Categoría: Cotidianidades

Columna escrita por Eliza Tabares…

¿Denunciar? La experiencia de Romina en CDMX

Romina realizó una denuncia el año pasado en la Ciudad de México, su objetivo en ese momento, que alguien de su familia dejara de vivir abusos sexuales. Cuando tenía 15 años había intentado hacer una denuncia que también implicaba violencia y abuso sexual hacia ella, pero como era menor y no había un adulto que la acompañara y estuviera de acuerdo en que hiciera la denuncia, nada procedió excepto canalizarla a apoyo psicológico.

Ella hoy nos cuenta un pedacito de su historia, animada por la idea de que a otras mujeres les sirva conocer algo del proceso que implica denunciar y su experiencia.

*Los temores previos

Recordemos que la denuncia de Romina implicaba señalar a alguien de su familia, esto lo hace una situación particular, porque puede haber apoyo o presión por miembros de la familia,  lo común muchas veces es la negación y minimización de los hechos violentos y por lo tanto la banalización de la denuncia.

“Yo cuando puse la denuncia, fue porque ya había una necesidad muy grande de hacerla y tal vez existió temor por mucho tiempo para poder lograrla, temor a perder en mi caso, la seguridad de casa, el respaldo de familia, oportunidades, yo estaba apenas en tercer semestre de la Universidad, entonces era plantearme si realmente quería hacerlo y lo que implicaba. Mi mamá siempre me decía “Va a ser súper complicado ¿Qué vas a hacer después? “

*Asesoría para actuar

La víctima no tiene la responsabilidad de saber cómo actuar, a pesar de que la sociedad muchas veces le responsabiliza y enjuicia  sus acciones y no  las del agresor. Por ello siempre que sea posible es bueno asesorarse, Romina acudió a una instancia de gobierno, pero también hay asociaciones civiles que pueden asesorar y acompañar. 

“Yo me acerque a una instancia de gobierno, hay muchas dudas que pasan por tu cabeza, es un mar de confusión y yo primero quería que me dijeran si ameritaba una denuncia o podía resolverse de otra forma, porque cuando las personas que están alrededor tuyo minimizan la violencia, es sencillo que tú también lo hagas como defensa. Entonces me dijeron que sí ameritaba y que además era urgente y me explicaron lo referente al proceso, porque yo no sabía a quién acercarme, dónde ponerla, ni si la tenía que escribir yo ¿Me iban a interrogar? Yo no tenía abogado y no sabía si tenía que pagarlo, ósea yo no sabía nada, así que me acompañaron, me explicaron que había dos lugares dónde hacerla y que el proceso era, presentarte primero en la delegación a denunciar.”

*Ya tome la decisión y acudí a hacerla ¿Qué me puedo esperar?

Una cosa es, cómo nos dicen los libros que se debe de atender un caso de violencia y otra muy distinta lo que sucede al denunciar en una ciudad como México, donde la revictimización y la mala praxis está a la orden del día. 

“Primero me tarde mucho tiempo, porque ahí llegan muchas personas y te van pasando por turnos y en eso de que te van pasando hay un lapso muy grande en el que puedes estar pensando si realmente quieres hacerla, si mejor te vas a tu casa porque es un fastidio, puedes perder todo el día, y vez a otras personas que llegan con casos que parecen peor que el tuyo. Pero entonces, una vez que ya te pasan,  te interroga una abogada, yo pensé que me iban a tomar mi declaración, pero no fue así, es primero ver de qué va el caso y después fue plan como de, tratar de concientizarme según del procedimiento, pero más  bien es como el tratar de asustarte para que no la pongas, me dijeron “Vas a tener muchas trabas” “te vas a tener que salir  de tu casa, tu familia no te va a apoyar” “¿Estás segura que quieres tener todo esto en contra? “Estás estudiando ¿Por qué no lo solucionas de otra manera?” “¿Por qué no mejor le dices a otra persona que la haga? ¿Segura que es así de grave? ¿Estás segura que paso esto? ¿Qué tal que viste mal? ¿Qué tal que no fue así?” Muchas cuestiones que llevaban a “Mejor no la pongas” me decían “Te vas a tardar mucho tiempo” y “Vas a estar viniendo a cada rato” “Va a ser desgastante y ahorita te van a interrogar no sé cuántas personas y además, aquí no tenemos un psicólogo que te acompañe” “¿Estás segura que te quieres aventar? Porque igual te puedes ir a tu casa y no pasa  nada, porque si la pones y resulta que no es cierto, después te pueden denunciar a ti”  ósea mucho amedrentar.

*A pesar de las trabas, ¡Quiero denunciar! ¿Qué sigue?

Es absurdo que el primer contacto con una víctima sea como el anterior. Romina cuenta que los únicos casos que no pasan por este filtro son las mujeres que llegan claramente en un estado de vulnerabilidad visible, golpeadas o sangrando en una patrulla, pero si, como en el caso de Romina, una se espera a estar emocionalmente equilibrada para realizar la denuncia, lo anterior es lo que se puede esperar. Lo que lleva a pensar que si el Estado no amedrentara estas denuncias que considera “no tan graves” seguro se podrían prevenir feminicidios y las denuncias en donde las mujeres se presentan en grave peligro. A pesar de las trabas, Romina continúo el proceso.

“En mi caso, como iba acompañada y asesorada, la persona que estaba conmigo me dijo que no hiciera caso de ese primer filtro, que me mantuviera firme. Después de eso las personas que están como abogados de oficio, generalmente si tratan de apoyarte y de darte  todas las herramientas que necesites y alentarte a continuar. Porque precisamente son como los que van a estar en tu equipo, entonces después del primer filtro, es más sencillo que las siguientes personas que te encuentres estén a favor  de que hagas la denuncia”

“Encuentras personas que están de tu lado, con quienes haces sintonía y que sabes que puedes contar, pero es desgastante, en un día puedes hacer tres o cuatro veces la misma declaración, lo que puede ser muy duro, porque hay preguntas encaminadas a “Bueno pero  y tú porque lo permitiste” ¿Por qué no hiciste algo antes? ¿Por qué hasta ahorita?  En vez de apoyarte y alentarte a decir “Bueno ya estás aquí”.

“Y bueno, el proceso sigue así, te asignan un abogado de oficio que te acompaña a hacer tu declaración  formal, porque la primera en realidad no la escriben, solamente es ver qué onda, después de eso te pasan con otra persona, a hacer como un tipo de peritaje  psicológico y es volver a hacer la declaración y ahí ya no está el abogado de oficio presente, es  para ver si realmente estás en una situación sana psicológicamente, si estás orientada, si los eventos coinciden y tu estado emocional. Y a partir de eso te pasan con otra persona para terminar la declaración,  ella ya tiene las anteriores y te dice, a ver “tú mencionas esto y esto ¿Cómo fue? ¿Dónde fue?” después de eso te llevan otra vez a la sala de espera, se demoran hasta que te llaman y tienes que ir a recoger tu declaración, te dan una copia firmada y te dicen a dónde la tienes que llevar y qué sigue, porque ahí es que apenas abriste una posibilidad de denunciar, esa sólo es tu declaración, pero  actualmente tienes que abrir una carpeta de investigación, entonces ese documento lo tienes que llevar al MP, para que ahí puedan poner en forma una denuncia y abrir una carpeta de tu caso. Después te dan otro documento que es como el oficio o acuse de tu denuncia y una cartilla con tu nombre, donde van anotando los días de tus citas para revisión de caso, también vienen los números de la subdelegación correspondiente a tu caso para que cualquier cosa te comuniques con el abogado directo y tu número de expediente, después vas con una trabajadora social, te vuelven a hacer la declaración, para tener un expediente psicológico y ver quienes más están involucrados y ya la trabajadora social junto con el MP, va a empezar a abrir la investigación  y a meter a más personas en juego, para ver si coinciden los datos, empezar a citar a las personas que dijiste etc. y hasta ahí van dos días nada más de que  hiciste una denuncia y ya cuantas veces has declarado, a eso me refiero con que puede ser muy duro, porque si el evento lo tienes muy reciente, el estarlo repitiendo, va a llegar un momento en que dices  “¡Bueno ya, déjenme de preguntar! Ya lo dije ¿Por qué no lo leen?” Después de eso, empiezan a llamarte ya en diferentes fechas y horarios y te asignan otro abogado de oficio que se queda definitivamente con tu caso y va a llevar tu carpeta de investigación.

*Trampas del sistema

Si se cansaron al leer lo anterior, imagínense la confusión y desgaste de quienes van a realizar una denuncia y derivado de ello las probabilidades de que abandonen el proceso. Como sabemos, la justicia es patriarcal y se manifiesta de muchas formas en los procedimientos judiciales, acá algunos ejemplos. 

“Una de las principales trabas después es la  del MP, que de pronto te trata como si tú fueras quien actuó mal, puede llegar a perder pruebas, omitir datos o tacharlos en declaraciones o peritajes, por lo que es importante que el abogado de oficio este constantemente encima de él o ella y también el  estar revisando el expediente constantemente”

 

“Si vas después de un evento de abuso sexual o violación, te mandan a la clínica la condesa a hacer estudios de ETS, lo que puede ser complicado y estresante, más porque también ahí llevan a los reclusos a realizarse los mismos estudios y en ese momento, puede ser amenazante la experiencia”

 

“Cuando tú vas a declarar es importante que tengas en cuenta que tienes que decir el evento más reciente y el que es más seguro que puedas comprobar que existe, en este caso había un delito sexual, pero era complicado comprobarlo porque yo no era la afectada en ese momento directamente, entonces había otros elementos de violencia intrafamiliar y se fue para allá la denuncia, para que a partir de ahí y el mismo proceso, ya se dirigiera a delito sexual, con el peritaje psicológico y todo lo que involucra la demanda”.

 “En mi caso, yo quería realizar una denuncia por violencia sexual, pero en ese momento no era yo la afectada, sino alguien cercano a mí, entonces se dice que la denuncia es por terceros, porque  un delito sexual es complicado que se haga así, ya que generalmente no hay un tercero que lo pueda denunciar. Sin embargo, aunque al principio me frustró que la demanda se fuera sólo a la violencia intrafamiliar, el hecho de haber declarado la violencia sexual es importante, porque queda un antecedente y si en algún momento la afectada quisiera hacer una denuncia sería más sencillo para ella por el antecedente que existe, aun así es complejo, porque a veces las víctimas por diferentes razones no pueden hacer la denuncia directamente”

*¿Vale la pena hacer una denuncia?

Esta es una experiencia individual, no buscamos con este artículo mostrar la denuncia como lo mejor o peor, cada caso es particular.

“Yo, por supuesto la volvería hacer, porque si es transcendente hacer una denuncia, a lo mejor en el momento yo no lo podía visualizar, porque es complicado ver los resultados que esperas, esperas una solución inmediata de parte de la ley y el proceso es tan amplio y complicado que llega un momento en que te frustras, sientes que la ley no sirve para nada, porque no llega a donde tú esperabas llegar, pero hay una diferencia porque al hacer una denuncia legal también hay una denuncia social y eso genera un impacto en tu vida. Clarificas que tienes derechos y que hay instrumentos que estás dispuesta a seguir para que realmente los respeten.” 

*¿Cuáles fueron los factores que consideras te ayudaron a continuar con el proceso?

“Tener mayor preparación académica, al menos, más estudios que a los 15 años, también me encontré con personas que no eran de mi familia, pero  que estaban ahí para apoyarme y el haberme fortalecido para regresar a hacer una denuncia después de 5 años fue muy importante y el fortalecimiento fue ir a terapia y además ver cambios en mi vida, yo no sabía si las personas a las que yo denuncie estaban teniendo cambios por la denuncia que hice, pero en mi vida si había muchos elementos que me hacían sentir diferente, ya no había culpa, temor y malestar y encontré un círculo para mujeres que hicieron denuncias sexuales, encontré que era común la culpa, el miedo, el remordimiento. Hacer una denuncia es gritar que algo paso, pero a veces al hacerlo, voltean a ver al que grita y no al que violentó. Es importante también decir, que al hacer la denuncia, una llega hasta donde la emoción y el desgaste emocional la dejan, pero sin importar a donde lleguemos  hace una diferencia, porque a lo mejor de las 15 que éramos en el círculo, una ahorita tiene a su agresor en el reclusorio, pero las otras logramos un antecedente importante y otras consecuencias para los agresores, como el pago de daños, por ejemplo.” 

*Como mensaje final Romina dice lo siguiente. 

“Hacer una denuncia es una inversión, es reconocerte como alguien que no se merece vivir violencia, te estás dando el valor que te negaron al violentarte y eso hace una diferencia, porque  te va a dar una postura ante otras personas y si alguien más se quiere pasar de listo, sabrás que estás dispuesta a seguir adelante y a hacer lo posible para que respeten tus derechos.” 

En Feminopraxis queremos decirte ¡No estás sola! Tenemos contacto con algunas asociaciones que trabajan el tema, si necesitas información contáctanos y trataremos de canalizarte o darte la información que se encuentre a nuestro alcance.


eliza** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como psicóloga feminista, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA Sistema Psicocorporal avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

 

 

 

Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Género y esquizofrenia

@elizatabaress

Ser psicóloga es una identidad que se va construyendo de a poco, con el tiempo, fácilmente una se da cuenta que es una carrera en donde nunca terminas de aprender, donde la complejidad humana siempre trae retos, para tener la pericia de acompañar procesos personales y/o grupales.

