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Columna escrita por Eliza Tabares…

Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta” debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.

 

Dos mujeres olvidadas de la psicología

Tengo otra entrada esperando a publicar sobre la relación entre género y enfermedad mental, pero no será hoy, porque necesito esperanza… y la esperanza la encuentro en las historias de otras mujeres, así que seguiré mi corazón. Acaba de ser día del psicólogo y de la psicóloga, profesión que ejerzo, que me llena de gozo, de la que aprendo cada día. Y mi identidad como psicóloga me hace pensar en las mujeres de las que me hablaron poco en la Universidad y que tuve que conocer por casualidad o en la búsqueda concienzuda, de mujeres que la historia (léase patriarcado) por “casualidad” olvido.

Recuerdo mi materia Historia de la Psicología en donde conocí a Freud, a Skinner, a Erick Froom, a Watson y un largo, etcétera de varones. Entonces nos presentaban a algunas mujeres, pero pocas, Ana Freud, a quien muchas veces había que referirse como la hija de…, Karen Horney, Melanie Klein, la revisión de su vida y obra era apresurada, como si no hubiera mucho en que detenerse. Aunque en la historia de hombres de la psicología nos detuviéramos en las aspectos más triviales.

Ahora como psicóloga feminista, pienso en la identidad que vamos formando las mujeres en esta profesión, si nuestras antecesoras siguen siendo omitidas en los programas educativos oficiales y hoy vengo a tomar este espacio virtual para que en él les nombremos con las fanfarrias que se merecen, por ello aunque podría hablar de más mujeres, he escogido sólo a dos de ellas, para poder detenernos en aspectos de su vida, para observarles y reconocerles.

Las dos mujeres son Sabina Spielrein y Frieda Froom Riechman.

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Sabina Spielrein
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Frieda Froom Riechman

Sabina Spielrein nació en Rostov una de las ciudades más antiguas de Rusia, fue la hija mayor de 4 hermanos, las descripciones de su biografía son muestra clara de la forma diferenciada en que se veía a hombres y mujeres, se dice de ella que tenía imaginación desbordante, inteligencia precoz, rebeldía, releyendo hoy con ojos feministas podríamos decir que simplemente era brillante y quienes le conocieron no estaban preparados para una mujer autoafirmada, segura, empoderada y entonces hablan de su inteligencia como si de un defecto se tratase. Sus padres eran violentos, propinaban frecuentes castigos físicos que se caracterizaban por la humillación, la manipulación y el insulto. Imagínense la siguiente anécdota de su historia de vida, Sabina a los diecisiete años plantea que quiere vivir en otro lugar para conocer a otras personas fuera del contexto familiar y ¿Qué hizo su padre? Le amenazó con suicidarse, en un ambiente así era de suponerse que Sabina se viera afectada. Intentos de suicidio y síntomas de trastorno mental le llevaron a ser tratada por Carl Jung, en donde conoció el psicoanálisis y tras su recuperación decidió estudiar medicina, fue una de las primeras mujeres en practicar psicoanálisis y presentar diversos trabajos por la que fue reconocida, pero no como se merecía.

Por su parte Frieda Froom Riechman nació en Alemania en una familia judía Ortodoxa, estudió medicina y Neurología y pronto se interesó en afecciones que no tenían origen orgánico acercándose al psicoanálisis. Por su origen judío emigró a Estados Unidos en donde atendió fielmente durante 22 años en la clínica Chesnut Lodge, en donde se convirtió en pionera en tratar a pacientes psicóticos bajo el método psicoanalítico, mi lectura de Frieda me dice que más que su método el éxito con sus pacientes tenía que ver con su humanidad, con su capacidad de conectarse con el otro, con su paciencia para acercarse y su minuciosidad para entender como con actos simbólicos los pacientes intentaban comunicarse en su idioma.

Desde mi punto de vista, ambas tienen en común el hecho de que aportaciones suyas fueron después retomadas por varones que se hicieron famosos por planteamientos que no les correspondían y que por supuesto no les dieron el crédito merecido o ninguno en absoluto.

Sabina por ejemplo, escribió un trabajo que llamó, “La destrucción como causa del nacimiento” trabajo que fue la base con la que Freud construyó su teoría sobre la pulsión de vida y de muerte, razón por la que el psicoanálisis cambio radicalmente. No quiero ponerme muy teórica, pero quiero recalcar lo importante del asunto, esta mujer fue plagiada por uno de los hombres más influyentes en la historia y su nombre NO se escucha en las universidades. Carl Jung quien también se escucha regularmente en la formación psicológica, también retomó ideas de Sabina para formular el concepto de ánima y de Sombra vitales para entender el inconsciente colectivo en su teoría, y aunque él si la reconoció como coautora, colaboradora e inspiradora, aun así la historia no le hace justicia suficiente.

Por su parte Frieda Froom Reichman se dedicó por un tiempo a la investigación y trabajó con Waslavick, un hombre ampliamente reconocido. El trabajo de Frieda con pacientes con esquizofrenia le llevo a realizar planteamientos sobre el tipo de comunicación en las familias, que después Waslavick retomo para su concepto de “homeostasis familiar” hoy vital en la terapia sistémica, el estudio de Frieda implicaba relacionar la lingüística y la comunicación kinestésica. Una vez más la historia no la nombra lo suficiente, no tanto como a ellos.

Pero hoy estamos aquí para nombrarlas y también para preguntarnos ¿Por qué no nos extraña su ausencia? Porque asumimos que la historia que nos cuentan en las Universidades no puede reescribirse, integrando todo sobre ellas, sobre nuestras antecesoras, necesitamos a mujeres en la memoria colectiva de la psicología, necesitamos figuras femeninas para identificarnos, para formar una identidad en nuestra profesión, que no se base en la desigualdad y la omisión de nuestros aportes a la ciencia y necesitamos hacer justicia histórica.

Bibliografía:

Fuentes, M., Martínez, B., Piñeiro, S., Angosto, T. (2008). Biografía de Sabina Speilrein (1985-1942) una historia de los primeros años del psicoanálisis. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquatría. Vol. 26 núm. 101. España

García, S. (2010). El olvido de las mujeres pioneras en la psicología. Revista historia de la psicología. Vol. 31. núm. 4. España

Winkler, M. I. y Abarca, G. (2015). “Nunca te prometí un jardín de rosas”. Frieda Fromm-Reichmann y el valor de la relación terapéutica. Revista de Psicología, Vol. 24. núm. 1

 

 

Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.

¡Vieja el último!

Eliza Tabares

Hace unos días cofacilité un taller para niñas y niños con mi colega Magdalena González, en el taller tratamos la expresión de emociones centrándonos en las comúnmente llamadas “negativas” tristeza, enojo, miedo. Y aunque nuestro taller no estaba directamente relacionado con el género, surgió de él una reflexión que me llevó hacia allá y les comparto. En una de las actividades de reconocimiento de emociones usamos pintura, así que al finalizar el taller acompañé a niñas y niños a que se lavaran las manos.

Cuando llegué al sanitario que estaba a varios salones de donde se realizó la actividad, me sorprendió ver a los niñxs afuera esperándome.

  • ¡El baño de niños está cerrado! – me dijeron. Mientras todos se quedaban estupefactos sin entrar
  • Bueno – dije yo – solo vamos a lavarnos las manos, podemos entrar todos al baño de niñas

Todxs entraron, pero dos niños dudaron antes de entrar, cuando decidieron hacerlo comenzaron a lavarse las manos y a bromear

  • ¡Imagínate que fuéramos niñas! – reían

Me acuso lenta para estas reflexiones, creo que debí preguntarles qué tenía de gracioso y tomarlo como un acto educativo, pero no lo pensé hasta después. Sin embargo, el pequeño evento me hizo preguntarme, si acaso hubiera sido al contrario, si el baño de niñas estuviera cerrado y hubiéramos entrado todxs al de los niños, si el cambio hubiera dado para la misma broma.

¿Desde qué edades aprendemos que ser niñas es algo risible? ¿Cuántas de nosotras no corrimos velozmente en nuestras infancias al grito de Vieja el último? ¿Cuántos juegos y canciones cantamos que ya nos enseñaban sobre estereotipos de género y nos llevaban a interiorizarlos? ¿Cuántas veces dijimos o escuchamos “no llores como niña”?

Todos estos “juegos inocentes” nos hacen interiorizar estereotipos y a medida que se vinculan con actividades cotidianas, se convierten en verdades que influyen las creencias, el comportamiento, las actitudes, etc. (Gúzman y Bolio, 2010) por lo que de inocentes no tienen nada en absoluto. Cuando corremos al grito de ¡Vieja el último! Interiorizamos a lo femenino como infravalorado.

Interiorizar la subordinación de lo femenino en la infancia, se convierte y no por arte de magia en la adultez en otros escenarios más peligrosos que un juego. ¿Qué tanto nos estamos ocupando de la infancia en el camino hacia la equidad? En psicología hay una frase que dice “Es más fácil criar niñxs fuertes, que curar adultos rotos” si la misma lógica la aplicamos a la lucha feminista, habría que evaluar críticamente si existen esfuerzos reales para incidir en la equidad de género desde la educación básica, la UNESCO (2001) sobre todo reporta avances en tanto igualdad en la matricula en niños y niñas, pero reconoce que en América Latina, en las aulas los niños son más estimulados y tienen mayores oportunidades que las niñas.

Pero los reportes que comúnmente se enfocan en datos cuantitativos no dan cuenta de la realidad de lo que sucede en los salones de clase, de lo que niñas y niños interiorizan cuando la maestra dice a ellas:

  • No hagas tal cosa, porque te vez fea

O cuando les dice a ellos

  • No llores porque eso es de niñas

En primera instancia, entendamos que esos pequeños actos importan, que no se trata solo de llenar las escuelas con discursos políticamente correctos sobre perspectiva de género, si no que cada minuto que niñas y niños pasan en las escuelas están aprendiendo sobre cómo deben ser hombres y mujeres, minutos que pueden ser la base de su aprendizaje sobre la desigualdad o todo lo contrario.

Bibliografía:

Gúzman, G., Bolio, M. (2010). Construyendo la herramienta perspectiva de género: cómo portar lentes nuevos. Ciudad de México. Universidad Iberoamericana

UNESCO. (2001). Igualdad de género en la educación básica de América Latina y el Caribe. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001310/131040s.pdf

 

 

Machos en precario, tambalear el privilegio patriarcal

En la tarde salí a comprar un libro al Gandhi de Av. Juárez en la Cuidad de México y me sorprendió el grito azorado de un hombre como de 45 años

-¡Feliz día mujeres! ¡Feliz día mujeres!

Su grito iba acompañado de un cartel naranja con letras negras que decía DIOS AMA A LAS MUJERES, PERO NO AL FEMINISMO. Ahí estaba un hombre conjugando una supuesta felicitación con un mensaje muy claro, para él y para mí lo fue en ese momento también. Ese varón está convencido de que las mujeres tenemos lugares, espacios y discursos que son aptos para nosotras, si no osamos sobrepasarlos Dios nos amara, pero si acaso lo hiciéramos nos quitaría su amor, porque Dios no nos ama en el feminismo.

Mi tema aquí no tiene que ver con Dios, si no con aquellos varones que se encuentran disgustados o furiosos con las mujeres en el feminismo. Estos varones tienen de hecho, muchos discursos que validan su actuar, tienen para escoger en la institución de su preferencia, familia, estado, iglesia, en todas ellas encuentran un conjunto de ideas que les permiten validar sus pensamientos de supremacía, o la negación de la subordinación.

Este varón con su cartel naranja está muy seguro de que su religión avala que las mujeres que participan del feminismo no sean amadas, así como otros varones están muy seguros de comunicarnos cuales son, según ellos, las luchas feministas que sí importan. Las acciones de los varones disgustados con el feminismo son diversas. Abundan en estos tiempos cibernéticos los trolls dedicados a molestar mujeres y encabezar guerras cibernéticas acosando, enredando y dando falsa información, varones que en el grupo de amigos descalifican a la amiga “feminazi” o a cualquier mujer que quiera evidenciar su derecho a la igualdad o a una vida libre de violencia.

¿Qué motiva las acciones de estos varones?

El feminismo tambalea la importancia desmedida que se ha conferido por siglos a lo masculino.

“Ser varón en la sociedad patriarcal, es ser importante. Este atributo se presenta con un doble sentido: por una parte, muy evidente, ser varón es ser importante porque las mujeres no lo son; en otro aspecto, ser varón es ser importante porque comunica con lo importante, ya que todo lo importante es definido como masculino. Es este aspecto su discurso megalómano, el discurso patriarcal sobre el varón “se olvida” que la importancia de ser varón sólo se debe a que las mujeres son definidas como no importantes” (Marques V.J. 1992).

