Etiqueta: mujeres escritoras

La Señal

Por Lilit Lobos*

“Pronunciaré tu nombre en la última hora  

Así sabrá la muerte

Dónde encontrarme cuando llegue.”

Meira delmar.

El asesino llamó a la casa de su víctima exactamente una hora antes, era su manera de poner el sello a sus trabajos. Ella levantó rígida la bocina, -Aló… aló… ¿Felipe eres tú? Salgo ya para tu apartamento, en menos de una hora estoy allí. Continue reading “La Señal”

Utilidad de la poesía

*Por Lilit Lobos.

 ¿Para qué sirve la poesía?

No quitará el hambre a los famélicos

El estómago continuará gimiendo aún bajo kilos de poesías intensas.

Los poemas

Ese enredo de palabras irracionales, Continue reading “Utilidad de la poesía”

El incendio

Por Amelia González*

Encendió otro cigarrillo. Esta vez lo hizo con mayor atención. Lo colocó entre los labios, agitó un poco el encendedor que no prendió al inicio. Al segundo intento prendió y entonces llevó el fuego hasta la punta de aquel vicio. Breve incendio, antesala de aquel otro…

Ahí estaba como cada noche Clarice, nuestra Clarice Lispector. Sentada en la habitación, frente a su escritorio se pone a imaginar una escena. Un paisaje tropical o un departamento en cualquier ciudad de Brasil. No encuentra el tono, pero sí intuye el carácter del relato. Se imagina que es un cuento fastidioso, como un niño que está harto del calor y que, aunque no quiere volver a casa, ya no desea estar en la calle.  Continue reading “El incendio”

Más Cisneros, por favor…

Hace unas semanas acudí a una venta de libros usados y me encontré con The House on Mango Street (La Casa en Mango Street) de Sandra Cisneros; autora de uno de los libros de poesía que reseñé anteriormente, Loose Woman. Como comenté en dicha entrada, Sandra Cisneros se me presentó por primera vez con la obra que hoy traigo a colación, y aunque recuerdo haber hecho reflexiones sobre ésta, no había escrito nada al respecto. Así que, tras volver a leerle, es hora de escribir…

Para quienes Cisneros aún es nueva, cabe mencionar que es una de las escritoras chicanas más reconocidas internacionalmente y The House on Mango Street es una de sus obras más representativas. Dividida en 46 viñetas, narra la vida en un barrio latino de Chicago (ciudad natal de Cisneros) desde la perspectiva y experiencia de una niña, Esperanza Cordero, quien se resiste a pertenecer a esa realidad bicultural, y que, sin embargo; pertenece. Continue reading “Más Cisneros, por favor…”

Kyra Galván: feminopraxis poética

“Te diré: soy mujer cedro mujer angustia
mujer como trigal como violeta
como sandía y tormenta.
Busco una isla para gestar en ella,
para inventarme mi libertad y mi cuerpo
y todos mis movimientos”

Kyra Galván

 

kyragalvánHace ya un tiempo llegó a mis manos un libro de poemas llamado Un pequeño moretón en la piel de nadie (1982), escrito por la poetisa y economista mexicana, Kyra Galván (1956). Este libro me parece como una tarde de café en la que Kyra me platica un poco de ella, de cómo sobrellevar la vida en una ciudad caótica como la Ciudad de México, Continue reading “Kyra Galván: feminopraxis poética”

Que haya cuerpos que besen y tiemblen

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Erotismos, Thelma Nava

Cuerpos desnudos, visibles, palpables. Humedad y naturaleza. Viscosidad. Sudores, lágrimas, azúcar y sal. Mujeres, vulvas y pupilas exaltadas. Hombres, lenguas y falos extaciados; pliegues.

Mujeres que besan y tiemblan (2000) se me presenta en un estante de la biblioteca como una antología mexicana de poesía erótica femenina, a la que yo propondría un cambio de nombre por algo como “antología heteroerótica escrita por mujeres”, para no generar expectativas de diversidad sexual en sus contenidos. La voz poética de Jeannette Clariond podría –quizá-, desde mi lectura, librar la batalla de la heteronormatividad con Una noche en el huerto: “Tendida/ en el asiento del negro Chevrolet;/ los pliegues de la noche sobre tu piel desnuda, tu vientre agitado aún;/ abierta al ruido de jejenes:/ alborozo en la luz, / suave baño en tus muslos / en tus senos de racimos […]”.

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Escribo pero, ¿publicar un libro?

La independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no sólo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio.   Virginia Woolf, Un cuarto propio.

Por cinco años mi esposo y yo, tuvimos una editorial en México. Comenzamos publicando lo que fue mi tesis de licenciatura. En esos años yo debutaba en los estudios históricos de minorías religiosas; era ventiañera y deseosa de compartir mi trabajo, así que toque puertas para publicar y ninguna se abrió. No se abrieron porque no iba recomendada por alguien reconocido; no se abrieron porque el tema no era de interés comercial, aunque yo aseguraba que por lo menos un tiraje de 1000 ejemplares podrían colocarse si hacíamos buena difusión; no se abrieron porque no tenía un representante que negociara por “la autora”.

De esa experiencia, Alex me dijo: “fundemos una editorial y publiquemos tu libro”. Y así fue. Él como periodista y corrector de estilo y yo como lectora ávida y editora, no vimos difícil el camino e invertimos nuestros ahorros para una casa, en la editorial. Mi libro fue el primero de más de 20 libros académicos que se lograron gracias a la intervención de amigos diseñadores, administradores, correctores, editoras (éramos mujeres), impresores y representantes de ventas en cadenas de librerías mexicanas. Publicabamos sí ganabamos un concurso o por la confianza que amigos académicos depositaron en nosotros.  

Recuerdo que en esos años, varias mujeres poetas, narradoras, cronistas, amigas y colegas académicas, estaban escribiendo cosas muy interesantes y presentándose en festivales culturales o foros. Algunas de ellas, se acercaban a mi para saber si podría publicarlas y me entregaban los borradores de sus textos para darles una opinión “profesional”: si su obra era publicable o “no”; e incluso algunas habían ganado premios nacionales o regionales. Cada lectura, cada borrador lo imagine como libro porque para mi, toda idea creativa, por el hecho de ser concebida, ya merece ser leída y seguro tiene un público que hay que descubrir y llegar a él. Me emocionaba cuando eran borradores bien estructurados, bien escritos, e incluso algunas escritoras ya habían pagado la corrección de estilo.

Muchas de esas mujeres escritoras venían de clases populares como yo, que con mucho trabajo y esfuerzo nos educamos y le dabamos importancia a nuestros escritos como parte de nuestra labor intelectual, por ello, el impreso que me entregaban era fruto de años de trabajo, investigación y reelaboración. Lo más importante de ese acercamiento fue que ellas se representaban a sí mismas sin mediadores, incluso cediendo sus derechos de autoras siempre y cuando pudieran publicar… Por carecer de fondos y patrocinios, a obras de ficción, novelas, ensayos y poesía tuve que decir no, y lo lamente mucho.

A la distancia, al recordar esa experiencia, me vinieron a la mente las palabras de Virginia Woolf donde ella, al hablar del oficio de escribir, decía que las mujeres por las condiciones sociales de desigualdad de géneros, “no han tenido la oportunidad de escribir poesía” porque para escribir, a principios del siglo XX, se debía tener independencia económica y un espacio propio para producir. Hoy en el siglo XXI diría que las mujeres escritoras que me dieron sus textos para publicar, estaban lejos de tener un futuro económico estable y una vivienda propia: eran mujeres que debían trabajar, estudiar o depender de una beca de posgrado para su manutención diaria. No eran mujeres con privilegios, de padres o familiares en la política que les heredaran un apellido, un color de piel, una estancia en el extranjero para “triunfar” en la vida, como algunas de las actuales escritoras mexicanas que publican en el extranjero o desde España. 

De todas esas experiencias dos autoras pudieron pagar por sus textos: Gabriela Castillo Terán, su libro es un estudio antropológico de la muerte en el espiritualismo trinitario mariano, y la distribución de la novela La falsa Esposa de Maritza Macín, ganadora de un premio de novela histórica Bellas Artes. Y aún así, la distribución en librerías de ambos libros, no nos hizo justicia.

Creo que el acto de escribir, de narrar nos pertenece. El problema no es escribir: tenemos nuestras poesías, nuestros cuentos, nuestras novelas y ensayos, pero no las relaciones y contactos para entrar por una puerta por si mismas y lograr un contrato editorial justo, con las posibilidades de crecer y a su vez hacer crecer a otras mujeres y niñas para transferir las experiencias, los saberes y romper con el elitismo que permea en nuestra cultura editorial contemporánea. El problema no es el escribir sino publicar, llegar al público adecuado y vivir de ello. Aunque en México ya existe una gran variedad de editoriales independientes (e incluso festivales donde se presentan), publicar se va institucionalizando como los modos de negociación de las grandes casas editoriales, porque el trabajo editorial no sólo es cultura sino también negocio.

Frente a ese panorama, me gusta pensar que los blogs, revistas autogestionadas y compilaciones son una buena alternativa para dar a conocer nuestros escritos, generar reflexiones y hacer fluir la creatividad. Leernos entre mujeres de pie es un acto de resistencia, de creatividad y de justicia a nosotras mismas y a las que nos antecedieron dejando en papel sus escritos porque no encontraron un representante editorial que quisiera tocar las puertas en sus nombres. Comenzar a reseñarnos y citarnos, como formas de producir y reproducir conocimiento es un primer paso de experimentar formas de autogestión y mutualismo. Por eso creo que el ciberespacio es una buena plataforma para ejercitarnos en esas prácticas. Sería lo que dijo Woolf casi al final de su conferencia hoy titulada Una habitación Propia:

“Mi credo es que ese poeta (refiriéndose al personaje ficticio que ella llamó “la hermana de William Shakespeare”) que jamás escribió una línea y que yace en la encrucijada, vive todavía. Vive en ustedes y en mí y en otras muchas mujeres que no nos acompañan esta noche, porque están lavando los platos y acostando a los chicos. Pero vive, porque los grandes poetas no mueren: son presencias continuas; sólo precisan una oportunidad para andar entre nosotros de carne y hueso. Pienso que en breve, ustedes le podrán ofrecer esa oportunidad… Pero sostengo que vendrá si trabajamos por ella y que vale la pena trabajar hasta en la oscuridad y en la pobreza.”

Sigamos escribiendo, sigamos dándole importancia a la escritura como un acto de resistencia y de compromiso intelectual con las miles de mujeres que desde sus talentos, palabras y acciones, ya están cambiando el mundo, aunque grandes editoriales les hayan dicho que no. No por ello paramos de soñar. Escribo pero, publicar un libro?..

La obra que ilustra este texto es Woman Writing (oil on canvas), del pintor Bonnard, Pierre (1867-1947).