Voy a contar acá una de mis experiencias en este capítulo en mi vida que es la psicología, que pinta para ser extenso. Cuando estudié en el IPN[1], escogí el área de psicología clínica, en la que era un requisito, en ese entonces, hacer prácticas durante un año en una institución de salud mental. Yo elegí un psiquiátrico de la ciudad de México porque quería conocer de cerca los llamados “padecimientos mentales”. Mi visión sobre los mismos era muy romántica, simpatizaba con la antipsiquiatría y las ideas de Foucault sobre la locura, pero quería formarme un criterio con la experiencia por delante y no solo con teoría. Continue reading “Género y esquizofrenia”

Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta”; debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Dos mujeres olvidadas de la psicología

Tengo otra entrada esperando a publicar sobre la relación entre género y enfermedad mental, pero no será hoy, porque necesito esperanza… y la esperanza la encuentro en las historias de otras mujeres, así que seguiré mi corazón. Acaba de ser día del psicólogo y de la psicóloga, profesión que ejerzo, que me llena de gozo, de la que aprendo cada día. Y mi identidad como psicóloga me hace pensar en las mujeres de las que me hablaron poco en la Universidad y que tuve que conocer por casualidad o en la búsqueda concienzuda, de mujeres que la historia (léase patriarcado) por “casualidad” olvido.

Recuerdo mi materia Historia de la Psicología en donde conocí a Freud, a Skinner, a Erick Froom, a Watson y un largo, etcétera de varones. Entonces nos presentaban a algunas mujeres, pero pocas, Ana Freud, a quien muchas veces había que referirse como la hija de…, Karen Horney, Melanie Klein, la revisión de su vida y obra era apresurada, como si no hubiera mucho en que detenerse. Aunque en la historia de hombres de la psicología nos detuviéramos en las aspectos más triviales.

Ahora como psicóloga feminista, pienso en la identidad que vamos formando las mujeres en esta profesión, si nuestras antecesoras siguen siendo omitidas en los programas educativos oficiales y hoy vengo a tomar este espacio virtual para que en él les nombremos con las fanfarrias que se merecen, por ello aunque podría hablar de más mujeres, he escogido sólo a dos de ellas, para poder detenernos en aspectos de su vida, para observarles y reconocerles.

Las dos mujeres son Sabina Spielrein y Frieda Froom Riechman.

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Sabina Spielrein
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Frieda Froom Riechman

Sabina Spielrein nació en Rostov una de las ciudades más antiguas de Rusia, fue la hija mayor de 4 hermanos, las descripciones de su biografía son muestra clara de la forma diferenciada en que se veía a hombres y mujeres, se dice de ella que tenía imaginación desbordante, inteligencia precoz, rebeldía, releyendo hoy con ojos feministas podríamos decir que simplemente era brillante y quienes le conocieron no estaban preparados para una mujer autoafirmada, segura, empoderada y entonces hablan de su inteligencia como si de un defecto se tratase. Sus padres eran violentos, propinaban frecuentes castigos físicos que se caracterizaban por la humillación, la manipulación y el insulto. Imagínense la siguiente anécdota de su historia de vida, Sabina a los diecisiete años plantea que quiere vivir en otro lugar para conocer a otras personas fuera del contexto familiar y ¿Qué hizo su padre? Le amenazó con suicidarse, en un ambiente así era de suponerse que Sabina se viera afectada. Intentos de suicidio y síntomas de trastorno mental le llevaron a ser tratada por Carl Jung, en donde conoció el psicoanálisis y tras su recuperación decidió estudiar medicina, fue una de las primeras mujeres en practicar psicoanálisis y presentar diversos trabajos por la que fue reconocida, pero no como se merecía.

Por su parte Frieda Froom Riechman nació en Alemania en una familia judía Ortodoxa, estudió medicina y Neurología y pronto se interesó en afecciones que no tenían origen orgánico acercándose al psicoanálisis. Por su origen judío emigró a Estados Unidos en donde atendió fielmente durante 22 años en la clínica Chesnut Lodge, en donde se convirtió en pionera en tratar a pacientes psicóticos bajo el método psicoanalítico, mi lectura de Frieda me dice que más que su método el éxito con sus pacientes tenía que ver con su humanidad, con su capacidad de conectarse con el otro, con su paciencia para acercarse y su minuciosidad para entender como con actos simbólicos los pacientes intentaban comunicarse en su idioma.

