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Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Género y esquizofrenia

@elizatabaress

Ser psicóloga es una identidad que se va construyendo de a poco, con el tiempo, fácilmente una se da cuenta que es una carrera en donde nunca terminas de aprender, donde la complejidad humana siempre trae retos, para tener la pericia de acompañar procesos personales y/o grupales.

Voy a contar acá una de mis experiencias en este capítulo en mi vida que es la psicología, que pinta para ser extenso. Cuando estudié en el IPN[1], escogí el área de psicología clínica, en la que era un requisito, en ese entonces, hacer prácticas durante un año en una institución de salud mental. Yo elegí un psiquiátrico de la ciudad de México porque quería conocer de cerca los llamados “padecimientos mentales”. Mi visión sobre los mismos era muy romántica, simpatizaba con la antipsiquiatría y las ideas de Foucault sobre la locura, pero quería formarme un criterio con la experiencia por delante y no solo con teoría. Continue reading “Género y esquizofrenia”

Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta”; debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Dos mujeres olvidadas de la psicología

Tengo otra entrada esperando a publicar sobre la relación entre género y enfermedad mental, pero no será hoy, porque necesito esperanza… y la esperanza la encuentro en las historias de otras mujeres, así que seguiré mi corazón. Acaba de ser día del psicólogo y de la psicóloga, profesión que ejerzo, que me llena de gozo, de la que aprendo cada día. Y mi identidad como psicóloga me hace pensar en las mujeres de las que me hablaron poco en la Universidad y que tuve que conocer por casualidad o en la búsqueda concienzuda, de mujeres que la historia (léase patriarcado) por “casualidad” olvido.

Recuerdo mi materia Historia de la Psicología en donde conocí a Freud, a Skinner, a Erick Froom, a Watson y un largo, etcétera de varones. Entonces nos presentaban a algunas mujeres, pero pocas, Ana Freud, a quien muchas veces había que referirse como la hija de…, Karen Horney, Melanie Klein, la revisión de su vida y obra era apresurada, como si no hubiera mucho en que detenerse. Aunque en la historia de hombres de la psicología nos detuviéramos en las aspectos más triviales.

Ahora como psicóloga feminista, pienso en la identidad que vamos formando las mujeres en esta profesión, si nuestras antecesoras siguen siendo omitidas en los programas educativos oficiales y hoy vengo a tomar este espacio virtual para que en él les nombremos con las fanfarrias que se merecen, por ello aunque podría hablar de más mujeres, he escogido sólo a dos de ellas, para poder detenernos en aspectos de su vida, para observarles y reconocerles.

Las dos mujeres son Sabina Spielrein y Frieda Froom Riechman.

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Sabina Spielrein
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Frieda Froom Riechman

Sabina Spielrein nació en Rostov una de las ciudades más antiguas de Rusia, fue la hija mayor de 4 hermanos, las descripciones de su biografía son muestra clara de la forma diferenciada en que se veía a hombres y mujeres, se dice de ella que tenía imaginación desbordante, inteligencia precoz, rebeldía, releyendo hoy con ojos feministas podríamos decir que simplemente era brillante y quienes le conocieron no estaban preparados para una mujer autoafirmada, segura, empoderada y entonces hablan de su inteligencia como si de un defecto se tratase. Sus padres eran violentos, propinaban frecuentes castigos físicos que se caracterizaban por la humillación, la manipulación y el insulto. Imagínense la siguiente anécdota de su historia de vida, Sabina a los diecisiete años plantea que quiere vivir en otro lugar para conocer a otras personas fuera del contexto familiar y ¿Qué hizo su padre? Le amenazó con suicidarse, en un ambiente así era de suponerse que Sabina se viera afectada. Intentos de suicidio y síntomas de trastorno mental le llevaron a ser tratada por Carl Jung, en donde conoció el psicoanálisis y tras su recuperación decidió estudiar medicina, fue una de las primeras mujeres en practicar psicoanálisis y presentar diversos trabajos por la que fue reconocida, pero no como se merecía.

