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Kyra Galván: feminopraxis poética

“Te diré: soy mujer cedro mujer angustia
mujer como trigal como violeta
como sandía y tormenta.
Busco una isla para gestar en ella,
para inventarme mi libertad y mi cuerpo
y todos mis movimientos”

Kyra Galván

 

kyragalvánHace ya un tiempo llegó a mis manos un libro de poemas llamado Un pequeño moretón en la piel de nadie (1982), escrito por la poetisa y economista mexicana, Kyra Galván (1956). Este libro me parece como una tarde de café en la que Kyra me platica un poco de ella, de cómo sobrellevar la vida en una ciudad caótica como la Ciudad de México, cuando se es una persona sensible y con un “Gran Miedo de no llegar a la toma de la libertad”. Entre líneas, me muestra una postura incipiente feminista en una joven veinteañera, que se va formando a base de dudas y cuestionamientos sobre el ser mujer y sobre la condición de ésta en la Historia.

En Desde la A hasta la B se encuentran poemas que hablan de la soledad que se vive como un “pequeño cangrejo. Duro/lento/miope” que se balancea en las incertidumbres del amor. También habla de eso que la mayoría de las mujeres hemos experimentado: el acoso, que día a día lo libra caminando por la oficina repleta de miradas de “licenciados que llegan coqueteando” y que le obligan a asegurarse de que trae la bragueta cerrada, los botones de la blusa en su lugar y que, por ende, “Sólo se atreverían a pensar / qué buenas nalgas” como si eso fuera “un verdadero privilegio”.

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Cuatro A

Y es que el poder que la cultura machista le obsequia a los hombres en nuestra sociedad se podría traducir como un privilegio enfermizo; que les permite trasgredir los cuerpos de las mujeres con su mirada (a veces, con todo su cuerpo) sin mayor problema; mientras nosotras tenemos que salir a las calles a reclamar que nuestro cuerpo no es objeto, sin que realmente se nos escuche, o escribir quejas y poemas que evidencien la realidad cotidiana. Si acaso hay suerte, emitir una denuncia que proceda; pero no mucho más que eso. No mientras la naturalizada violencia hacia las mujeres siga latente en nuestra sociedad.

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Cantata

Después leo Estragos, en donde Galván conjuga poemas que develan más de la vida citadina y la relación con el dinero, inherente al sistema capitalista en el que estamos insertxs. Dice en Los hijos e hijas del verano: “Por nuestros pulmones crece en círculos / el tabaco, la mariguana, el esmog. […] Adoramos a nuestro dios: el Dinero”. Mientras sus poemas Urbana y Vivimos en un mundo en que las mariposas son arrolladas impunemente en la vía pública y a plena luz del día, me cuentan que la ciudad va devorando el campo que se vuelve “una realidad lejana”; donde el amor nunca empieza, donde la indiferencia y la soledad predominan. Tomo en cuenta que este libro fue publicado en 1982 porque más de tres décadas después, esa ciudad monstruo –y tantas otras– sigue devorándose al campo, y sigue menguando la vida de la gente atrapada en la caótica jungla de concreto. ¿Hasta dónde puede crecer el monstruo del “desarrollo”?

 

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Dos A

 

Kyra Galván capta mi atención con Bellas Artes: “[…] Quién podría decir / que bajo tu corazón pesaban / tantos años de ser la maestra / en el arte de la sumisión / en la virtud de la mudez / en el vicio de no tocar.” y La falla de San Andrés, que precisa el envejecimiento natural del rostro aludiendo al movimiento de las capas tectónicas de la Tierra. Pura naturaleza en movimiento somos.

Desconozco si Galván se autodenomina feminista, pero me gusta la manera en la que, en Sobreviviremos, su poema Escombros de Canto aborda ciertas cuestiones sobre la educación que se les da a las mujeres desde pequeñas, “acostumbradas a vivir entre sangre / y sentir humedad caliente entre las piernas. / Amansamos nuestros miedos / y sentimos coraje por la vergüenza al sexo / y a la vida, que nos inculcaron nuestras madres.”

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La reflexión sobre los roles de género y el cambio en el cuerpo me resultan interesantes, ya que ponen en la voz poética lo que a diario muchas mujeres se cuestionan, o viven en la ‘práctica femenina’. Feminopraxis (oh sí, ahora ya saben, en primera instancia, de dónde surge…) contiene poemas como Contradicciones ideológicas al lavar un plato, que plantea “Aclararme por qué cuando lavo un plato / O coso un botón / Él no ha de estar haciendo lo mismo […]”; o el impronunciable Geschichtsunterrich que, sin embargo, nos dice claramente:

“Estoy cansada.

Me acuesto y siento fluir un agotamiento

tan anterior a la Revolución Francesa.

Es que los enormes pechos

       de la Venus de Willendorf

               oprimen mi cuerpo desde la prehistoria.

[…]

   ¡Que vengan los hilos y las planchas!

   ¡Los jabones, afeites y cepillos,

            el almidón sobre todo, y el aceite!

¡Ajústenlo todo de nuevo!

¡Que nada rechine!

Necesito levantarme mañana para ser mujer.

Olvidarme que en las noches

La Historia nos aplasta.”

Un pequeño moretón en la piel de nadie es un libro que vale la pena conocer y disfrutar. Su variedad de temas lo enriquecen: la ciudad, el amor, el dinero, la soledad, la gente, el ser y el ser mujer… Su poesía es inteligente. Al leer la lírica de Galván, quizá sin intención, terminaremos preguntándonos qué contradicciones ideológicas cometemos como feministas, qué nos hace ser bad feminists, como, últimamente, a partir de Roxane Gay ha sido tan común cuestionarse.

Al final, Kyra se despide de mí tajante, en Uno Z: “no me molesten, / que ando de parto.”

Y concluye la plática entre nosotras.


-La Fata Morgana

Twitter: @lafatamorgana_

Puedes leer más poesía de Kyra Galván, en su blog http://poesiadekyragalvan.blogspot.mx/

 

 

 

Para mi libertad, bastan mis alas

Para mi libertad, bastan mis alas,
para poder cantar basta mi aliento.
Nadie más que yo tendrá derecho
sobre mi voz, mi mente y mi cuerpo.

Para mi libertad, bastan mis piernas,
bastan mis brazos con que me alzo si tropiezo.
Son mis pies quienes deciden si detengo
mis pasos hacia el triunfo de mis sueños.

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Cuando la mirada interseccional todo lo atraviesa, ¿qué nos queda por ver?

totheboneEntre tanto contenido nuevo que Netflix nos ofrece últimamente; a veces me es difícil decidir a qué le dedicaré el poco rato libre que tengo, sobre todo cuando, mientras más me acerco al feminismo, más critico todo lo que me rodea. Por ejemplo, hace un par de semanas vi “Hasta el Hueso” (To The Bone), protagonizada por Lily Collins; una película que si bien para mí tiene muy malas actuaciones, algo que le criticaría aún más en su excesiva “blancura”.

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Que haya cuerpos que besen y tiemblen

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Erotismos, Thelma Nava

Cuerpos desnudos, visibles, palpables. Humedad y naturaleza. Viscosidad. Sudores, lágrimas, azúcar y sal. Mujeres, vulvas y pupilas exaltadas. Hombres, lenguas y falos extaciados; pliegues.

Mujeres que besan y tiemblan (2000) se me presenta en un estante de la biblioteca como una antología mexicana de poesía erótica femenina, a la que yo propondría un cambio de nombre por algo como “antología heteroerótica escrita por mujeres”, para no generar expectativas de diversidad sexual en sus contenidos. La voz poética de Jeannette Clariond podría –quizá-, desde mi lectura, librar la batalla de la heteronormatividad con Una noche en el huerto: “Tendida/ en el asiento del negro Chevrolet;/ los pliegues de la noche sobre tu piel desnuda, tu vientre agitado aún;/ abierta al ruido de jejenes:/ alborozo en la luz, / suave baño en tus muslos / en tus senos de racimos […]”.

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Una habitación propia llamada ‘Libertad’

En entradas pasadas, hemos discutido en Feminopraxis varios temas relacionados a los retos sociales que las mujeres que escriben enfrentan, la maternidad, el trabajo y los cuidados, así como la participación de los hombres dentro del feminismo. Hemos hablado de cómo, a pesar de los avances en muchas partes del mundo, la desigualdad política, económica, social y cultural entre los sexos es una realidad. Millones de mujeres en el mundo se enfrentan a salarios menores que sus colegas varones por ejercer el mismo trabajo, aún hoy seguimos presenciando la negación de la educación para mujeres en muchísimas partes del mundo, sin contar que el segmento de la población que se encuentra en mayores condiciones de pobreza, es femenino.

Pensando en todo esto, y decidiendo qué lectura compartir con ustedes, recordé la obra de Virginia Woolf, “Un cuarto propio” (A Room of One’s Own) (1929:2007), que si bien creo que probablemente todas las feministas lo hemos leído alguna vez, me parece un texto que toca, desde la maravillosa pluma de Woolf, un poco de cada uno de estos temas, y por tanto creo que vale la pena retomarlo antes de que termine el mes de mayo.

Pues bien, para quienes no se han acercado a este ensayo literario, Un cuarto propio se presenta como un ejercicio metacognitivo, a través del cual, Virginia Woolf narra el proceso en el que se vio inmersa cuando fue invitada a escribir un ensayo sobre las mujeres y la novela. Realmente, expresa Woolf, hablar sobre dicha relación mujer-literatura resultaba mucho más difícil de lo que parecía, debido a que entender la complejidad que el concepto ‘mujer’ encerraba, en una sociedad como la suya, implicaba indagar en todo un imaginario social, económico, educativo, etcétera; lo cual era permitido únicamente a los varones. A partir de dicha reflexión, Woolf permite observar distintas situaciones que demuestran la posición en la que la mujer se encontraba hasta dicho momento de la Historia, desarrollando así la premisa de que lo que una mujer necesita para escribir literatura es “dinero y un cuarto propio” (pág. 7).

Al comienzo de la obra, la protagonista de la historia se reconoce como parte de un discurso que la considera ‘inferior’ a los hombres: cuando decide acudir a la Universidad de Oxbridge y el Bedel le prohíbe andar sobre los pastos de la misma, entiende que una mujer no es digna de caminar por el mismo sendero que los hombres. Sendero no sólo material, como el pasto en este caso, sino también intelectual: una prohibición para la mujer de ingresar en el campo de la competencia por el conocimiento. Acto seguido, dicha exclusión se reafirma cuando el acceso a la biblioteca es restringido a las mujeres si éstas carecen de alguna carta de presentación o del acompañamiento de su esposo; orillándolas también a la dependencia social.  Hoy en día, la situación respecto al acceso a la educación por parte de las mujeres, sigue estando en boca de las luchas feministas y por los derechos humanos. El caso más famoso actualmente: la ganadora del Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai.

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66%  de las mujeres adultas en el mundo son iletradas.

Así, todas las situaciones que en comienzo indignan el pensamiento de la protagonista, la llevan a pensar que es necesario examinar la Historia de las mujeres para entender por qué se encontraban recluidas socialmente.

Woolf expone una serie de ejemplos que demuestran cómo la mujer había sido hasta ese momento tan sólo un espectro, una sombra al lado del hombre; cuando cada uno de los análisis respecto a su condición eran escritos por éstos, y aún peor, cuando las descripciones de los mismos remitían a sentencias como “lo fundamental de las mujeres […] es que las mantienen los hombres y que ellas los sirven” o “Señor, una mujer compositora es como un perro caminando en sus patas traseras. No lo hace bien pero es sorprendente que lo haga”, entre otras (Woolf, 1929:2007, págs. 46-47). Dichas representaciones, producto de un pensamiento patriarcal abominable, invitan a la autora a reflexionar que no sólo las concepciones acerca de la capacidad intelectual de las mujeres eran discriminatorias, sino que, derivado de esto, su oportunidad de generar ganancias económicas era limitada.

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Las mujeres ganan menos que los hombres en el 99% de todas las ocupaciones.

Así, Woolf se pregunta ‘¿por qué son pobres las mujeres?’, y descubre que la razón principal está envuelta en el mismo discurso patriarcal antes mencionado. Las mujeres son pobres porque, primeramente, no son incluidas en los diferentes procesos económicos, debido a que no se consideran actividades propias de lo femenino, sino de lo masculino. Es decir, a la mujer se le considera ‘útil’ solamente dentro del hogar, atendiendo a los esposos, hijos e hijas.

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Las mujeres conforman hasta el 70% de lxs pobres del mundo.

No existen, dice Woolf, las condiciones sociales necesarias para que la mujer pueda insertarse en el mercado laboral, y por ende, ser acreedora de una independencia económica frente al hombre, debido a que su ‘condición biológica’, ligada a la estructura patriarcal, la obliga a estar la mayor parte de su vida embarazada y criando. ¿Les suena familiar? Pues actualmente, las mujeres son el grupo más marginado y pobre; por lo que seguimos luchando por desmantelar dichos estereotipos arcaicos (incluso cuando hay millones de mujeres trabajadoras e independientes, esto no cambia la otra realidad).

Aunado a esto, la autora también encuentra que la restricción de la educación es fundamental en el problema de las mujeres; diciendo:

[…] la independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no sólo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio. (Woolf, 2007, pág. 88)

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Las mujeres únicamente poseen 1% de las tierras del mundo.
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Las mujeres ganan sólo 77.5 centavos por cada dolar que ganan los hombres. (Dato de EUA, varía dependiendo del país, y de la raza de las mujeres: las mujeres blancas ganan menos que los hombres, pero más que las mujeres de color, etc)

Virginia Woolf demuestra, a lo largo de este ensayo literario, que las condiciones a las que la mujer se ha enfrentado (y sigue) a lo largo de la Historia, no son únicamente las que se refieren a barreras de carácter discursivo, sino a todo un entramado práctico en el que el hombre es el protagonista y ella simplemente un accesorio. Sin exagerar su postura, Woolf da cuenta del complejo panorama al que una mujer se habría de enfrentar si pretendiera sobresalir o simplemente explotar sus capacidades creativas e intelectuales, ya que los obstáculos que el sistema patriarcal le impone la sobrepasarían.

Quizá hoy hacer una analogía como la que Woolf propone sobre la hermana imaginaria de Shakespeare no culminaría en tan trágico suceso (al menos en algunas partes del mundo), sin embargo, innegables serían los obstáculos culturales, burocráticos y discursivos que se presentarían frente a ella. Porque es una realidad que hoy en día, las mujeres no tenemos las mismas oportunidades que los hombres de desarrollarnos profesionalmente, ya sea porque no tenemos el mismo acceso a la educación, porque nos enfrentamos al techo de cristal, o incluso, porque como señala una de nuestras colaboradoras, a veces la apariencia es más importante que nuestro currículum, y si dicha apariencia nos “benefició” en un principio, es casi una garantía-castigo que implicará una vida laboral rodeada de acoso sexual.

Finalmente, una de las cosas que más me atraen de esta obra y que no quiero dejar pasar, es lo que Woolf propone al final de la misma respecto a la balanza entre lo masculino y lo femenino. Comprender que estamos constituidxs a partir de una dualidad. Dice Woolf que “es fatal ser un hombre o una mujer pura y simplemente; hay que ser viril-mujer o mujer-viril”  (2007, pág. 85).

Lo anterior resulta de vital importancia para mí, ya que me parece necesario que tanto mujeres como hombres comprendamos que de interiorizar dicha dualidad, o lo que es lo mismo: des-generarnos, quizá seríamos capaces, como sociedad, de entender que el discurso patriarcal ha propiciado y sostenido las relaciones de dominación-subordinación entre hombres y mujeres, de manera que ha fragmentado las posibilidades de crecimiento mutuo, pero sobre todo, de crecimiento femenino. De entender que esto, como bien lo indica Woolf, ha resultado más en una perdida para la humanidad en general que una ganancia para el hombre.

De antemano entiendo que muchxs podrán decir que comparar un texto que tiene casi un siglo de vida con la actualidad puede ser riesgoso, sin embargo, considero que Woolf ofrece una obra que al menos en nuestros tiempos, sigue vigente. Desafortunadamente, aún no llegamos al momento de la historia en el que podamos decir que toda mujer en el mundo es poseedora de una habitación propia.

Reflexión última: en los debates sobre si los hombres pueden/deben o no ser feministas/aliados, la obra de Woolf se nos presenta, a todos los sexos, como un referente obligatorio para repensar la masculinidad y feminidad hegemónicas y considerar que, en el pesaje de la Humanidad V.S el Patriarcado, si nos separamos, el peso del Patriarcado nos aplasta a todxs…

¿Ustedes qué opinan?

-La Fata Morgana

Twitter: @lafatamorgana_


Referencias bibliográficas

Woolf, V. (1929:2007). Un cuarto propio (A room for one’s own) [Trad. de Jorge Luis Borges]. México, DF: Colofón.


La imagen de cabecera pertenece a Saara Katariina Söderlund (instagram @saarainfeathers)

Desconozco quién hizo las imágenes que acompañan el texto, son parte de una serie más amplia de imágenes con datos sobre la realidad que viven las mujeres en el mundo. Si alguien conoce a su autora (asumiendo que es mujer), les agradecería la información.

Entonces, el Feminismo vendrá, como la lluvia, a limpiarlo todo.

Hace dos días vi en Netflix Sufat Chol (Tormenta de Arena o Sand Storm en inglés); una película israelí del 2016, dirigida por Elite Zexer y ganadora de múltiples premios cinematográficos. La trama consiste en una familia musulmana que habita una comunidad rural, en medio del desierto, la cual se enfrentará a una ruptura cuando el padre se casa con una segunda mujer después de más de una década de mantener una relación monógama. Se plantean las problemáticas de la relación del padre con sus hijas y esposa, así como la relación de ésta con su hija mayor, Layla, y con la segunda esposa.

Varias son las cosas que me gustaron de este filme, desde la música, la fotografía, el idioma, los vestuarios, etcétera. Pero lo que más llamó mi atención fue Layla, la hija de Suliman, el padre, quien se desenvuelve como una mujer joven, universitaria, que desafía los candados que su cultura patriarcal le impone. Me parece muy interesante la relación que sostiene con su padre ya que, hasta el día de la boda de éste, parece que ambos no se ciñen del todo a las tradiciones impuestas por su cultura, como se hace notar cuando ella puede manejar el auto sin problema, pero al llegar  a la comunidad, cambian de asiento. Sin embargo, mientras la película se desenvuelve, es posible notar cómo ciertas actitudes patriarcales, tanto de hombres como de mujeres, salen a relucir en cada unx de ellxs más por un cumplimiento del contrato social al que están sometidxs, que por una verdadera convicción.