Desde mi punto de vista, ambas tienen en común el hecho de que aportaciones suyas fueron después retomadas por varones que se hicieron famosos por planteamientos que no les correspondían y que por supuesto no les dieron el crédito merecido o ninguno en absoluto.

Sabina por ejemplo, escribió un trabajo que llamó, “La destrucción como causa del nacimiento” trabajo que fue la base con la que Freud construyó su teoría sobre la pulsión de vida y de muerte, razón por la que el psicoanálisis cambio radicalmente. No quiero ponerme muy teórica, pero quiero recalcar lo importante del asunto, esta mujer fue plagiada por uno de los hombres más influyentes en la historia y su nombre NO se escucha en las universidades. Carl Jung quien también se escucha regularmente en la formación psicológica, también retomó ideas de Sabina para formular el concepto de ánima y de Sombra vitales para entender el inconsciente colectivo en su teoría, y aunque él si la reconoció como coautora, colaboradora e inspiradora, aun así la historia no le hace justicia suficiente.

Por su parte Frieda Froom Reichman se dedicó por un tiempo a la investigación y trabajó con Waslavick, un hombre ampliamente reconocido. El trabajo de Frieda con pacientes con esquizofrenia le llevo a realizar planteamientos sobre el tipo de comunicación en las familias, que después Waslavick retomo para su concepto de “homeostasis familiar” hoy vital en la terapia sistémica, el estudio de Frieda implicaba relacionar la lingüística y la comunicación kinestésica. Una vez más la historia no la nombra lo suficiente, no tanto como a ellos.

Pero hoy estamos aquí para nombrarlas y también para preguntarnos ¿Por qué no nos extraña su ausencia? Porque asumimos que la historia que nos cuentan en las Universidades no puede reescribirse, integrando todo sobre ellas, sobre nuestras antecesoras, necesitamos a mujeres en la memoria colectiva de la psicología, necesitamos figuras femeninas para identificarnos, para formar una identidad en nuestra profesión, que no se base en la desigualdad y la omisión de nuestros aportes a la ciencia y necesitamos hacer justicia histórica.

Bibliografía:

Fuentes, M., Martínez, B., Piñeiro, S., Angosto, T. (2008). Biografía de Sabina Speilrein (1985-1942) una historia de los primeros años del psicoanálisis. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquatría. Vol. 26 núm. 101. España

García, S. (2010). El olvido de las mujeres pioneras en la psicología. Revista historia de la psicología. Vol. 31. núm. 4. España

Winkler, M. I. y Abarca, G. (2015). “Nunca te prometí un jardín de rosas”. Frieda Fromm-Reichmann y el valor de la relación terapéutica. Revista de Psicología, Vol. 24. núm. 1

 


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

¡Vieja el último!

Eliza Tabares

Hace unos días cofacilité una experiencia para niñas y niños con mi colega Magdalena González, en el taller tratamos la expresión de emociones centrándonos en las comúnmente llamadas “negativas” tristeza, enojo, miedo. Y aunque nuestro taller no estaba directamente relacionado con el género, surgió de él una reflexión que me llevó hacia allá y les comparto. En una de las actividades de reconocimiento de emociones usamos pintura, así que al finalizar el taller acompañé a niñas y niños a que se lavaran las manos.

Cuando llegué al sanitario que estaba a varios salones de donde se realizó la actividad, me sorprendió ver a los niñxs afuera esperándome.

  • ¡El baño de niños está cerrado! – me dijeron. Mientras todos se quedaban estupefactos sin entrar
  • Bueno – dije yo – solo vamos a lavarnos las manos, podemos entrar todos al baño de niñas

Todxs entraron, pero dos niños dudaron antes de entrar, cuando decidieron hacerlo comenzaron a lavarse las manos y a bromear

  • ¡Imagínate que fuéramos niñas! – reían

Me acuso lenta para estas reflexiones, creo que debí preguntarles qué tenía de gracioso y tomarlo como un acto educativo, pero no lo pensé hasta después. Sin embargo, el pequeño evento me hizo preguntarme, si acaso hubiera sido al contrario, si el baño de niñas estuviera cerrado y hubiéramos entrado todxs al de los niños, si el cambio hubiera dado para la misma broma.

