Etiqueta: mujeres escritoras

Utilidad de la poesía

*Por Lilit Lobos.

 ¿Para qué sirve la poesía?

No quitará el hambre a los famélicos

El estómago continuará gimiendo aún bajo kilos de poesías intensas.

Los poemas

Ese enredo de palabras irracionales, Continue reading “Utilidad de la poesía”

El incendio

Por Amelia González*

Encendió otro cigarrillo. Esta vez lo hizo con mayor atención. Lo colocó entre los labios, agitó un poco el encendedor que no prendió al inicio. Al segundo intento prendió y entonces llevó el fuego hasta la punta de aquel vicio. Breve incendio, antesala de aquel otro…

Ahí estaba como cada noche Clarice, nuestra Clarice Lispector. Sentada en la habitación, frente a su escritorio se pone a imaginar una escena. Un paisaje tropical o un departamento en cualquier ciudad de Brasil. No encuentra el tono, pero sí intuye el carácter del relato. Se imagina que es un cuento fastidioso, como un niño que está harto del calor y que, aunque no quiere volver a casa, ya no desea estar en la calle.  Continue reading “El incendio”

Más Cisneros, por favor…

Hace unas semanas acudí a una venta de libros usados y me encontré con The House on Mango Street (La Casa en Mango Street) de Sandra Cisneros; autora de uno de los libros de poesía que reseñé anteriormente, Loose Woman. Como comenté en dicha entrada, Sandra Cisneros se me presentó por primera vez con la obra que hoy traigo a colación, y aunque recuerdo haber hecho reflexiones sobre ésta, no había escrito nada al respecto. Así que, tras volver a leerle, es hora de escribir…

Para quienes Cisneros aún es nueva, cabe mencionar que es una de las escritoras chicanas más reconocidas internacionalmente y The House on Mango Street es una de sus obras más representativas. Dividida en 46 viñetas, narra la vida en un barrio latino de Chicago (ciudad natal de Cisneros) desde la perspectiva y experiencia de una niña, Esperanza Cordero, quien se resiste a pertenecer a esa realidad bicultural, y que, sin embargo; pertenece.

No es difícil entender por qué Cisneros dedica estas páginas “a las mujeres”; dado que en cada una de ellas es sencillo reconocer experiencias que, como tales, se nos han presentado a lo largo de la vida, porque definitivamente las problemáticas socioculturales ligadas al sistema patriarcal suelen anidar más allá de las fronteras:

“She was a horse woman too, born like me in the Chinese year of the horse─which is supposed to be a bad luck if you’re born female─but I think this is a Chinese lie because the Chinese, like the Mexicans, don’t like their women strong.”

[Una mujer caballo nacida como yo en el año chino del caballo —que se supone es de mala suerte si naces mujer— pero creo que ésa es una mentira china, porque a los chinos, como a los mexicanos, no les gusta que sus mujeres sean fuertes.[1]]

Hablar de literatura chicana feminista, en el reciente acercamiento que he tenido a ésta, implica para mí tocar problemáticas sociales propias de las fronteras (geográficas, lingüísticas, culturales, etcétera) y la manera en que afectan directa o indirectamente a las mujeres. THOMS no es excepción.

Así, habitar un país y vivir un país son cosas muy distintas cuando existen barreras legales, culturales e idiomáticas. No Speak English habla precisamente del idioma; uno de los obstáculos más evidentes para las personas migrantes. Aquí, Cisneros describe la angustia de una mujer que no sale de su vivienda por miedo a hablar inglés, o más bien, por no poder hacerlo. Mientras se rodea de paredes de colores que intentan recordarle a su país, escuchando la radio en español y resistiendo a la fusión cultural por miedo a perder la propia identidad; la vida para ella se consume habitando entre la negativa de su nueva realidad como migrante y la esperanza fallida del retorno a casa. Para muchxs, el American Dream no se vive como alguna vez se soñó; por el contrario, a pesar de que la mayoría de lxs mexicanxs en Estados Unidos hablan inglés, existe una enorme deficiencia en la calidad de vida de millones de migrantes (no sólo mexicanxs, por supuesto) que al no poder comunicarse en el idioma local, ven mermadas sus posibilidades de comunicación y, por tanto, de vivir una vida con menor aislamiento social, o en su defecto, se ven obligadxs a relacionarse únicamente dentro de su círculo inmediato, el cual puede muchas veces ser violento.

