Todas las entradas por La Fata Morgana

Socióloga mexicana, feminista vegana y poetisa. La pluma detrás del blog de poesía Lunas Letras y Café (www.lunasletrasycafe.wordpress.com) y la columna feminista La letra Violeta en Feminopraxis. Impulsé el proyecto de poesía Las Plumas Poiéticas (www.lasplumaspoieticas.wordpress.com) Mi alter ego: Pamela Erin Mason. ♀♀♀

FÉMINA Y LAS RIMAS DEL SER

Entre cabelleras de colores, vestuarios llamativos que recuperan sus raíces sudamericanas y una belleza onírica en su performance, surge Fémina. Tres talentos de Argentina que convergen para deleitarnos con sus letras y música. Catalogadas como “feminist folk-rap”, Toti, Wewi y Claridad sin duda nos ofrecen la mezcla perfecta entre folk sudamericano y la fuerza del rap en rimas firmes. Poesía feminista. Así lo interpretan nuestros oídos, que escuchan detenidamente a estas chamanas musicales -como las describiría una amiga- mientras los pies y manos bailan.

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Kyra Galván: feminopraxis poética

“Te diré: soy mujer cedro mujer angustia
mujer como trigal como violeta
como sandía y tormenta.
Busco una isla para gestar en ella,
para inventarme mi libertad y mi cuerpo
y todos mis movimientos”

Kyra Galván

 

kyragalvánHace ya un tiempo llegó a mis manos un libro de poemas llamado Un pequeño moretón en la piel de nadie (1982), escrito por la poetisa y economista mexicana, Kyra Galván (1956). Este libro me parece como una tarde de café en la que Kyra me platica un poco de ella, de cómo sobrellevar la vida en una ciudad caótica como la Ciudad de México, cuando se es una persona sensible y con un “Gran Miedo de no llegar a la toma de la libertad”. Entre líneas, me muestra una postura incipiente feminista en una joven veinteañera, que se va formando a base de dudas y cuestionamientos sobre el ser mujer y sobre la condición de ésta en la Historia.

En Desde la A hasta la B se encuentran poemas que hablan de la soledad que se vive como un “pequeño cangrejo. Duro/lento/miope” que se balancea en las incertidumbres del amor. También habla de eso que la mayoría de las mujeres hemos experimentado: el acoso, que día a día lo libra caminando por la oficina repleta de miradas de “licenciados que llegan coqueteando” y que le obligan a asegurarse de que trae la bragueta cerrada, los botones de la blusa en su lugar y que, por ende, “Sólo se atreverían a pensar / qué buenas nalgas” como si eso fuera “un verdadero privilegio”.

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Cuatro A

Y es que el poder que la cultura machista le obsequia a los hombres en nuestra sociedad se podría traducir como un privilegio enfermizo; que les permite trasgredir los cuerpos de las mujeres con su mirada (a veces, con todo su cuerpo) sin mayor problema; mientras nosotras tenemos que salir a las calles a reclamar que nuestro cuerpo no es objeto, sin que realmente se nos escuche, o escribir quejas y poemas que evidencien la realidad cotidiana. Si acaso hay suerte, emitir una denuncia que proceda; pero no mucho más que eso. No mientras la naturalizada violencia hacia las mujeres siga latente en nuestra sociedad.

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Cantata

Después leo Estragos, en donde Galván conjuga poemas que develan más de la vida citadina y la relación con el dinero, inherente al sistema capitalista en el que estamos insertxs. Dice en Los hijos e hijas del verano: “Por nuestros pulmones crece en círculos / el tabaco, la mariguana, el esmog. […] Adoramos a nuestro dios: el Dinero”. Mientras sus poemas Urbana y Vivimos en un mundo en que las mariposas son arrolladas impunemente en la vía pública y a plena luz del día, me cuentan que la ciudad va devorando el campo que se vuelve “una realidad lejana”; donde el amor nunca empieza, donde la indiferencia y la soledad predominan. Tomo en cuenta que este libro fue publicado en 1982 porque más de tres décadas después, esa ciudad monstruo –y tantas otras– sigue devorándose al campo, y sigue menguando la vida de la gente atrapada en la caótica jungla de concreto. ¿Hasta dónde puede crecer el monstruo del “desarrollo”?

 

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Dos A

 

Kyra Galván capta mi atención con Bellas Artes: “[…] Quién podría decir / que bajo tu corazón pesaban / tantos años de ser la maestra / en el arte de la sumisión / en la virtud de la mudez / en el vicio de no tocar.” y La falla de San Andrés, que precisa el envejecimiento natural del rostro aludiendo al movimiento de las capas tectónicas de la Tierra. Pura naturaleza en movimiento somos.

Desconozco si Galván se autodenomina feminista, pero me gusta la manera en la que, en Sobreviviremos, su poema Escombros de Canto aborda ciertas cuestiones sobre la educación que se les da a las mujeres desde pequeñas, “acostumbradas a vivir entre sangre / y sentir humedad caliente entre las piernas. / Amansamos nuestros miedos / y sentimos coraje por la vergüenza al sexo / y a la vida, que nos inculcaron nuestras madres.”

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La reflexión sobre los roles de género y el cambio en el cuerpo me resultan interesantes, ya que ponen en la voz poética lo que a diario muchas mujeres se cuestionan, o viven en la ‘práctica femenina’. Feminopraxis (oh sí, ahora ya saben, en primera instancia, de dónde surge…) contiene poemas como Contradicciones ideológicas al lavar un plato, que plantea “Aclararme por qué cuando lavo un plato / O coso un botón / Él no ha de estar haciendo lo mismo […]”; o el impronunciable Geschichtsunterrich que, sin embargo, nos dice claramente:

“Estoy cansada.

Me acuesto y siento fluir un agotamiento

tan anterior a la Revolución Francesa.

Es que los enormes pechos

       de la Venus de Willendorf

               oprimen mi cuerpo desde la prehistoria.

[…]

   ¡Que vengan los hilos y las planchas!

   ¡Los jabones, afeites y cepillos,

            el almidón sobre todo, y el aceite!

¡Ajústenlo todo de nuevo!

¡Que nada rechine!

Necesito levantarme mañana para ser mujer.

Olvidarme que en las noches

La Historia nos aplasta.”

Un pequeño moretón en la piel de nadie es un libro que vale la pena conocer y disfrutar. Su variedad de temas lo enriquecen: la ciudad, el amor, el dinero, la soledad, la gente, el ser y el ser mujer… Su poesía es inteligente. Al leer la lírica de Galván, quizá sin intención, terminaremos preguntándonos qué contradicciones ideológicas cometemos como feministas, qué nos hace ser bad feminists, como, últimamente, a partir de Roxane Gay ha sido tan común cuestionarse.

Al final, Kyra se despide de mí tajante, en Uno Z: “no me molesten, / que ando de parto.”

Y concluye la plática entre nosotras.


-La Fata Morgana

Twitter: @lafatamorgana_

Puedes leer más poesía de Kyra Galván, en su blog http://poesiadekyragalvan.blogspot.mx/

 

 

 

Para mi libertad, bastan mis alas

Para mi libertad, bastan mis alas,
para poder cantar basta mi aliento.
Nadie más que yo tendrá derecho
sobre mi voz, mi mente y mi cuerpo.

Para mi libertad, bastan mis piernas,
bastan mis brazos con que me alzo si tropiezo.
Son mis pies quienes deciden si detengo
mis pasos hacia el triunfo de mis sueños.

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Cuando la mirada interseccional todo lo atraviesa, ¿qué nos queda por ver?

totheboneEntre tanto contenido nuevo que Netflix nos ofrece últimamente; a veces me es difícil decidir a qué le dedicaré el poco rato libre que tengo, sobre todo cuando, mientras más me acerco al feminismo, más critico todo lo que me rodea. Por ejemplo, hace un par de semanas vi “Hasta el Hueso” (To The Bone), protagonizada por Lily Collins; una película que si bien para mí tiene muy malas actuaciones, algo que le criticaría aún más en su excesiva “blancura”.

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MARÍA MARÍA: FEMINISMO VISUAL

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Imagen tomada de LaReplica.es

María María Acha-Kutscher es una artista visual feminista, nacida en Perú. Su obra, llena de colores y de realismo pop, representa, principalmente, a mujeres y feministas del mundo, en escenas de lucha y resistencia, tanto con mensajes en español, como en inglés y otros idiomas. Un trabajo que reivindica y visibiliza el feminismo, el arte con perspectiva de género y la incansable lucha de las mujeres contra el sistema patriarcal.

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Que haya cuerpos que besen y tiemblen

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Erotismos, Thelma Nava

Cuerpos desnudos, visibles, palpables. Humedad y naturaleza. Viscosidad. Sudores, lágrimas, azúcar y sal. Mujeres, vulvas y pupilas exaltadas. Hombres, lenguas y falos extaciados; pliegues.

Mujeres que besan y tiemblan (2000) se me presenta en un estante de la biblioteca como una antología mexicana de poesía erótica femenina, a la que yo propondría un cambio de nombre por algo como “antología heteroerótica escrita por mujeres”, para no generar expectativas de diversidad sexual en sus contenidos. La voz poética de Jeannette Clariond podría –quizá-, desde mi lectura, librar la batalla de la heteronormatividad con Una noche en el huerto: “Tendida/ en el asiento del negro Chevrolet;/ los pliegues de la noche sobre tu piel desnuda, tu vientre agitado aún;/ abierta al ruido de jejenes:/ alborozo en la luz, / suave baño en tus muslos / en tus senos de racimos […]”.

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Una habitación propia llamada ‘Libertad’

En entradas pasadas, hemos discutido en Feminopraxis varios temas relacionados a los retos sociales que las mujeres que escriben enfrentan, la maternidad, el trabajo y los cuidados, así como la participación de los hombres dentro del feminismo. Hemos hablado de cómo, a pesar de los avances en muchas partes del mundo, la desigualdad política, económica, social y cultural entre los sexos es una realidad. Millones de mujeres en el mundo se enfrentan a salarios menores que sus colegas varones por ejercer el mismo trabajo, aún hoy seguimos presenciando la negación de la educación para mujeres en muchísimas partes del mundo, sin contar que el segmento de la población que se encuentra en mayores condiciones de pobreza, es femenino.

Pensando en todo esto, y decidiendo qué lectura compartir con ustedes, recordé la obra de Virginia Woolf, “Un cuarto propio” (A Room of One’s Own) (1929:2007), que si bien creo que probablemente todas las feministas lo hemos leído alguna vez, me parece un texto que toca, desde la maravillosa pluma de Woolf, un poco de cada uno de estos temas, y por tanto creo que vale la pena retomarlo antes de que termine el mes de mayo.

Pues bien, para quienes no se han acercado a este ensayo literario, Un cuarto propio se presenta como un ejercicio metacognitivo, a través del cual, Virginia Woolf narra el proceso en el que se vio inmersa cuando fue invitada a escribir un ensayo sobre las mujeres y la novela. Realmente, expresa Woolf, hablar sobre dicha relación mujer-literatura resultaba mucho más difícil de lo que parecía, debido a que entender la complejidad que el concepto ‘mujer’ encerraba, en una sociedad como la suya, implicaba indagar en todo un imaginario social, económico, educativo, etcétera; lo cual era permitido únicamente a los varones. A partir de dicha reflexión, Woolf permite observar distintas situaciones que demuestran la posición en la que la mujer se encontraba hasta dicho momento de la Historia, desarrollando así la premisa de que lo que una mujer necesita para escribir literatura es “dinero y un cuarto propio” (pág. 7).

Al comienzo de la obra, la protagonista de la historia se reconoce como parte de un discurso que la considera ‘inferior’ a los hombres: cuando decide acudir a la Universidad de Oxbridge y el Bedel le prohíbe andar sobre los pastos de la misma, entiende que una mujer no es digna de caminar por el mismo sendero que los hombres. Sendero no sólo material, como el pasto en este caso, sino también intelectual: una prohibición para la mujer de ingresar en el campo de la competencia por el conocimiento. Acto seguido, dicha exclusión se reafirma cuando el acceso a la biblioteca es restringido a las mujeres si éstas carecen de alguna carta de presentación o del acompañamiento de su esposo; orillándolas también a la dependencia social.  Hoy en día, la situación respecto al acceso a la educación por parte de las mujeres, sigue estando en boca de las luchas feministas y por los derechos humanos. El caso más famoso actualmente: la ganadora del Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai.

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66%  de las mujeres adultas en el mundo son iletradas.

Así, todas las situaciones que en comienzo indignan el pensamiento de la protagonista, la llevan a pensar que es necesario examinar la Historia de las mujeres para entender por qué se encontraban recluidas socialmente.

Woolf expone una serie de ejemplos que demuestran cómo la mujer había sido hasta ese momento tan sólo un espectro, una sombra al lado del hombre; cuando cada uno de los análisis respecto a su condición eran escritos por éstos, y aún peor, cuando las descripciones de los mismos remitían a sentencias como “lo fundamental de las mujeres […] es que las mantienen los hombres y que ellas los sirven” o “Señor, una mujer compositora es como un perro caminando en sus patas traseras. No lo hace bien pero es sorprendente que lo haga”, entre otras (Woolf, 1929:2007, págs. 46-47). Dichas representaciones, producto de un pensamiento patriarcal abominable, invitan a la autora a reflexionar que no sólo las concepciones acerca de la capacidad intelectual de las mujeres eran discriminatorias, sino que, derivado de esto, su oportunidad de generar ganancias económicas era limitada.

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Las mujeres ganan menos que los hombres en el 99% de todas las ocupaciones.

Así, Woolf se pregunta ‘¿por qué son pobres las mujeres?’, y descubre que la razón principal está envuelta en el mismo discurso patriarcal antes mencionado. Las mujeres son pobres porque, primeramente, no son incluidas en los diferentes procesos económicos, debido a que no se consideran actividades propias de lo femenino, sino de lo masculino. Es decir, a la mujer se le considera ‘útil’ solamente dentro del hogar, atendiendo a los esposos, hijos e hijas.

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Las mujeres conforman hasta el 70% de lxs pobres del mundo.

No existen, dice Woolf, las condiciones sociales necesarias para que la mujer pueda insertarse en el mercado laboral, y por ende, ser acreedora de una independencia económica frente al hombre, debido a que su ‘condición biológica’, ligada a la estructura patriarcal, la obliga a estar la mayor parte de su vida embarazada y criando. ¿Les suena familiar? Pues actualmente, las mujeres son el grupo más marginado y pobre; por lo que seguimos luchando por desmantelar dichos estereotipos arcaicos (incluso cuando hay millones de mujeres trabajadoras e independientes, esto no cambia la otra realidad).

Aunado a esto, la autora también encuentra que la restricción de la educación es fundamental en el problema de las mujeres; diciendo:

[…] la independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no sólo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio. (Woolf, 2007, pág. 88)

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Las mujeres únicamente poseen 1% de las tierras del mundo.
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Las mujeres ganan sólo 77.5 centavos por cada dolar que ganan los hombres. (Dato de EUA, varía dependiendo del país, y de la raza de las mujeres: las mujeres blancas ganan menos que los hombres, pero más que las mujeres de color, etc)

Virginia Woolf demuestra, a lo largo de este ensayo literario, que las condiciones a las que la mujer se ha enfrentado (y sigue) a lo largo de la Historia, no son únicamente las que se refieren a barreras de carácter discursivo, sino a todo un entramado práctico en el que el hombre es el protagonista y ella simplemente un accesorio. Sin exagerar su postura, Woolf da cuenta del complejo panorama al que una mujer se habría de enfrentar si pretendiera sobresalir o simplemente explotar sus capacidades creativas e intelectuales, ya que los obstáculos que el sistema patriarcal le impone la sobrepasarían.

Quizá hoy hacer una analogía como la que Woolf propone sobre la hermana imaginaria de Shakespeare no culminaría en tan trágico suceso (al menos en algunas partes del mundo), sin embargo, innegables serían los obstáculos culturales, burocráticos y discursivos que se presentarían frente a ella. Porque es una realidad que hoy en día, las mujeres no tenemos las mismas oportunidades que los hombres de desarrollarnos profesionalmente, ya sea porque no tenemos el mismo acceso a la educación, porque nos enfrentamos al techo de cristal, o incluso, porque como señala una de nuestras colaboradoras, a veces la apariencia es más importante que nuestro currículum, y si dicha apariencia nos “benefició” en un principio, es casi una garantía-castigo que implicará una vida laboral rodeada de acoso sexual.

Finalmente, una de las cosas que más me atraen de esta obra y que no quiero dejar pasar, es lo que Woolf propone al final de la misma respecto a la balanza entre lo masculino y lo femenino. Comprender que estamos constituidxs a partir de una dualidad. Dice Woolf que “es fatal ser un hombre o una mujer pura y simplemente; hay que ser viril-mujer o mujer-viril”  (2007, pág. 85).

Lo anterior resulta de vital importancia para mí, ya que me parece necesario que tanto mujeres como hombres comprendamos que de interiorizar dicha dualidad, o lo que es lo mismo: des-generarnos, quizá seríamos capaces, como sociedad, de entender que el discurso patriarcal ha propiciado y sostenido las relaciones de dominación-subordinación entre hombres y mujeres, de manera que ha fragmentado las posibilidades de crecimiento mutuo, pero sobre todo, de crecimiento femenino. De entender que esto, como bien lo indica Woolf, ha resultado más en una perdida para la humanidad en general que una ganancia para el hombre.

De antemano entiendo que muchxs podrán decir que comparar un texto que tiene casi un siglo de vida con la actualidad puede ser riesgoso, sin embargo, considero que Woolf ofrece una obra que al menos en nuestros tiempos, sigue vigente. Desafortunadamente, aún no llegamos al momento de la historia en el que podamos decir que toda mujer en el mundo es poseedora de una habitación propia.

Reflexión última: en los debates sobre si los hombres pueden/deben o no ser feministas/aliados, la obra de Woolf se nos presenta, a todos los sexos, como un referente obligatorio para repensar la masculinidad y feminidad hegemónicas y considerar que, en el pesaje de la Humanidad V.S el Patriarcado, si nos separamos, el peso del Patriarcado nos aplasta a todxs…

¿Ustedes qué opinan?

-La Fata Morgana

Twitter: @lafatamorgana_


Referencias bibliográficas

Woolf, V. (1929:2007). Un cuarto propio (A room for one’s own) [Trad. de Jorge Luis Borges]. México, DF: Colofón.


La imagen de cabecera pertenece a Saara Katariina Söderlund (instagram @saarainfeathers)

Desconozco quién hizo las imágenes que acompañan el texto, son parte de una serie más amplia de imágenes con datos sobre la realidad que viven las mujeres en el mundo. Si alguien conoce a su autora (asumiendo que es mujer), les agradecería la información.

Entonces, el Feminismo vendrá, como la lluvia, a limpiarlo todo.

Hace dos días vi en Netflix Sufat Chol (Tormenta de Arena o Sand Storm en inglés); una película israelí del 2016, dirigida por Elite Zexer y ganadora de múltiples premios cinematográficos. La trama consiste en una familia musulmana que habita una comunidad rural, en medio del desierto, la cual se enfrentará a una ruptura cuando el padre se casa con una segunda mujer después de más de una década de mantener una relación monógama. Se plantean las problemáticas de la relación del padre con sus hijas y esposa, así como la relación de ésta con su hija mayor, Layla, y con la segunda esposa.

Varias son las cosas que me gustaron de este filme, desde la música, la fotografía, el idioma, los vestuarios, etcétera. Pero lo que más llamó mi atención fue Layla, la hija de Suliman, el padre, quien se desenvuelve como una mujer joven, universitaria, que desafía los candados que su cultura patriarcal le impone. Me parece muy interesante la relación que sostiene con su padre ya que, hasta el día de la boda de éste, parece que ambos no se ciñen del todo a las tradiciones impuestas por su cultura, como se hace notar cuando ella puede manejar el auto sin problema, pero al llegar  a la comunidad, cambian de asiento. Sin embargo, mientras la película se desenvuelve, es posible notar cómo ciertas actitudes patriarcales, tanto de hombres como de mujeres, salen a relucir en cada unx de ellxs más por un cumplimiento del contrato social al que están sometidxs, que por una verdadera convicción.

Si bien lo intentan, para ningunx de lxs personajes parece haber otra manera de vivir, otro mundo posible. Cuando se vive en comunidades pequeñas y muy conservadoras, en las que todxs tienen gran cercanía y conocimiento sobre la vida de lxs demás integrantes de la comunidad, el “qué dirán” es tan poderoso que sujeta y define nuestras acciones, incluso en el ámbito de lo privado, y es casi imposible no ceñirse a la norma si se desea sobrevivir.

En la película, el padre de Layla dice varias veces que hizo lo que hizo “porque tenía que hacerlo”, a lo que ella y su madre, Jalila, le cuestionan: “¿Y cuándo harás lo que quieres?”. Lo anterior me hizo reflexionar sobre los hombres y la presión que la masculinidad hegemónica ejerce sobre ellos en este sistema opresor. Diariamente, ellos se ven presionados por el discurso patriarcal que les exige ser fuertes, proveedores, controladores, violentos. Así como a nosotras se nos exige ser sumisas, cuidadoras y aguantar dicha violencia.

El Feminismo surge entonces como un Movimiento que, si bien se centra en los derechos de las mujeres, tiene como efecto colateral la abolición de la masculinidad hegemónica y cualquier otro rol normativo que dictamine el deber ser de los sexos. No importa en qué sociedad nos encontremos, oriental u occidental, ni en qué estatus socioeconómico naveguemos, las normas heteropatriarcales nos oprimen, aunque de maneras distintas, a todxs. En efecto, a las mujeres nos oprimen más, porque nos objetivizan y ponen a disposición de los hombres y sus mandatos.

¿Que cómo podemos entonces las mujeres reclamar derechos si los hombres también viven oprimidos? Bueno, sucede que muchos de esos hombres, aunque bajo el mismo sistema, también se aprovechan de éste y controlan, golpean, violan y matan a las mujeres, porque el Patriacado se los permite. Muchos de esos hombres aportan con sus acciones a la reproducción y preservación de sociedades desiguales, en las que las mujeres no tienen derecho de asistir a la escuela, y si lo tienen, éste se observa como un “desperdicio” de los “verdaderos”  talentos de las mujeres (maternidad, crianza, cuidados); o donde las mujeres no pueden decidir con quién desean casarse, a qué edad, o siquiera si lo desean en absoluto. Muchos hombres contribuyen con sus pactos de silencio a la obstaculización de los avances de las mujeres en materia de derechos humanos. Por eso las mujeres seguimos reclamando, específicamente, nuestros derechos. No por una cuestión de desprecio hacia los hombres, sino por una necesidad extrema de sobrevivir y vivir con dignidad e igualdad de oportunidades y derechos.

Sand Storm invita, precisamente, a esta reflexión sobre la situación que mujeres y hombres viven en las sociedades patriarcales, y nos deja con un mensaje claro: el Patriarcado, como una tormenta de arena, todo lo cubre, y por eso debemos abrazar el Feminismo en nuestras vidas, de manera discursiva y en la práctica.

¿Esperanzadora al final? Creo que es una escena que hay que ver para sacar las propias conclusiones. Lo que es definitivo es que la lucha feminista contra este sistema no terminará mientras existan comunidades, así estén rodeadas de nada o llenas de luces, en las que los hombres reciban, por el simple hecho de ser hombres, poder sobre la vida de las mujeres, sus cuerpos, sus relaciones interpersonales y sus decisiones.

Hasta entonces, ¡Feministas!

-La Fata Morgana

Twitter @lafatamorgana_

¡ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR! (historia de la píldora anticonceptiva)

Actualmente, los derechos sexuales y reproductivos, a pesar de enfrentarse aún a grandes debates y obstáculos, han avanzado en su reconocimiento y alcance dentro de los países desarrollados y en vías de desarrollo. Asimismo, dichos avances están siendo impulsados, y exigidos, en países no desarrollados que presentan serias problemáticas de salud sexual y reproductiva derivadas de la falta de acceso a métodos anticonceptivos, planificación familiar e interrupción legal del embarazo. La lucha por la libertad en la toma de decisiones relacionadas a la sexualidad y la reproducción, es un trabajo vigente para millones de personas alrededor del mundo.

