¿Por qué te rayaste?

Hace unos días recordé un encuentro desafortunado. Me encontraba caminando en la calle, cuando observó un tipo frente a mí mirando con atención y de forma lasciva mi muslo derecho, al acercarnos le cuestiono bastante molesta si algo se le había perdido o por qué me estaba viendo tanto, el sujeto en cuestión, me responde molesto “si no quieres que te vean no te pongas un tatuaje ahí” a lo que contesté “qué te valga lo que hago con mi cuerpo, mis tatuajes no son para ti, idiota”. Fue molesto, bastante incómodo y claro que no ha sido la primera vez que mis tatuajes llaman la atención pero hay formas ¿saben? y, como mujeres, creo que identificamos perfectamente una mirada lasciva.

En muchos sectores sociales de México existe una asociación directa entre tatuajes y crimen que, en mi opinión, carece de fundamentos en nuestra sociedad actual ya que el tatuaje también es utilizado como forma de expresión. Esto lo menciono por las lamentables declaraciones del Fiscal General del Estado de Baja California, a raíz del feminicidio de Danna, en las que refiere lo siguiente: “Tristemente una niña de 16 años, pero pues la niña también traía tatuajes por todos lados y también el crimen lo cometen uno de 18 y uno de 22 y 23 años…“. Que hombres con este poder mediático e institucional realicen este tipo de comentarios al hablar de un crimen, justifica de forma indirecta, la violencia que las mujeres recibimos por parte de sus congéneres.

El derecho a habitar el cuerpo de manera libre está negado para nosotras. Socialmente, tenemos que cumplir con determinados estereotipos de personalidad y formas de expresión corporal para ser consideradas mujeres “que se dan a respetar” y, por tanto, existe la contraparte en la que si no se cumplen esos estereotipos, somos automáticamente cuerpos públicos y blancos justificados para recibir violencia. Quiero dejar en claro que: NINGÚN tipo de violencia de género es justificada y solo los agresores los responsables.

El negarle a las mujeres su libertad corporal lo podemos observar en los debates sobre aborto; en los comentarios que reciben las víctimas de acoso y violencia sexual; en el tema de la maternidad y, ahora, en lo referente a la modificación corporal. Cuando empecé a integrar el arte del tatuaje a mi cuerpo, recibí varios comentarios de familiares sobre cómo estaba echando a perder una cara tan bonita, en el sector laboral me pedían cubrirlos para tranquilizar a los clientes y también hubo uno que otro que me advertía que el arrepentimiento de tanta “rayadera” vendría al ser mayor. Aun con estas “advertencias en buena onda”, sigo incorporando más tinta a mi cuerpo y me siento más conectada conmigo y con mi historia al ver cada diseño (actualmente tengo 8 hermosos tatuajes y espero que el número aumente).

Sin embargo, no dejo de pensar como cada uno de estos tatuajes será utilizado para justificar que reciba alguna agresión. Cuando se realizan comentarios de cualquier índole sobre los cuerpos femeninos, me remonto a el “walk of shame” que hace Cersie en la serie Games of Thrones. En su momento no hice esta conexión, pero ahora veo claramente como las mujeres diariamente hacemos esa caminata y toda persona que nos rodea tiene el “derecho” de herirnos con sus comentarios; de realizar un escrutinio colectivo a raíz de nuestra vestimenta, nuestra forma de caminar, las dimensiones de nuestro cuerpo y sobre las modificaciones que le realizamos. La verdad, es que nunca podremos cumplir el estereotipo femenino en consecuencia, TODAS somos objetivos para la violencia de los onvres y siempre se encontrará la manera de justificarlos.

Garantizar la seguridad de las mujeres es una tarea social, que involucra distintos niveles de participación y conciencia. No se trata de darnos a respetar, se trata de que ellos respeten así de sencillo. Sin embargo, nuestra sociedad cada vez a buscado formas de justificar las violencias que como mujeres recibimos, permitiendo así que los agresores queden impunes. Como mujeres, creo que uno de los trabajos ahí es cuestionar todas las justificaciones, denunciar a quién las dice y organizarnos por/entre nosotras para nuestra autodefensa. Sabernos acompañadas, siempre será un alivio así que, antes de cuestionar a otras mujeres es mejor brindar nuestra empatía.

*Los derechos de las imágenes utilizadas son de Liz Clements.