¿Desde qué edades aprendemos que ser niñas es algo risible? ¿Cuántas de nosotras no corrimos velozmente en nuestras infancias al grito de Vieja el último? ¿Cuántos juegos y canciones cantamos que ya nos enseñaban sobre estereotipos de género y nos llevaban a interiorizarlos? ¿Cuántas veces dijimos o escuchamos “no llores como niña”?

Todos estos “juegos inocentes” nos hacen interiorizar estereotipos y a medida que se vinculan con actividades cotidianas, se convierten en verdades que influyen las creencias, el comportamiento, las actitudes, etc. (Gúzman y Bolio, 2010) por lo que de inocentes no tienen nada en absoluto. Cuando corremos al grito de ¡Vieja el último! Interiorizamos a lo femenino como infravalorado.

Interiorizar la subordinación de lo femenino en la infancia, se convierte y no por arte de magia en la adultez en otros escenarios más peligrosos que un juego. ¿Qué tanto nos estamos ocupando de la infancia en el camino hacia la equidad? En psicología hay una frase que dice “Es más fácil criar niñxs fuertes, que curar adultos rotos” si la misma lógica la aplicamos a la lucha feminista, habría que evaluar críticamente si existen esfuerzos reales para incidir en la equidad de género desde la educación básica, la UNESCO (2001) sobre todo reporta avances en tanto igualdad en la matricula en niños y niñas, pero reconoce que en América Latina, en las aulas los niños son más estimulados y tienen mayores oportunidades que las niñas.

Pero los reportes que comúnmente se enfocan en datos cuantitativos no dan cuenta de la realidad de lo que sucede en los salones de clase, de lo que niñas y niños interiorizan cuando la maestra dice a ellas:

  • No hagas tal cosa, porque te vez fea

O cuando les dice a ellos

  • No llores porque eso es de niñas

En primera instancia, entendamos que esos pequeños actos importan, que no se trata solo de llenar las escuelas con discursos políticamente correctos sobre perspectiva de género, si no que cada minuto que niñas y niños pasan en las escuelas están aprendiendo sobre cómo deben ser hombres y mujeres, minutos que pueden ser la base de su aprendizaje sobre la desigualdad o todo lo contrario.

Bibliografía:

Gúzman, G., Bolio, M. (2010). Construyendo la herramienta perspectiva de género: cómo portar lentes nuevos. Ciudad de México. Universidad Iberoamericana

UNESCO. (2001). Igualdad de género en la educación básica de América Latina y el Caribe. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001310/131040s.pdf


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

 

Machos en precario, tambalear el privilegio patriarcal

*Eliza Tabares

En la tarde salí a comprar un libro al Gandhi de Av. Juárez en la Cuidad de México y me sorprendió el grito azorado de un hombre como de 45 años

-¡Feliz día mujeres! ¡Feliz día mujeres!

Su grito iba acompañado de un cartel naranja con letras negras que decía DIOS AMA A LAS MUJERES, PERO NO AL FEMINISMO. Ahí estaba un hombre conjugando una supuesta felicitación con un mensaje muy claro, para él y para mí lo fue en ese momento también. Ese varón está convencido de que las mujeres tenemos lugares, espacios y discursos que son aptos para nosotras, si no osamos sobrepasarlos Dios nos amara, pero si acaso lo hiciéramos nos quitaría su amor, porque Dios no nos ama en el feminismo.

Mi tema aquí no tiene que ver con Dios, si no con aquellos varones que se encuentran disgustados o furiosos con las mujeres en el feminismo. Estos varones tienen de hecho, muchos discursos que validan su actuar, tienen para escoger en la institución de su preferencia, familia, estado, iglesia, en todas ellas encuentran un conjunto de ideas que les permiten validar sus pensamientos de supremacía, o la negación de la subordinación.

Este varón con su cartel naranja está muy seguro de que su religión avala que las mujeres que participan del feminismo no sean amadas, así como otros varones están muy seguros de comunicarnos cuales son, según ellos, las luchas feministas que sí importan. Las acciones de los varones disgustados con el feminismo son diversas. Abundan en estos tiempos cibernéticos los trolls dedicados a molestar mujeres y encabezar guerras cibernéticas acosando, enredando y dando falsa información, varones que en el grupo de amigos descalifican a la amiga “feminazi” o a cualquier mujer que quiera evidenciar su derecho a la igualdad o a una vida libre de violencia.

¿Qué motiva las acciones de estos varones?

El feminismo tambalea la importancia desmedida que se ha conferido por siglos a lo masculino.

