Etiqueta: Comunidad

El viaje

*Por Débora Huenchuñir V. 
El pasto inhala apaciguado
exhala su “am” renovado,
sus voces vibran cual avispa
lo siente mi cuerpo en sintonía
Wallmapu tiene vida…
Es plena simetría, la que corre por mi espalda
cual árbol, el tiempo y el agua
moldean mi fisonomía
Antu y kuyen caminan conmigo todos los días.
Pa’ wenumapu nos vamos,
marchando al ritmo de pukuyen
Adentrándonos en el universo de cada lamngen
Winka o mapuche, el aire nos une
De día o de noche, un ngen nos reune
Pa’ wenumapu no llevamos flores.

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Un corazón que nutre nuestra plantita interna.

Por Mónica Proskauer*

Juun - 16 Continue reading “Un corazón que nutre nuestra plantita interna.”

GORDA

Por Milagros Carnevale*

 

“Gorda fofa, gorda fea”

“Ehh estuviste comiendo mucho chocolate últimamente, no?”

“Estas comiendo mas mandarinas que las que dice la dieta, después llorás que estás gorda…”

“Cuando estás a dieta te pones súper mala onda”

“Si comieras menos patatas fritas seguro estarías estupenda”

“Ah, yo pensaba que los vegetarianos eran todos flacos”

“Seguro que si salís a caminar todos los días y dejas de comer mierda, estarías mucho mejor, y tendrías novio” (como si eso fuera lo que me importase)

Dejar de morirse de rabia

Por Montse Aparicio*
gracias Coral Herrera y al laboratorio del amor

La rabia es una emoción muy intensa. A las mujeres se nos tiende a censurar la rabia y el odio. A la vez que vivimos en una sociedad y en un sistema que constantemente nos genera frustraciones solo por el hecho de ser mujer. Además nos enseñan a retenerla y eso no nos sale gratis; normalmente se convierte en ansiedad. En un estado de nerviosismo-obsesión casi semipermanente. Sirve bailar, correr, ir al gimnasio, desmadrarse… para depurar esa energía y esa mala ostia que se genera dentro de nosotras. Esa bola de tensión en el estómago que no desaparece, que hace que no comas o comas sin parar y que genera una apatía brutal. Continue reading “Dejar de morirse de rabia”

Árbol.

Por Gabriel Cárdenas Villanueva*

 

Abatida por la noche
sucumbo exhausta ante la tierra
que me absorbe…me bebe

Mi cuerpo se vuelve anacrónico
se vuelca y entierra en tus raíces
tus hojas rozan
me incendian la corteza

Subo por tu tallo
mientras las copas danzan sobre mí
acariciándome el sueño

Comienzo a llover.

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Necesito.

Por Vianey Toriz Meneses*

Necesito un respiro, necesito una carga extra de energía, siento que me consumo, siento que el tiempo se me está escapando entre los dedos, entre los recuerdos y el sol, entre el presente y el atardecer, entre el futuro y el anochecer; necesito escapar, escapar sin sentirme culpable, gritar sin ser señalada, correr sin ser alcanzada, llorar sin ser escuchada, necesito actuar hasta perderme, mi veneno mi perdición y mi salvación; hablar con toda la franqueza, ser escuchada y aceptada, romper lo que es, para empezar a crear lo que será. Me siento encerrada, me falta el aire, el espacio, me falta perderme, que nadie me vea, me hace falta tanto ser, romper las reglas, Continue reading “Necesito.”

El brotar de las plantas

Por Marina Rosón*

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Argumento:

A los dieciocho años de edad tuve un brote psicótico, durante ese episodio deambulaba mucho de noche por la ciudad.

De aquella no conocía la herramienta mágica: La cámara fotográfica. Estuve dos meses delirando y muy desorientada. Cuando salí del hospital que tuve un ingreso de dos semanas aproximadamente. Me dijeron los médicos que tuve un brote psicótico. La palabra que se retuvo en mi psique, fue: “brote”. Acto seguido me imaginé el brotar de las plantas. Continue reading “El brotar de las plantas”

De heroínas bíblicas y feminismo

Algunas mujeres nacidas en las tradiciones protestantes, tenemos algún nombre bíblico porque nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras pastoras y hermanas en la fe, al leer la Biblia se identificaron con mujeres que protagonizan relatos bíblicos que se convirtieron en sus favoritos. Al nombrarnos María, Eliza, Dorcas, Jael, Débora, Betsaida, Eva y demás, seguramente las mujeres de nuestros linajes familiares descubrieron en esas historias un cierto sentido de redención y un reflejo de sus propias vidas, de sus propias aspiraciones, de sus propias frustraciones y sus propias victorias como mujeres de fe. A su manera, ellas tomaron la Biblia para hacer sus propias lecturas y se apropiaron de esas historias como mantras, haciéndonos saber que nuestra vida como mujeres ya era una bendición…

Al salir de esos espacios sagrados, de esas narrativas bíblicas que tomaban sentido dentro de nuestras comunidades locales de fe, enfrentarse a la sociedad como mujer y como protestante, teniendo un nombre por el cual siempre se preguntaba y al que se debía de dar respuesta, descubrimos que en la bendición llevábamos la opresión. Algunas mujeres que nacimos en países donde ser protestante es ser minoría, nos colocaba en un espacio de exclusión del cual luchamos por salir y  pensar que ser hija de Dios no era atentar contra la nación; luchamos porque en la escuela y en los vecindarios no se burlaran de nuestros nombres, de nuestras creencias y de nuestras apariencias físicas. Y no siempre ganamos la batalla. Y luego, al crecer descubrimos que nuestros cuerpos infantiles dejaron de serlo cuando nuestros senos y caderas crecieron. Entonces María, Eliza, Dorcas, Jael, Débora, dejaban de ser las heroínas bíblicas para ser mujeres del siglo XXI donde ninguna mujer está a salvo…. Y por más que oramos y releímos la Biblia en busca de consuelo, repasando las historias que de niñas nos contaron, no bastó cuando en la calle nos acosaron o nos violaron dentro y fuera de la iglesia, no basto cuando la pobreza obligó a nuestros padres y hermanos a migrar al norte… Tal pareciera ser que el espíritu guerrero de nuestras heroínas nos abandonó…

Pero María, Eliza, Dorcas, Jael, Débora siguieron abriendo camino y releyeron la Biblia con ojos y experiencias nuevas. Decidieron qué creer y a quién creer para alimentar su espiritualidad. Comenzaron a buscar espacios y conocimientos para sanarse y restaurarse. Cuestionaron lo que les enseñaron de niñas y rompieron los silencios que en nombre de Dios se les impuso. Algunas Marías, Elizas, Dorcas, Jaels, Déboras, Evas, comenzaron a deconstruir a ese Yahvé, Jehová y Dios porque fue capaz de sacrificar a sus propias hijas y ponerlas como moneda de cambio por salvar a sus patriarcas. Se rebelaron contra ese Dios que en momentos dejó vacíos sin suplir. Y aún así, lo buscaron con otros rostros reencontrándolo en la vida cotidiana. Al reencontrarlo, algunas Marías, Elizas, Dorcas, Jaels, Déboras, Evas escucharon historias de otras mujeres fuera de la iglesia, y comprendieron que las violencias hacia las mujeres van más allá de la identidad religiosa. Y abrazaron a otras hermanas no de fe, sino de lucha.

Estas mujeres creyentes del siglo XXI comenzaron a cambiar sus maneras de mirarse a sí mismas, cambiaron sus maneras de relacionarse con sus linajes familiares y las mujeres de su comunidad de fe, y algunas descubrimos el feminismo como un evangelio al saber que “el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas.”

Esta idea me suena muy en consonancia con algunos principios de la Reforma, que al pensar el papel del hombre -hoy decimos las feministas, la humanidad-, le pensaron como personas que gozan de la libertad para acercarse a Dios sin intermediarios (Lutero); o como la humanidad siendo la gloria de Dios (Calvino), o bien, haciendo énfasis sobre el momento en que “nuestras hijas e hijos tendrán sueños y visiones y todx aquel que invoque el nombre de Dios será salvx” (Pentecostalismo clásico).

Muchas Marías, Elizas, Dorcas, Jaels, Déboras, Evas nacerán y seguirán creciendo en nuestras comunidades de fe. Yo espero que quienes les antecedimos y sobrevivimos a las diversas violencias que vivimos por ser creyentes, mujeres y feministas, no se repitan en ellas. Yo espero para ellas un cielo lleno de estrellas donde la Biblia sea un libro de esperanza y liberación, donde su voz sea escuchada y no silenciada en nombre de sus ministerios, que sean libres al vivir su fe y alimentar su espiritualidad, que luchen dentro y fuera de las iglesias por su vida, por su autonomía, por sus derechos como mujeres y que se opongan a todo lo que en nombre de Dios les impongan. Espero que abracen su vulnerabilidad y sean amorosas consigo mismas, que rompan las dicotomías de lo sagrado y lo profano y que si el feminismo las hace libres, sigan donde su discernimiento les lleve que siempre una comunidad nos espera.


*La ilustración de este texto es creación de la ilustradora argentina Viviana Pantoja. Puedes seguirla en Instagram como @vivianapantoja1

Patriarcado: la enfermedad invisible.

Por Samara Flores*

Durante años, épocas y generaciones enteras, hablar de política y mujeres era considerado la antítesis la una de la otra. Es decir, bajo la condición de mujer se nos privó de diferentes recursos, situaciones e incluso derechos que por naturalidad nos debieron de ser concebidos por el simple hecho de existir, pero la realidad es otra. Aún y cuando en la actualidad se sigue trabajando en la desarticulación de diferentes órdenes sociales como la hegemonía patriarcal para mejorar las relaciones sociales, siguen existiendo esos imaginarios colectivos arraigados que dificultan el desarrollo de una sociedad equitativa donde se trate a su totalidad como lo que son: personas. Continue reading “Patriarcado: la enfermedad invisible.”

San Junipero, feminismo especulativo y el derecho a imaginar

Por Juan Analí*

Black Mirrror es una serie de ciencia ficción británica, dividida en capítulos independientes que tratan  de  los posibles futuros de la humanidad si ésta mantuviera la misma línea ideológica que esta llevando el desarrollo tecnológico hasta ahora. La mayoría de sus episodios son escenarios distópicos, que dan cuenta de la decepción generalizada y del estado de decadencia humana actual: la crítica generalizada al desarrollo tecnológico de nuestros días nos lleva a imaginar futuros donde todo está perdido y la tecnología ha despertado lo mas oscuro de la esencia humanoide. Sin embargo, la serie sacó un episodio distinto al resto, en el que el futuro parece un lugar acogedor, lúdico y amable, donde las personas no han perdido el miedo al dolor, la melancolía, la tristeza, la nostalgia y el cariño, este episodio que ha sido el favorito de los fans, es protagonizado por mujeres, mujeres además que se aman. Continue reading “San Junipero, feminismo especulativo y el derecho a imaginar”