Las herramientas y saberes que conforman nuestros feminismos

Editorial Feminopraxis 2020

El tiempo ha transcurrido en nuestros calendarios y ha alcanzado ya su final, el por momentos interminable, 2020. Es momento de recapitular y re-conocernos a nosotras mismas, con nuestras batallas y nuestras victorias. Por esto, desde Feminopraxis escribimos este editorial, desde la necesidad y las ganas de dialogar con las personas que a lo largo de este tiempo nos han apoyado, ya sea con sus colaboraciones o con su lectura. Queremos acuerparnos a la distancia a través de estas líneas digitales, con la intención de ofrecer algunas ideas y reflexiones que el 2020 nos ha dejado. 

Este año será recordado, por la nuestra y por futuras generaciones, como el año de la pandemia, de los miedos y las esperanzas colectivas, también. No se trata de hacer una lectura global ni cronológica de lo que este año nos ha atravesado dentro de los movimientos feministas, ni sobre las disidencias sexuales o las prácticas antirracistas que gran parte de nosotras accionamos, sino ubicar las luchas y los sentires-pensares que pudimos colectivizar. Cada una de las que integramos Feminopraxis habitamos diversas geografías, realidades, corporalidades y espacios desde la complejidad de la identidad y a la vez nos encontramos vinculadas por la sororidad y el deseo de hacer espacios verdaderamente habitables; a través de los textos que escribimos y la información que ofrecemos en nuestras redes sociales. Consideramos que la socialización de la información, es una gran base para ir generando críticas y acciones contra el sistema patriarcal. 

Este 2020 será difícil de procesar, la pandemia ha venido a remover y profundizar contextos de desigualdad en todas las áreas de la esfera social y, en lo individual con todo lo acontecido y cómo nos tocó vivirlo, también se desarticularon algunas de nuestras bases. Seguro podríamos convocar a un evento donde las anécdotas personales no dejarían de escucharse; o podríamos publicar libros enteros a manera de diarios. Sin embargo, lo más importante es reconocer cómo nos afectó que un virus se hiciera global,  ya que como alguna vez escribimos al inicio de la pandemia: 

“Debemos pensar que desde muchos espacios estamos resistiendo y recreando nuestras prácticas feministas. Tenemos un cúmulo de conocimientos y experiencias que nos preceden y que hoy podemos recuperar, reinterpretar y volver a compartir bajo caminos más creativos y colectivos. Y aunque sabemos que la pandemia cambiará muchas cosas, aún podemos imaginar el futuro que queremos seguir construyendo y que estamos abonando a ello, transformando las relaciones interpersonales, las maternidades, los cuidados, los hábitos y las necesidades en estos tiempos de confinamiento. Ante nuestros ojos nos damos cuenta que la vida es un tejido complejo de vidas interdependientes, tejido del cual formamos parte.”

Con ello, desde nuestro contexto, reflexionamos y nos cuestionamos sobre los tipos de tejidos sociales a los que deseamos pertenecer y, algo sumamente importante, si realmente y en todas las ocasiones es posible decidir el tejido social en el cual echamos nuestras raíces. Fue de importancia, para contener un poco las cosas, no salir de casa más que por lo necesario, trabajar desde casa, cuidar desde la casa, aprender a usar la tecnología para estar en comunicación, convivir con les hijes y la familia a tiempo completo y reorganizar la rutina para “adaptarse a las nuevas condiciones”, realmente no fue una opción para todas las personas. Sabemos y en momentos vivimos la incertidumbre laboral, económica, emocional, la condición migratoria, la salud propia y de otras personas y, además, la violencia estructural que reproduce tanto el sistema capitalista como el patriarcal contra comunidades y personas que clasifican desde la otredad.

La estabilidad en todas las áreas de desarrollo social, con la pandemia, se mostró como un privilegio y profundizó las desigualdades que en todo el mundo se reproducen, podríamos seguir con estos ejemplos pero lo que nos interesa con este ejercicio es visibilizar que: lo que para unas personas es normal y natural, como resguardarse para salvar la vida. Para otras, es cuestión de vida estar en constante exposición porque sino, no se sobrevive. Por tanto, al naturalizar las diferencias, lo que se produce es la exclusión. Nuestros gobiernos con el #QuédateEnCasa, intentan normalizar el hogar como espacio seguro; sin embargo, acorde a los datos emitidos por la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el hogar en México es un espacio hostil y peligroso para muchas mujeres e infancias, ya que la violencia emocional, física, sexual y económica/patrimonial es ejercida dentro de los hogares. Además, la violencia institucional reducen el número de denuncias. 

Lamentamos que mujeres e infancias, se vieran obligadas a permanecer con familiares violentos. Con esto hacemos un llamado a reflexionar y modificar las dinámicas machistas, sexistas y violentas dentro de los hogares, para que todas las personas puedan tener un lugar y espacio seguro que habitar, para resguardarnos y proteger nuestra salud en él y que no sea un infierno la esperada guarida. Recordamos que “Lo privado también es político” y observamos, que ahora con los cambios tecnológicos y su uso en la pandemia, lo privado cada vez es más reducido por lo que vemos necesario continuar reflexionando y accionando para generar espacios físicos, como el hogar, y además virtuales seguros. 

Una vez más y confirmando ya una constante histórica, quienes poseen la mayoría de las riquezas y recursos mundiales decidieron no abrir sus arcas y financiar el bienestar social para que nadie se quedara sin un techo donde descansar ni con un plato de comida, pudiendo frenar la primera ola de Covid-19, así como su propagación. Si hubo alguna ayuda de su parte, fue ocasional y esporádica, como suele suceder.

Frente a ese modelo de “atención”, los grupos de ayuda mutua, cooperativas locales, albergues de migrantes y para las personas trans, minorías religiosas, así como grupos de mujeres en ranchos, villas, asentamientos irregulares, comunidades indígenas, campesinas y barrios obreros, fueron quienes estuvieron al frente de la emergencia sanitaria para dar de lo poco o mucho que se tenía. La mayoría, que ofrecen servicios esenciales, también siguieron trabajando y cuestionando las decisiones tomadas desde los centros políticos de poder. 

Si la pandemia hubiese surgido en alguna parte del Sur Global ¿Habría sido la misma respuesta de los grupos con poder de cerrar fronteras y mandarnos a un encierro obligado?, ¿Qué hubiera sido de muches de nosotres sin las ollas comunes, los apoyos de bancos de alimentos o las redes de apoyo creadas via Zoom para hablar de nuestras preocupaciones, sin paga alguna?; ¿Qué hubiera sido de nosotres y de nuestros círculos cercanos sin esos apoyos que llegaron por recaudación de fondos para suplir necesidades que no podíamos pagar?, ¿Quién hablaría del racismo y la discriminación como lo hizo Black Lives Matter? Recordándonos que la policía no presta un servicio, sino que criminaliza lo “sospechoso” que muches de nosotres “tenemos”. Esas son luces que alumbran la oscuridad, que nos permiten observar los tejidos que vamos hilando y que también recrean nuestras prácticas feministas.

Cada una de nosotras, al asumirnos feministas, nos comprometimos a generar un cambio estructural para que la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes sea erradicada en nuestros contextos. Entendemos que el valor para desafiar nuestras creencias, que en muchas ocasiones no las decidimos sino que se nos impusieron, es algo que se cultiva con amor propio, sororidad, solidaridad y sabiendo que no estamos solas. Somos humanes, tenemos la capacidad de deconstruir creencias. Empecemos, como alguna vez dijo Angela Davis, a cambiar las cosas que no podemos aceptar. Empezamos por no normalizar las desigualdades y cuestionar este sistema que nos mata.