“Ser varón en la sociedad patriarcal, es ser importante. Este atributo se presenta con un doble sentido: por una parte, muy evidente, ser varón es ser importante porque las mujeres no lo son; en otro aspecto, ser varón es ser importante porque comunica con lo importante, ya que todo lo importante es definido como masculino. Es este aspecto su discurso megalómano, el discurso patriarcal sobre el varón “se olvida” que la importancia de ser varón sólo se debe a que las mujeres son definidas como no importantes” (Marques V.J. 1992).

La importancia que en la sociedad se le da a los varones no es nada nuevo y puede ser comprobado desde los actos más minúsculos como el “Caliéntale la tortilla a tu hermano” o “sírvele de comer a tu papá”, hasta la comprobación irrefutable de que en todo el mundo los hombres son los que están en su mayoría en los puestos de poder en comparación con las mujeres. Entonces cuando las mujeres tomamos los lugares en donde habitamos y los tomamos para convertirlos en espacios feministas, reclamando nuestro lugar en la sociedad, el mundo de estos varones se tambalea… o algunos no le toman mayor importancia.

Josep Vincent Marques (1992) hace una diferenciación, que a mí me ayuda a entender la respuesta de estos varones.  Nos habla de dos tipos, el varón en propiedad y el varón en precario, el varón en propiedad no duda de su importancia, su condición biológica de ser hombre le es suficiente para considerar que su valía es mayor a la de las mujeres, por lo mismo las acciones de ellas no le preocupan, sin importar lo que hagan ellos no perderán su valía, no considera que tiene la obligación de demostrar nada a nadie, tiene un título de propiedad “es varón y por ese hecho la sociedad le ha reservado un lugar en primera fila”. Por otro lado el varón en precario considera que debe ganarse esa importancia y por ello está todo el tiempo demostrando lo macho que es, su angustia crece cuando no logra demostrarse a él y a otros su importancia. El varón en precario percibe como una verdadera amenaza a estas mujeres que osan ocupar sus espacios. El autor que propone esta categorización dice que si el varón en propiedad puede ser al menos un opresor tranquilo, el varón en precario es un sujeto traumáticamente conflictivo y potencialmente violento.

Y por ello los machos en precario, organizan guerras cibernéticas, salen a la calle con letreros según ellos avalados por su religión, retoman argumentos de la filosofía y de la biología para descalificar el feminismo, por eso tienen esa imperiosa necesidad de recordarnos que “no nos hagamos las importantes”, por miedo y angustia a perder su valía en la sociedad, pilar con el que se les construyó como hombres.

Tanto si se esconden detrás de su computadora, si hacen videos o salen con un letrero. No olvidemos que a estos varones no los mueven sus argumentos, si no el miedo de que se caiga su frágil masculinidad. Dice un axioma de la comunicación de Waslavick en palabras sencillas que toda comunicación tiene al menos dos niveles, el contenido y un nivel relacional, en lo relacional por supuesto están inmersas las emociones. Pienso que no debemos equivocarnos, podemos decidir ignorarles (lo que también es una forma de comunicar), o podemos entrar en una discusión con estos varones, pero si lo hacemos no olvidemos que no estamos solo compartiendo argumentos, no es un asunto solo de contenido, estamos hablando, conversando o discutiendo con su miedo a perder su primera fila. Sabiendo eso, pensemos en respuestas que sean favorables para nosotras.

Bibliografía:

Marques V.J. (1992). “Varón y patriarcado” en Valdés y Olavarritia (comp.) Masculinidad/es. Chile: Isis Internacional.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

 

Escribir, escribirme… escribirnos a nosotras

 

Escribir para contarme, para contar a otras, para no olvidarnos nunca más, para no olvidarme, para no perderme, para no perderlas.

Escribir recuperando la vida cotidiana, mis andares y los suyos, contándonos, construyéndonos a través de la palabra, reconociéndome en sus historias, visibilizando lo común, pero también las diferencias, de edad, contexto, clase social, raza. Buscando entender la complejidad de nuestras realidades, de los factores que nos cruzan, de los temas que nos preocupan, que nos hacen accionar.

Escribir honrando a las ancestras, recordando a aquellas que en la lucha murieron, todas aquellas que gritaron por mí, por nosotras, por nuestras libertades, por nuestro acceso al conocimiento, por nuestra voz y nuestras decisiones. Escribir conmemorando a aquellas que murieron involuntariamente a manos del patriarcado, por aquellas que llenan de fotografías las redes sociales, porque no están, porque se las llevaron, guardar en mi corazón sus lamentos y buscar convertirlos en fuerza, fuerza para gritar y seguir luchando.

