Categoría: Sororidades

Caminatas

Por: Mag Mantilla*

¿Por qué el acoso callejero es violencia machista?

Eres mujer y transitas por las calles de la Ciudad de México, cuando campante pasas y de repente te acosan, mil pensamientos te abruman.

 

I.

Caminas por la calle de Real Mayorazgo rumbo a la Cineteca Nacional. Apenas son las 6:45pm, pero ya oscureció, es enero. Estás relajada, la función empieza a las 7:30pm. Tu andar es suave hasta que oyes shisteos: “sh-sh”, volteas por reflejo; es un grupo de hombres con miradas libidinosas opinando sobre tu cuerpo: “Amiga, amiga estás bien guapa”, “qué buen culo”, “camínale rápido porque si no te ando robando, mamacita”. Agitas el paso, quieres huir lo más pronto de sus lenguas de cuchillo. 

Estás enrabiada, vulnerada, asqueada, insegura … muy sacada de onda. Tienes clavada la sensación de haberte fallado a ti misma porque hace tiempo que te posicionas como feminista y no te defendiste ante el acoso callejero. Te sientes muy culpable por no enfrentar a los machitos e indignada ante sus comentarios obscenos e indeseados.  

En mi caso, gracias al libro de Holly Kearl (1), entendí que perpetraron en contra de nosotras, las mujeres, una forma de terrorismo sexual… a fin de cuentas, las mujeres no sabemos cuándo va a suceder, por quién puede ser ejecutado y hasta dónde puede extenderse. Te aferras a la idea de que no fue una agresión aislada, fue un acto violento y deliberado con dinámica perversa de poder, porque cuando alguien cosifica tu cuerpo al instante se produce subordinación femenina, sostén del sistema patriarcal y del machismo. 

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¿Cómo quiero que me maten?

Por Estefania Veloz*

 

Según las estadísticas de feminicidios, tengo múltiples opciones: quizá apuñalada con algún objeto punzocortante, golpeada hasta perder la vida o quemada; podría ser con el cable de un teléfono público, como a Lesvy Berlin, aunque, ante la falta de imaginación, quedan también, siempre, los balazos.

De acuerdo con las autoridades, somos nosotras las culpables de que nos violen y nos asesinen. Entonces ¿podemos decidir de qué forma queremos ser muertas?

Es muy fácil que la sociedad culpe a las mujeres de todos sus males, pero no es cosa nueva. Digamos que es tan fácil como adjudicarle a la Malinche la caída de un imperio y 500 años de conquista —cosa que se hace más de una vez. De haber sido virgen —virgen morena—, alguna posibilidad habría de que fuera un maternal símbolo en un ayate y no la puta —amante, humana, mujer— causante de la tragedia originaria.

El machismo escapa de las categorizaciones exactas, pero el macho no. El término macho es culturalmente homogéneo. Presume virilidad y, viniendo del macho revolucionario, es hasta folklórico. En los tiempos de la revolución se le asignó al hombre el papel de protector, hombres sin miedo que Continue reading “¿Cómo quiero que me maten?”

Correr

*Por: Laura Villaquirán

Hace unos días una amiga me dijo que sus familiares juzgaban el hecho de que ella fuera muy rumbera, aún con la edad que tenía, y comentaba que: “ellos no ven que yo me gradué, hice una especialización, trabajé fuera del país y aquí estoy disfrutando la vida”. Lo cierto es que en ese momento y en esas palabras, ella sentía que debía subir un escalón más para concretar lo tradicional, que debía correr para cumplir con lo que para ellos significaba ser una mujer realizada. 

A las mujeres nos enseñan desde muy chiquitas a correr, tanto, que cuando llegamos a cierta edad deberían darnos un premio clásico de olimpiada, la de la vida…claro. 

Una de las primeras veces que corremos es para mostrarle a papá el nuevo vestido rosa que tenemos, damos vueltas y esperamos de su aprobación, esperamos que nos diga lo hermosas que estamos. Sin duda alguna, para muchas, esta experiencia marca el nivel de autoestima con la que vamos a enfrentar el espejo, los ojos del hombre que amamos y el marketing.

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