En Feminopraxis, creemos en el poder de la solidaridad global y local para desafiar las condiciones opresivas en que vivimos y, así ver que no son luchas aisladas. El patriarcado es global, como global puede ser la esperanza feminista no hegemónica, sino liberadora, interseccional, antirracista, no-binaria y transfronteriza. Creemos que la solidaridad ofrece la habilidad de imaginar el mundo organizado desde una perspectiva diferente: desnaturalizar la existencia de las fronteras, las naciones y los estados; hacer de los intereses comunes y la ayuda mutua los modelos de organizarnos y cuidarnos; reconocer el liderazgo de mujeres que vienen de tradiciones milenarias, indígenas, campesinas y/o afrodescendientes resistiendo el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado extractivista, para ser guías de nuestros movimientos. 

Deseamos que dejen de silenciar a quienes han sido víctimas del exilio, por sus ideologías y por denunciar las injusticias que el sistema sexo-género ha provocado en sus corporalidades, sentires y pensares. Abrazamos a quienes los fundamentalismos religiosos y sociales han atropellado por no definirse a través de estereotipos violentos, como santas o puras. Re-afirmamos que Feminopraxis es un espacio para que no se sientan en soledad, caminamos a su lado y compartimos camino desde sus/nuestras experiencias y conocimientos, diversos e igual de valiosos.

Ursula K. Le Gun, escritora de ciencia ficción, en su ensayo “The Carrier Bag. Theory of Fiction”, publicado en 1988, se pregunta cuál fue el primer dispositivo cultural que mujeres y hombres primitivos tenían a su alcance y, que gracias a ello, sabemos de la existencia de nuestros antepasados. Como huella histórica, ella especula que probablemente fue un contenedor, un recipiente, una bolsa para transportar lo que necesitaba para hacer la vida cotidiana. Cada objeto dentro de esa bolsa era en sí mismo una historia, y todos los objetos en conjunto contaban una historia de principio a fin. Antes que los mitos o las leyendas ocuparan el lugar de la oralidad, la observación de los objetos, su utilidad y su importancia en la vida de quienes cazaban y recolectaban alimento, permitieron el desarrollo de conocimientos y habilidades para dominar objetos y herramientas, perfeccionadas a través del tiempo.

Ilustración inspirada en la escritura de Ursula K. Le Gun, por @seemakohli

Hoy, a manera de ejercicio, pensamos ¿Que contendrían nuestros contenedores? Ojalá que muchos de ellos al abrirlos, en los siguientes años, nos sorprendan con más recursos y mejores herramientas para defendernos y desmantelar las condiciones opresivas en las que actualmente vivimos.

Que nuestras plataformas, recursos humanes, materiales, económicos, intelectuales; que nuestra legitimidad y experiencias en diversas luchas y movimientos, nuestras voces y creatividad, las usemos para transportar de generación en generación esperanza para nuevos futuros donde ninguna mujer viva cualquier tipo de violencia. Por años venideros en los que ninguna mujer y comunidades oprimidas por este sistema patriarcal, capitalista, binario, racista, clasista, colonialista fundamentalista, machista y sexista sean silenciadas o asesinadas. Ese es nuestro deseo para este 2021 y los años por venir.  Desde Feminopraxis muchas gracias, compañeres, por estar ahí. 

Por último, agradecemos a todas las mujeres, niñas y adolescentes de todo el mundo por su trabajo para ese mejor futuro. Sabemos que mujeres en México, así como en otras partes del mundo, se movilizan a diario para lograr un mundo justo y digno para vivir, cada una desde sus trincheras por un mundo donde todes sanemos, por un mundo donde podamos acuerparnos sin sospechas entre nosotres, por un mundo lleno de autodeterminación en nuestros cuerpos-territorios y por un conocimiento colectivo sin extractivismo y robo intelectual. Por un mundo donde las mujeres y personas no binarias nativas, indígenas, afrodescendientes, campesinas, pobres, discapacitadas, migrantes, refugiadas, desplazadas, trans, lesbianas, bisexuales y cuirs, estén al frente de la lucha y la transformación social. 

*Gracias Argentina, por cerrar el año con esperanza para una Latinoamérica Verde #SeráLey.

Collage casero por Jael de La Luz para Feminopraxis