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Editorial julio 2018

Estamos comenzando la segunda mitad del año y como cada mes, en Feminopraxis queremos reflexionar sobre temáticas que impactan la vida cotidiana de las mujeres y niñas no sólo en México sino en el resto del mundo. En este sentido, y siguiendo la costumbre de conmemorar fechas importantes, queremos reflexionar acerca de las luchas por la despenalización del aborto; mismas que durante el mes de junio nos demostraron la fuerza implacable que los grupos feministas y LGBTTTIQ+ han tenido en Argentina. Es de suma importancia no perder de vista estos acontecimientos internacionales ya que esta lucha no es local ni particular de Argentina, sino que involucra a casi todos los países latinoamericanos. Continue reading “Editorial julio 2018”

Yo aborté. (A propósito del 28 de septiembre #UnGritoGlobal por el #AbortoLegal).

Makeda tenía entre cinco o seis meses de haber nacido. Thawale tenía dos años, y yo tenía tres semanas de embarazo. Quedé embarazada al creer el mito que en el puerperio (los famosos 40 días donde tu cuerpo se vuelve a reacomodar después del parto) no te embarazas, pues según la creencia, todavía tu aparato reproductor no está en condiciones de ovular. No sólo era el puerperio lo que mi cuerpo experimentaba. Desde que Thawale nació yo caí en una depresión posparto que nunca resolví y que con el embarazo y nacimiento de Makeda, se agudizó. El nacimiento de Thawale fue por cesárea (el de Makeda también), pero no me limpiaron bien la placenta y al pasar el mes de ese nacimiento yo iba a morir, por lo que tuvieron que intervenirme urgentemente y observarme en el hospital por otros 15 días. Así que el primer mes de vida de mi hijo, yo estuve en el hospital encerrada y llorando sin consuelo. Al salir del hospital, mis meses transcurrieron lentamente. Dejé de bañarme, de cuidarme; sentía que al cerrar los ojos me iba a morir; sólo quería dormir todo el día y no saber nada de lo que pasara afuera de mi cuarto.

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Literatura feminista para lxs más pequeñxs

La Manuela vivía en el sur. Era pequeña, morena y tenía las piernas tan flacas, tan flacas que todos le decían que parecía un pajarito. 

Manuela acompañaba todos los días a su mamá al bosque a recolectar frutos silvestres. Manuela admiraba a su mamá, muy trabajadora y sabia.

(El canto de la Manuela, Johanna Michelle Molina Acevedo)

Éstas son las primeras líneas de El canto de la Manuela, cuento de Johanna Michelle Molina Acevedo, primer lugar del 1er Concurso de cuentos infantiles feministas “Colorina Colorada, Ya no quiero ser un hada”, llevado a cabo por las Feministas Tramando en septiembre de 2009.

El objetivo de este libro de cuentos consiste en “Subvertir los roles de género y construir una alternativa literaria para padres y madres que buscan historias diferentes para sus hijos e hijas […]”

Además de El canto de la Manuela, se pueden leer los cuentos La alegría del Sur (Gloria Isabel Jara Figueroa), Los Cangrejos (Domingo Plácido Negrete Fernández), La niña en el techo (Carina Blomqvist), La familia Google (Eugenio Norambuena Pinto) y Mi papá no es como los otros (Rosario Domínguez Tampier).

Puedes leer “Colorina Colorada, Ya no quiero ser un hada” aquí y compartir con nosotras tus impresiones.

¿Conoces más literatura feminista? ¡Compártela con nosotras!

Marchas de Mujeres (1): El lunes negro en Polonia.

Magdalena Oldziejewska  es una activista polaca y voluntaria en Feminist Library. Ella fue una de las mujeres que impulsaron la manifestación frente a la Embajada de Polonia en Londres cuando miles más lo hicieron en la plaza principal de Varsovia en el llamado lunes negro en el otoño de 2016. ¿La razón del paro? La propuesta de ley sobre la prohibición del aborto en Polonia no importando cual fuera la causa ni la decisión de las mujeres. Esa propuesta de ley llevó a miles de polacas, y mujeres de otras latitudes en solidaridad, a salir a las calles vestidas de negro, con sombrillas y altavoces, gritando entre otras consignas: “Necesitamos doctores no misioneros.” ¿A qué referiría esa consigna?
Aunque la libertad religiosa está garantizada, lo mismo que la diversidad religiosa, en la práctica Polonia vive una fragilidad laica. Lugar de origen del papa Juan Pablo II, Polonia poco a poco, después de la caída del socialismo real en Europa Oriental, vio recuperar fuerzas de un conservadurismo religioso cristiano: desde el cristianimo ortodoxo, pasando por el cristianismo católico y las vertientes protestantes. El conservadursimo religioso no es privativo del cristianismo católico; ahora con la inauguración de la era Trump, también el cristianismo protestante está girando a un conservadurismo sin precedentes. Nuestros países de América Latina ya experimentan esas batallas contra el Estado laico y los derechos colectivos. En cierto sentido se vive un contexto similar a Polonia: leyes públicas sustentadas en visiones y valores religiosos que niegan los derechos y las elecciones personales, sobre todo de las mujeres y las personas no binarias.
Con claros criterios morales conservadores, a nivel estructural, los sistemas políticos van girando cada vez más hacia modos de vida que correspondían a la Baja Edad Media. Las mujeres fueron asociadas con lo pecaminoso, perverso y de ahí la urgente necesidad de administrar sus cuerpos, sus “humores”, sus presencias. La Iglesia, los señores feudales  y después las monarquías no sólo eran dueños de las tierras, sino las instituciones que decidían el destino de los cuerpos: decidían que vidas valían la pena vivir y cuales no… ¿Les suena?
A quienes en algún momento de nuestra vida las leyes, las instituciones, las enseñanzas o mandatos nos han negado la voz, derechos o dañado nuestra dignidad, no nos quedó otro camino que hacernos justicia por nuestra propia mano y aparecimos en el espacio público reclamando algo que nos correspondía por el hecho de estar vivas: nuestra autorrepresentación y la posibilidad de generar cambios a favor de la vida digna. Cuando las palabras, los diálogos, las iniciativas, las políticas públicas y los cabildeos nos han fallado, hemos recurrido a la acción directa. Cuando las instancias legales se agotan y nos envilecen, la acción directa es un poderoso instrumento de lucha. Si nos organizamos, si tenemos un horizonte compartido, ¡Claro que podemos! ¡Mujeres del mundo, a una voz YA!
El paro nacional tendió puentes de solidaridad y empatia. Mujeres irlandesas, italianas, españolas y latinoamericanas en Londres fueron quienes más nos sentimos interpeladas por ese lunes negro. Quizá porque compartimos una “herencia cultural” donde el peso de los valores cristianos siguen siendo frente de batalla a pesar de declararnos sin religión, no podemos permanecer en silencio y sin indignarnos cuando leyes claramente clericales se ponen en marcha. Afortunadamente después de acciones directas, cabildeo y solidaridad internacional, la propuesta se detuvo de momento. Y así como las polacas salieron a las calles, cuando en Londres se organizó la marcha #NiUnaMuertaMás, ellas también se solidarizaron y salieron a las calles con nosotras de manera presencial y virtual.
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Para saber más sobre esta lucha,  síguelas por Facebook: https://www.facebook.com/ddldn/
Aún sigo viendo a Magda y la última vez le invité a compartir la experiencia de la lucha de las mujeres polacas con un colectivo de mujeres latinoamericanas del cual soy parte. Ella ha dicho que sí. Seguro será por estos días.
Finalmente quiero decir que si hoy yo estoy viva y gozo de una maternidad no impuesta es gracias a que desde el principio, tuve la opción de tener hijos o no. Mi pareja no decidió mi destino como madre, ni tampoco alguna institución o mandato. Fue una elección personal, y aún así me practiqué un aborto. No, no tengo ni pena, ni culpa. Tuve la opción y por eso estoy viva… Pero ese no ha sido el caso de otras hermanas alrededor del mundo. Por eso entiendo que gran parte de la agenda de colectivos feministas, se aferran a lograr este derecho para todas: sea la que sea su condición de vida, puedan acceder al aborto sin ningún tipo de coacción, ni culpas. Seguimos sacando biblias y rosarios de nuestros ovarios.
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Magda en el Paro de Mujeres Polacas en Londres.

 

-Jael de la Luz