Más Cisneros, por favor…

Hace unas semanas acudí a una venta de libros usados y me encontré con The House on Mango Street (La Casa en Mango Street) de Sandra Cisneros; autora de uno de los libros de poesía que reseñé anteriormente, Loose Woman. Como comenté en dicha entrada, Sandra Cisneros se me presentó por primera vez con la obra que hoy traigo a colación, y aunque recuerdo haber hecho reflexiones sobre ésta, no había escrito nada al respecto. Así que, tras volver a leerle, es hora de escribir…

Para quienes Cisneros aún es nueva, cabe mencionar que es una de las escritoras chicanas más reconocidas internacionalmente y The House on Mango Street es una de sus obras más representativas. Dividida en 46 viñetas, narra la vida en un barrio latino de Chicago (ciudad natal de Cisneros) desde la perspectiva y experiencia de una niña, Esperanza Cordero, quien se resiste a pertenecer a esa realidad bicultural, y que, sin embargo; pertenece.

No es difícil entender por qué Cisneros dedica estas páginas “a las mujeres”; dado que en cada una de ellas es sencillo reconocer experiencias que, como tales, se nos han presentado a lo largo de la vida, porque definitivamente las problemáticas socioculturales ligadas al sistema patriarcal suelen anidar más allá de las fronteras:

“She was a horse woman too, born like me in the Chinese year of the horse─which is supposed to be a bad luck if you’re born female─but I think this is a Chinese lie because the Chinese, like the Mexicans, don’t like their women strong.”

[Una mujer caballo nacida como yo en el año chino del caballo —que se supone es de mala suerte si naces mujer— pero creo que ésa es una mentira china, porque a los chinos, como a los mexicanos, no les gusta que sus mujeres sean fuertes.[1]]

Hablar de literatura chicana feminista, en el reciente acercamiento que he tenido a ésta, implica para mí tocar problemáticas sociales propias de las fronteras (geográficas, lingüísticas, culturales, etcétera) y la manera en que afectan directa o indirectamente a las mujeres. THOMS no es excepción.

Así, habitar un país y vivir un país son cosas muy distintas cuando existen barreras legales, culturales e idiomáticas. No Speak English habla precisamente del idioma; uno de los obstáculos más evidentes para las personas migrantes. Aquí, Cisneros describe la angustia de una mujer que no sale de su vivienda por miedo a hablar inglés, o más bien, por no poder hacerlo. Mientras se rodea de paredes de colores que intentan recordarle a su país, escuchando la radio en español y resistiendo a la fusión cultural por miedo a perder la propia identidad; la vida para ella se consume habitando entre la negativa de su nueva realidad como migrante y la esperanza fallida del retorno a casa. Para muchxs, el American Dream no se vive como alguna vez se soñó; por el contrario, a pesar de que la mayoría de lxs mexicanxs en Estados Unidos hablan inglés, existe una enorme deficiencia en la calidad de vida de millones de migrantes (no sólo mexicanxs, por supuesto) que al no poder comunicarse en el idioma local, ven mermadas sus posibilidades de comunicación y, por tanto, de vivir una vida con menor aislamiento social, o en su defecto, se ven obligadxs a relacionarse únicamente dentro de su círculo inmediato, el cual puede muchas veces ser violento.

Ay, she says, she is sad.
Oh, he says. Not again.
¿Cuándo, cuándo cuándo? she asks.
¡Ay, caray! We are home. This is home. Here I am and here I stay. Speak English. Speak English. Christ!
¡Ay! Mamacita, who does not belong, every once in a while lets out a cry, hysterical, high, as if he had torn the only skinny thread that kept her alive, the only road out to that country”

[Ay, dice ella, ella está triste.
Oh, dice él, no, otra vez no.
¿Cuándo, cuándo, cuándo?, pregunta ella.
¡Caray! Estamos en casa. Ésta es la casa. Aquí estoy y aquí me
quedo. ¡Habla inglés, speak English, por Dios!
¡Ay!, Mamacita, que no es de aquí, de vez en cuando deja salir un grito, alto, histérico, como si él hubiera roto el delgado hilito que la mantiene viva, el único camino de regreso a aquel país]

Y hablando de violencia[2], seguido de No Speak English se lee Rafaela Who Drinks Coconut & Papaya Juice on Tuesdays [Rafaela que los martes toma jugo de coco y papaya]; en donde la violencia machista es puesta en evidencia de manera sutil, pero a la vez evidente (recordemos que la narrativa es en voz de una niña). Rafaela, quien es aún joven, pero “está envejeciendo de tanto asomarse a la ventana”, es encerrada por su esposo cada martes cuando éste sale a jugar dominó por la noche, porque teme que ella huya (con toda razón) dado que es demasiado hermosa para que la vean. Mientras su esposo no está, Rafaela sueña que tiene una cabellera como la de Rapunzel…

Rafaela… me torna triste e impotente, particularmente porque antes he conocido testimonios de mujeres que, como ella, han sido encerradas, y otras veces hasta atadas por sus esposos para que no puedan escaparse mientras ellos no están. En México, 62.77% de las mujeres entre 15 y más años experimentan o han experimentado violencia de género a lo largo de su vida, según datos del INEGI.

La pluma de Cisneros me parece hábil por esta capacidad de contar algo tan terrible de manera tan, por así decirlo, amena. Las angustias de una realidad vistas desde los ojos de una niña que quizá, hasta cierto punto, parece no reconocerlas sino como meras anécdotas de su infancia, dan cabida a una reflexión sobre lo que nuestros propios ojos ven. ¿Cuántas veces no hemos visto o vivido una situación de violencia que a primera mano no parece “tan terrible” y, sin embargo, lo es? ¿Qué procesos socioculturales vivimos desde pequeñxs que en la adultez nos facilitan convivir con la violencia de manera casi automática, aceptándola como una característica más de nuestras vidas?

En las páginas de The House on Mango Street hay risas, enojo y lágrimas, lo mismo que en nuestra realidad. Por eso considero que leer esta obra permite no solo disfrutar de la literatura chicana de Sandra Cisneros, la cual ─por si fuera poco─ es feminista; sino que además permite seriamente hacer una reflexión sobre dicha realidad de las mujeres en los contextos de una cultura que, como dice ella, no gusta de sus mujeres fuertes, ya sea de este lado o de aquel de la frontera.

-La Fata Morgana


IMG_20170414_223531_130La Fata Morgana —Feminista, socióloga y poetisa mexicana. Amante del café y los animales. Publica el blog de poesía y otros insomnios Lunas Letras y Café.  Le apuesta al veganismo como estilo de vida ético, justo y libre de crueldad para todxs. Su alter ego: Pamela Erin Mason R.

Twitter/Instagram: @lafatamorgana_

 

Notas:

[1] Traducciones de Elena Poniatowska.

[2] Quisiera recomendar unas hojas informativas que describen de manera muy sencilla los tipos y formas de maltrato, las cuales permiten, en caso de no tener clara la violencia de género, realizar una lectura de la obra de Cisneros con la posibilidad de identificar en sus pasajes, la violencia que se ejerce sobre las mujeres que habitan y viven en Mango Street.

2 comentarios en “Más Cisneros, por favor…”

  1. Me encanta Sandra Cisneros! Desde cuando quería leerte escribiendo sobre ella. Los temas de los que Cisneros toca en sus narraciones y poesía es mucho de lo que vivimos las mujeres migrantes. Tanto miedo a ser asimiladas, a perder lo que consideramos nuestra identidad, pero a la vez no podemos asilarnos, sobre todo si vives violencia de género.
    Mil gracias!

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