Ay, she says, she is sad.
Oh, he says. Not again.
¿Cuándo, cuándo cuándo? she asks.
¡Ay, caray! We are home. This is home. Here I am and here I stay. Speak English. Speak English. Christ!
¡Ay! Mamacita, who does not belong, every once in a while lets out a cry, hysterical, high, as if he had torn the only skinny thread that kept her alive, the only road out to that country”

[Ay, dice ella, ella está triste.
Oh, dice él, no, otra vez no.
¿Cuándo, cuándo, cuándo?, pregunta ella.
¡Caray! Estamos en casa. Ésta es la casa. Aquí estoy y aquí me
quedo. ¡Habla inglés, speak English, por Dios!
¡Ay!, Mamacita, que no es de aquí, de vez en cuando deja salir un grito, alto, histérico, como si él hubiera roto el delgado hilito que la mantiene viva, el único camino de regreso a aquel país]

Y hablando de violencia[2], seguido de No Speak English se lee Rafaela Who Drinks Coconut & Papaya Juice on Tuesdays [Rafaela que los martes toma jugo de coco y papaya]; en donde la violencia machista es puesta en evidencia de manera sutil, pero a la vez evidente (recordemos que la narrativa es en voz de una niña). Rafaela, quien es aún joven, pero “está envejeciendo de tanto asomarse a la ventana”, es encerrada por su esposo cada martes cuando éste sale a jugar dominó por la noche, porque teme que ella huya (con toda razón) dado que es demasiado hermosa para que la vean. Mientras su esposo no está, Rafaela sueña que tiene una cabellera como la de Rapunzel…

Rafaela… me torna triste e impotente, particularmente porque antes he conocido testimonios de mujeres que, como ella, han sido encerradas, y otras veces hasta atadas por sus esposos para que no puedan escaparse mientras ellos no están. En México, 62.77% de las mujeres entre 15 y más años experimentan o han experimentado violencia de género a lo largo de su vida, según datos del INEGI.

La pluma de Cisneros me parece hábil por esta capacidad de contar algo tan terrible de manera tan, por así decirlo, amena. Las angustias de una realidad vistas desde los ojos de una niña que quizá, hasta cierto punto, parece no reconocerlas sino como meras anécdotas de su infancia, dan cabida a una reflexión sobre lo que nuestros propios ojos ven. ¿Cuántas veces no hemos visto o vivido una situación de violencia que a primera mano no parece “tan terrible” y, sin embargo, lo es? ¿Qué procesos socioculturales vivimos desde pequeñxs que en la adultez nos facilitan convivir con la violencia de manera casi automática, aceptándola como una característica más de nuestras vidas?

En las páginas de The House on Mango Street hay risas, enojo y lágrimas, lo mismo que en nuestra realidad. Por eso considero que leer esta obra permite no solo disfrutar de la literatura chicana de Sandra Cisneros, la cual ─por si fuera poco─ es feminista; sino que además permite seriamente hacer una reflexión sobre dicha realidad de las mujeres en los contextos de una cultura que, como dice ella, no gusta de sus mujeres fuertes, ya sea de este lado o de aquel de la frontera.

-La Fata Morgana


IMG_20170414_223531_130La Fata Morgana —Feminista, socióloga y poetisa mexicana. Amante del café y los animales. Publica el blog de poesía y otros insomnios Lunas Letras y Café.  Le apuesta al veganismo como estilo de vida ético, justo y libre de crueldad para todxs. Su alter ego: Pamela Erin Mason R.

Twitter/Instagram: @lafatamorgana_

 

Notas:

[1] Traducciones de Elena Poniatowska.

[2] Quisiera recomendar unas hojas informativas que describen de manera muy sencilla los tipos y formas de maltrato, las cuales permiten, en caso de no tener clara la violencia de género, realizar una lectura de la obra de Cisneros con la posibilidad de identificar en sus pasajes, la violencia que se ejerce sobre las mujeres que habitan y viven en Mango Street.

Kyra Galván: feminopraxis poética

“Te diré: soy mujer cedro mujer angustia
mujer como trigal como violeta
como sandía y tormenta.
Busco una isla para gestar en ella,
para inventarme mi libertad y mi cuerpo
y todos mis movimientos”

Kyra Galván

 

kyragalvánHace ya un tiempo llegó a mis manos un libro de poemas llamado Un pequeño moretón en la piel de nadie (1982), escrito por la poetisa y economista mexicana, Kyra Galván (1956). Este libro me parece como una tarde de café en la que Kyra me platica un poco de ella, de cómo sobrellevar la vida en una ciudad caótica como la Ciudad de México, cuando se es una persona sensible y con un “Gran Miedo de no llegar a la toma de la libertad”. Entre líneas, me muestra una postura incipiente feminista en una joven veinteañera, que se va formando a base de dudas y cuestionamientos sobre el ser mujer y sobre la condición de ésta en la Historia.

En Desde la A hasta la B se encuentran poemas que hablan de la soledad que se vive como un “pequeño cangrejo. Duro/lento/miope” que se balancea en las incertidumbres del amor. También habla de eso que la mayoría de las mujeres hemos experimentado: el acoso, que día a día lo libra caminando por la oficina repleta de miradas de “licenciados que llegan coqueteando” y que le obligan a asegurarse de que trae la bragueta cerrada, los botones de la blusa en su lugar y que, por ende, “Sólo se atreverían a pensar / qué buenas nalgas” como si eso fuera “un verdadero privilegio”.

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Cuatro A

Y es que el poder que la cultura machista le obsequia a los hombres en nuestra sociedad se podría traducir como un privilegio enfermizo; que les permite trasgredir los cuerpos de las mujeres con su mirada (a veces, con todo su cuerpo) sin mayor problema; mientras nosotras tenemos que salir a las calles a reclamar que nuestro cuerpo no es objeto, sin que realmente se nos escuche, o escribir quejas y poemas que evidencien la realidad cotidiana. Si acaso hay suerte, emitir una denuncia que proceda; pero no mucho más que eso. No mientras la naturalizada violencia hacia las mujeres siga latente en nuestra sociedad.

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Cantata

Después leo Estragos, en donde Galván conjuga poemas que develan más de la vida citadina y la relación con el dinero, inherente al sistema capitalista en el que estamos insertxs. Dice en Los hijos e hijas del verano: “Por nuestros pulmones crece en círculos / el tabaco, la mariguana, el esmog. […] Adoramos a nuestro dios: el Dinero”. Mientras sus poemas Urbana y Vivimos en un mundo en que las mariposas son arrolladas impunemente en la vía pública y a plena luz del día, me cuentan que la ciudad va devorando el campo que se vuelve “una realidad lejana”; donde el amor nunca empieza, donde la indiferencia y la soledad predominan. Tomo en cuenta que este libro fue publicado en 1982 porque más de tres décadas después, esa ciudad monstruo –y tantas otras– sigue devorándose al campo, y sigue menguando la vida de la gente atrapada en la caótica jungla de concreto. ¿Hasta dónde puede crecer el monstruo del “desarrollo”?

 

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Dos A

 

Kyra Galván capta mi atención con Bellas Artes: “[…] Quién podría decir / que bajo tu corazón pesaban / tantos años de ser la maestra / en el arte de la sumisión / en la virtud de la mudez / en el vicio de no tocar.” y La falla de San Andrés, que precisa el envejecimiento natural del rostro aludiendo al movimiento de las capas tectónicas de la Tierra. Pura naturaleza en movimiento somos.

Desconozco si Galván se autodenomina feminista, pero me gusta la manera en la que, en Sobreviviremos, su poema Escombros de Canto aborda ciertas cuestiones sobre la educación que se les da a las mujeres desde pequeñas, “acostumbradas a vivir entre sangre / y sentir humedad caliente entre las piernas. / Amansamos nuestros miedos / y sentimos coraje por la vergüenza al sexo / y a la vida, que nos inculcaron nuestras madres.”

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La reflexión sobre los roles de género y el cambio en el cuerpo me resultan interesantes, ya que ponen en la voz poética lo que a diario muchas mujeres se cuestionan, o viven en la ‘práctica femenina’. Feminopraxis (oh sí, ahora ya saben, en primera instancia, de dónde surge…) contiene poemas como Contradicciones ideológicas al lavar un plato, que plantea “Aclararme por qué cuando lavo un plato / O coso un botón / Él no ha de estar haciendo lo mismo […]”; o el impronunciable Geschichtsunterrich que, sin embargo, nos dice claramente:

“Estoy cansada.

Me acuesto y siento fluir un agotamiento

tan anterior a la Revolución Francesa.

Es que los enormes pechos

       de la Venus de Willendorf

               oprimen mi cuerpo desde la prehistoria.

[…]

   ¡Que vengan los hilos y las planchas!

   ¡Los jabones, afeites y cepillos,

            el almidón sobre todo, y el aceite!

¡Ajústenlo todo de nuevo!

¡Que nada rechine!

Necesito levantarme mañana para ser mujer.

