Etiqueta: Cotidianidades

Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Género y esquizofrenia

@elizatabaress

Ser psicóloga es una identidad que se va construyendo de a poco, con el tiempo, fácilmente una se da cuenta que es una carrera en donde nunca terminas de aprender, donde la complejidad humana siempre trae retos, para tener la pericia de acompañar procesos personales y/o grupales.

Voy a contar acá una de mis experiencias en este capítulo en mi vida que es la psicología, que pinta para ser extenso. Cuando estudié en el IPN[1], escogí el área de psicología clínica, en la que era un requisito, en ese entonces, hacer prácticas durante un año en una institución de salud mental. Yo elegí un psiquiátrico de la ciudad de México porque quería conocer de cerca los llamados “padecimientos mentales”. Mi visión sobre los mismos era muy romántica, simpatizaba con la antipsiquiatría y las ideas de Foucault sobre la locura, pero quería formarme un criterio con la experiencia por delante y no solo con teoría. Continue reading “Género y esquizofrenia”

Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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Las mujeres y las elecciones en el Estado de México

*Eliza Tabares

Ayer se llevaron a cabo elecciones en diferentes puntos de nuestro país, sin embargo el proceso que se llevó en el Estado de México fue de especial relevancia. Como muchxs, tuve la sensación de que el PRI no saldría airoso, estuve escuchando la transmisión de Aristegui Noticias sobre la elección y por la noche, me llegó la noticia de que se declaraba que el candidato del PRI estaba por encima al menos en esta primer parte del proceso.

La noticia entristece. No es que me crea el cuento de que algún partido tiene las respuestas a las problemáticas del Estado, recuerdo bien una de las más certeras frases de mi padre “La corrupción no tiene partido” al menos en México. Como para muchos, para mí el PRI representa todas las características del crimen y la descomposición social, corrupción, cinismo, impunidad, privilegios desmesurados para unos cuantos, superficialidad y nula sensibilidad a la vulnerabilidad de la mayoría.

Lo que es importante visibilizar acá, es la situación de las mujeres en el Estado de México y lo que implica la poca o nula importancia que las autoridades han puesto a las problemáticas y urgencias de las mujeres. El observatorio ciudadano contra la violencia de Género plantea que en el Estado de México mueren al menos tres mujeres al mes. En 2016 se registraron 39 casos de feminicidios en Ecatepec, 17 en Naucalpan, 16 en Toluca, 15 en Chimalhuacán, 13 en Chalco, 12 en Nezahualcóyotl, en Tultitlan 11, Ixtapaluca, Nicolás Romero y Tlalnepantla 9 y 7 en Cuautitlán Izcalli, más todo lo que la organización no haya registrado por diversas razones. Ecatepec se reconoce como el municipio más peligroso para las mujeres. Y aunque en todos estos municipios se tiene activada la alerta de género, no sirve de mucho.

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¿Qué sucede cuando un gobierno no constituye una autoridad moral? Las instituciones tienen permiso, para pasar reglas, para hacerse de la vista gorda, para delinquir, para pasar por encima de los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, por eso se activó la alerta de género, sólo cuando ya no les quedaba de otra, pero ya activada, no se han hecho esfuerzos serios para cambiar la situación. Porque para cambiar algo debería de importarles y si la colusión entre gobierno y crimen organizado, es lo que permite aumentar las cifras de sus cuentas en el banco, ¿Por qué habría de importarles a ellos? Si sus pactos de silencio y compadrazgos permiten que ellos se sigan pasando la bolita de privilegios, y dejando a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema ¿Por qué habrían ellos de hacer algo?

Y aunque puedo reconocer el desinterés de varones y gobiernos, no justifico, ni me parece válido dejar de exigir a las instituciones que funcionen y accionen hacia los objetivos para las que fueron creadas. Aunque entiendo la postura de colectivos feministas que han optado por obviar el hecho de que el Estado no actuará, por lo que solo nosotras podemos detener la violencia feminicida.

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Independientemente de los resultados definitivos de la elección, es momento de unirnos en la lucha feminista, de visibilizar a aquellos colectivos que ya han venido trabajando por un Estado de México digno para las mujeres, como la Red de denuncia de Feminicidios del Estado de México: colectivo que busca denunciar y visibilizar la violencia a las mujeres, los feminicidios y las desapariciones en el Estado de México por medio de arte político o la Asociación de mujeres Abrazando a México, Asociación Civil que surge de un proyecto vecinal y que actualmente brinda atención a mujeres víctimas de violencia.

Hay que apoyar a las organizaciones que están trabajando a favor de las mujeres en Estado de México y buscar alianzas y sinergias entre nosotras. Es momento de hacer propias las problemáticas de nuestras amigas, colegas, hermanas, que viven en el Estado de México, no podemos seguir comprándonos el cuento de que “Si pasa allá no me afecta”; debemos verlo como un problema sistémico que nos afecta a todas, que atenta contra la integridad de miles de niñas y mujeres. Es momento de No cerrar los ojos.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

Escribir, escribirme… escribirnos a nosotras

 

Escribir para contarme, para contar a otras, para no olvidarnos nunca más, para no olvidarme, para no perderme, para no perderlas.

Escribir recuperando la vida cotidiana, mis andares y los suyos, contándonos, construyéndonos a través de la palabra, reconociéndome en sus historias, visibilizando lo común, pero también las diferencias, de edad, contexto, clase social, raza. Buscando entender la complejidad de nuestras realidades, de los factores que nos cruzan, de los temas que nos preocupan, que nos hacen accionar.

Escribir honrando a las ancestras, recordando a aquellas que en la lucha murieron, todas aquellas que gritaron por mí, por nosotras, por nuestras libertades, por nuestro acceso al conocimiento, por nuestra voz y nuestras decisiones. Escribir conmemorando a aquellas que murieron involuntariamente a manos del patriarcado, por aquellas que llenan de fotografías las redes sociales, porque no están, porque se las llevaron, guardar en mi corazón sus lamentos y buscar convertirlos en fuerza, fuerza para gritar y seguir luchando.

Escribir sabiendo que el feminismo me llevó a salirme de un molde, “del tradicional”, me llevó a cuestionar lo aprendido, a alejarme de personas que hasta entonces me di cuenta, me violentaban, pero recordando también que dentro de la misma búsqueda me metí a otros moldes, “los moldes feministas”. Escribir recordándome que ninguno es liberador, que hay que buscar la propia voz, que hay que ver los puntos medios, encontrar los puentes, los matices. Entender que como mujeres podemos llegar a lo mismo de maneras diferentes, o que tal vez también sea necesario que lleguemos a diversos lugares, porque partimos de distintas realidades y podemos ser sororarias, críticas, revolucionarias, activistas… y podemos serlo de diferentes maneras.

Escribir dándome cuenta de las opresiones que comparto con mi género, pero también de mis privilegios, ahora mismo  noto que escribir es un privilegio, que accedí a la educación, que aprendí a leer, que no viví pobreza extrema, que tengo un techo donde dormir, que terminé una carrera universitaria. Privilegios que no tienen todas las mujeres.

Escribir con la razón como aliada, pero descolocándome de ella como el centro, sin caer en la trampa de creer que las emociones y el cuerpo no nos llevan a reflexiones, conocimiento, descubrimiento. Sin desvalorizar las emociones porque el mundo patriarcal las ha asociado con lo femenino… desvalorizándolas como todo lo asociado a lo femenino. Descolocarme integrando al cuerpo en la construcción del conocimiento, escribiendo para mí, para nosotras.

Escribir con una mirada crítica, con cuidado en los temas que elijo, buscando que mi preocupación por los mismos, no sean ya producto de la visión patriarcal que se manifiesta en mi subjetividad. Buscando maneras de encontrar mi propia voz y la de ustedes, mujeres. De-construyéndome. Creo en un feminismo que no nos separa en “más y menos aptas” para cualquier tema, para usar la voz. Sin embargo; también creo en lo necesario de usar los privilegios que en mi contexto se han presentado y usarlos a favor de las mujeres, para la creación y la construcción, usar entonces la educación, la psicología, el arte, las experiencias, el conocimiento que pasa por el cuerpo y hasta el uso de citas en formato APA.

Escribir con el alivio de “me prefiero libre y feliz a perfecta”, así que desde hoy me declaro “no experta feminista”, me declaro aprendiz, en constante transformación. Para mí el idealismo se parece a la congruencia, ambos están ahí para mí como algo inalcanzable, pero su búsqueda me llevará la vida, su búsqueda me hará accionar siempre. Escribir practicando la congruencia sin caer en rigidez, porque las realidades se transforman y nosotras con ellas… o mejor dicho, porque nosotras nos transformamos y así movemos al mundo. Escribir sabiendo  que mis posicionamientos, mis críticas y reflexiones, son una mirada dentro del complejo entramado social, escribir entendiendo la importancia de los pequeños cambios y de las pequeñas acciones.

Escribir recordándome que en días difíciles me salvó un cuadernito blanco, días que hoy veo muy lejanos, pero que son parte de las cicatrices que hoy me construyen mujer, que tienen un lugar en mi vida y que me permiten mirar otras aristas y rodearme de hermosas personas, mujeres y hombres. Escribir dándome cuenta que dentro de las opresiones vividas mi contexto me permitió hoy estarles escribiendo. Tener claro la responsabilidad que ello implica con aquellas que viven en situaciones y realidades en donde la opresión es tal, que la salida de la misma se vuelve un camino tortuoso, que a veces puede parecer imposible, pero que no lo es.

Escribir sabiendo que no seré “objetiva”, ni neutral, que me asumo feminista porque el movimiento y los saberes que de él emanan me tocan, que me llevaron a cuestionármelo todo, a tomar decisiones, a pelearme, a llorar, a desesperanzarme; pero también que me llevaron a comprometerme, a hacerlo parte de mi vida cotidiana, de mis reflexiones, decisiones, acciones y proyectos de vida.

Escribir agradecida, escribir buscando equilibrio entre rebeldía y propuesta, escribir como estandarte, como acción política y como dice Audre Lorde, “Transformando el silencio en lenguaje y acción”.

* Columna publicada originalmente en la revista Mundo Procaz: http://www.mundopro.com.mx/columnas/5-escribir-escribirme-escribirnos-a-nosotras


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram