La camarista

Por: Emely Arroyo*

Leí varios reviews de La Camarista, película dirigida por Lila Avilés (México, 2018), después de verla el día de ayer. Me arrepiento un poco porque ahora me siento bastante influenciada por ideas ajenas y siento que no podré expresar plenamente lo que me hizo pensar. Por lo anterior decido escribir lo más personal y cercano a mis sentimientos, bastante alejado a la objetividad que tanto nos (des)encanta.

La película trata de una camarista llamada Eve (Gabriela Cartol) que trabaja en un hotel de lujo en Ciudad de México limpiando cuartos para lxs huéspedes. Eve es una mujer que no puede cuidar a su hijo ya que sus circunstancias económicas no se lo permiten porque tiene que trabajar casi todo el día. Ella está diariamente en espacios de lujo los cuales no puede enteramente habitar porque solo se encarga de mantenerlos impecables para que quienes pagan sus altos costos los disfruten. También es una persona que está reticente a lo que pasa a su alrededor cuando hay otras personas presentes pero, curiosamente, cuando entra a un cuarto con ausencias (humanas) comienza a interesarse en la manera de vivir de la persona que dejó su presencia por medio de objetos.

Empaticé con Eve rápidamente porque yo era (¿O soy?) como ella, bastante callada y sin ganas de relacionarme con personas de las cuales me rodeaba. Cuando yo decidía acercarme a esas personas creía que sus intenciones siempre eran para convivir agradablemente entre ambas partes y en muchas ocasiones me di cuenta que buscaban intereses personales. La fantaseosa (cuasi real) vida que Eve comienza a sobrellevar justo plantea eso cuando empieza a involucrarse con su alrededor de una manera que no había experimentado antes.

Eve nos transmite que su persona está abierta a crear más vínculos sociales que complejizarán su cotidianidad y es ahí, cuando tiene nuevas vivencias, que se presenta un pedazo significativo de ella como mujer, camarista y madre. Poco a poco, de forma sutil, a Evelia se le va revelando la violencia que ejercen sobre ella distintas personas que la rodean, lo cual me causó un encierro mental y un disgusto casi instintivo por los espacios que habitaba (blancos, limpios, grises, grandes y bastante sofisticados) antes de que se le presentaran las situaciones desagradables.

Durante la historia Eve presencia tratos clasistas, racistas y machistas en ese hotel que mantiene el estatus de personas externas que solo van de paso. Mientras ella logra (¿sin saberlo?) que otras personas adquieran un bienestar, pone en riesgo el suyo y no sabe de qué forma manejarlo. Lo que consigue después de entender lo que le está sucediendo (no sin antes haber tenido varios golpes emocionales) es dejar de confiar en las personas que construyen su entorno y se fija en ella misma.

La película me pareció un acercamiento íntimo a la vida de una persona que tiene un trabajo que, según se vea, parece sumamente aburrido y cansado. No es tan alejado de la realidad, es cansado subir muchos pisos, cargar objetos en abundancia, tallar con fuerza diferentes superficies y recibir una constante manipulación emocional. Por otra parte, también es aburrido encerrarse en un mundo y no darse cuenta que la curiosidad que tienes es casi un talento antropológico innato que no puedes reconocer como parte de ti por las barreras generadas a partir de tus circunstancias.

Por lo anterior, y muchos factores más de la película, pienso que Eve se ve imposibilitada a percibirse con una identidad que la fortalezca como persona, ya que no está en un espacio y circunstancia que le permita reconocer su humanidad más allá del trabajo. No es casualidad entonces que Eve se vaya presentando como una mujer trabajadora más del hotel, madre alejada de su hijo y una persona racializada.

A pesar de ello, todo gira en una dirección interesante cuando ella nos advierte que una transformación interna está a punto de estallar. Entonces, efectivamente sucede y ella toma una postura cuando acepta que no es la vida que quiere y decide rechazarla con dignidad. El personaje de Evelia me inspiró a fijarme, todavía más, en mi alrededor y en la vida de las personas pero nunca olvidándome de la mía.

Referencias

Áviles, L. y Graullera, T. (productoras) y Áviles, L. (directora). (2018). La Camarista [Cinta cinematográfica]. México: Caníbal.

 

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*Soy Emely Arroyo y me encanta la oralidad. Busco diversos caminos del conocimiento para darle distintas interpretaciones a la vida que comparto en comunidad, algunos de ellos son la lingüística, el análisis del discurso y las críticas feministas decoloniales. Las transformaciones y los cambios experimentados por los lenguajes que voy conociendo -a través de diferentes temporalidades- los voy reuniendo en un blog medio oculto en Internet. 

Contacto: emelyarroyoe@gmail.com

 

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