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Editorial (enero 2018)

¡Comenzamos el año!  2018 nace lleno de retos y nuevos proyectos. Queremos compartirles que Feminopraxis pronto lanzará una publicación impresa que será un verdadero reto para todas nosotras, pero sin duda, una manera de expandir los alcances del diálogo feminista, iniciativa que nos llena de entusiasmo. Además, este año celebraremos nuestro primer aniversario, del cual queremos que todxs sean parte del festejo que tenemos preparado.

Lamentablemente, no todo en este comienzo de año es alegría. La realidad nos obliga a comenzar con reflexiones dolorosas sobre las violencias machistas que nos matan día con día. Porque seguimos leyendo sobre feminicidios no sólo en México sino en el mundo. Al parecer, como sociedad, no nos hemos indignado lo suficiente por la muerte de mujeres a manos de hombres misóginos y la impunidad que las leyes todavía machistas brindan a estos hombres. Nos duele y da rabia el manejo de las noticias en las que se trata la problemática como algo cotidiano y sin mayor impacto porque parece que el dichoso “aquí nos tocó vivir” es un imperativo de conformismo ante la violencia machista.

No queremos que este año siga siendo uno de hashtags con el nombre de mujeres que, por decidir ser libres, terminaron siendo asesinadas por hombres que no pueden aceptar que las mujeres somos más que una extensión de sus deseos o tradiciones machistas. Este año queremos romper con esas imposiciones socioculturales que nos dicen que las mujeres debemos ser y hacer de tal manera para que aquellos de la masculinidad frágil no nos agredan, violen o maten.

Comenzamos el año haciendo un llamado a todas las personas a romper con los roles patriarcales de género en el día a día y no sólo en el discurso. Hagamos de nuestros propósitos o metas para este año eliminar los hábitos patriarcales que arrastramos del 2017, ser autocriticxs y reconocer cuando estamos abusando de nuestros privilegios y, sobre todo, comprometámonos a dejar de cuestionar a las víctimas de violencia machista. Basta de creer más en el agresor, basta de tratar de justificar sus acciones con enfermedades mentales o traumas de la infancia, basta de condonar la violencia.

Hagamos un pacto para que, al concluir este año, podamos decir que nuestro mundo es menos violento hacia las mujeres y lo femenino, que nuestro mundo celebra la diversidad y la libertad, y que hemos dejado atrás el sexismo, las homo-lesbo-bi-trans-fobias y toda forma de discriminación y exclusión.

¡Este 2018, abracemos la interseccionalidad!

-Feminopraxis

Diana Quer, el sangriento cierre de la violencia de género en el estado Español. La violencia machista tiene su propio orden, cuando eternamente solo son “supuestos”.

Por Soledad Castillero Quesada*

Diana Quer: “Me estoy acojonando, un tío me está siguiendo” Le contaba a un amigo por Whatssap minutos antes de que le robaran la vida. Seguir leyendo Diana Quer, el sangriento cierre de la violencia de género en el estado Español. La violencia machista tiene su propio orden, cuando eternamente solo son “supuestos”.

Testigas del Feminismo,

Testigas del Feminismo es un proyecto iniciado en este 2017 en México, cuyo objetivo es difundir el feminismo en escuelas, espacios comunitarios y mediante talleres, conferencias, volantaje y activismo. Feminopraxis conoció este colectivo de tres chicas, por Instagram (@testigasdelfeminismo), del cual Carmen, junto a una colega argentina, administra la cuenta @sin.estereotipos, donde cada semana comparten historias de acoso sexual y otros contenidos. Carmen se dio cuenta de la importancia del feminismo para concientizar sobre la violencia de género, la desigualdad y la cultura de sexista en México, y así fue que Monse y Yadira se unieron para formar Testigas del Feminismo. Platicando con Carmen, nos comentó que tanto ella como Monse, se asumen como feministas de clase, mientras que Yadira es feminista decolonial.

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Intentan callarnos. YA NOS CANSAMOS.

Tenemos un problema y es de dimensiones colosales: en México la vida de las niñas, adolescentes y mujeres no es de importancia, no es algo alarmante ni de interés social que nos estén acosando, violando y matando TODOS LOS DÍAS. Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal) se cometen 12 feminicidios al día y, en México, se registraron 2 mil 555 feminicidios en el año 2015 (1). Insisto, nos están matando y parece que las medidas que nuestro gobierno realiza no para los crímenes, ya que solo los incrementa. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) menciona que México es el primer lugar a nivel mundial en materia de abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años (2).

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¿#TODOS SOMOS LA PRÓXIMA VÍCTIMA?

Por AnaMaría Manzanares Méndez*

En lo que va corrido de éste año, en América Latina se ha triplicado el registro de denuncias por agresiones y feminicidios, cifras que nos indignan y conmueven; unos con mayor visibilidad que otros, la mayoría de ellos ni siquiera registrados en los medios de comunicación. Según datos de la CEPAL (2015) durante el año 2014, al menos 1.678 mujeres fueron asesinadas por razones de género en 14 países de América Latina y tres del Caribe[1].

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta”; debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

El silencio que ellos nos impusieron

La violencia no tiene raza, clase, religión o nacionalidad, pero tiene género[…] El meollo de este conflicto es la pandemia de violencia que los hombres ejercen contra las mujeres, tanto violencia ejercida en la intimidad como la ejercida por extraños

Los hombres me explican cosas, Rebeca Solnit.

Por mucho tiempo pensaba cómo era posible que un padre violara a su propia hija, o cómo un padre puede vender a su hija a un proxeneta por un costal de arroz, o por una vaca. Por mucho tiempo me pregunté por qué hermanos se referían a sus hermanas como putas y las presentaban a sus amigos para pasar el rato. O me preguntaba por qué cuando una joven mujer salía embarazada, su familia decía que ya no valía nada y se le castigaba limpiando y cocinando para todos. O por qué la crianza tradicional tiene que ir acompañada de golpes e insultos cuando se te tacha de niña rebelde. Y claro, preguntar eso era encontrar respuestas como: “ay, es normal, esas cosas pasan hasta en las mejores familias”, “sólo dios sabe”, “ni modo, esa vida le tocó”. Respuestas simples y alineadas a cosas trascendentales.

Hoy que los feminicidios, la violencia doméstica y miles de violencias machistas perpetradas por propios y extraños han sobrepasado los límites del supuesto Estado de derecho y de la convivencia social a nivel global, miles de hermanas muertas nos llevan forzosamente a replantear: ¿de dónde nace ese deseo, esa creencia, esa educación y modos de vivir, donde hombres de nuestra familia, cercanos o lejanos nos dicen quiénes somos, qué debemos hacer y cómo comportarnos? ¿De dónde viene ese aire de superioridad para que en la escuela y el trabajo los compañeros, maestros y administradores nos expliquen las cosas a su modo y que naturalicen que así son? ¿De dónde viene esa indiferencia institucional y estatal a los miles de cuerpos de nuestras hermanas ya sin vida?

La constante violencia a nosotras es parte de un proceso histórico que se sustenta en el poder patriarcal-Kyriarcal; es decir, en los diferentes momentos de nuestra historia global, regional, nacional, local y familiar los hombres han sido gobernantes, representantes de dios en la tierra, amos, padres, patriarcas, legisladores, administradores de almas y cuerpos, escritores y creadores. Históricamente configuraron el mundo para naturalizar la violencia de ellos hacia nosotras partiendo de la casa paterna a los espacios públicos, todo legislado por la tradición y los contratos sociales de la modernidad. Y las mujeres que trasgredían las normas, los comportamientos y las palabras del poder kyriarcal, terminaban como hoy seguimos terminando: quemadas, vendidas, violadas, humilladas, asesinadas. Y así, poniendo castigos ejemplares, ellos pactaron al darnos un apellido, constituciones, pasaportes, ciudadanías, títulos académicos, contratos laborales, pago de horas extra ante la explotación, propinas por ser “linda”, halagos-insultos enfocados a nuestra sexualidad, o por habernos convertido en madres. Ellos nos victimizaron al encasillarlos en una condición biológica sin derechos y libertades, y por ser propiedad del padre, del esposo, del señor, del amo, de Dios y del Estado, legislaron sin haber pedido nuestra opinión o nuestra presencia. Y ellos dijeron públicamente que estábamos de acuerdo. Y por eso nos negaron la voz.

Ellos, históricamente han pactado para protegerse unos a otros mediante leyes, nacionalismos, patriotismos y mercados de consumo, al grado de romper la mágica idea de la familia ideal, pues han sido las feministas y las personas que se asumen desde identidades sexuales no heteronormales quienes le han dado un nuevo sentido a lo que es ser familia y comunidad sin que seamos propiedad de nadie. Así por ejemplo, que al tomarnos declaraciones en los ministerios públicos por desaparición, violación o violencia doméstica, los funcionarios dicen que por “algo nos lo hicieron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros maridos, nuestros jefes, nuestros ministros religiosos”. Es suponer que algo hicimos o consentimos para que nos violentaran de esas maneras. Y así se lavan las manos para hacer de nuestros casos una estadística más. Ellos nos vigilan y censuran  en tiempos de alegría. Por ejemplo, sí estamos juntas creando o celebrando, no faltará un “amigo” que diga “bromeando”: “he venido a controlarlas”, como me pasó junto a unas amigas, hace menos de un mes. No faltará quien al vernos reunidas en marchas o manifestaciones nos digan: “pinches viejas locas, pónganse a hacer algo productivo.” Todo esto será con el fin de volvernos a callar y dudar de nosotras mismas. 

¿Qué efecto tiene el silencio en nosotras? Aquí quiero traer a la reflexión a Rebeca Solnit, con su libro Los hombres me explican cosas donde en diversos ensayos plantea cómo al negarnos la palabra, el siguiente acto es la violencia y el acto más extremo es el asesinato (feminicidio).

El silencio, como el infierno de Dante, tiene sus círculos concéntricos. El primero es el de las inhibiciones internas, inseguridades, represiones, confusiones y la vergüenza que hacen de difícil a imposible hablar, y que van de la mano del miedo a ser castigada o condenada al ostracismo por hacerlo. Rodeando este círculo se encuentran las fuerzas que intentan silenciar, sea mediante la humillación, el acoso o el uso de la violencia directa, incluyendo violencia que conduce a la muerte, a quien de todas maneras se esfuerza en hablar. Por último, en el más exterior de estos círculos, cuando la historia ya ha sido contada y el hablante no ha sido silenciado directamente, se desacredita la historia y al que la relata.

Así que sabiendo e informándonos de cómo funcionan los pactos de silencio que esa cultura kyrialcal nos ha impuesto, el hablar de nuestros dolores, furias y reivindicaciones en lo público y lo privado es un acto de justicia a nosotras mismas, porque evidenciamos que nosotras ya no seremos parte del trato. Sabremos que al retar con nuestros actos lo que el padre, el amigo, el hermano, el esposo nos digan, nos van a querer decir: “mira, yo acepto tu ideología, y esta bien que seas lo que seas, pero las cosas son así” y vamos a tener que resistir. Sabiendo cómo funcionan los pactos de silencio y complicidad entre el privilegio masculino y sistemas políticos corruptos, haremos esfuerzos por hacer de la sororidad entre mujeres más que una palabra bonita; la podremos cargar de toda su fuerza política. Al saber cómo funcionan los pactos de silencio entre hombres, será mas fácil para nosotras identificar quienes son nuestros aliados y no victimizarnos, no consentir más en nombre del amor, de Dios, de la Patria y demás para que vuelvan a pasar sobre nosotras. Ellos sabrán que no queremos limosnas de su estado de derecho, ellos sabrán que su justicia falocéntrica no es más fuerte que la fuerza de nuestros ovarios. Ellos sabrán que hemos roto los pactos de silencio.

Somos muchas y nos faltan más

(A propósito de la marcha interna en CU en contra de la violencia de género en la UNAM y repudiando el feminicidio de Lesvi Berlín). 

Por Karla Amozurrutia*

“El problema de género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género.”

Chimamanda Ngozi Adichie 

Arrebatarle la vida a cualquier ser humano no sólo es un delito sino un acto de cobardía, pero quitársela a una mujer, ayer como hoy, seguirá siendo muy grave; tal vez lo que digo sea una obviedad, pero pareciera que hay que recordar cada vez que hay un feminicidio la historia de las mujeres, de sus muertes, de la sangre derramada, de toda la lucha que han y hemos generado para que se entienda que a lo largo de los años quienes han sido excluidas y denigradas en la sociedad hemos sido, nosotras las mujeres. El feminicidio no es una muerte más, es arrebatarle la vida a una mujer por el sólo hecho de ser mujer, la violencia ejercida en ella en vida como en la muerte es lo que contextualiza este concepto descriptivo y terrorífico.

 
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Nuestro derecho al enojo

Por Sandra Martínez Hernández*

Recuerdo que en mi vida me han preguntado mucho “¿por qué eres tan enojona?”, incluso en algún debate entre compañeros me han cuestionado mi tono, pues no es el correcto. No importa si doy argumentos, estadísticas o comparto casos, mi manera de hablar ya me invalida. Como resultado comencé a creer que debía bajar mi volumen, mostrarme serena y disimular o callar lo que me molestara. Hoy ya no, hoy estoy consciente que tengo el derecho a enojarme y a convertir esa ira en una lucha.

A lo largo del tiempo se han hecho distintas divisiones, entre ellas la de lo emocional y racional según el sexo: a los hombres les corresponde la parte mesurada y analítica, mientras que a nosotras las mujeres se nos conoce por nuestra visceralidad y la forma impulsiva de actuar. Dicha dicotomía es una construcción social que permite sostener el género en donde nosotras no analizamos nuestra realidad y entorno, sino que nos dejamos llevar por lo que sentimos. La sociología de las emociones ha clarificado que tanto lo racional como lo emocional se encuentran conectados y que también desde las emociones se generan alianzas y acciones políticas (véase a Sara Ahmed, The Cultural Politics of Emotion).

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La búsqueda

-He venido a perdonarte.

El silencio se hizo presente cuando Nadia dijo eso a su hermano. Sentados en una mesa de madera descarapelada por el uso y el paso de los años, después de diez años hermana y hermano se encontraban. Ambos tenían los ojos fijos en cada grieta de la mesa, preguntándose cuántos años tendría ese mueble. El calor inmenso de Ciudad Juárez creaba una atmósfera de bochorno, como sí ese fuera el pretexto para terminar lo antes posible el encuentro. Nadia no soportaba el silencio; no soportaba que su hermano no levantará la vista de la mesa, como si de esa inmovilidad su vida dependiera.

-Qué piensas de todo lo que te he dicho?

-No recuerdo nada.

-Cómo que no recuerdas nada?! Si yo lo siento y recuerdo como si hubiera sido ayer. Es como si al tocarme la cara o el cuerpo, mis dedos reaccionaran, y me duele como si tuviera una herida sangrando; como una sensación de ardor y dolor. Es como si la herida, al mínimo toque o roce, volviera a abrirse; es como si agua caliente me cayera. No sé como ahora mismo puedo decirtelo.

Nadia volvió a tocar la cerveza para llevarsela a la boca dando un trago amargo y pasarlo rápidamente por la garganta sin sentir el sabor. Inmediatamente apretó los labios.

-En verdad que no recuerdo nada Nadia, por Dios que no. Estás segura que fuí yo? Lo único que recuerdo es que a veces te pegaba pero no como dices. Yo te pegaba normal. Pero algo más allá de pegarte, no.

Miguel ponía las manos juntas; las entrelazaba fuerte como si en ese gesto estuviera conteniendo la vida. Mientras luchaba por no abrirlas, alzo la mirada en la nada y dijo:

-Ves ese campo de allá?

-Si.

-Cuando comenzaron las muertes de las mujeres que trabajaban en maquilas, ahí las encontrábamos. Yo llegue a ver varios cuerpos porque era de los últimos en terminar el turno de la madrugada. Para cruzar el puente tenía que caminar hasta el Walmart y ahí agarrar el camión. Pero me daba miedo ir solito por ahí. Así que me esperaba como una hora en el comedor de la maquila para platicar con las cocineras; así me entretenía y al salir ya me iba con la mente ocupada. A los hombres también nos da miedo que nos maten, pero luego con otros compañeros, pensábamos que a nosotros no nos iban a matar porque somos hombres…A lo mejor si robar o los narcos nos iban a asustar, pero no matar. Aun así, nos empezamos a preocupar porque diario las encontrabamos y al llegar a la maquila, no podíamos trabajar bien. Por eso el supervisor nos ajusto los horarios para entrar y salir en bola. Para las mujeres fue más difícil, porque como la mayoría tenía hijos,  ellas tenían horarios irregulares. Este lugar no es bueno para ser mujer, sobre todo si eres de Veracruz, Oaxaca o Puebla. Eran a las que mataban más. Atrás de Walmart hay una maquila de ensamble de celulares; hay mucho trabajo para mujeres. Conozco a varias que trabajan allá; dicen que está buena la comida, que les pagan horas extra y en navidad les dan a escoger entre pavo ahumado o normal.

Nadia tuvo que interrumpir el relato.

-Por qué me estás diciendo todo esto? Qué me quieres decir?

-Pensé que por estudiar a las mujeres, te gustaría saberlo…

-Eso ya lo sé. Toda mujer en México sabe que Ciudad Juárez es como una herida abierta que nos hace recordar que en este país nuestra vida no vale nada, sobre todo si eres pobre. Si nos matan, si nos violan, si nos golpean, sin nos explotan laboralmente, tenemos que salir y marchar, pero esto no cambia a la velocidad que nosotras quisieramos.  Si quién es encontrado culpable se niega y no le encuentran pruebas, es muy probable que no se le aplique la justicia. !Por eso es que nos duele tanto a todas las mujeres que cuando hablemos y digamos: “Sutano me pego, Mengano de violo, Merenganito me amenazo”, nos digan: “Ay, callate, estás loca, por algo lo hizo, no?! !A poco no te va a frustrar!

Nadia agarro la botella de la cerveza medio vacía para moverla entre las dos manos, viendo que nada burbujeaba, ya había dejado de estar fría y ahora no le apetecía seguir tomando.

-Si, entiendo. Ha de ser difícil ser mujer.

Manuel finalmente abrió sus manos como un cuenco que va a recibir agua del cielo, y las acerco a la botella de su cerveza. Se la llevo a la boca y no alzo la vista.

Nadia decidió levantarse de la mesa y se sacudió la playera ajustándola al pantalón de mezclilla.

-Me tengo que ir, el avión sale en dos horas. Pero sabes una cosa Manuel? Creo que mi búsqueda ya termino. No volveré a pedirte más que me hables de nuestra niñez. Yo te perdono, aunque no quieras decirme lo que ambos sabemos. Tú eres uno de esos fulanos, sutanos y merenganos por los cuales nosotras tenemos que romper el silencio porque ustedes nunca lo harán, así sean nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros tíos, nuestros abuelos y todos nuestros familiares.

Nadia dio un fuerte suspiro y se fue, mientras Manuel pedía la cuenta de las dos cervezas. Mientras esperaba el cambio de un billete de $50.00, alzo la mirada y como sin querer mirar, se levanto y de puntillas miro a lo lejos las cruces rosas del campo que cada día él tenía que atravesar para llegar a la maquila.