La importancia que en la sociedad se le da a los varones no es nada nuevo y puede ser comprobado desde los actos más minúsculos como el “Caliéntale la tortilla a tu hermano” o “sírvele de comer a tu papá”, hasta la comprobación irrefutable de que en todo el mundo los hombres son los que están en su mayoría en los puestos de poder en comparación con las mujeres. Entonces cuando las mujeres tomamos los lugares en donde habitamos y los tomamos para convertirlos en espacios feministas, reclamando nuestro lugar en la sociedad, el mundo de estos varones se tambalea… o algunos no le toman mayor importancia.

Josep Vincent Marques (1992) hace una diferenciación, que a mí me ayuda a entender la respuesta de estos varones.  Nos habla de dos tipos, el varón en propiedad y el varón en precario, el varón en propiedad no duda de su importancia, su condición biológica de ser hombre le es suficiente para considerar que su valía es mayor a la de las mujeres, por lo mismo las acciones de ellas no le preocupan, sin importar lo que hagan ellos no perderán su valía, no considera que tiene la obligación de demostrar nada a nadie, tiene un título de propiedad “es varón y por ese hecho la sociedad le ha reservado un lugar en primera fila”. Por otro lado el varón en precario considera que debe ganarse esa importancia y por ello está todo el tiempo demostrando lo macho que es, su angustia crece cuando no logra demostrarse a él y a otros su importancia. El varón en precario percibe como una verdadera amenaza a estas mujeres que osan ocupar sus espacios. El autor que propone esta categorización dice que si el varón en propiedad puede ser al menos un opresor tranquilo, el varón en precario es un sujeto traumáticamente conflictivo y potencialmente violento.

Y por ello los machos en precario, organizan guerras cibernéticas, salen a la calle con letreros según ellos avalados por su religión, retoman argumentos de la filosofía y de la biología para descalificar el feminismo, por eso tienen esa imperiosa necesidad de recordarnos que “no nos hagamos las importantes”, por miedo y angustia a perder su valía en la sociedad, pilar con el que se les construyó como hombres.

Tanto si se esconden detrás de su computadora, si hacen videos o salen con un letrero. No olvidemos que a estos varones no los mueven sus argumentos, si no el miedo de que se caiga su frágil masculinidad. Dice un axioma de la comunicación de Waslavick en palabras sencillas que toda comunicación tiene al menos dos niveles, el contenido y un nivel relacional, en lo relacional por supuesto están inmersas las emociones. Pienso que no debemos equivocarnos, podemos decidir ignorarles (lo que también es una forma de comunicar), o podemos entrar en una discusión con estos varones, pero si lo hacemos no olvidemos que no estamos solo compartiendo argumentos, no es un asunto solo de contenido, estamos hablando, conversando o discutiendo con su miedo a perder su primera fila. Sabiendo eso, pensemos en respuestas que sean favorables para nosotras.

Eliza Tabares

@elizatabaress

Bibliografía:

Marques V.J. (1992). “Varón y patriarcado” en Valdés y Olavarritia (comp.) Masculinidad/es. Chile: Isis Internacional.

Escribir, escribirme… escribirnos a nosotras

 

Escribir para contarme, para contar a otras, para no olvidarnos nunca más, para no olvidarme, para no perderme, para no perderlas.

Escribir recuperando la vida cotidiana, mis andares y los suyos, contándonos, construyéndonos a través de la palabra, reconociéndome en sus historias, visibilizando lo común, pero también las diferencias, de edad, contexto, clase social, raza. Buscando entender la complejidad de nuestras realidades, de los factores que nos cruzan, de los temas que nos preocupan, que nos hacen accionar.

Escribir honrando a las ancestras, recordando a aquellas que en la lucha murieron, todas aquellas que gritaron por mí, por nosotras, por nuestras libertades, por nuestro acceso al conocimiento, por nuestra voz y nuestras decisiones. Escribir conmemorando a aquellas que murieron involuntariamente a manos del patriarcado, por aquellas que llenan de fotografías las redes sociales, porque no están, porque se las llevaron, guardar en mi corazón sus lamentos y buscar convertirlos en fuerza, fuerza para gritar y seguir luchando.

