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#YoTambién fui violada y la iglesia guardó silencio

En el 2013 cuando trabajaba en el Centro de Estudios Ecuménicos, a través del Observatorio Eclesial, estuve involucrada en un proceso donde Alberto Athié, el padre Barba, el académico Fernando M. González, Católicas por el Derecho a Decidir A. C.  y un grupo de laicos y activistas mexicanos, acompañabamos a un grupo de hombres jóvenes que durante su niñez fueron violados por sacerdotes vinculados a Los Legionarios de Cristo, congregación católica fundada por Marcial Maciel. La idea era llegar hasta cortes internacionales y pedir la expulsión de esos sacerdotes y que fueran procesados civilmente sin ningún tipo de fuero. Continue reading “#YoTambién fui violada y la iglesia guardó silencio”

Editorial (junio)

La violencia […] es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños.

-Margarita María Pintos

Este mes nos llevará a reflexionar sobre diversos temas que son de importancia para el quehacer y la articulación feminista a nivel global (el día mundial contra la educación sexista, a favor del nacimiento y parto respetados, así como el día del orgullo LGBTTI+). Sin embargo, existe una problemática particular que nos es de gran peso y requiere que hoy enfoquemos nuestro pensamiento en ella: la niñez en tiempos de guerras, ocupación territorial y desplazamientos; explotación laboral y precariedad de la vida.

El 4 de junio es el Día Internacional de lxs Niñxs Víctimas Inocentes de la Agresión, y el 12 de junio es el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. La primera, es una fecha asignada por la ONU como respuesta a la observación internacional que pedía un alto a actos violentos y encarcelamientos injustificados a niñxs palestinxs y libanesxs que fueron víctimas de agresión, por parte de Israel en su avanzada neocolonial. Los efectos de esas agresiones, no sólo han dejado huellas en la salud mental de lxs afectadxs directxs, sino en la ruptura del tejido social de generaciones que al hacer memoria, no dejan de nombrar los horrores de una guerra sin final.

Para lxs que nunca hemos vivido una guerra frontal, es difícil imaginar el horror de no poder dormir en tranquilidad esperando el siguiente estruendo que ponga en peligro la vida. La guerra no tiene ningún sentido excepto para la inhumanidad que provoca el capitalismo y para quienes se benefician de la venta de armas, las muertes y el conflicto político.

Volteando la mirada hacia la situación de las mujeres dentro de la guerra, encontramos las historias de niñas, madres y hermanas que han sido, o temen ser, violadas por soldados, propios y enemigos (recordemos que la violación colectiva es una más de las armas utilizadas en zonas de conflicto); que vieron morir a sus familias, a sus hijxs; mujeres que perdieron sus casas, que abrazan a niñxs que sueñan con disparos, que no pueden dormir por las noches.

Pensar estas dos fechas implica tomar una posición crítica sobre las narrativas nacionalistas, sustentadas en los pactos políticos kiriarcales y demandar su fin. Ya que quienes ganan únicamente son los señores de las guerras, y no la humanidad que sigue sangrando y clamando por justicia.

Nuestro país no está lejos de esa realidad. La Guerra Contra las Drogas, iniciada en el sexenio de Felipe Calderón ha llevado a vivir una guerra civil no declarada, donde miles de niñxs se ven expuestos a vivir agresiones por parte del crimen organizado y/o los enfrentamientos donde el ejército, los cárteles y la sociedad civil están en constante confrontación. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México, se calcula que desde el inicio de esta Guerra, han muerto por lo menos 2 mil niñxs, principalmente en los estados de Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, Morelos y Veracruz. Esta misma Red señala que los cárteles de droga reclutan niños que a esa temprana edad son adiestrados en el crimen organizado, mientras niñas y mujeres adolescentes son reclutadas con fines de explotación sexual.

En México poco se habla de las niñas y niños que son agredidxs por la violencia que viven a diario en estas zonas de guerra o que ven sus sueños truncados por la falta de oportunidades, en lugares donde la única actividad económica es el crimen organizado. Este contexto pone en riesgo el futuro de generaciones que no ven opciones de desarrollo personal e intelectual presente, o a futuro.

Estas situaciones tienen que cambiar, ya que ambas realidades son graves e inhumanas.

Lxs niñxs que comienzan a trabajar desde pequeñxs cumplen el rol de ayuda con el gasto familiar, y ya cargan con responsabilidades y emociones que no les corresponden, llegando a verse “obligadxs” a dejar los estudios para “seguir ayudando” y equilibrar así el ingreso; a la larga, esta acción contribuye a un círculo vicioso de empobrecimiento.

El panorama se torna negro cuando pensamos en niñxs en situación de calle, que trabajan para sobrevivir, que son explotadxs sexualmente o inducidxs a círculos de crimen y drogadicción. Pensar también en lxs niñxs jornalerxs que viven en las comunidades, rurales y urbanas, y que trabajan en la agricultura sin regulación alguna. En ambas situaciones los riesgos para su integridad física y psicológica aumentan y como resultado tenemos niñas y niños que crecen con las heridas de la desigualdad y la violencia marcadas en sus historias de vida.

Desde Feminopraxis hacemos un llamado a la reflexión y la acción locales. No podemos poner nuestra atención únicamente en guerras lejanas, atentados en países de Europa Occidental, o situaciones de pobreza en otras latitudes, y no ser capaces de visibilizar las propias tragedias. Tenemos una realidad miserable rodeándonos, por la que podemos y debemos alzar la voz. Ya que cuando decimos “La revolución será feminista o no será”, es porque creemos que las apuestas feministas no sólo apuntan a transformar las relaciones entre los sexos, desmantelando roles de género normalizadores, y reducir las brechas existentes accediendo a la plenitud de derechos, sino que también entendemos que el Feminismo no puede ser adultocentrista. Por tanto, pretendemos trabajar para cambiar este sistema global que deshumaniza desde edades tempranas, a través de la palabra escrita, la reflexión, la educación y las actividades que cada una realiza en la cotidianidad, la cual no se puede separar nunca de la reflexión política. No queremos generaciones venideras mutiladas emocional y mentalmente dispuestas a alinearse y dejar la resistencia, la disidencia y la convicción de creer que otro mundo y otras relaciones de poder son posibles.

Como feministas nos solidarizamos con niños y niñas, pero debido a que incluso en estas situaciones la mayor desventaja la llevan ellas (porque en las distintas escalas de opresión que tiene este sistema patriarcal, las niñas están por debajo de los niños), esta reflexión se concentra en las niñas y adolescentes que son explotadas por el narcotráfico y la trata de personas, las niñas en situación de pobreza extrema que anulan su derecho a soñar con una mejor vida mientras los sueños de sus hermanos tienen más oportunidades de cumplirse, en las niñas abusadas sexualmente de manera sistemática, asesinadas en una guerra que no entienden, forjada en un sistema que no las ve. En ellas nos concentramos y a ellas les debemos ¡nuestros gritos, nuestra lucha, nuestra sororidad y nuestros esfuerzos presentes y venideros!

-Feminopraxis

Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram