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Por Clara Suárez Quintana*

Era un sonido metálico
(Cuatro sonidos)
Como cadenas rasgando el aire
Que separa tus jardines de mi cárcel.
Una daga casi vizcaína
Pero no en la mía,
Sino en tu piel.
Cuatro sílabas sucias, embarradas
Lascivas, obscenas,
Manchadas de sangre
Y esta sí que era mía.
Pero era sangre de la buena,
De la que se anuncia como un tomate sobre la encimera blanca
De la que brota de una herida infinita
Hasta que lo blanco sea la piel y el mármol , rojo.

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Las lobas.

Por Mónica Ceja*

Salgo a la luna y corro descalza por la noche,

Soy la loba que aúlla

Que la rabia se derroche.

Juntas estamos resistiendo a un mundo androcentrista,

Nada evitará que grite, nada evitara que insista

Alzando el puño, unidas

Las lobas.

Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias #Metoo

*Imagen de Melinda Beek

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso. Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias #Metoo