Olvidarme que en las noches

La Historia nos aplasta.”

Un pequeño moretón en la piel de nadie es un libro que vale la pena conocer y disfrutar. Su variedad de temas lo enriquecen: la ciudad, el amor, el dinero, la soledad, la gente, el ser y el ser mujer… Su poesía es inteligente. Al leer la lírica de Galván, quizá sin intención, terminaremos preguntándonos qué contradicciones ideológicas cometemos como feministas, qué nos hace ser bad feminists, como, últimamente, a partir de Roxane Gay ha sido tan común cuestionarse.

Al final, Kyra se despide de mí tajante, en Uno Z: “no me molesten, / que ando de parto.”

Y concluye la plática entre nosotras.

-La Fata Morgana


La Fata Morgana —Feminista, socióloga y poetisa mexicana. Amante del café y los animales. Publica el blog de poesía y otros insomnios Lunas Letras y Café.  Le apuesta al veganismo como estilo de vida ético, justo y libre de crueldad para todxs. Su alter ego: Pamela Erin Mason R.

Twitter/Instagram: @lafatamorgana_

Puedes leer más poesía de Kyra Galván, en su blog http://poesiadekyragalvan.blogspot.mx/

 

 

 

Que haya cuerpos que besen y tiemblen

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Erotismos, Thelma Nava

Cuerpos desnudos, visibles, palpables. Humedad y naturaleza. Viscosidad. Sudores, lágrimas, azúcar y sal. Mujeres, vulvas y pupilas exaltadas. Hombres, lenguas y falos extaciados; pliegues.

Mujeres que besan y tiemblan (2000) se me presenta en un estante de la biblioteca como una antología mexicana de poesía erótica femenina, a la que yo propondría un cambio de nombre por algo como “antología heteroerótica escrita por mujeres”, para no generar expectativas de diversidad sexual en sus contenidos. La voz poética de Jeannette Clariond podría –quizá-, desde mi lectura, librar la batalla de la heteronormatividad con Una noche en el huerto: “Tendida/ en el asiento del negro Chevrolet;/ los pliegues de la noche sobre tu piel desnuda, tu vientre agitado aún;/ abierta al ruido de jejenes:/ alborozo en la luz, / suave baño en tus muslos / en tus senos de racimos […]”.

Continue reading “Que haya cuerpos que besen y tiemblen”

Escribo pero, ¿publicar un libro?

La independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no sólo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio.   Virginia Woolf, Un cuarto propio.

Por cinco años mi esposo y yo, tuvimos una editorial en México. Comenzamos publicando lo que fue mi tesis de licenciatura. En esos años yo debutaba en los estudios históricos de minorías religiosas; era ventiañera y deseosa de compartir mi trabajo, así que toque puertas para publicar y ninguna se abrió. No se abrieron porque no iba recomendada por alguien reconocido; no se abrieron porque el tema no era de interés comercial, aunque yo aseguraba que por lo menos un tiraje de 1000 ejemplares podrían colocarse si hacíamos buena difusión; no se abrieron porque no tenía un representante que negociara por “la autora”.

De esa experiencia, Alex me dijo: “fundemos una editorial y publiquemos tu libro”. Y así fue. Él como periodista y corrector de estilo y yo como lectora ávida y editora, no vimos difícil el camino e invertimos nuestros ahorros para una casa, en la editorial. Mi libro fue el primero de más de 20 libros académicos que se lograron gracias a la intervención de amigos diseñadores, administradores, correctores, editoras (éramos mujeres), impresores y representantes de ventas en cadenas de librerías mexicanas. Publicabamos sí ganabamos un concurso o por la confianza que amigos académicos depositaron en nosotros.  

Recuerdo que en esos años, varias mujeres poetas, narradoras, cronistas, amigas y colegas académicas, estaban escribiendo cosas muy interesantes y presentándose en festivales culturales o foros. Algunas de ellas, se acercaban a mi para saber si podría publicarlas y me entregaban los borradores de sus textos para darles una opinión “profesional”: si su obra era publicable o “no”; e incluso algunas habían ganado premios nacionales o regionales. Cada lectura, cada borrador lo imagine como libro porque para mi, toda idea creativa, por el hecho de ser concebida, ya merece ser leída y seguro tiene un público que hay que descubrir y llegar a él. Me emocionaba cuando eran borradores bien estructurados, bien escritos, e incluso algunas escritoras ya habían pagado la corrección de estilo.

Muchas de esas mujeres escritoras venían de clases populares como yo, que con mucho trabajo y esfuerzo nos educamos y le dabamos importancia a nuestros escritos como parte de nuestra labor intelectual, por ello, el impreso que me entregaban era fruto de años de trabajo, investigación y reelaboración. Lo más importante de ese acercamiento fue que ellas se representaban a sí mismas sin mediadores, incluso cediendo sus derechos de autoras siempre y cuando pudieran publicar… Por carecer de fondos y patrocinios, a obras de ficción, novelas, ensayos y poesía tuve que decir no, y lo lamente mucho.

A la distancia, al recordar esa experiencia, me vinieron a la mente las palabras de Virginia Woolf donde ella, al hablar del oficio de escribir, decía que las mujeres por las condiciones sociales de desigualdad de géneros, “no han tenido la oportunidad de escribir poesía” porque para escribir, a principios del siglo XX, se debía tener independencia económica y un espacio propio para producir. Hoy en el siglo XXI diría que las mujeres escritoras que me dieron sus textos para publicar, estaban lejos de tener un futuro económico estable y una vivienda propia: eran mujeres que debían trabajar, estudiar o depender de una beca de posgrado para su manutención diaria. No eran mujeres con privilegios, de padres o familiares en la política que les heredaran un apellido, un color de piel, una estancia en el extranjero para “triunfar” en la vida, como algunas de las actuales escritoras mexicanas que publican en el extranjero o desde España. 

De todas esas experiencias dos autoras pudieron pagar por sus textos: Gabriela Castillo Terán, su libro es un estudio antropológico de la muerte en el espiritualismo trinitario mariano, y la distribución de la novela La falsa Esposa de Maritza Macín, ganadora de un premio de novela histórica Bellas Artes. Y aún así, la distribución en librerías de ambos libros, no nos hizo justicia.

Creo que el acto de escribir, de narrar nos pertenece. El problema no es escribir: tenemos nuestras poesías, nuestros cuentos, nuestras novelas y ensayos, pero no las relaciones y contactos para entrar por una puerta por si mismas y lograr un contrato editorial justo, con las posibilidades de crecer y a su vez hacer crecer a otras mujeres y niñas para transferir las experiencias, los saberes y romper con el elitismo que permea en nuestra cultura editorial contemporánea. El problema no es el escribir sino publicar, llegar al público adecuado y vivir de ello. Aunque en México ya existe una gran variedad de editoriales independientes (e incluso festivales donde se presentan), publicar se va institucionalizando como los modos de negociación de las grandes casas editoriales, porque el trabajo editorial no sólo es cultura sino también negocio.

Frente a ese panorama, me gusta pensar que los blogs, revistas autogestionadas y compilaciones son una buena alternativa para dar a conocer nuestros escritos, generar reflexiones y hacer fluir la creatividad. Leernos entre mujeres de pie es un acto de resistencia, de creatividad y de justicia a nosotras mismas y a las que nos antecedieron dejando en papel sus escritos porque no encontraron un representante editorial que quisiera tocar las puertas en sus nombres. Comenzar a reseñarnos y citarnos, como formas de producir y reproducir conocimiento es un primer paso de experimentar formas de autogestión y mutualismo. Por eso creo que el ciberespacio es una buena plataforma para ejercitarnos en esas prácticas. Sería lo que dijo Woolf casi al final de su conferencia hoy titulada Una habitación Propia:

“Mi credo es que ese poeta (refiriéndose al personaje ficticio que ella llamó “la hermana de William Shakespeare”) que jamás escribió una línea y que yace en la encrucijada, vive todavía. Vive en ustedes y en mí y en otras muchas mujeres que no nos acompañan esta noche, porque están lavando los platos y acostando a los chicos. Pero vive, porque los grandes poetas no mueren: son presencias continuas; sólo precisan una oportunidad para andar entre nosotros de carne y hueso. Pienso que en breve, ustedes le podrán ofrecer esa oportunidad… Pero sostengo que vendrá si trabajamos por ella y que vale la pena trabajar hasta en la oscuridad y en la pobreza.”

Sigamos escribiendo, sigamos dándole importancia a la escritura como un acto de resistencia y de compromiso intelectual con las miles de mujeres que desde sus talentos, palabras y acciones, ya están cambiando el mundo, aunque grandes editoriales les hayan dicho que no. No por ello paramos de soñar. Escribo pero, publicar un libro?..

La obra que ilustra este texto es Woman Writing (oil on canvas), del pintor Bonnard, Pierre (1867-1947).