Todas las entradas por Eliza Tabares Suárez

Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO.

Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Agnès Ricart. Arte y Feminismo Queer

Agnès Ricart es una ilustradora especializada en temáticas queer y feministas.  Nacida en Valencia, España. Su vocación por ilustrar empezó en sus primeros años de vida, cuando pasaba la mayor parte del día dibujando historias y personajes, sumergida en la biblioteca de su casa. Tras desarrollar su carrera como artista plástica interdisciplinar, hizo de la ilustración su forma de vida.

En Feminopraxis queremos mostrarte una probadita de su trabajo, que nos ha encantado.

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Género y esquizofrenia

@elizatabaress

Ser psicóloga es una identidad que se va construyendo de a poco, con el tiempo, fácilmente una se da cuenta que es una carrera en donde nunca terminas de aprender, donde la complejidad humana siempre trae retos, para tener la pericia de acompañar procesos personales y/o grupales.

Voy a contar acá una de mis experiencias en este capítulo en mi vida que es la psicología, que pinta para ser extenso. Cuando estudié en el IPN[1], escogí el área de psicología clínica, en la que era un requisito, en ese entonces, hacer prácticas durante un año en una institución de salud mental. Yo elegí un psiquiátrico de la ciudad de México porque quería conocer de cerca los llamados “padecimientos mentales”. Mi visión sobre los mismos era muy romántica, simpatizaba con la antipsiquiatría y las ideas de Foucault sobre la locura, pero quería formarme un criterio con la experiencia por delante y no solo con teoría. Seguir leyendo Género y esquizofrenia

Olinka. La música es un camino de paz.

En el nuevo Foro Hilvana me tocó ver a Olinka Oficial, una cantante mexicana que muestra gran fuerza y presencia, una potente voz que se combina con Reggae, Hip-Hop y música tradicional. En su trabajo reflexivo como artista ella hace una presentación de su obra que mostramos acá, porque ¡Qué mejor que ella misma para presentarse con ustedes!

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MIC Género ¡Ya va a comenzar!

En República de Cuba, calle llena diversidad, donde se encuentra el “Marrakech Salón”, el “Foro A Poco No” y la “Casa Refugio Hankili África”, cuna de diversidad, cultura y diversión, se encuentran también las oficinas de MIC Género.

Llegué por el medio día a realizar una entrevista a Adán Salinas, director general de dicho Festival. En la entrada había dos mujeres trabajando en carteles y publicidad, y al fondo, otras tres mujeres más, checando pendientes, poniendo en orden lo que viene para el festival. Una de ellas sostenía a una bebé, que fue pasando de brazo en brazo en la oficina.

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Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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MIC Género 2017

El cine es una herramienta poderosa que permite llegar a personas en espacios y latitudes diversas, con un filme nos identificamos, nos vemos en los personajes, suspiramos y sentimos. En el cine convergen elementos de todas las artes que generan una combinación mágica que nos toca como humanas, que nos hace sentir y vibrar, pero también reflexionar sobre otras realidades, en donde la interseccionalidad y su concretización en situaciones de género, raza y clase, se vuelven no solo concepciones abstractas, sino historias de hermanas, de mujeres, de niñas, de guerreras.

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Latinografía en 4 Ritmos

Gritos, un secuestro, luces, obscuridad y silencio. Ella grita hasta que puede, antes de que le metan algo en la boca, no es uno, son muchas las voces y las risas, ella no puede gritar. Yo también me atraganto, no puedo no sentir el asco y el dolor.

Después alegría y cantos, después bailes risas y movimientos gozosos ¿Yo no puedo hacer esa transición? ¿Tú puedes? Como sociedad lo hacemos muchas veces queriendo o sin querer. Después siguen más gritos, de las pequeñas sollozos, preguntas, incertidumbre cuando la violencia viene de alguien cercano, del abuelo, del hermano, del papá. De las desaparecidas hay silencio y de las madres que siempre buscan hay fuerza y lucha.

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta”; debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Dos mujeres olvidadas de la psicología

Tengo otra entrada esperando a publicar sobre la relación entre género y enfermedad mental, pero no será hoy, porque necesito esperanza… y la esperanza la encuentro en las historias de otras mujeres, así que seguiré mi corazón. Acaba de ser día del psicólogo y de la psicóloga, profesión que ejerzo, que me llena de gozo, de la que aprendo cada día. Y mi identidad como psicóloga me hace pensar en las mujeres de las que me hablaron poco en la Universidad y que tuve que conocer por casualidad o en la búsqueda concienzuda, de mujeres que la historia (léase patriarcado) por “casualidad” olvido.

Recuerdo mi materia Historia de la Psicología en donde conocí a Freud, a Skinner, a Erick Froom, a Watson y un largo, etcétera de varones. Entonces nos presentaban a algunas mujeres, pero pocas, Ana Freud, a quien muchas veces había que referirse como la hija de…, Karen Horney, Melanie Klein, la revisión de su vida y obra era apresurada, como si no hubiera mucho en que detenerse. Aunque en la historia de hombres de la psicología nos detuviéramos en las aspectos más triviales.

Ahora como psicóloga feminista, pienso en la identidad que vamos formando las mujeres en esta profesión, si nuestras antecesoras siguen siendo omitidas en los programas educativos oficiales y hoy vengo a tomar este espacio virtual para que en él les nombremos con las fanfarrias que se merecen, por ello aunque podría hablar de más mujeres, he escogido sólo a dos de ellas, para poder detenernos en aspectos de su vida, para observarles y reconocerles.

Las dos mujeres son Sabina Spielrein y Frieda Froom Riechman.

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Sabina Spielrein
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Frieda Froom Riechman

Sabina Spielrein nació en Rostov una de las ciudades más antiguas de Rusia, fue la hija mayor de 4 hermanos, las descripciones de su biografía son muestra clara de la forma diferenciada en que se veía a hombres y mujeres, se dice de ella que tenía imaginación desbordante, inteligencia precoz, rebeldía, releyendo hoy con ojos feministas podríamos decir que simplemente era brillante y quienes le conocieron no estaban preparados para una mujer autoafirmada, segura, empoderada y entonces hablan de su inteligencia como si de un defecto se tratase. Sus padres eran violentos, propinaban frecuentes castigos físicos que se caracterizaban por la humillación, la manipulación y el insulto. Imagínense la siguiente anécdota de su historia de vida, Sabina a los diecisiete años plantea que quiere vivir en otro lugar para conocer a otras personas fuera del contexto familiar y ¿Qué hizo su padre? Le amenazó con suicidarse, en un ambiente así era de suponerse que Sabina se viera afectada. Intentos de suicidio y síntomas de trastorno mental le llevaron a ser tratada por Carl Jung, en donde conoció el psicoanálisis y tras su recuperación decidió estudiar medicina, fue una de las primeras mujeres en practicar psicoanálisis y presentar diversos trabajos por la que fue reconocida, pero no como se merecía.

Por su parte Frieda Froom Riechman nació en Alemania en una familia judía Ortodoxa, estudió medicina y Neurología y pronto se interesó en afecciones que no tenían origen orgánico acercándose al psicoanálisis. Por su origen judío emigró a Estados Unidos en donde atendió fielmente durante 22 años en la clínica Chesnut Lodge, en donde se convirtió en pionera en tratar a pacientes psicóticos bajo el método psicoanalítico, mi lectura de Frieda me dice que más que su método el éxito con sus pacientes tenía que ver con su humanidad, con su capacidad de conectarse con el otro, con su paciencia para acercarse y su minuciosidad para entender como con actos simbólicos los pacientes intentaban comunicarse en su idioma.

Desde mi punto de vista, ambas tienen en común el hecho de que aportaciones suyas fueron después retomadas por varones que se hicieron famosos por planteamientos que no les correspondían y que por supuesto no les dieron el crédito merecido o ninguno en absoluto.

Sabina por ejemplo, escribió un trabajo que llamó, “La destrucción como causa del nacimiento” trabajo que fue la base con la que Freud construyó su teoría sobre la pulsión de vida y de muerte, razón por la que el psicoanálisis cambio radicalmente. No quiero ponerme muy teórica, pero quiero recalcar lo importante del asunto, esta mujer fue plagiada por uno de los hombres más influyentes en la historia y su nombre NO se escucha en las universidades. Carl Jung quien también se escucha regularmente en la formación psicológica, también retomó ideas de Sabina para formular el concepto de ánima y de Sombra vitales para entender el inconsciente colectivo en su teoría, y aunque él si la reconoció como coautora, colaboradora e inspiradora, aun así la historia no le hace justicia suficiente.

Por su parte Frieda Froom Reichman se dedicó por un tiempo a la investigación y trabajó con Waslavick, un hombre ampliamente reconocido. El trabajo de Frieda con pacientes con esquizofrenia le llevo a realizar planteamientos sobre el tipo de comunicación en las familias, que después Waslavick retomo para su concepto de “homeostasis familiar” hoy vital en la terapia sistémica, el estudio de Frieda implicaba relacionar la lingüística y la comunicación kinestésica. Una vez más la historia no la nombra lo suficiente, no tanto como a ellos.

Pero hoy estamos aquí para nombrarlas y también para preguntarnos ¿Por qué no nos extraña su ausencia? Porque asumimos que la historia que nos cuentan en las Universidades no puede reescribirse, integrando todo sobre ellas, sobre nuestras antecesoras, necesitamos a mujeres en la memoria colectiva de la psicología, necesitamos figuras femeninas para identificarnos, para formar una identidad en nuestra profesión, que no se base en la desigualdad y la omisión de nuestros aportes a la ciencia y necesitamos hacer justicia histórica.

Bibliografía:

Fuentes, M., Martínez, B., Piñeiro, S., Angosto, T. (2008). Biografía de Sabina Speilrein (1985-1942) una historia de los primeros años del psicoanálisis. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquatría. Vol. 26 núm. 101. España

García, S. (2010). El olvido de las mujeres pioneras en la psicología. Revista historia de la psicología. Vol. 31. núm. 4. España

Winkler, M. I. y Abarca, G. (2015). “Nunca te prometí un jardín de rosas”. Frieda Fromm-Reichmann y el valor de la relación terapéutica. Revista de Psicología, Vol. 24. núm. 1

 


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