la pared de la escuela a la que iba, tachándola de asesina (ella no había abortado, pero se corría el rumor de que lo haría). Las pastillas finalmente no me funcionaron y la ginecóloga me llevo a quirófano haciéndolo pasar esas dos semanas como un embarazo de 9 semanas que no prosperó, me durmieron y al despertarme ya estaba hecho, estuve en la clínica durante unas horas, y más tarde ya pude irme a casa. Así, sin más, sin complicaciones, sin problemas psicológicos, sin movidas y sin problemas de salud posteriores. Pude acceder a ello gracias a mí ginecóloga que me dio la opción de hacerlo en una clínica de forma segura, y también a mi amiga que me prestó el dinero, porque en aquel entonces nadie más podía dejármelo y yo ni de lejos tenía la posibilidad de acceder a esa suma. Me pregunto que habría pasado de no ser así, porque abortar iba a abortar igual, quizás sería otra cifra más en la gran tasa de muerte por abortos ilegales que tiene nuestro país, o quizás tendría problemas ginecológicos de por vida. No lo sé…
Sé que si estoy acá para contarlo es porque tuve el dinero para acceder a un aborto, y porque tuve la posibilidad de dar con la profesional indicada. Tengo amigas muy cercanas que también abortaron, con 22, con 25, con 26 y con 30 años, porque no sólo las adolescentes lo hacen. Abortaron de forma segura, pagando en una clínica privada y sin problemas posteriores. Abortaron convencidas que era lo que tenían que hacer en ese momento de sus vidas (alguna de ellas hoy día son madres), y muchas de ellas abortaron sin que siquiera su familia más cercana lo sepa. Incluso sé que hay madres de esas amigas que no lo saben, porque tienen miedo a contarlo, miedo a ser juzgadas incluso por su propia familia.
Tengo también el lamentable caso de una prima segunda que no tuvo las mismas posibilidades de acceso. A esta prima su condición precaria no le permitió pagar una cantidad irrisoria de dinero para hacerse un aborto en una clínica privada, y lo hizo en la clandestinidad total; a la semana la encontraron muerta en su casa y desangrada. La autopsia revelo que fue por una infección a causa de un aborto mal hecho, tenía restos del embrión que se había podrido, y le había ocasionado la muerte.
Hoy, desde el lugar donde estoy, salgo a la calle para que mis compañeras de Argentina tengan la posibilidad de acceder al aborto seguro sin importar su nivel socioeconómico. Que la que quiera pueda hacerlo, sin sentirse avergonzada ni juzgada por ello y sin pagar fortunas para poder acceder al mismo. No estamos pidiendo que aborten todas; estamos pidiendo que la que quiera pueda hacerlo de forma legal, nadie va a ir obligando a las pibas/mujeres a abortar.
Creo que hay gente que todavía no se entera de ese punto. Nadie dice que nos encante abortar, que sea algo genial que todas deberíamos hacer; estamos diciendo que si te toca hacerlo, que puedas hacerlo en condiciones de salubridad básicas. He leído que aunque te lo hagas en una clínica privada o en un hospital, no es seguro al 100%, y yo me pregunto, si te dan a elegir entre hacerte una cirugía, por ejemplo de apendicitis, en un hospital, con enfermeras, médicos y personal cualificado, o hacerlo en un cuarto de un barrio encima de una cama mugrienta, y sin mas atención que la de alguien que dice que sabe hacerlo, ¿qué elegirías? Creo que irías a lo seguro, bueno de eso estamos hablando.
Por eso marchamos, por ello portamos los pañuelos verdes y por eso hoy hemos llorado de la emoción al ver la resolución de la cámara de Diputados. Ahora toca el Senado, y seguiremos saliendo a la calle, seguiremos marchando, unidas, abrazadas, y en hermandad.
!Aborto legal seguro y gratuito ya!
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unnamed*Milagros Carnevale, actriz, activista vegana y feminista. En sus tiempos libres escribe para sanar (se). Puedes encontrarla en sus redes Facebook1Facebook2 e Instagram.
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