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Columna escrita por Lídice Villanueva

Mi cuerpo no es público.

El 21 de agosto se dio un gran paso en la historia de millones de mujeres en las diferentes luchas feministas, son ahora 4 los países de América Latina y El Caribe que NO han cambiado sus políticas autoritarias y misóginas para seguir prohibiendo algo que desde tiempos de antaño se ha practicado, preservando estas leyes lo único que se logra es que nuestras vidas sigan corriendo peligro, que nuestro futuro se vea opacado y que nuestra salud se atrofie. Seguir leyendo Mi cuerpo no es público.

Juego de Género.

-La casa Mormont tiene fe en la casa Stark desde hace un milenio. No quebrantaremos esa fe hoy. (…) Nuestra casa no es grande, pero sí orgullosa y cada hombre de Bear Island lucha con la fuerza de 10 hombres.

-Si son solo la mitad de feroces que su señora, los Bolton están perdidos.

Temporada 6, capítulo 10.

A lo largo de estas 7 temporadas, Games Of Thrones ha recibido muchas críticas por parte de feministas y colectivos feministas, críticas bastante rudas a las cuales puedo ceder la razón y otras muy tajantes que no comparto. También soy de las que hace crítica a las violaciones, los abusos, el mansplaining y el patriarcado que se vive y refleja en la serie pero, de igual manera, soy la que se alegra cuando las mujeres de la serie van en contra de lo establecido, se empoderan, luchan, crear hermandades, callan a los hombres y ¿por qué no?, obtienen su venganza.

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Amén.

Antes de empezar quiero aclarar que el texto es mi opinión, misma que he generado con el tiempo y las experiencias que he tenido en mis 25 años. Entiendo que, como en todos los casos, siempre habrá excepciones a la norma (mis ejemplos cercanos son el Padre Solalinde y el Fray Cruz Alta), sin embargo, utilizaré la generalización para expresarme con mayor facilidad; además, estaré escribiendo dios y no Dios por el hecho de englobar a todos.

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De la intimidad a la venganza del macho

Gracias a la modernidad, que va rompiendo las brechas que se mantenían con las distancias, se han estado gestando nuevas maneras de entablar intimidad en las relaciones: el sexting -derivada de sex y texting en inglés- ha sido una de ellas que, bien utilizada, basada en la confianza y el respeto, puede ser sumamente placentera. Sin embargo, también ha tenido una cara oscura al convertirse en otra forma más de violentarnos por parte del macho ardido.

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¿Podré hacer lo que me proponga?

¿Podré? Es una pregunta que me hago frecuentemente, en esos momentos que son íntimos y que con pocas personas me siento libre de compartir. ¿Podré estudiar la universidad?, ¿Podré hacer la tesis?, ¿Podré conseguir trabajo?, ¿Podré vivir con mi pareja? o ¿Podré ser una mujer trabajadora, activista, ama de casa y terapeuta? Al final de cuentas en cualquier etapa nueva a la que me meta está la pregunta ¿podré con esto? y eso muestra un poco, o bastante, inseguridad de mi persona pero a veces me pregunto si esta inseguridad brota de mí o es consecuencia de un adiestramiento social.

Si enjuiciarnos se trata somos les primeres en ejercerlos sobre nosotres mismes y más cuando de una u otra manera vemos en el acto y en la teoría que no se da el ancho en los parámetros sociales. ¿Cómo, tú tan feminista y cayendo en eso? ¡pues claro! ojalá hubiese nacido feminista para no sentir, pensar y actuar así en ocasiones pero no es el caso, nací en un sistema patriarcal-capitalista y machista que me ha enseñado que como mujer TENGO QUE y una de esas cosas que tengo que ser es multitareas, buena para aquello a lo que me dedique, buena ama de casa, buena esposa/pareja, buena madre, tener buen físico… ¿ya se entiende, no? pero cuesta deshacerse de esos estándares tan inalcanzables para las simples mortales.tumblr_mxecb5gI1j1sq4dkno1_500

Es difícil deconstruirse, es complicado replantearse quién y cómo quiero ser, pero si algo he aprendido este año es que soy capaz, aunque no me la crea en ocasiones (volvemos a lo mismo de antes, it’s a trap!). Saberme imperfecta es una de las llaves para llevar la vida a mi paso aún cuando el patriarcado y todo sus colegas quieran apresurar cosas que yo no quiero en mi vida o no las deseo en este momento.

Sin embargo, el que piense así y poco a poco lo lleve a la acción es parte de ciertos privilegios de los cuales soy consciente que tengo. Soy una mujer de 25 años, licenciada en una carrera que elegí por mi propio interés, heterosexual, blanca, clase media, capaz de vivir independiente de su padre/madre, con una pareja que la apoya y una red pequeña y sólida con la que también siento y vivo el apoyo. Por tanto me resulta fácil plantearme estas situaciones que en otro contexto no serían así de profundas o ni siquiera existirían.

La cuestión aquí es que si tienes la oportunidad de cuestionarte ¿quién quieres ser como mujer? o ¿cómo es tu manera de ser mujer? es magnífico, pero no por eso tendrías que imponer esa construcción a otras o juzgar a quienes no han tenido ni la oportunidad ni el tiempo, creo que al final cuando nos deconstruimos el ejemplo que demos al exterior será nuestra mejor carta contra el patriarcado y, de una u otra manera, ser sororales nos permitirá acompañar a la mujer que tenemos al lado en su tiempo y en su proceso de pensarse, sentirse y cambiarse.

 

Más vale juntas que separadas.

La sociedad actual puede resultar muy cruel, vivimos en un mundo en el que lo importante es escalar y, por ende, pisotear algunas personas en el camino. Queda claro que bajo este modo de relacionarnos se tienen que crear alternativas que generen un cambio de raíz, al respecto, el feminismo podría ser una de ellas. Como alternativa a la fraternidad, la sororidad es solidaridad única entre mujeres, misma que ayuda a su empoderamiento, a la eliminación de las violencias, a la confianza propia y de otras, al reconocimiento y al apoyo entre nosotras.

Como mujer y como feminista he descubierto que el camino para la sororidad es turbulento, se necesita una constante autocrítica y mucha pero mucha práctica, pues desde el “tijereo” hasta el minimizar el pensamiento o la totalidad de la persona son cosas que desde niñas aprendemos de esta cultura tan misógina y capitalista. Para los grupos que están en el poder es importante que como disidentes no generemos alianzas ni confiemos entre nosotrxs, para el patriarcado es necesario que no confiemos entre nosotras ni en nosotras, con esto convivir contigo puede volverse tu propia limitante pues están los comentarios a nuestro cuerpo o a nuestras emociones, por decir algunos, que impiden florecer en un amor propio de la misma forma la pelea entre mujeres puede ser dura.

He pertenecido a varios espacios feministas y gracias a ello he descubierto que una de las carencias que en varias ocasiones tenemos es esa nula capac84717349c3ebcd5334229b1e9b7b0741idad de autocrítica, misma que puede dar pie a convertirnos en enemigas unas de otras: ya sea porque unas son mayores que otras, porque unas saben más de x tema, por destacar en ciertos aspectos, por adquirir jerarquías dentro de lo institucional o por el hecho de que algunas experimentan cosas que se quisieran vivir. Estos han sido motivos por los cuales más que celebrar el empoderamiento entre mujeres se vuelve un motivo de ataque personal, un ataque que pertenece a la estructura machista que es la base de la competencia entre mujeres.

La falta de consciencia de que si una supera ciertas barreras impuestas por el patriarcado y su sociedad, impiden que se viva la alegría de que estamos ganando contra este sistema. En varias ocasiones he conversado que quienes tienen las reglas del juego están ganando porque su meta es fija y se unen para crearla y mantenerla; algunas feministas no han entendido eso y empiezan marchitándose para luego envenenar los espacios que tendrían que ser de sororidad y empoderamiento. ¿De verdad somos hermanas? En serio se espera que se crea que en un colectivo feminista el decir “yo sé más que tú, hazlo”, “¿ya ves cómo eres? yo tengo la razón” o que el crecimiento sea sólo de unas pocas va a crear un cambio en esta cultura.

Si repetimos lo que las telenovelas no han enseñado por default nos estamos jodiendo unas a otras. El mundo es nuestro ¿por qué desperdiciar la oportunidad de tomarlo por tonterías?, ¿Por qué cuesta tanto de verdad vivir sororalmente? y ¿Qué miedo se tiene que impide practicar la sororidad? Vamos mujeres, sabemos que no somos perfectas pero creo que parte de lo que el feminismo enseña es que no tendríamos que buscar esa perfección pues todas somos valiosas con nuestras diferencias y similitudes. ¿Qué nos cuesta convivir sanamente? Entiendo que no seremos mejores amigas pues no podemos agradar a todo el mundo pero tampoco se trata de destruirnos directa o indirectamente.