Así, en el mes de las maternidades elegidas, he decidido hablar un poco acerca de la historia de uno de los anticonceptivos que revolucionó la vida sexual de las mujeres y la planificación familiar: la píldora anticonceptiva.

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Sandra Cisneros: feminista-on-the-loose

Leí a Sandra Cisneros por primera vez en alguna de mis clases en la universidad, era su obra La casa en Mango Street la que me presentó su literatura. Después de eso, no había vuelto a saber de ella, ni la había leído más. Sin embargo,  cuando buscaba libros de poesía escritos por mujeres en una biblioteca que visitaba, su nombre se me vino a la memoria y entre todas las opciones del estante, me hice de “Loose Woman”; un libro de poemas publicado en 1995. [1]

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“Loose Woman” de Sandra Cisneros

 

Para quienes escuchan el nombre por primera vez, Sandra Cisneros es una escritora mexico-americana, chicana, nacida en Chicago en 1954. Su obra se destaca por esa dualidad cultural que trata de mantener vivas las raíces que le unen a México. De algún modo, me parece que ese afán de resistir a la homogeneización cultural lo tenemos todas las personas que compartimos, de una u otra manera, raíces con otras culturas gracias a nuestrxs ancestrxs; y en el caso de “Loose Woman”, dicha dualidad no sólo se observa en el contenido de los poemas, sino que es visible en el propio lenguaje; ofreciendo una lectura en spanglish bastante entretenida.

Los aspectos culturales o la “mexicanidad” que Cisneros intenta resaltar de sí misma, se pueden notar en su poema “You Bring Out The Mexican In Me”. En dicho poema, la autora reivindica su lado mexicano al compartir una experiencia romántica tan intensa que dice “Me sacas lo mexicana en mí, like it or not, honey” es decir, la pasión, el romance y la ferocidad mexicana: “the mariachi trumpets of the blood in me/ The Aztec love of war in me/[…] The Agustín Lara hopeless romantic in me[…]”.

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“You Bring Out The Mexican In Me”
 

En “Dulzura”; Cisneros escribe “Make love to me in Spanish/ Not with that other tongue./ I want you juntito a mí/ tender like the language […]”, porque al parecer, el romance mexicano, latino, es para muchxs el más tierno y dulce, aunque hoy en día también podemos decir que es uno de los más peligrosos, porque como dice en “Love Poem for a Non-Believer”, “My neck is thin/ You could cup/ it with one hand/ Yank the life from me/ if you wanted”, y desgraciadamente, para miles de mujeres en México y Latinoamérica, muchas de las veces, sus parejas masculinas eligen hacerlo: arrancarles la vida. Lo llamamos feminicidio.

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“You Bring Out The Mexican In Me”
 

En “Original Sin”, Cisneros nos recuerda, con un toque de humor sarcástico, ese lado conservador y machista de nuestro amado y violento México, en el que es necesario comprar un rastrillo desechable en el Aeropuerto Internacional de San Antonio, Texas, para poder afeitarse las axilas antes de aterrizar en tierras aztecas porque “I forgot in Mexico they don’t like hair under your arms only on your legs […]”, aunque a veces ni siquiera en las piernas, al menos que seas una monja o una anciana. Sólo así es posible extender los brazos “[…]as a newborn’s soul without original/ sin[…]”, sólo así, con las axilas limpias, una mujer puede ser una buena mujer, libre de pecado. Quizá por eso un cliché del feminismo nos pinta a todas con vellos debajo de los brazos. Como si muchas feministas no eligiéramos afeitarnos. Así de ridículo es el patriarcado, así de poderoso, porque se mete hasta en lo más íntimo y hasta simple, de las decisiones de las mujeres sobre su aspecto físico.

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“Dulzura”
 

Quizá en algunos momentos de la lectura me costó más trabajo notarlo que en otros, pero afortunadamente, la pluma de Cisneros es feminista; como en “Old Maids”, cuando nos recuerda que en México hay una edad límite para casarse si no se quiere vivir para “vestir santos”. En este poema, Cisneros habla de la presión familiar y social que se ejerce sobre las mujeres de cierta edad (generalmente cercanas o después de los treinta años) que no se han casado; a las que ya no les queda posibilidad de ser “las siguientes”, después de que otra mujer al fin se casa. Ella dice: “The aunts,/ they’ve given up on us./ No longer nudge — You’re next./ Instead — / What happened in your childhood?” como si sólo un evento traumático pudiera quitarle el deseo de ser esposa a una mujer. Cisneros responde, “But we’ve studied/ marriages too long — / Aunt Ariadne, / Tía Vashti, / Comadre Penelope, / querida Malintzín, / Señora Pumpkin Shell–/ lessons that served us well”. Cisneros les dice a sus interlocutorxs: las mujeres, a veces, simplemente no necesitan casarse.

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“Original Sin”
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“Old Maids”

 

Por otro lado, dos poemas que no escapan a mis ojos. “Down There” y el que le da nombre a esta colección, “Loose Woman”. El primero, una oda a la menstruación que sin lugar a duda toda feminista encontrará perfecta y toda mente cerrada sentirá náuseas después de leer (como señalan varios comentarios que leí sobre el poema en diferentes blogs que lo han publicado). “Down There”, ahí abajo, gracias a la vagina que todas las mujeres biológicas tenemos, “I’m artist each month. […] In fact,/ I’d like to dab my fingers/ in my inkwell/ and write a poem across the wall./ “A Poem of Womanhood”/ Now wouldn’t that be something?”. Y sí que lo es, porque varias mujeres ya lo han hecho. Pero, ¿Por qué la necesidad de reivindicar el proceso biológico más natural del mundo? Porque en esta sociedad, no sólo la mexicana, sino en general, en la sociedad patriarcal, la menstruación es algo de lo que las mujeres debemos avergonzarnos, menstruar sigue siendo algo de mal gusto. Y Sandra Cisneros lo sabe, por eso transgrede al lector y lectora que no pueden aceptar que menstruar es tan cotidiano como respirar.

 

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“Down There”
 
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“Loose Woman”
 

Finalmente, “Loose Woman”. Un poema que describe a una mujer que es ‘un peligro para la sociedad’ porque es libre. Una mujer que transgrede, incomoda y maldice, como en la mayoría de los poemas que escribe. Una mujer que no se disculpa por ello. Una mujer que se ha soltado de las ataduras de una sociedad que nos quiere puras, castas y sin decir malas palabras. “Beware, honey”, ella dice, “I like the itch I provoke”, “viva-la-vulva, fire and brimstone”. Una mujer que habla de su sexualidad como habla del amor, en el mismo nivel de honestidad gráfica. Una mujer de lengua afilada que no dudará en cortarte con su voz. Una mujer que desea. Una mujer que rompe cosas. Una feminista.

Este libro de Sandra Cisneros me deja con una reflexión: las mujeres vivimos en un mundo patriarcal, machista y misógino; un mundo en el que se nos juzga la vestimenta, la orientación sexual, la castidad, la promiscuidad, la belleza, las piernas depiladas y las axilas velludas, las palabras que usamos y hasta la biología. Un mundo en el que el amor, si quisiera, nos podría asesinar. Pero también nos enseña un mundo en el que podemos tomar la pluma y decir que nos importa un carajo todo eso que se nos juzga. Donde podemos escribir sobre nuestros cuerpos y sus relaciones con otros cuerpos, y podemos reivindicar los flujos vaginales tanto como las ideas intelectuales y no perder la dignidad, sino reafirmarla. Un mundo en el que, gracias a los feminismos, podemos decirles a quienes no les guste nuestra libertad “¡Que se vayan a la ching chang chong!”…

La Fata Morgana

Twitter @lafatamorgana_

 

[1] Esta es una versión modificada de una entrada que fue publicada originalmente en el sitio de Mundo Procaz bajo el nombre “Leyendo a Sandra Cisneros” en octubre de 2016