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Niñas son atacadas por otro virus, por lo menos éste parece tener remedio.

Desde el asedio, mientras pensamos que están seguras, un virus que no muere, busca reproducirse.

Una niña respira la violencia en cada rincón de lo que ya, no puede llamar hogar y contamina su cuerpo, sin protección.

El miedo le invade y ése es el perfecto alimento porque ya no hay barreras, no hay nadie que la salve.

Se agotaron las defensas y parece tomar el control; nadie escucha, nadie llega, nadie quiere.