Todas las entradas por feminopraxis

Yo sí te creo

Por Clara S. Quintana*

¿Cómo no iba a creerte? ¿Qué clase de persona sería si ignorase el despliegue de poder de la sociedad patriarcal para enredarlo todo de forma que los verdugos acaben pareciendo las víctimas? ¿Por qué iba a dudarlo? Yo, que he apretado el paso cuando volvía a casa en mitad de la noche, escapando de fantasmas de carne y hueso; yo, que he escuchado todo tipo de comentarios indeseados en un lapso de tiempo mínimo mientras esperaba a una amiga en su portal; yo, que me he cambiado de acera en una falsa sensación de seguridad, que me he escalofriado al oír testimonios de otras mujeres. Yo, que he bebido, que he divagado, que he necesitado de otros y he deseado, con fuerza, tener suerte y gente decente a mí alrededor en esos momentos. Seguir leyendo Yo sí te creo

Violencia de género en las artes

Escrito por Maria Gourley (@GourleyMaria).

La problemática de género es actualmente una temática diversa, enriquecida por diferentes disciplinas y abordada por varios actores en la lucha por conseguir derechos fundamentales. El ámbito del arte, por supuesto, no debe quedar exento.

Las artes en sus diferentes manifestaciones, han sido históricamente relacionadas con la evolución humana e interpretadas como un medio para la creación de movimientos reformistas y de vanguardia, tanto en lo estético como en lo social.

 

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Botón

 

Por Sema Dola*

Non, agora non
Teo de coser un botón
L’abertura que me facía
la camisa
engrandóse
y esta mañana
enseñé-y los pechos
al caxeru del bancu
Firmé una nueva tarxeta
nun supi dici-y que non Seguir leyendo Botón

Cuatlicue

Por Gabriel Cárdenas Villanueva*

Negra y palpitante
creadora de antaño tú
la que hace y devora entrañas
llorando me has traído a respirar.

En mi andar por las voces muertas
vine a recostar mi aliento en tus pesares
a susurrarte plumas en el vientre
sumergir mis dedos para acariciarte.

Tómame tranquila
arrulla mi cuerpo en tu regazo
desvélame en el sueño de tu manto.

Tú, que vida cargas arriba
y muerte llevas debajo
acurrúcame en tus enaguas
súmame a tus cráneos eternos.

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Sin pelos en la lengua, pero sí en otras partes del cuerpo

Por Charly Flores*

Pelos, pelos, pelos…

Las mujeres hablamos mucho de esto ¿saben?

Hace unas semanas estaba hablando de vaginas con un par de amigas que en algún momento de la conversación me preguntaban si nunca me había intentado rasurar “ahí abajo”. Mi respuesta fue que no, en absoluto, y así mismo les pregunté si ellas sí lo habían hecho.

Recuerdo en un primer momento la risita tonta que pusieron (aunque lo digo sin ánimos de ofender) y después como me decían, ambas, que sí, que lo habían hecho alguna vez para ver “que se siente” y en general dijeron que no era cómodo y que picaba.

Pero oye, ¡claro que no es cómodo! Te estas arrancando algo de ti.

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Editorial (noviembre)

Comenzamos esta Editorial con una afirmación dirigida al patriarcado: somos las hijas de las brujas que no pudiste quemar. Dentro de la mentalidad occidental cristiana dual, el concepto de bruja está asociado con la idea del mal; si había sequía, todo era culpa de las mujeres que no obedecían, si un padre no tenía suficientes bienes para mantener a su familia, eran las mujeres de su casa quienes se daban-dan como moneda de cambio; mujeres ancianas, viudas, huérfanas y “rebeldes” eran llamadas brujas y despojadas del derecho a vivir. Cuando las sociedades occidentales comenzaron a secularizar sus prácticas y pensamiento, retomaron la idea de que las prostitutas, feministas, lesbianas, disidentes religiosas, disidentes políticas, o mujeres que no desean casarse o tener hijxs, son “mujeres malas” o brujas. Así es que, a lo largo de casi dos siglos, se normalizó en el lenguaje sexista, clasista, heteronormado y moralista, que las mujeres que transgredimos el orden de las leyes naturales, somos dignas de ser linchadas física y moralmente. Lo cierto es que los dispositivos de control desarrollados hacia nosotras, intentan controlar nuestros modos de vida, nuestros cuerpos, nuestra fertilidad, nuestra vida y hasta nuestra muerte.

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El impacto del feminismo en nuestras vidas

Por Karina Esmeralda Gallegos Bañuelos*

Las feministas luchan para que las mujeres sean libres, que cada mujer pueda decidir sobre su cuerpo, sobre su vida y desmitificar todos aquellos preceptos que nos dicen que “LAS MUJERES NO PUEDEN”, inclusive la ciencia ha sido machista y misógina a lo largo de los años y aún ahora, decir que en efecto la mujer por su “biología” no puede hacer las mismas actividades que un hombre o que no tiene la misma capacidad intelectual que un hombre por el solo hecho de ser mujer es machista. Decir que no puede tener cierto puesto, o hacer actividades que se consideran como masculinas, es que nos nieguen la posibilidad a nosotras de desarrollarnos, académicamente y en lo laboral.

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Violetas

Por Mónica Ceja*

Ser feminista o no es decisión de nosotras, ese derecho nos lo dio el feminismo. Gracias al feminismo podemos decidir sobre todos los aspectos de nuestras vidas. Seamos feministas o no, día a día luchamos contra un sistema que nos violenta a todas.

Para mí es completamente válido no identificarte como una, siempre y cuando no desacredites la lucha de otras o hablar sin estar siquiera informada, esto no me desmotiva ya, en cambio me alienta saber que tengo la oportunidad de quizá alentar a alguien a informarse o aún mejor, alentar a alguna a formar parte de la lucha.

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¿Quién más?

Por Patricia J. Dorantes*

Si mañana mismo la tierra se sacudiera,

Sé que no tendría nada que temer,

Porque sé que al final, cuando todos se hayan ido,

Cuento con mi propia fuerza para subsistir.

¿Quién más que yo puede entenderlo?

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Por una nueva lactancia

Escrito por Maria Gourley (@GourleyMaria)

Lactancia Materna: derecho en retroceso

La práctica de la lactancia materna se ha ejercido de forma discordante en el transcurso de la historia y en diferentes civilizaciones. Actualmente se impulsa de forma global para la protección de los derechos de la infancia, pero no a partir de una visión integral

En la Antigua Grecia (1,200 a 146 a.C.) las leyes constreñían a las mujeres a amantar. De la misma forma, el Corán, libro religioso principal de la fe islámica escrito en el siglo VII de la era cristiana, indica que “las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos” –sura 02, aleya 233– y en la Roma Imperial la concepción de una “buena madre” tenía estrecha relación con la lactancia.

Diversas civilizaciones promovieron y aceptaron de manera natural el método de crianderas o nodrizas, lo que permitía a mujeres en situación acomodada optar por no realizar esta tarea e inclusive en la Francia del siglo XIII ya se experimentaba con preparados de leche animal para sustituir la leche materna.

Desde una perspectiva contemporánea, se ha considerado la incorporación de las mujeres al mercado laboral en países industrializados como la responsable de que las madres comenzaran a desligarse de la lactancia. Una reflexión exigua si no se analizan los muchos elementos que la maternidad adjunta. Por supuesto existe una incompatibilidad manifiesta entre el estilo de vida de la mujer postmoderna y el amamantamiento, pero no por desvinculación, sino por la carencia de sistemas que resguarden los derechos femeninos, la falta de participación masculina y la transmisión constante de información parcial y fragmentaria.

Hoy sabemos a ciencia cierta que la alimentación materna prolongada es el método recomendable para el óptimo desarrollo humano. La leche es un producto adaptado a las necesidades nutricionales de cada especie, provee mayores probabilidades de supervivencia a las/los recién nacidas/os, reduce problemas de salud y genera un vínculo afectivo.

Es por ello que tanto instituciones como organizaciones realizan importantes campañas de difusión para promoverla. En México específicamente se creó en 1996 el Comité Nacional de la Lactancia Materna, tutelado por la Secretaría de Salud.

Lamentable me resulta siempre que dichos esfuerzos no reparen muchas veces en factores sociales, culturales y económicos y que no vayan asociados a acciones que consideren elementos que involucran directamente a las madres como individuos autónomos e independientes de sus hijas/os y como mujeres mayoritariamente sin opciones viables para una maternidad protegida.

Esta sociedad tiende a definir el valor y la realización de nosotras las mujeres por medio de la maternidad –esta última relacionada al sacrificio y la abnegación, no a la satisfacción–, y la maternidad y sus implicancias no se conciben como una elección soberana y como uno de los muchos aspectos del universo femenino.

En el tema específico de la lactancia natural, esta creencia se manifiesta al destacarse los beneficios que esta tiene para la/ el recién nacida/o, desatendiéndose acciones concretas que la fomenten de manera práctica y en función de las necesidades de la mujer.

La lactancia materna debe concebirse como un derecho, tanto para la/el bebé como para la madre. Debe alentarse no solo a partir de la imposición y la obligatoriedad –situación que produce culpabilización en las mujeres que por cualquier razón no puedan llevarla a cabo–, sino por medio del establecimiento de estructuras precisas que protejan a madres, padres e hijas/os.

Resulta paradójico que la Organización Mundial de la Salud y la Unicef recomienden lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y lactancia materna continuada durante dos años o más, que se utilicen estas recomendaciones en el país pero que la Ley Federal Mexicana del Trabajo en su artículo 170 establezca solo 84 días de licencia maternal obligatoria para sectores públicos y privados y que no exista fuero maternal (imposibilidad de despedir a la madre luego de la fecha de parto). También es chocante que se excluya a los progenitores del discurso y en el aspecto legal: la lactancia natural y exclusiva exitosa requiere de la participación del padre como sujeto activo e involucrado en dicha labor y los hombres mexicanos no reciben permiso con goce de sueldo luego de ser padres.

Tampoco se han realizado proyectos de formación temprana que presenten la lactancia como parte de un plan de educación; continuamos relacionándola con un acto tabú y perteneciente al perímetro de lo privado: solo en Estados Unidos 12,000 mujeres son detenidas anualmente por dar pecho en público, aunque este acto no se encuentre estipulado como ofensa ante la ley –Suzanne McNevin, web Citizens for Change–.

p.59

Asimismo, la incorporación de información pública y abierta alusiva a las diversas sensaciones físicas y emocionales que las mujeres experimentan al lactar ha sido prácticamente inexistente. La figura de la madre plácida amamantando no es siempre una realidad y es por ello que, pese a las recomendaciones y concibiendo a la mujer como un sujeto participante y no como un objeto nutricio, la lactancia debiera esbozarse como una situación ideal y no como un deber forzoso. Al amamantar, el cuerpo de la mujer produce oxcitocina y prolactina, ambas hormonas relacionadas generalmente con estados anímicos positivos. Pero no todas las mujeres experimentan satisfacción, de hecho, altos niveles de oxcitocina pueden producir estrés y cambios emocionales tales como depresión e irritabilidad. La lactancia puede resultar también físicamente dolorosa para la mujer y conlleva un desgaste físico importante. No existen actualmente espacios de reflexión e intercambio fuera del área sanitaria (que priorizará al neonato por sobre la madre) donde madres y padres puedan acudir en caso de tener dudas e inquietudes.

Sería muy deseable que el constructo teórico del discurso pro lactancia circunscribiera a la mujer en el mismo nivel de importancia que la/el recién nacida/o, para la protección de los derechos de ambas/os y estuviese orientado al cuidado, la conciencia y la inclusión, como aspecto importante de un cambio cultural que asuma las complejidades que la maternidad en general representa, enfrentando sus problemáticas específicas y en función de la instauración de una perspectiva integradora.

*Artículo originalmente publicado en la Revista México Social

Maria Gourley

Artista multidisciplinaria chilena-canadiense, activista, docente y promotora cultural, miembro de la Canadian Alliance of Dance Artists, con estudios superiores en música popular, danza, lenguas y gestión, receptora de beca por excelencia académica otorgada por el Gobierno de Canadá. Se ha desempeñado en coordinación y producción en diferentes países, realizando labores de gestión, coordinación y docencia. En 2008 fue propuesta como “Mujer del año” por la comunidad latinoamericana residente en Vancouver, por su aporte a las artes y a la cultura.