Por su parte Frieda Froom Riechman nació en Alemania en una familia judía Ortodoxa, estudió medicina y Neurología y pronto se interesó en afecciones que no tenían origen orgánico acercándose al psicoanálisis. Por su origen judío emigró a Estados Unidos en donde atendió fielmente durante 22 años en la clínica Chesnut Lodge, en donde se convirtió en pionera en tratar a pacientes psicóticos bajo el método psicoanalítico, mi lectura de Frieda me dice que más que su método el éxito con sus pacientes tenía que ver con su humanidad, con su capacidad de conectarse con el otro, con su paciencia para acercarse y su minuciosidad para entender como con actos simbólicos los pacientes intentaban comunicarse en su idioma.

Desde mi punto de vista, ambas tienen en común el hecho de que aportaciones suyas fueron después retomadas por varones que se hicieron famosos por planteamientos que no les correspondían y que por supuesto no les dieron el crédito merecido o ninguno en absoluto.

Sabina por ejemplo, escribió un trabajo que llamó, “La destrucción como causa del nacimiento” trabajo que fue la base con la que Freud construyó su teoría sobre la pulsión de vida y de muerte, razón por la que el psicoanálisis cambio radicalmente. No quiero ponerme muy teórica, pero quiero recalcar lo importante del asunto, esta mujer fue plagiada por uno de los hombres más influyentes en la historia y su nombre NO se escucha en las universidades. Carl Jung quien también se escucha regularmente en la formación psicológica, también retomó ideas de Sabina para formular el concepto de ánima y de Sombra vitales para entender el inconsciente colectivo en su teoría, y aunque él si la reconoció como coautora, colaboradora e inspiradora, aun así la historia no le hace justicia suficiente.

Por su parte Frieda Froom Reichman se dedicó por un tiempo a la investigación y trabajó con Waslavick, un hombre ampliamente reconocido. El trabajo de Frieda con pacientes con esquizofrenia le llevo a realizar planteamientos sobre el tipo de comunicación en las familias, que después Waslavick retomo para su concepto de “homeostasis familiar” hoy vital en la terapia sistémica, el estudio de Frieda implicaba relacionar la lingüística y la comunicación kinestésica. Una vez más la historia no la nombra lo suficiente, no tanto como a ellos.

Pero hoy estamos aquí para nombrarlas y también para preguntarnos ¿Por qué no nos extraña su ausencia? Porque asumimos que la historia que nos cuentan en las Universidades no puede reescribirse, integrando todo sobre ellas, sobre nuestras antecesoras, necesitamos a mujeres en la memoria colectiva de la psicología, necesitamos figuras femeninas para identificarnos, para formar una identidad en nuestra profesión, que no se base en la desigualdad y la omisión de nuestros aportes a la ciencia y necesitamos hacer justicia histórica.

Bibliografía:

Fuentes, M., Martínez, B., Piñeiro, S., Angosto, T. (2008). Biografía de Sabina Speilrein (1985-1942) una historia de los primeros años del psicoanálisis. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquatría. Vol. 26 núm. 101. España

García, S. (2010). El olvido de las mujeres pioneras en la psicología. Revista historia de la psicología. Vol. 31. núm. 4. España

Winkler, M. I. y Abarca, G. (2015). “Nunca te prometí un jardín de rosas”. Frieda Fromm-Reichmann y el valor de la relación terapéutica. Revista de Psicología, Vol. 24. núm. 1

 


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

W.E. el romance del siglo o una oportunidad para de-construir los mitos del amor romántico

*Eliza Tabares

Hace unos días vi una película que me dejo pensando mucho, pues creí que dicho filme tenía muchos elementos para analizar sobre perspectiva de género, los mitos del amor romántico en relaciones heterosexuales y su concretización en relaciones de pareja en donde la violencia es un común denominador.

La película se llama “W.E. el romance del siglo” (un título desafortunado para mi gusto) dirigida por la famosa cantante Madonna. Me dispuse a buscar las críticas sobre la película, con la idea de que alguien ya había analizado el filme con el lente del género, pero me encontré con que la mayoría de las críticas se centraban en lo lenta que era la película, aburrida, pretenciosa, con recomendaciones de no verla, incluso críticas con títulos del tipo “zapatero a sus zapatos” haciendo alusión a que Madonna debería dedicarse a cantar y no a dirigir películas, me percaté también de que las críticas eran escritas por hombres.

Bueno… pues mis ojos de mujer vieron otra cosa. La película cuenta dos historias paralelas, la de Wallis Simpson mujer que se casó con un hombre que casi fue Rey de Inglaterra (Eduardo VIII), quien abdicó del trono para casarse y por otro lado la historia de una mujer contemporánea, que está obsesionada con la historia de Wallis y el príncipe, por herencia de su madre y de su abuela quienes le pusieron el nombre de Wallis pues querían que encontrara un hombre que la amara tanto como para dejar un trono por ella.

Para la Wallis contemporánea, su príncipe azul era un afamado psicólogo, a ojos de la mayoría adinerado, tierno, exitoso, pero en casa un narcisista, inseguro y violento. Wallis, obsesionada con la historia del hombre que deja todo por una mujer con el único propósito de estar juntos, descubre al encontrar cartas personales de la vieja Wallis a una mujer más real, quién reclama que una sociedad no se hubiera dado cuenta de lo que ella como mujer dejaba “Todos se centran en lo que perdió él, pero nadie mira lo que yo perdí”, una mujer que no vivió el “Felices por siempre” sino que vivió el infierno del exilio, del aislamiento y la codependencia en la pareja. Wallis Simpson se cuestionaba, que tal vez su esposo solo buscó un pretexto para salir de una prisión en la que se encontraba, él no quería ser Rey y el amor fue solo un pretexto. Esa mujer se sentía aprisionada en esa relación, sofocada, infeliz. Esa es la Wallis de la que nadie había hablado, la que no figuraba en ninguna noticia o nota de periódico.

Las cartas de aquella mujer que fue juzgada por “quitar a un hombre del trono” sirven a la otra que vive violencia en su matrimonio, sirven para resignificar su propia relación, para entender que el amor como se lo habían contado, no era suficiente o que no justificaba aguantar una vida llena de violencia. Ya se ha investigado previamente la relación entre amor romántico-violencia de pareja y se señala lo siguiente:

“Quienes asumen el modelo del amor romántico y los mitos que de él se derivan tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia y permitirla, puesto que consideran que el amor (y la relación de pareja) es lo que da sentido a sus vidas y que romper la pareja, renunciar al amor es el fracaso absoluto de su vida (y no la promesa de una mejor) que como el amor todo lo puede han de ser capaces de allanar cualquier dificultad que surja en la relación y/o de cambiar a su pareja incluso si el violentador es irredento) lo que las lleva a perseverar en esa relación violenta; consideran que la violencia y el amor son compatibles ( o incluso que ciertos comportamientos violentos son una prueba de amor) lo que es empleado por víctimas y agresores para justificar los celos, el afán de posesión y/o los comportamientos de control ejercidos por su maltratador como una muestra de amor, llegando, incluso a sugerirse que el amor sin celos no es amor, y trasladando la responsabilidad del maltrato a la víctima por no ajustarse a dichos requerimientos. En definitiva, y como señalan estas mismas autoras: “un romanticismo desmedido puede convertirse en un serio peligro”  (González y Santana, 2001 citados en Bosch, 2007)

En la película hay una escena en donde el fantasma de Wallis aparece a hacer entender a la mujer que vive inmersa en esa ilusión.

Wallis Simpson se encontraba llorando pues no podía regresar a su país, habían sido exiliados tras la decisión de casarse y en un sueño la contemporánea Wallis, le dice con toda su negación disfrazada de ternura.

– “Pero se tienen el uno al otro”

La Wallis del pasado tras una bofetada contesta

–  “Este no es un cuento de hadas ¡despierta!”.

En ese momento pensé en todas las mujeres que viven violencia de pareja, a las que habría que gritar lo mismo, ¡Despierta! Gritar muy fuerte.

“No es suficiente, el amor, como lo venden las películas, como nos cuentan las abuelas, las madres, las tías, la televisión, las revistas. No es suficiente, es una ilusión”. Pero ilusiones con las que vivimos, que fundan muchas vidas y las historias de muchas parejas. Wallis entendió tras resignificar su idea del amor que no había un “felices por siempre”.

Me parece que la película ayuda a mirar gráficamente un proceso que debemos hacer muchas mujeres, mirar en retrospectiva los cuentos, las historias, los mitos que nos contaron sobre el amor y volver a contárnoslos con nuevos ojos, integrando otros elementos.

Nosotras también tenemos a “nuestras Wallis” y debemos mirar en retrospectiva lo que de ellas aprendimos del amor y reconsiderar aquellos significados que no ayuden a establecer relaciones sanas e igualitarias.

De manera que este artículo es una invitación a ver la película (la encuentran en Netflix) y me cuenten si alguien miro el contenido con ojos parecidos a los míos y también una invitación, para recontarnos historias que fundan nuestras vidas y/o nuestras relaciones de pareja.

Para terminar dejo algunos mitos del  amor romántico que habría que considerar de-construir (Ferreira, 1995, citada en Bosch, 2007):

  • Entrega total hacia la otra persona
  • Hacer de la otra persona lo único y fundamental de la existencia
  • Vivir experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento
  • Depender de la otra persona y adaptarse a ella postergando lo propio
  • Perdonar y justificar todo en nombre del amor
  • Consagrarse al bienestar de la otra persona
  • Estar todo el tiempo con la otra persona
  • Pensar que es imposible volver a amar con esa intensidad
  • Sentir que nada vale tanto como esa relación
  • Despertar ante la sola idea de que la persona amada se vaya
  • Pensar todo el tiempo en la otra persona hasta el punto de no poder trabajar, estudiar, comer, dormir o prestar atención a otras personas menos importantes
  • Vivir solo para el momento del encuentro
  • Prestar atención y vigilar cualquier señal de altibajos en el interés o el amor de la otra persona
  • Idealizar a la otra persona no aceptando que pueda tener algún defecto
  • Sentir que cualquier sacrificio es positivo si se hace por amor a otra persona
  • Tener anhelos de ayudar y apoyar a la otra persona sin esperar reciprocidad ni gratitud
  • Obtener la más completa comunicación
  • Lograr la unión más íntima y definitiva
  • Hacer todo junto a otra persona, compartirlo todo, tener los mismos gustos y apetencias

Bibliografía:

Bosch, E. (coord.) (2007). Del mito del amor romántico a la violencia contra las mujeres en la pareja. España: Universidad de Les Illes Balears.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Arte feminista ¿Y la danza?

Los cuerpos son letras y las letras son cuerpos. . . Mi cuerpo es: un velero de memoria psicológica y emocional.  De elación o trauma.  Una impresión de lenguaje verbal o imagen visual.  Una antena de los alrededores o deseos físicos internos.

Marianne Goldberg

Este escrito parte más de dudas que de certezas, es más bien una invitación a abrir el debate. ¿Danza y feminismo? ¿Bailan juntas? ¿Quién las baila? ¿Cómo? ¿Por qué? Aquí retomamos algunas reflexiones:

Morella Petrozzi (1996) hace un análisis sobre el género y el lenguaje corporal de la mujer y la bailarina. Según sus observaciones, las mujeres nos hacemos chiquitas, juntamos las piernas, bajamos la cabeza, ocupamos espacios como si quisiéramos no molestar. Y la bailarina en el ballet, se mueve en el escenario con ligereza y gracia, con movimientos suaves, evidenciando con ello todo una ideología patriarcal.

Petrozzi nos plantea preguntas, retoma a Martha Graham quién dentro de la danza moderna, fue considerada por muchos como la creadora de danzas feministas, con movimientos  más libres y menos estereotipados, aunque Graham  una y otra vez dijo que ella no hacia danza feminista. Pregunta entonces Petrozzi, ¿Puede una danza considerarse feminista cuando no se concibió como tal? Y aquí preguntamos ¿Qué hace las danzas feministas? Que la obra plantee la historia de la lucha de una mujer, movimientos que experimenten una huida a roles estereotipados mujer/ligera, sensual/con gracia  hombre/fuerte/poderoso/salvador. ¿O podemos hablar de danza feminista por el efecto que tiene para quién la práctica? Si la empodera en el control de su cuerpo y la lleva hacia el disfrute del mismo, si le ayuda a vivir su sexualidad sin tapujos.

¿Pero qué pasa si el control corporal adquirido es para satisfacer al otro? Margarita Baz (citada en Fort, 2015) evidencia como muchas danzas usan el cuerpo de las mujeres como objeto de mirada y deseo de los hombres, lo que lleva a que los espectáculos, la estética y el aspecto físico que “deben” tener las mujeres sea pensado para satisfacer el deseo masculino. Goldberg (citada en Tortajada 2011) lo pregunta de una manera más cruda y nos dice ¿Las mujeres crean la danza de acuerdo con cómo ellas mismas se ven o cómo les han enseñado a verse a través de la mirada del hombre?

Llama la atención el boom reciente de publicidades que hablan del empoderamiento de las mujeres a través de la danza y cabe preguntarse, si se hace una reflexión profunda sobre la forma en que se está mirando o es solo mera estrategia publicitaria. Es aún más curioso que muchas de estas danzas promueven el esencialismo de características femeninas como verdades incuestionables, mujer/sensible/nutricia/sensual etc.

Si bien la danza moderna/contemporánea ha sido un espacio de cambio y libertad, de cuestionamiento de estereotipos ¿Qué pasa con otro tipo de danzas? Las ancestrales y folclóricas, muchas de ellas transmiten símbolos, formas de pensar, significados sobre lo que “debemos ser” mujeres y hombres. ¿Esas danzas pueden cambiar de alguna manera, en tanto concepción, acción o movimiento para integrarse al cuestionamiento feminista? O están destinadas a reproducir y transmitir cultura patriarcal.

¿Cómo hacemos para usar la danza como una herramienta por y para nosotras? Queremos oír sus opiniones, pues en Feminopraxis apostamos al arte y a la danza como espacio de liberación en nuestros cuerpos, pero a una liberación consciente.

Bibliografía

  • Fort, I. M. (2015)  Cuando danza y género comparten escenario. AusArt 3 (1): 54-65. DOI: 10.1387/ausart.1440
  • Petrozzi, Morella. 1996. La Danza moderna más allá de los géneros: Hacia el descubrimiento de un lenguaje corporal de la mujer. Concurso “Hombres y mujeres en el Perú de hoy, Identidad y Cambio”, Universidad Católica del Perú. Accesible en Archivo virtual de artes escénicas UCLM
  • Tortajada Quiroz, Margarita. 2007. El concepto moderno del ballet: Los ballets rusos y el retorno de la danza masculina. Casa del Tiempo (9)97

14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Escribir, escribirme… escribirnos a nosotras

 

Escribir para contarme, para contar a otras, para no olvidarnos nunca más, para no olvidarme, para no perderme, para no perderlas.

Escribir recuperando la vida cotidiana, mis andares y los suyos, contándonos, construyéndonos a través de la palabra, reconociéndome en sus historias, visibilizando lo común, pero también las diferencias, de edad, contexto, clase social, raza. Buscando entender la complejidad de nuestras realidades, de los factores que nos cruzan, de los temas que nos preocupan, que nos hacen accionar.

Escribir honrando a las ancestras, recordando a aquellas que en la lucha murieron, todas aquellas que gritaron por mí, por nosotras, por nuestras libertades, por nuestro acceso al conocimiento, por nuestra voz y nuestras decisiones. Escribir conmemorando a aquellas que murieron involuntariamente a manos del patriarcado, por aquellas que llenan de fotografías las redes sociales, porque no están, porque se las llevaron, guardar en mi corazón sus lamentos y buscar convertirlos en fuerza, fuerza para gritar y seguir luchando.

Escribir sabiendo que el feminismo me llevó a salirme de un molde, “del tradicional”, me llevó a cuestionar lo aprendido, a alejarme de personas que hasta entonces me di cuenta, me violentaban, pero recordando también que dentro de la misma búsqueda me metí a otros moldes, “los moldes feministas”. Escribir recordándome que ninguno es liberador, que hay que buscar la propia voz, que hay que ver los puntos medios, encontrar los puentes, los matices. Entender que como mujeres podemos llegar a lo mismo de maneras diferentes, o que tal vez también sea necesario que lleguemos a diversos lugares, porque partimos de distintas realidades y podemos ser sororarias, críticas, revolucionarias, activistas… y podemos serlo de diferentes maneras.

Escribir dándome cuenta de las opresiones que comparto con mi género, pero también de mis privilegios, ahora mismo  noto que escribir es un privilegio, que accedí a la educación, que aprendí a leer, que no viví pobreza extrema, que tengo un techo donde dormir, que terminé una carrera universitaria. Privilegios que no tienen todas las mujeres.

Escribir con la razón como aliada, pero descolocándome de ella como el centro, sin caer en la trampa de creer que las emociones y el cuerpo no nos llevan a reflexiones, conocimiento, descubrimiento. Sin desvalorizar las emociones porque el mundo patriarcal las ha asociado con lo femenino… desvalorizándolas como todo lo asociado a lo femenino. Descolocarme integrando al cuerpo en la construcción del conocimiento, escribiendo para mí, para nosotras.

Escribir con una mirada crítica, con cuidado en los temas que elijo, buscando que mi preocupación por los mismos, no sean ya producto de la visión patriarcal que se manifiesta en mi subjetividad. Buscando maneras de encontrar mi propia voz y la de ustedes, mujeres. De-construyéndome. Creo en un feminismo que no nos separa en “más y menos aptas” para cualquier tema, para usar la voz. Sin embargo; también creo en lo necesario de usar los privilegios que en mi contexto se han presentado y usarlos a favor de las mujeres, para la creación y la construcción, usar entonces la educación, la psicología, el arte, las experiencias, el conocimiento que pasa por el cuerpo y hasta el uso de citas en formato APA.

Escribir con el alivio de “me prefiero libre y feliz a perfecta”, así que desde hoy me declaro “no experta feminista”, me declaro aprendiz, en constante transformación. Para mí el idealismo se parece a la congruencia, ambos están ahí para mí como algo inalcanzable, pero su búsqueda me llevará la vida, su búsqueda me hará accionar siempre. Escribir practicando la congruencia sin caer en rigidez, porque las realidades se transforman y nosotras con ellas… o mejor dicho, porque nosotras nos transformamos y así movemos al mundo. Escribir sabiendo  que mis posicionamientos, mis críticas y reflexiones, son una mirada dentro del complejo entramado social, escribir entendiendo la importancia de los pequeños cambios y de las pequeñas acciones.

Escribir recordándome que en días difíciles me salvó un cuadernito blanco, días que hoy veo muy lejanos, pero que son parte de las cicatrices que hoy me construyen mujer, que tienen un lugar en mi vida y que me permiten mirar otras aristas y rodearme de hermosas personas, mujeres y hombres. Escribir dándome cuenta que dentro de las opresiones vividas mi contexto me permitió hoy estarles escribiendo. Tener claro la responsabilidad que ello implica con aquellas que viven en situaciones y realidades en donde la opresión es tal, que la salida de la misma se vuelve un camino tortuoso, que a veces puede parecer imposible, pero que no lo es.

Escribir sabiendo que no seré “objetiva”, ni neutral, que me asumo feminista porque el movimiento y los saberes que de él emanan me tocan, que me llevaron a cuestionármelo todo, a tomar decisiones, a pelearme, a llorar, a desesperanzarme; pero también que me llevaron a comprometerme, a hacerlo parte de mi vida cotidiana, de mis reflexiones, decisiones, acciones y proyectos de vida.

Escribir agradecida, escribir buscando equilibrio entre rebeldía y propuesta, escribir como estandarte, como acción política y como dice Audre Lorde, “Transformando el silencio en lenguaje y acción”.

* Columna publicada originalmente en la revista Mundo Procaz: http://www.mundopro.com.mx/columnas/5-escribir-escribirme-escribirnos-a-nosotras


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