Con lo anterior quiero dejar claro que asumo que no soy la más sororal del mundo pero me esfuerzo, intento analizarme y modificar lo que noto que no simpatiza con esto. Sabiendo que todas y todos tenemos nuestro tiempo y modo de proceder te pregunto a ti, esta mujer que lees mis palabras, ¿qué estás haciendo tú para acabar con la competencia entre mujeres? o ¿qué podrías modificar a partir de hoy para ser sororal? Por lo pronto creo que les puedo compartir que despedirse de esa parte machista que tenemos puede ser un buen inicio.

Amor propio ¿cura o enfermedad social?

Dentro de mi trabajo como psicóloga me he encontrado con que carecer de amor propio es una constante, en ellos por el hecho de no poder ser sensibles y en nosotras por ser unas egoístas si lo construimos. Hace unos días escribía sobre lo que se esperaba de mi y la negación rotunda a cumplir con esas expectativas absurdas; hoy me doy cuenta que algo que se espera de mi es que no me ame, que no quiera lo mejor y que es impensable que sepa que es adecuado e incorrecto para mi.

Es confuso y contradictorio pues por un lado la sociedad aborda con mensajes sobre el cuidado del autoestima, también sobre un falso amor en el que si eres de determinada manera serás feliz contigo y con las demás personas pero realmente no se habla de un amor propio, ese que nos ayuda a aceptar tanto nuestras partes claras como nuestras sombras. Importante es conocernos, sabiendo que de una u otra forma no podremos hacerlo por completo gracias a las transformaciones que vamos teniendo en nuestras vidas. Lo curioso es que si asumes ambas cosas y demuestras que las tienes asumidas tienes falta de modestia, se te etiqueta de arrogante por saber tus cualidades y defectos.

El amor propio siempre va a terminar en todo aquello que consideramos adecuado para nutrirnos, sanarnos, sentirnos, pensarnos y aceptarnos. Por ende, habrá que decir que no en muchas ocasiones pero si somos mujeres parece que no podemos negarnos, pues se asume que somos el pilar de la familia y la sociedad, necesitamos entregar(nos) todo lo que podamos y hasta más allá de lo que está en nuestras capacidades y posibilidades. Se impone una creencia en la que se nos tiene prohibido darnos nuestro tiempo pues si se hace ¿quién va a limpiar la casa?, ¿quién va a atender a los hijxs?, ¿quién va a hacer de comer?, ¿quién va a organizar lo que hay que hacer?, ¿quién va a escuchar las penas de aquel o aquella?, ¿quién cuidará a lxs que se enfermen?, ¿quién educa?, ¿quién saca adelante?, ¿quién tiene que hacerse fuerte por el bien familiar?, ¿quién da los consejos?, ¿quién?, ¿quién?…

Aunque de vez en cuando pasa que se nos ocurre la loca idea de decir no, de poner un límite pues sentimos como nos envuelve esa enfermedad (Coff, coff abuso) y nos impide movernos, y el mundo explota. De pronto nos volvemos las malditas, las perras, las putas, las egoístas, las cabronas, las mal agradecidas, las… las. Resulta que el cuidarnos a nosotras mismas parece prohibido o una idea alocada, aparentemente amarnos es un acto dañino ¿pero para quién? ¿para mí o para todas las personas que les dije no? mismas personas que no pueden aceptar que su voluntad no sea hecha al momento o que sus necesidades estén después de las mías/tuyas.

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Ilustración de Sara Herranz

Pensar que decir que no a algo parece que es lo peor que le podemos hacer a nuestros amigxs, a nuestra pareja, a nuestra familia e incluso a nuestro trabajo; no pensamos que al no decir no lo que hacemos es dañar a la única persona que va a estar con nosotras hasta el final, por supuesto que no pensamos en nosotras mismas. Entonces reflexiono sobre lo tóxico de este sistema que nos hace creer que podemos hacer todo al mismo tiempo menos amarnos, si no empezamos a asumir que primero tenemos que estar bien con nosotras mismas para poder crear y fomentar las relaciones sanas de nada o poco va a servir lo que estamos construyendo en nuestras vidas.

Que crear nuestro espacio para dormir la siesta, pintar, bailar, correr, estar desnudas, gritar, querernos, relajarnos, ver series, leer… entre millones de cosas más sea nuestra principal revolución. Que ese espacio nos nutra y nos permita tocarnos el alma para levantarnos sin miedo a no cumplir con las expectativas. Que ese espacio sea sólo nuestro y sea bienvenida la persona que deseamos, cuando queramos.

Lo que se espera de mí

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Ilustración de Sara Herranz

Durante nuestras vidas hemos escuchado expectativas hacia nuestra persona, cuando me pongo a recordar pienso que la mayor expectativa que mi papá y mi mamá han tenido de mí es que estudiara una carrera y que ésta me hiciera feliz. Pero esto es muy individual, muy aterrizado a mi persona pero, ¿acaso como mujeres la sociedad no espera algo de nosotras de manera colectiva? es decir, que si eres mujer tanto las otras mujeres como los hombres con los que te relacionas pueden esperar que seas de una u otra forma.

Dentro de la psicología se tiene un concepto bastante útil que nos puede ayudar a abordar esto y es las representaciones sociales las cuales, de manera simple, se pueden definir como todo aquello que gira alrededor de un concepto, de manera directa o indirecta, y lo aterriza a una cotidianidad específica.

Pensemos y recordemos un poco nuestra trayectoria de vida, al nacer como mujeres nos fueron moldeando, diciendo, cuestionando y creando imágenes de lo que tenemos, teníamos y tendremos que hacer, sentir y pensar, por ejemplo: tenemos que ser madres en algún punto, debemos dedicar gran parte de nuestras vidas a los cuidados de las otras personas, nuestra vida sexual tiene que ser o bien secreta o pasiva, nuestra actitud tendría que ser sumisa, somos “las hormonales” de la sociedad y en consecuencia las dramáticas, entre muchas más.

Todos estos señalamientos que engloban nuestro género y sexo se convertirán en normas de comportamiento en la sociedad. La cuestión es que es imposible cumplir con todo ya sea por capacidad humana o porque no queremos y punto, es en este momento en que nos vamos transformando en seres marginales o excluidas del entorno.

En mi caso, por mi edad y mi contexto social ya existe una presión para que inicie un plan de maternidad, pero muchas personas no se han preguntado o no me han escuchado cuando digo un rotundo no ante esta idea. Con ello me convierto en la rara, en la egoísta, en la poca mujer porque “me falta el instinto materno” y, de una u otra manera, se me excluye en ciertos espacios por pensar diferente.

Por supuesto que todas vamos a diferir con una o con miles de estas expectativas, lo que nos va quitando “puntos de mujer”, es decir que nos van haciendo menos mujeres ante ciertas personas y/o espacios. Y es cuando ponemos en tela de duda todas esas enseñanzas cuando nos vamos dando cuenta que las expectativas tienen un gran peso en nuestra identidad y que en muchas ocasiones ese peso nos impide caminar a donde deseamos estar.

En un mundo sano la individualidad tendría que ser respetada por completo, mis deseos y sueños no tendrían que entorpecer los de otras personas y viceversa. Mi vida y mis decisiones no tendrían que girar en torno a lo que la sociedad espera que haga sino con lo que me hace feliz y me llena de satisfacción (todo esto entendido en un marco en donde no se hiera al otro u otra) así por ejemplo si hoy quiero ser ama de casa no tendrían que juzgarme de sumisa así como si mañana decido dejar de serlo no se me tendría que tachar de mala compañera.

El concepto de mujer es muy propio e individual y pienso que cada una lo vamos formando con los pasos que damos fuera y dentro de nuestros hogares, al exterior y al interior de nosotras mismas y ello no nos hace más ni menos ante otras ni ante otros, simplemente nos hace creadoras de nuestro destino y de nuestras vidas, por lo tanto no tendríamos la insatisfacción que da el cumplir al pie de la letra las expectativas que se nos depositan.

Aboguemos por un mundo sin comentarios como “pero eres mujer y por eso…”, “¿acaso no eres mujer?” o “de seguro dices eso por que todavía no sabes de que hablas”. ¿Quién más que tú y yo sabemos mejor lo que queremos para nuestro día a día? Y si no confías en tus decisiones ¿cómo podrás forjar tus deseos y sueños? Empecemos a cuestionarnos todo aquello que nos dicen que es propio y único de las mujeres a ver si es tan real esa idea o no.

 

Lídice Villanueva.