Escribir sabiendo que el feminismo me llevó a salirme de un molde, “del tradicional”, me llevó a cuestionar lo aprendido, a alejarme de personas que hasta entonces me di cuenta, me violentaban, pero recordando también que dentro de la misma búsqueda me metí a otros moldes, “los moldes feministas”. Escribir recordándome que ninguno es liberador, que hay que buscar la propia voz, que hay que ver los puntos medios, encontrar los puentes, los matices. Entender que como mujeres podemos llegar a lo mismo de maneras diferentes, o que tal vez también sea necesario que lleguemos a diversos lugares, porque partimos de distintas realidades y podemos ser sororarias, críticas, revolucionarias, activistas… y podemos serlo de diferentes maneras.

Escribir dándome cuenta de las opresiones que comparto con mi género, pero también de mis privilegios, ahora mismo  noto que escribir es un privilegio, que accedí a la educación, que aprendí a leer, que no viví pobreza extrema, que tengo un techo donde dormir, que terminé una carrera universitaria. Privilegios que no tienen todas las mujeres.

Escribir con la razón como aliada, pero descolocándome de ella como el centro, sin caer en la trampa de creer que las emociones y el cuerpo no nos llevan a reflexiones, conocimiento, descubrimiento. Sin desvalorizar las emociones porque el mundo patriarcal las ha asociado con lo femenino… desvalorizándolas como todo lo asociado a lo femenino. Descolocarme integrando al cuerpo en la construcción del conocimiento, escribiendo para mí, para nosotras.

Escribir con una mirada crítica, con cuidado en los temas que elijo, buscando que mi preocupación por los mismos, no sean ya producto de la visión patriarcal que se manifiesta en mi subjetividad. Buscando maneras de encontrar mi propia voz y la de ustedes, mujeres. De-construyéndome. Creo en un feminismo que no nos separa en “más y menos aptas” para cualquier tema, para usar la voz. Sin embargo; también creo en lo necesario de usar los privilegios que en mi contexto se han presentado y usarlos a favor de las mujeres, para la creación y la construcción, usar entonces la educación, la psicología, el arte, las experiencias, el conocimiento que pasa por el cuerpo y hasta el uso de citas en formato APA.

Escribir con el alivio de “me prefiero libre y feliz a perfecta”, así que desde hoy me declaro “no experta feminista”, me declaro aprendiz, en constante transformación. Para mí el idealismo se parece a la congruencia, ambos están ahí para mí como algo inalcanzable, pero su búsqueda me llevará la vida, su búsqueda me hará accionar siempre. Escribir practicando la congruencia sin caer en rigidez, porque las realidades se transforman y nosotras con ellas… o mejor dicho, porque nosotras nos transformamos y así movemos al mundo. Escribir sabiendo  que mis posicionamientos, mis críticas y reflexiones, son una mirada dentro del complejo entramado social, escribir entendiendo la importancia de los pequeños cambios y de las pequeñas acciones.

Escribir recordándome que en días difíciles me salvó un cuadernito blanco, días que hoy veo muy lejanos, pero que son parte de las cicatrices que hoy me construyen mujer, que tienen un lugar en mi vida y que me permiten mirar otras aristas y rodearme de hermosas personas, mujeres y hombres. Escribir dándome cuenta que dentro de las opresiones vividas mi contexto me permitió hoy estarles escribiendo. Tener claro la responsabilidad que ello implica con aquellas que viven en situaciones y realidades en donde la opresión es tal, que la salida de la misma se vuelve un camino tortuoso, que a veces puede parecer imposible, pero que no lo es.

Escribir sabiendo que no seré “objetiva”, ni neutral, que me asumo feminista porque el movimiento y los saberes que de él emanan me tocan, que me llevaron a cuestionármelo todo, a tomar decisiones, a pelearme, a llorar, a desesperanzarme; pero también que me llevaron a comprometerme, a hacerlo parte de mi vida cotidiana, de mis reflexiones, decisiones, acciones y proyectos de vida.

Escribir agradecida, escribir buscando equilibrio entre rebeldía y propuesta, escribir como estandarte, como acción política y como dice Audre Lorde, “Transformando el silencio en lenguaje y acción”.

* Columna publicada originalmente en la revista Mundo Procaz: http://www.mundopro.com.mx/columnas/5-escribir-escribirme-escribirnos-a-nosotras


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram