Lejos de aquí

Por: Lenny M. Cauich Maldonado*

Era la primera vez que estaba en esa ciudad, era mi tercer año en ese país extranjero. Fui a la biblioteca por la tarde, después de las visitas burocráticas para hacerle saber a la gente de la universidad que había llegado. Las bibliotecas siempre me han hecho sentir como en casa. No podía esperar a visitar a esta biblioteca. Su peculiaridad era que estaba en el centro de un pueblo que tenía la forma de un pentagrama. La gente de allí decía que era una ciudad de brujas. Esperaba saber más sobre esa historia. Por lo pronto, estaba ávida por leer mi primer libro. Subí por el elevador después de preguntar dónde encontraba los libros de literatura en español. Al llegar al cuarto piso, eché un vistazo a los pasillos. Eran tan largos que no se veía su final a esa hora porque ya estaba oscureciendo. Pensé que podría perderme en esa oscuridad; “es como la ignorancia”, pensé. 

De repente, un pequeño libro con la portada roja y con letras doradas cayó en frente de mí. Su título era Lejos de aquí. Lo tomé. Nadie estaba en ese piso, así que me dispuse a leerlo. Me sentía cómoda estando sola. No me gusta que me distraigan cuando leo. Me senté en una esquina que daba hacia el ocaso, vi los rayos naranjas anunciando la noche, así que me apresuré.

Al abrir el libro sentí un aroma casi imperceptible entre flores y yerbas, “¡¿cempazúchil?!” pensé. Quizás alguien había dejado una flor adentro del libro, lo hojeé pero no encontré nada. Lo que encontré fue que la primera página estaba hecha de papel amate con trocitos de pétalos amarillos. El olor y el papel amate me hicieron recordar y extrañar a mi país. Era muy pronto para ponerme meláncolica, así que me apresuré a leer:

Esta es la historia de un lugar llamado Juárez, lejos de aquí, en una tierra explotada por siglos. Esta tierra ya no podía producir nada más. La gente era muy pobre allí, tanto que no podían comprar nutrientes para la tierra y poder sembrar sus milpas fértiles de nuevo. Así que los hombres decidieron irse a buscar trabajo a otro lugar y así darles de comer a sus familias, aunque eso significara dejarlos. Algunos de esos hombres planearon llevarse a sus familias con ellos una vez que estuvieran establecidos, tan pronto encontraran un buen trabajo para mantenerlos. En realidad, la mayoría pensaba en regresar y nunca volver a irse de su pueblo pues habían vivido toda su vida allí. Había un último grupo de hombres que nunca llegaría a su destino y que nunca regresaría a su pueblo. El camino era duro por las condiciones geográficas y otros peligros.

Un tiempo después de que los hombres se fueron, una fábrica grande fue construída en el pueblo. Los dueños les pidieron a las mujeres del pueblo que trabajaran para ellos. Dijeron que buscaban personas con manos pequeñas para manufacturar sus productos.

Las mujeres se reunieron para discutir la propuesta:

  • Esos hombres me asustan y nosotras sin nuestros esposos en el pueblo. Esos extraños podrían atacarnos. – Dijo una de las mujeres.
  • Si ellos tuvieran esa intención, no hubieran construido su fábrica. Yo creo que quieren establecerse aquí. – Otra mujer agregó.
  • ¿Creen que es buena idea aceptar el trabajo? – Una tercera mujer preguntó.
  • No tenemos otra opción. Es nuestra oportunidad para traer la prosperidad aquí. Si trabajamos mucho, podríamos tener suficiente dinero para abrir nuestros propios negocios y traer de regreso a nuestros esposos. – Otra mujer respondió. 
  • ¡Tienes razón! Además, esas personas se ven como que viene de donde la prosperidad existe. Ellos saben de seguro cómo llevar la prosperidad a otros lugares. – Otra mujer dijo y agregó: – No tenemos lo que necesitamos para empezar algo y nuestros maridos tardarán un tiempo en llegar. Me asusta más quedarme sin comida que esos extranjeros. Deberíamos trabajar para comprar comida para nuestras familias mientras tanto.

Algunas mujeres aceptaron el trabajo teniendo en cuenta los planes de lo que habían hablado con las otras. No les importó cuando se les pidió trabajar desde el amanecer hasta el anochecer. “No había tiempo que perder o la prosperidad se escaparía a algún otro lugar” era el pensamiento de todas ellas. 

Después de algunos meses de trabajar en la fábrica, se dieron cuenta que algunas mujeres estaban desapareciendo. Algunas de ellas pensaron que sus esposos se las habían llevado con ellos. “Es lo más seguro” prefirieron pensar.

Un domingo, el único día que tenían de descanso, todas las mujeres estaban comiendo juntas cuando algunas de ellas vieron a lo lejos un campo de flores amarillas. Se sintieron atraídas por ese campo amarillo y caminaron hacia allí para ver de cerca a las flores. Mientras se acercaban una fragancia floral rodeaba el campo y ellas supieron antes de llegar, que eran flores de cempazúchitl

  • ¡La tierra se ha vuelto fértil otra vez! – Una de ellas gritó sorprendida. 
  • ¡Es buena señal! – Alguien más agregó. 
  • ¿Deberíamos cortar esas flores? – Alguien preguntó. 
  • Creo que deberíamos dejarlas allí para que el cempazúchitl decore nuestro pueblo con su brillante color. Además, están lejos de aquí y yo quiero guardar energías antes de empezar la semana. – Otra mujer respondió.  
  • Está bien. – Todas estuvieron de acuerdo. 

Otra semana de trabajo empezó, hasta que se volvió en otro mes. Más mujeres desaparecieron hasta que se volvió obvio que algo estaba mal. Y también observaron que el campo de flores amarillas se expandía. 

Se reunieron otra vez, llenas de preocupación y discutieron qué hacer. 

  • Estoy preocupada. 
  • Todas lo estamos. Nadie sabe qué está pasando ¿dónde estarán nuestras hermanas desaparecidas? 
  • Es tan extraño, las vimos en el trabajo un día y al siguiente habían desaparecido. 
  • ¿Creen que nos hayan abandonado aquí?
  • Es lo primero que pensé, pero ¿adónde pudieron haber ido? Especialmente cuando todas estamos esperando a que nuestros maridos regresen. 
  • Entonces ¿qué está pasando? 
  • Me temo que alguien se las está llevando. 
  • ¿Quieres decir que alguien las está matando?
  • Sí. No estamos seguras aquí. Deberíamos hacer algo al respecto. 
  • Primero, deberíamos permanecer juntas. Nos podemos proteger unas a otras durante la noche. 
  • Nos tenemos que escapar a la primera hora del día. 
  • ¿Adónde iremos? ¿Qué tal si nos capturan mientras escapamos? 
  • Se los dije ¡no debimos haber confiado en esos extranjeros! 
  • ¡¿Cómo íbamos a saber?!

Se quedaron en la casa más grande todas juntas y pasaron la noche cuidándose las unas a las otras. Sin embargo, no volverían a ver el amanecer nunca más.  

  • Continúa enterrando los cuerpos, en lo profundo de la tierra. – Una voz ordenó. 
  • Nuestro plan está funcionando. Estos cuerpos están nutriendo la tierra. – Dijo otra voz. – Además de que fue buena idea quedarnos cuando los otros hombres se marcharon del pueblo.
  • ¿Crees que ellos vuelvan? – Alguien más preguntó. 
  • Sí, algunos de ellos regresarán. Aquí los estaremos esperando. 

Cerré el libro y lloré. Recordé la primera vez que escuché sobre casos de feminicidios, me asusté, pero la gente solo comentaba: “es lejos de aquí”; así que nadie se preocupaba. Me sentía impotente al ver que el gobierno no hacía nada por resolverlos y que ni siquiera les importara. A nadie le importaba y ni siquiera sabíamos si esos asesinatos seguían sucediendo. Nadie quería escuchar ya de ellos. Terminamos ignorándolos, mientras no pasaran cerca de nosotros. 

Hasta que un día mi hermana regresó de ver a la dentista, estaba asustada. Nos dijo que mientras esperaba su turno, escuchó a la doctora hablando con otra mujer sobre la noche anterior. Le decía que había ayudado a unos criminólogos a identificar el cuerpo de una mujer. La habían matado a golpes y estaba irreconocible, solo podían identificarla por la dentadura. La dentista dijo que, con esa pobre mujer, ya eran doscientas mujeres encontradas muertas. Que ninguna autoridad había hecho público el problema. No le creí a mi hermana, pensé que solo lo contaba para asustarnos. 

Un año después algunos periódicos publicaron sobre esos feminicidios, la justificación de la gente para no preocuparse fue que se trataba de mujeres muy jóvenes y pobres. Una vez más, nadie haría algo al respecto, a pesar de que ya no pasaba lejos de nuestra ciudad.

 

foto Feminopraxis

*Lenny M. Cauich Maldonado es mexicana. Traductora freelance con dos maestrías, una es Español de la Universidad de West Virginia y la otra en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ohio. Esta por iniciar el doctorado en Periodismo en septiembre de 2020 en la Universidad de Ohio.

Le interesa el análisis de la cobertura de los periódicos digitales de temas políticos de México y la caricatura política de la post-Revolución mexicana a la actualidad. También le gusta escribir ficción, viajar para conocer gente y otras culturas como pasatiempos. Para contactar: lemassiel2@gmail.com

 

**La imagen que acompaña este post es anónima y refiere al feminicidio de Rosalina, mujer originaria del Estado de México. Puedes leer su historia completa en la cuenta de Instagram @noestamostodas

 

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One thought

  1. Podríamos mejorar en los países occidentales la acogida. Además las personas que escapamos a lo que esperaría de nosotras el patriarcado tendríamos que estar más organizadas, tanto al menos como la gente conservadora, que se encuentra todos los fines de semana en sus respectivos templos. En torno a una nueva religión atea/agnóstica, no dogmática, feminista, antirracista y ecologista podríamos estar más organizadxs y podría estimular ese marco. En infinito5.home.blog escribo sobre ella.

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