Si bien lo intentan, para ningunx de lxs personajes parece haber otra manera de vivir, otro mundo posible. Cuando se vive en comunidades pequeñas y muy conservadoras, en las que todxs tienen gran cercanía y conocimiento sobre la vida de lxs demás integrantes de la comunidad, el “qué dirán” es tan poderoso que sujeta y define nuestras acciones, incluso en el ámbito de lo privado, y es casi imposible no ceñirse a la norma si se desea sobrevivir.

En la película, el padre de Layla dice varias veces que hizo lo que hizo “porque tenía que hacerlo”, a lo que ella y su madre, Jalila, le cuestionan: “¿Y cuándo harás lo que quieres?”. Lo anterior me hizo reflexionar sobre los hombres y la presión que la masculinidad hegemónica ejerce sobre ellos en este sistema opresor. Diariamente, ellos se ven presionados por el discurso patriarcal que les exige ser fuertes, proveedores, controladores, violentos. Así como a nosotras se nos exige ser sumisas, cuidadoras y aguantar dicha violencia.

El Feminismo surge entonces como un Movimiento que, si bien se centra en los derechos de las mujeres, tiene como efecto colateral la abolición de la masculinidad hegemónica y cualquier otro rol normativo que dictamine el deber ser de los sexos. No importa en qué sociedad nos encontremos, oriental u occidental, ni en qué estatus socioeconómico naveguemos, las normas heteropatriarcales nos oprimen, aunque de maneras distintas, a todxs. En efecto, a las mujeres nos oprimen más, porque nos objetivizan y ponen a disposición de los hombres y sus mandatos.

¿Que cómo podemos entonces las mujeres reclamar derechos si los hombres también viven oprimidos? Bueno, sucede que muchos de esos hombres, aunque bajo el mismo sistema, también se aprovechan de éste y controlan, golpean, violan y matan a las mujeres, porque el Patriacado se los permite. Muchos de esos hombres aportan con sus acciones a la reproducción y preservación de sociedades desiguales, en las que las mujeres no tienen derecho de asistir a la escuela, y si lo tienen, éste se observa como un “desperdicio” de los “verdaderos”  talentos de las mujeres (maternidad, crianza, cuidados); o donde las mujeres no pueden decidir con quién desean casarse, a qué edad, o siquiera si lo desean en absoluto. Muchos hombres contribuyen con sus pactos de silencio a la obstaculización de los avances de las mujeres en materia de derechos humanos. Por eso las mujeres seguimos reclamando, específicamente, nuestros derechos. No por una cuestión de desprecio hacia los hombres, sino por una necesidad extrema de sobrevivir y vivir con dignidad e igualdad de oportunidades y derechos.

Sand Storm invita, precisamente, a esta reflexión sobre la situación que mujeres y hombres viven en las sociedades patriarcales, y nos deja con un mensaje claro: el Patriarcado, como una tormenta de arena, todo lo cubre, y por eso debemos abrazar el Feminismo en nuestras vidas, de manera discursiva y en la práctica.

¿Esperanzadora al final? Creo que es una escena que hay que ver para sacar las propias conclusiones. Lo que es definitivo es que la lucha feminista contra este sistema no terminará mientras existan comunidades, así estén rodeadas de nada o llenas de luces, en las que los hombres reciban, por el simple hecho de ser hombres, poder sobre la vida de las mujeres, sus cuerpos, sus relaciones interpersonales y sus decisiones.

Hasta entonces, ¡Feministas!

-La Fata Morgana

Twitter @lafatamorgana_

¡ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR! (historia de la píldora anticonceptiva)

Actualmente, los derechos sexuales y reproductivos, a pesar de enfrentarse aún a grandes debates y obstáculos, han avanzado en su reconocimiento y alcance dentro de los países desarrollados y en vías de desarrollo. Asimismo, dichos avances están siendo impulsados, y exigidos, en países no desarrollados que presentan serias problemáticas de salud sexual y reproductiva derivadas de la falta de acceso a métodos anticonceptivos, planificación familiar e interrupción legal del embarazo. La lucha por la libertad en la toma de decisiones relacionadas a la sexualidad y la reproducción, es un trabajo vigente para millones de personas alrededor del mundo.

Así, en el mes de las maternidades elegidas, he decidido hablar un poco acerca de la historia de uno de los anticonceptivos que revolucionó la vida sexual de las mujeres y la planificación familiar: la píldora anticonceptiva.

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Sandra Cisneros: feminista-on-the-loose

Leí a Sandra Cisneros por primera vez en alguna de mis clases en la universidad, era su obra La casa en Mango Street la que me presentó su literatura. Después de eso, no había vuelto a saber de ella, ni la había leído más. Sin embargo,  cuando buscaba libros de poesía escritos por mujeres en una biblioteca que visitaba, su nombre se me vino a la memoria y entre todas las opciones del estante, me hice de “Loose Woman”; un libro de poemas publicado en 1995. [1]

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“Loose Woman” de Sandra Cisneros

 

Para quienes escuchan el nombre por primera vez, Sandra Cisneros es una escritora mexico-americana, chicana, nacida en Chicago en 1954. Su obra se destaca por esa dualidad cultural que trata de mantener vivas las raíces que le unen a México. De algún modo, me parece que ese afán de resistir a la homogeneización cultural lo tenemos todas las personas que compartimos, de una u otra manera, raíces con otras culturas gracias a nuestrxs ancestrxs; y en el caso de “Loose Woman”, dicha dualidad no sólo se observa en el contenido de los poemas, sino que es visible en el propio lenguaje; ofreciendo una lectura en spanglish bastante entretenida.

Los aspectos culturales o la “mexicanidad” que Cisneros intenta resaltar de sí misma, se pueden notar en su poema “You Bring Out The Mexican In Me”. En dicho poema, la autora reivindica su lado mexicano al compartir una experiencia romántica tan intensa que dice “Me sacas lo mexicana en mí, like it or not, honey” es decir, la pasión, el romance y la ferocidad mexicana: “the mariachi trumpets of the blood in me/ The Aztec love of war in me/[…] The Agustín Lara hopeless romantic in me[…]”.

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“You Bring Out The Mexican In Me”
 

En “Dulzura”; Cisneros escribe “Make love to me in Spanish/ Not with that other tongue./ I want you juntito a mí/ tender like the language […]”, porque al parecer, el romance mexicano, latino, es para muchxs el más tierno y dulce, aunque hoy en día también podemos decir que es uno de los más peligrosos, porque como dice en “Love Poem for a Non-Believer”, “My neck is thin/ You could cup/ it with one hand/ Yank the life from me/ if you wanted”, y desgraciadamente, para miles de mujeres en México y Latinoamérica, muchas de las veces, sus parejas masculinas eligen hacerlo: arrancarles la vida. Lo llamamos feminicidio.

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“You Bring Out The Mexican In Me”
 

En “Original Sin”, Cisneros nos recuerda, con un toque de humor sarcástico, ese lado conservador y machista de nuestro amado y violento México, en el que es necesario comprar un rastrillo desechable en el Aeropuerto Internacional de San Antonio, Texas, para poder afeitarse las axilas antes de aterrizar en tierras aztecas porque “I forgot in Mexico they don’t like hair under your arms only on your legs […]”, aunque a veces ni siquiera en las piernas, al menos que seas una monja o una anciana. Sólo así es posible extender los brazos “[…]as a newborn’s soul without original/ sin[…]”, sólo así, con las axilas limpias, una mujer puede ser una buena mujer, libre de pecado. Quizá por eso un cliché del feminismo nos pinta a todas con vellos debajo de los brazos. Como si muchas feministas no eligiéramos afeitarnos. Así de ridículo es el patriarcado, así de poderoso, porque se mete hasta en lo más íntimo y hasta simple, de las decisiones de las mujeres sobre su aspecto físico.

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“Dulzura”
 

Quizá en algunos momentos de la lectura me costó más trabajo notarlo que en otros, pero afortunadamente, la pluma de Cisneros es feminista; como en “Old Maids”, cuando nos recuerda que en México hay una edad límite para casarse si no se quiere vivir para “vestir santos”. En este poema, Cisneros habla de la presión familiar y social que se ejerce sobre las mujeres de cierta edad (generalmente cercanas o después de los treinta años) que no se han casado; a las que ya no les queda posibilidad de ser “las siguientes”, después de que otra mujer al fin se casa. Ella dice: “The aunts,/ they’ve given up on us./ No longer nudge — You’re next./ Instead — / What happened in your childhood?” como si sólo un evento traumático pudiera quitarle el deseo de ser esposa a una mujer. Cisneros responde, “But we’ve studied/ marriages too long — / Aunt Ariadne, / Tía Vashti, / Comadre Penelope, / querida Malintzín, / Señora Pumpkin Shell–/ lessons that served us well”. Cisneros les dice a sus interlocutorxs: las mujeres, a veces, simplemente no necesitan casarse.

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“Original Sin”
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“Old Maids”

 

Por otro lado, dos poemas que no escapan a mis ojos. “Down There” y el que le da nombre a esta colección, “Loose Woman”. El primero, una oda a la menstruación que sin lugar a duda toda feminista encontrará perfecta y toda mente cerrada sentirá náuseas después de leer (como señalan varios comentarios que leí sobre el poema en diferentes blogs que lo han publicado). “Down There”, ahí abajo, gracias a la vagina que todas las mujeres biológicas tenemos, “I’m artist each month. […] In fact,/ I’d like to dab my fingers/ in my inkwell/ and write a poem across the wall./ “A Poem of Womanhood”/ Now wouldn’t that be something?”. Y sí que lo es, porque varias mujeres ya lo han hecho. Pero, ¿Por qué la necesidad de reivindicar el proceso biológico más natural del mundo? Porque en esta sociedad, no sólo la mexicana, sino en general, en la sociedad patriarcal, la menstruación es algo de lo que las mujeres debemos avergonzarnos, menstruar sigue siendo algo de mal gusto. Y Sandra Cisneros lo sabe, por eso transgrede al lector y lectora que no pueden aceptar que menstruar es tan cotidiano como respirar.

 

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“Down There”
 
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“Loose Woman”
 

Finalmente, “Loose Woman”. Un poema que describe a una mujer que es ‘un peligro para la sociedad’ porque es libre. Una mujer que transgrede, incomoda y maldice, como en la mayoría de los poemas que escribe. Una mujer que no se disculpa por ello. Una mujer que se ha soltado de las ataduras de una sociedad que nos quiere puras, castas y sin decir malas palabras. “Beware, honey”, ella dice, “I like the itch I provoke”, “viva-la-vulva, fire and brimstone”. Una mujer que habla de su sexualidad como habla del amor, en el mismo nivel de honestidad gráfica. Una mujer de lengua afilada que no dudará en cortarte con su voz. Una mujer que desea. Una mujer que rompe cosas. Una feminista.

Este libro de Sandra Cisneros me deja con una reflexión: las mujeres vivimos en un mundo patriarcal, machista y misógino; un mundo en el que se nos juzga la vestimenta, la orientación sexual, la castidad, la promiscuidad, la belleza, las piernas depiladas y las axilas velludas, las palabras que usamos y hasta la biología. Un mundo en el que el amor, si quisiera, nos podría asesinar. Pero también nos enseña un mundo en el que podemos tomar la pluma y decir que nos importa un carajo todo eso que se nos juzga. Donde podemos escribir sobre nuestros cuerpos y sus relaciones con otros cuerpos, y podemos reivindicar los flujos vaginales tanto como las ideas intelectuales y no perder la dignidad, sino reafirmarla. Un mundo en el que, gracias a los feminismos, podemos decirles a quienes no les guste nuestra libertad “¡Que se vayan a la ching chang chong!”…

La Fata Morgana

Twitter @lafatamorgana_

 

[1] Esta es una versión modificada de una entrada que fue publicada originalmente en el sitio de Mundo Procaz bajo el nombre “Leyendo a Sandra Cisneros” en octubre de 2016

Feminismo, Ecología y Pensamiento Vegano

Hace poco leí un maravilloso libro: Marguerite Yourcenar y la ecología: un combate ideológico y político[1] (2007), compilado por Andrea Padilla, Mauricio Roa y Vicente Torres; quienes forman parte del Departamento de Lenguajes y Estudios Socioculturales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Bogotá.

En esta obra, se reúnen diferentes ensayos (traducidos del francés) sobre la obra de Yourcenar, la primer mujer admitida en la Academia de Letras Francesas (después de 346 años de existencia de la misma); todos enfocados en el pensamiento ecológico que resalta en su literatura. Cada uno de estos textos ofrece una lectura que, si ya se camina por el sendero de la ecología y el rescate del medio ambiente, resulta entusiasta y comprometedora. Y si no, será, sin duda, un escarmiento a nuestras costumbres respecto al cuidado de la naturaleza, incluidos los animales no humanos y la explotación de la que son parte en manos de lxs humanxs.

La autora de Memorias de Adriano, una de sus obras más importantes, fue amante de los animales no humanos desde pequeña. La compasión hacia éstos y la natura le era un sentimiento inherente. En la Presentación del libro, Vicente Torres hace referencia a las preocupaciones del pensamiento yourcenariano diciendo que

se requieren cambios drásticos en el comportamiento humano que susciten nuevas orientaciones en el curso de nuestras civilizaciones; dicho de otra manera, se trata de replantear la modernidad, ya que ella es particularmente responsable del desequilibrio en todos los niveles, comprendido el ecológico […] (2007, 4).

Para Marguerite Yourcenar, la naturaleza y lxs seres humanxs somos la misma cosa y poseemos “almas” equivalentes, implicando que “la destrucción de la naturaleza justifica la del hombre [ser humano]” y por tanto, la protección de la misma significa la protección de la humanidad (5). Los animales no humanos son, en este sentido, sagrados para Yourcenar, y dicha condición los hace merecedores del mismo respeto y dignidad que la humanidad reclama para sí. 

Todo acto de crueldad sobre millares de criaturas
vivientes es un crimen contra la humanidad, que
la endurece y la vuelve un poco más brutal.

Una civilización de compartimentos estancos, 1972

Marguerite Yourcenar y la Ecología… reúne, además de los ensayos de Torres Mariño, Pierre-Yves Longaretti, Florence Burgat, Michèle Goslar, Philippe Berthier y otrxs, varios de los textos (ensayos, cartas, entrevistas) de la autora francesa, en los que hace notoria su preocupación y compromiso con los animales. En Ensayos y Meditaciones, Rémy Poignault recupera textos escritos entre 1970 y 1980, la mayoría parte de El Tiempo, gran escultor y Sources II (49). Para él, Yourcenar hace más que preocuparse por los animales no humanos; ella, en palabras de Poignault, dice que

[el ser humano]  debe recuperar el contacto con el mundo animal, mineral y vegetal; en una palabra, con el Todo. […] el desafío es otro: penetrar en el corazón del ser del universo y hallar de nuevo, a través de la observación de un ave, una rana, una flor o un árbol, los cuatro elementos que nos constituyen a nosotros mismos. (2007: 50)

Marguerite Yourcenar defendió hasta el último momento la dignidad de los animales no humanos, y la del ser humanx a través de ésta. Antes de morir, ya había mandado a grabar sobre su eventual tumba, una frase de su obra Opus nigrum que dice “Quiera Aquel que Es quizá, dilatar el corazón de la humanidad a la medida de toda la vida” (38). Una de las causas que defendió con mayor ímpetu fue la prohibición del uso de pieles. Sus palabras son contundentes al rechazar ésta práctica y particularmente dirige éste reclamo a las mujeres. En Animales de hermosa piel (1976) dice:

No obstante, si escribo estas líneas es porque imagino, con razón o sin ella, que un libro escrito por mujeres será leído por mujeres, y es a ellas, sobre todo, a quienes va dirigida esta protesta. […] Son unos anuncios [los de las revistas de moda femenina] en donde se pavonean individuos femeninos envueltos en suntuosos abrigos de pieles. Estas mujeres jóvenes, a quienes cualquier ojo capaz de ver por detrás de las cosas vería chorreando sangre, se envuelven en los despojos de unas criaturas que respiraron, comieron y durmieron, que buscaron una pareja para sus juegos amorosos, que amaron a sus crías, a veces hasta el punto de dejarse matar para defenderlas y que, como hubiera dicho Villon, “murieron con dolor”, como lo haremos todos, pero cuya muerte se las infligimos nosotros con salvajismo.

Aunque la cita es larga, me parece necesaria para hacer reflexión sobre el uso de maquillajes y otros productos de belleza producidos por compañías que realizan las más horribles –e innecesarias- pruebas en animales, como se sabe que hacen Procter & Gamble y L’Oreal, entre muchas otras. Ahora, ustedes me dirán qué tiene que ver todo esto con el feminismo. Pues bien, para Yourcenar, las mujeres feministas podrían ser hasta cierto punto hipócritas y faltas de conciencia, al denunciar la explotación de las mujeres por parte del sistema patriarcal mientras ignoran la explotación de los animales por parte de toda la humanidad. Si bien éste libro se centra en el pensamiento ecológico yourcenariano, éste último, me parece, es necesario para llevar la reflexión feminista más allá del género humano femenino.

Siendo yo mujer y simpatizante en principio,
con todos los movimientos feministas
progresistas tendientes a mejorar la condición
femenina y a reafirmar la dignidad de la mujer,
ante pruebas de inconsciencia como ésta voy
a acabar por creer que la mujer no es todavía
y no será nunca un ser humano consciente de
sus responsabilidades de ser humano mientras
lleve puesto o clave en sus paredes un cementerio.

Carta a André Brincourt

No hace mucho me topé con un artículo de título La revolución feminista ha de ser antiespecista[2] en el que se plantea la necesidad de esta reflexión. Me pareció que el punto clave de la discusión, al igual que sucede en el pensamiento yourcenariano, radica en la importancia de considerar que el valor de la humanidad no sobrepasa –o no debería- aquel de los animales no humanos y el resto de la naturaleza. La liberación de la mujer de las cadenas simbólicas y físicas del Patriarcado no habría de ser más importante que la liberación de los billones de animales no humanos que son, antes de asesinados para su consumo humano, maltratados, cosificados, hacinados, mutilados, desechados cuando no “útiles”, etcétera. La lógica del sistema patriarcal, como lo describe Martha Moia en El no de las niñas, consiste en “un orden social caracterizado por relaciones de dominación y opresión establecidas por unos hombres sobre otros y sobre todas las mujeres y criaturas” (1981: 231, cit. en Lagarde, 2014: 90). 

Una civilización que se aleja cada vez más de la realidad produce cada vez más víctimas, comprendida ella misma.

¿Quién puede saber si el alma del animal desciende bajo la tierra? 1981

Los muros de nuestros nuevos
mataderos […] son muy gruesos:
nosotros no vemos a esas criaturas
retorciéndose de dolor; no oímos sus
gritos, que no soportaría ni el más
ardiente aficionado a los bistecs.
No hay que temer los efectos de la
conciencia pública sobre la digestión.

Una civilización de compartimentos estancos, 1972

En este sentido, si el Feminismo plantea la abolición del sistema patriarcal, ¿no debería ser éste inexorablemente vegano? Cabe señalar que el veganismo es mucho más que una dieta en la que se evitan a toda costa alimentos de origen animal incluyendo sus derivados, éste estilo de vida es más que nada una postura ideológica llevada a la práctica cotidiana, que consiste en hacer todo lo posible por abstenerse de participar en –y si es posible, combatir- cualquier tipo de explotación animal. El veganismo implica un compromiso con el medio ambiente y la humanidad, al considerar que la mayor producción de granos es destinada a la alimentación del ganado, y por tanto, el desperdicio de agua, la deforestación, y la hambruna que predomina en tantas partes del mundo, podrían revertirse radicalmente si nuestra dieta cambiara[3].

Seamos subversivos. Hay que rebelarse contra
la ignorancia, la indiferencia, la crueldad
que, por lo demás, suelen aplicarse a
menudo contra el hombre porque
antes se han ejercitado con el animal.

¿Quién puede saber si el alma del animal desciende bajo la tierra? 1981

Si bien Marguerite Yourcenar no era vegana, su pensamiento besa constantemente la reflexión del veganismo. No dudo que si hubiera conocido las implicaciones del uso de lanas, sedas, y otros materiales de origen animal para la fabricación de telas, hubiera defendido su prohibición tal como lo hizo con las pieles de bebés foca en Canadá. Como puso en boca de uno de sus personajes, Zenón, se trata de negarse a “digerir agonías”. Yo diría que se trata de negarse a reproducirlas en cualquier escala.

En general, estamos censurados por nuestra época mucho
más de lo que pensamos; nos creemos libres porque
hablamos mal de las ideologías de otra época,
pero frente a las ideologías sinceras o artificiales
de la nuestra, somos excesivamente tímidos.

Segunda parte de “La Ecología”. TV Canadá, 1981.
(La traducción es de lxs compiladorxs)

El pensamiento yourcenariano nos hace reflexionar sobre “valores suprahumanistas” (70), es decir, aquellos que ven más allá de la humanidad, colocando a todas las criaturas en el mismo nivel. En este sentido, ¿no sería un ideal feminista, ecofeminista, un mundo en el que naturaleza, mujeres y hombres, conviviésemos en armonía?

Dejo estas ideas al aire y les invito a leer y dejar sus comentarios sobre este extraordinario libro en el que, estoy segura, encontrarán más de una línea de reflexión sobre el medio ambiente, el veganismo/antiespecismo  y el quehacer feminista.

-La Fata Morgana
Twitter @lafatamorgana_

ANHELOS

Desearía vivir en un mundo […]

donde fuera vergonzoso e ilegal tener más de tres hijos.

Un mundo donde la población global, a través de prácticas sexuales razonables, se viera reducida y se mantuviera por debajo de los mil millones de habitantes. […]

Un mundo sin moda, o cuya moda no consistiera más que en imperceptibles matices lentamente transformados. […]

Un mundo donde desechar un traje usado o un plato desportillado fuera un gesto ritual solamente ejecutado con duda y constricción. […]

Un mundo donde todo objeto viviente, árbol, animal, fuera sagrado y jamás destruido, salvo con aflicción y en caso de absoluta necesidad.

Un mundo donde la carne fuera considerada un alimento inferior, indeseable y quizás solamente útil a algunos, como medicamento repugnante.

-Marguerite Yourcenar


[1] Se puede descargar éste libro aquí.

[2] Puedes leer el artículo completo aquí

[3] Sobre esto vale la pena ver documentales como Cowspiracy y Forks Over Knives

Otra bibliografía citada

Lagarde y de los Ríos, Marcela (2014), Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. Siglo XXI Editores, México, D.F. (pp. 90)

Mujeres Inconvenientes

Les cuento. Hace unos meses vi el documental “She’s Beautiful When She’s Angry” (pueden checarlo en Netflix y probablemente en YouTube) y de éste rescaté una lista de libros y nombres sobre el movimiento de mujeres -feminista- que me interesaba leer y conocer mejor. Así, mientras estuve en California a finales del año pasado, no tardé mucho en localizar la biblioteca local de la ciudad en la que estaba para hacer una búsqueda particular: “Poems from the Women’s Movement”. Por suerte, la Archibald Library de Rancho Cucamonga, CA, contaba con tres perfectos ejemplares de esta hermosa antología poética, editada por Honor Moore, y uno de ellos estuvo en mis manos e hizo resonar en cada uno de sus poemas a este conjunto feminista de mujeres poetisas, diciendo al unísono algo así como “Let’s Smash the Patriarchy Together!!”… y no me pude resistir a escribir sobre ellas. [1]

 

poems

Poems from the Women’s Movement. Editado por Honor Moore

 

En fin, ahora que saben cómo llegué a este libro, déjenme decirles que Honor Moore recuperó obras de 58 poetisas que utilizaron la palabra escrita para definir un momento crucial para el Feminismo estadounidense en las décadas de los 60, 70 y 80. Entre los casi 100 poemas que se pueden leer en este libro, se tocan temas que cada mujer, feminista o no, estadounidense o no, de una u otra manera ha experimentado: aborto, violencia, amor, desigualdad, discriminación, libertad, sexualidad, etcétera. Claramente me faltaría tiempo y espacio para poder compartir con ustedes mis impresiones frente a cada uno de los poemas leídos, y finalmente, no es la intención de esta columna hacer un análisis puntual de la obra sino más bien, compartir la experiencia que la lectura ocasiona. Así, quisiera platicarles un poco sobre algunos de los poemas que más llamaron mi atención y sobre porqué lo de “mujeres inconvenientes”…

inconvinient
“The Niusance” -Marge Piercy (fragmento)

En la imagen anterior se lee “Soy una mujer inconveniente”, frase que forma parte del poema “The Nuisance”, escrito por Marge Piercy. En dicho poema, la autora hace una narrativa acerca de una mujer inconveniente porque no sigue, en términos generales, la norma. Una mujer que ama y piensa diferente, y que por tanto, “sería más útil como un sacapuntas”. En “I like to think of Harriet Tubman”, Susan Griffin escribe sobre ésta otra mujer inconveniente, porque no se quedó callada frente a su esclavizador, porque salvó a cientos de otrxs esclavxs y nunca fue atrapada. Griffin habla de una mujer que desafió las normas y las leyes, porque éstas eran injustas y había que cambiarlas, y por ende, romperlas.

elsa

“You say I am mysterious. / Let me explain myself:/ In a land of oranges/ I am faithful to apples.” -Elsa Gidlow

 

Por su parte, Elsa Gidlow escribe “In a land of oranges/ I am faithful to apples”; y ALTA nos ofrece “Euridice”, quien maldice a los poetas varones que nulifican el dolor de su espera porque desde la perspectiva androcéntrica es Orfeo, el hombre, el único que sufre ya que no emerge victorioso del infierno, mientras que Euridice, bueno, ¿qué dolor puede sentir una mujer cuando está en su naturaleza esperar, esperar y esperar…? La inconveniente Euridice de ALTA, dice “damn they, i say/ i stand on my own pain/ & sing my own song” mientras ‘suelta’ la mano de Orfeo para rescatar su propia experiencia infernal. Entre tanto, Pat Parker escribe “For Willyce”, poema en el que el acto sexual protagonizado por ella y su lengua, culmina en su pareja aclamando un “oh god! / oh jesus”; lo que le hace pensar en cómo, otra vez, un tipo cualquiera se lleva el crédito por los actos realizados por una mujer… ¿Les suena familiar?

euridice

“Euridice”  -ALTA

 

Sin embargo, no toda inconveniencia resulta del hablar sobre la fuerza de las mujeres, o de su valor para salirse de la norma impuesta por un sistema opresor. La inconveniencia de esta poesía feminista toca fibras más sensibles, más ocultas, dada su gravedad. Entonces leemos nuevamente a Marge Piercy, quien nos dice en “Rape poem” que es lo mismo ser arrollada por un camión que ser violada, excepto que al final de la violación los hombres te preguntarán si lo disfrutaste. O Judy Grahn, quien en “A Woman Is Talking to Death” nos muestra lo poco conveniente que es ser lesbiana en una sociedad que si algo rechaza más que una mujer que decide estar sola, es a una mujer que decide estar con otra mujer. O Audre Lorde, que en “A Poem for Women in Rage”, describe el miedo que el racismo provoca, en forma de alucinación, a una mujer negra lesbiana que sueña ser asesinada por su pareja, una mujer blanca.

Cada uno de estos poemas es inconveniente ya que desafía al patriarcado. Es inconveniente porque las mujeres que no se quedan calladas incomodan al status quo, cambian al mundo. “Poems from the Women’s Movement” es una recopilación de voces que nos muestra cómo las experiencias de lucha, sin importar desde qué trinchera se lleven a cabo, nos son comunes a todas las mujeres. Quizá podría decir que en momentos ha sido triste la experiencia que me ha provocado leer a estas mujeres, porque son más de tres décadas las que separan mis ojos de sus plumas y sin embargo, muchas de sus palabras son tan actuales que me recuerdan que la lucha feminista aún tiene un largo camino por recorrer. Aunque por otro lado, cada poema, con su diversidad de estilo, de forma, de fondo; es inspirador. Creo que una de las cosas que vuelve a estos poemas tan fuertes es la sororidad que implica ser parte de un colectivo. En éstas páginas no existe una diferencia entre Sylvia Plath, a quien prácticamente todas hemos leído -al menos escuchado su nombre- y Pat Parker; a quien estoy segura no hubiera conocido en mucho tiempo si no fuera por este libro.

La homogeneidad que Honor Moore ofrece entre tanta diversidad de voces me parece que logra que la lectora establezca un diálogo entre pares con las poetisas, que compare experiencias, comparta corajes. Como se habrán dado cuenta, me encantó leer a estas mujeres y sentirme parte de una lucha que es una constante en nuestras vidas, lo expresemos o no, lo sepamos o no. Nuestra cotidianidad, con sus respectivos matices, es un campo de batalla en contra de la desigualdad social, política, económica y cultural entre los sexos.

Leer es inconveniente porque nos obliga a pensar, a reflexionar, a cuestionarnos lo que tenemos frente a nosotrxs; a decir “quizá esta autora, este autor, tiene razón; quizá el mundo no es como nos dicen que debe ser”. Escribir, diría yo, aún más. Escribir es tomar esa reflexión, esas dudas y compartirlas, escribir implica una provocación para quien nos lea; es un arma poderosa, rectifica nuestras ideas y cuestiona las de lxs otrxs. Por eso creo que esta antología podría llamarse así, “Mujeres incovenientes”; porque sin duda cuestionar al sistema patriarcal, y de una forma tan bella como la poesía, tiene que ser inconveniente.

what-would

“Käthe Kollwitz” – Muriel Ruykeyser (fragmento)

 

Si como dice Muriel Ruykeyser en su poema “Käthe Kollwitz”: “What would happen if one woman told the truth about her life? / The world would split open”, entonces me pregunto, las mujeres que no escriben ¿a quién le cuentan su vida, sus verdades? Yo espero que esta entrada las anime a buscar este libro en sus librerías o bibliotecas más cercanas, y que disfruten o sufran cada poema que en sus páginas se lee. Y espero que, al finalizar la lectura de al menos uno de ellos, cada una de ustedes se vuelva una mujer inconveniente; una mujer que escriba su experiencia. Porque imaginen ¿qué pasaría entonces, si cada una de nosotras tomará la palabra y empezará a contar la verdad sobre su vida?

Una última cosa. Me pregunto si existe por ahí una antología poética de voces latinoamericanas feministas. Si la hay, la quiero. Si no, cómo quisiera…

-La Fata Morgana
Twitter: @lafatamorgana_ 

 

[1] Esta es una versión modificada de una entrada publicada originalmente en el sitio Mundo Procaz en septiembre de 2016