Solo bolleras: bifobia y tinder

Parar de beber es extremadamente difícil, abandonar la heterosexualidad es una fiesta

Virginie Despentes

Por Tatiana Romero

Hace un par de semanas me abrí el tinder. Aclaro que no soy nueva en las “aplicaciones para ligar”, ya había tenido el wapa, siempre de manera intermitente, pero durante varios años. En mis incursiones de ligoteo tengo claro que no busco hacer amigas, pero tampoco solo sexo (o sí). ¿Qué es lo que busco entonces? Pues ni idea, lo tengo un poco porque sí, porque me entretiene y porque a veces, las menos, encuentras a gente super interesante. Y sí, también porque unos buenos matches te suben la autoestima, claro que sí.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre el wapa y el tinder y es que el wapa suelen usarlo en su mayoría lesbianas, es decir señoras que se relacionan sexoafectivamente solo con señoras, o bisexuales que tienen muy asumida su identidad y que se mueven bien en ambos espacios, porque creo que, en el mundo lésbico hay ciertos códigos y dinámicas que no hay en el mundo heterosexual. En tinder, en cambio, puedes elegir si quieres que te aparezcan solo mujeres o mujeres y varones, esto no lo sabe la persona con la que haces match, es decir que, si una chica me escribe yo no puedo saber si es bisexual o lesbiana o heterocuriosa a menos que lo ponga en la descripción de su perfil (agrego heterocuriosa porque a mi parecer es una categoría distinta de las primeras dos, que son identidades políticas y deseos sexuales bien definidos). Hasta aquí todo claro, o confuso, según se mire.

El caso es que yo en este momento de mi vida solo quiero relacionarme con bolleras/lenchas/tortas, con lesbianas que asumen su identidad y la politizan (porque hay lesbianas que no politizan su deseo, pero eso es otro texto). No tengo ganas de vincularme sexoafectivamente con señoras que han estado hasta hace nada con señores o, con señoras bisexuales. Sí, creo que incluso podría decir que, ya puestas a pedir, preferiría que sus últimas relaciones no hayan sido con varones cis. Y quiero aclarar que no es un tema de buscar a la lesbiana golden, es decir: “aquella que nunca ha probado varón”, por ponerlo en palabras decimonónicas, como el término mismo. Yo misma he estado con muchos hombres cis, habiendo estado con muchas mujeres también al mismo tiempo. Creo que respeto los deseos de las demás, pero también creo que tengo muy claro lo que ahora mismo quiero y necesito.

Así pues, me veo en conversaciones de tinder preguntándole a la otra si es bollera/lencha, esto con el fin de hacer un último filtro, porque vaya si tengo filtros en mi perfil: “perra, prieta, sudaka. Transfeminista y antifascista. No tíos cis y no tríos”. Intento preguntar de manera cuidadosa, intentando que la otra no se sienta juzgada, aun sabiendo que esto es difícil, porque ciertamente y como me apuntó una amiga, cuando dos mujeres están ligando y una de ellas es lesbiana y la otra no, hay ahí cierto privilegio bollero. Y tiene razón, creo que las lesbianas hemos sido muy bífobas durante mucho tiempo. Que hemos visto incluso con recelo a las bisexuales o que hemos secundado la absurda idea de que “es una fase”, o que se acuestan con el enemigo. Entiendo que a las bisexuales les puede incomodar una pregunta como esta, pero aún así la hago, porque creo que mi deseo actual es igualmente legítimo y que es lo más honesto por mi parte compartirlo, aunque conserve cierto atisbo de bifobia. 

Ayer por la noche tuve una experiencia que me pareció muy violenta, tanto de ida como de vuelta y que me ha hecho pensarme y repensarme; plantearme la pregunta que toda lesbiana se hace en algún momento de su vida, ya sea porque le hagan una acusación o porque sinceramente quiera trabajarse el deseo y los privilegios: ¿soy bífoba?

Al preguntarle a la chica en cuestión si era lesbiana me respondió: “Yo no voy de bollera ni voy de nada. Sé que podría estar con una chica perfectamente. Ya lo hice en su día y hasta me enamoré”. A mí la respuesta me dejó un poco incómoda, ese “hasta” no me gustó nada pero seguimos hablando un poco más, me preguntó por la serie The Bisexual, le dije que no me gustó porque la protagonista, Desiree Akhavan, me parece bastante insulsa y un poco pretenciosa, tanto en la serie como en la película Comportamiento Apropiado. No sé cómo la conversación derivó a temas políticos y ahí sí que me di cuenta de que lo mejor era despedirme de la manera más cuidadosa posible, le dije que yo pensaba que no teníamos muchas cosas en común y que le deseaba la mejor de las suertes en el mundo tinder. Ella reaccionó bastante mal, me dijo que si la conociera en persona cambiaría de opinión, que no sé cómo es, que no sé con quién estoy hablando y que parece que estoy buscando algo muy concreto. Respondí que efectivamente estoy buscando algo muy concreto, una persona con la que sienta que puedo tener afinidad y que, a mi parecer es muy legítimo buscar lo que sea que una quiera, a lo que me respondió que yo era una persona muy cerrada y que ella intentaba convencerme de quedar por “una intuición”. Finalmente paré de darle explicaciones y de justificarme y me despedí. Entonces vino el cuestionamiento ¿soy bífoba?

Creo que posiblemente sí lo soy, creo que mi deseo de relacionarme sexoafectivamente solo con lesbianas, de entrada, es excluyente. Pero, haciendo un alto en el camino me pregunto también ¿qué es la bifobia? Porque yo no siento rechazo ni desprecio por las personas bisexuales. No niego su deseo, al contrario, me parece tan legítimo como cualquier otro, no creo que estén en una fase, no creo que lo que les pase es que no se deciden, no creo que sean lesbianas armarizadas o enclosetadas. Y mucho menos creo que sean promiscuas per se. Yo personalmente me defino como promiscua y defiendo la promiscuidad como apuesta política (pero eso da para otro texto). Entonces, ¿qué pasa? Si tengo todo esto claro ¿por qué quiero relacionarme solo con lesbianas? Por un lado, me parece que la respuesta podría ser que he creado un mundo para mí misma en los márgenes, en el que la resistencia es condición de posibilidad para la vida y ese mundo está libre o intento que esté libre de varones cisheteros (aclaro cis heteros porque mi vida está llena de maricas estupendas con las que quiero pasar el resto de mis días, sin ir más lejos mi compañero de piso) y por el otro, gracias a mi sexóloga de confianza Florencia Arriola, entiendo que el deseo es mucho más complejo de lo que a veces parece y es que, las personas bisexuales no me erotizan, lo que no quiere decir que le niegue o le violente porque esa persona se defina como bisexual. 

Hablando de esto con otra amiga, quien se define también como bollera/lencha/torta y a veces se relaciona sexualmente con mujeres con novio, me dijo algo que creo es clave y yo no había visto: “yo me relaciono con ellas en espacios feministas no mixtos, en esos espacios las formas heterosexuales de relacionarse no existen, sé que tienen novios pero yo nunca las he visto con ellos”. 

No tengo la respuesta a mi propia pregunta, aunque por momentos la intuya en uno y otro lado y sea un tema pendiente a tratar entre lesbianas y bisexuales, pero antes de terminar hay algo que no quisiera dejarme en el tintero y es: ¿qué es lo que lleva a una persona en tinder a intentar convencer a otra para verse en persona aun a pesar de varias negativas?

La desesperación. Una profunda necesidad de que alguien nos elija, nos diga que sí y quiera conocernos y esto creo que me preocupa aún más que definirme como bífoba.

Me preocupa la forma en la que nos estamos relacionando, me preocupa la necesidad de establecer vínculos a toda costa, me preocupa la falta de amor colectivo, las personas que se quedan tiradas en el camino, que no tienen redes que las sostengan y viven en una profunda soledad, pensando que, una lesbiana cualquiera del tinder, como lo soy yo y otras tantas, va a poder llenar ese hueco. Algo habrá que hacer, ahora más que nunca, para paliar esas soledades. Y mientras tanto, seguiré preguntándome si soy bífoba, asunto pendiente para toda lesbiana.

Collage de @la.amarillista