Escribir sabiendo que el feminismo me llevó a salirme de un molde, “del tradicional”, me llevó a cuestionar lo aprendido, a alejarme de personas que hasta entonces me di cuenta, me violentaban, pero recordando también que dentro de la misma búsqueda me metí a otros moldes, “los moldes feministas”. Escribir recordándome que ninguno es liberador, que hay que buscar la propia voz, que hay que ver los puntos medios, encontrar los puentes, los matices. Entender que como mujeres podemos llegar a lo mismo de maneras diferentes, o que tal vez también sea necesario que lleguemos a diversos lugares, porque partimos de distintas realidades y podemos ser sororarias, críticas, revolucionarias, activistas… y podemos serlo de diferentes maneras.

Escribir dándome cuenta de las opresiones que comparto con mi género, pero también de mis privilegios, ahora mismo  noto que escribir es un privilegio, que accedí a la educación, que aprendí a leer, que no viví pobreza extrema, que tengo un techo donde dormir, que terminé una carrera universitaria. Privilegios que no tienen todas las mujeres.

Escribir con la razón como aliada, pero descolocándome de ella como el centro, sin caer en la trampa de creer que las emociones y el cuerpo no nos llevan a reflexiones, conocimiento, descubrimiento. Sin desvalorizar las emociones porque el mundo patriarcal las ha asociado con lo femenino… desvalorizándolas como todo lo asociado a lo femenino. Descolocarme integrando al cuerpo en la construcción del conocimiento, escribiendo para mí, para nosotras.

Escribir con una mirada crítica, con cuidado en los temas que elijo, buscando que mi preocupación por los mismos, no sean ya producto de la visión patriarcal que se manifiesta en mi subjetividad. Buscando maneras de encontrar mi propia voz y la de ustedes, mujeres. De-construyéndome. Creo en un feminismo que no nos separa en “más y menos aptas” para cualquier tema, para usar la voz. Sin embargo; también creo en lo necesario de usar los privilegios que en mi contexto se han presentado y usarlos a favor de las mujeres, para la creación y la construcción, usar entonces la educación, la psicología, el arte, las experiencias, el conocimiento que pasa por el cuerpo y hasta el uso de citas en formato APA.

Escribir con el alivio de “me prefiero libre y feliz a perfecta”, así que desde hoy me declaro “no experta feminista”, me declaro aprendiz, en constante transformación. Para mí el idealismo se parece a la congruencia, ambos están ahí para mí como algo inalcanzable, pero su búsqueda me llevará la vida, su búsqueda me hará accionar siempre. Escribir practicando la congruencia sin caer en rigidez, porque las realidades se transforman y nosotras con ellas… o mejor dicho, porque nosotras nos transformamos y así movemos al mundo. Escribir sabiendo  que mis posicionamientos, mis críticas y reflexiones, son una mirada dentro del complejo entramado social, escribir entendiendo la importancia de los pequeños cambios y de las pequeñas acciones.

Escribir recordándome que en días difíciles me salvó un cuadernito blanco, días que hoy veo muy lejanos, pero que son parte de las cicatrices que hoy me construyen mujer, que tienen un lugar en mi vida y que me permiten mirar otras aristas y rodearme de hermosas personas, mujeres y hombres. Escribir dándome cuenta que dentro de las opresiones vividas mi contexto me permitió hoy estarles escribiendo. Tener claro la responsabilidad que ello implica con aquellas que viven en situaciones y realidades en donde la opresión es tal, que la salida de la misma se vuelve un camino tortuoso, que a veces puede parecer imposible, pero que no lo es.

Escribir sabiendo que no seré “objetiva”, ni neutral, que me asumo feminista porque el movimiento y los saberes que de él emanan me tocan, que me llevaron a cuestionármelo todo, a tomar decisiones, a pelearme, a llorar, a desesperanzarme; pero también que me llevaron a comprometerme, a hacerlo parte de mi vida cotidiana, de mis reflexiones, decisiones, acciones y proyectos de vida.

Escribir agradecida, escribir buscando equilibrio entre rebeldía y propuesta, escribir como estandarte, como acción política y como dice Audre Lorde, “Transformando el silencio en lenguaje y acción”.

* Columna publicada originalmente en la revista Mundo Procaz: http://www.mundopro.com.mx/columnas/5-escribir-escribirme-escribirnos-a-nosotras

Eliza Tabares

eliza.tabares.s@gmail.com