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Editorial (noviembre)

Comenzamos esta Editorial con una afirmación dirigida al patriarcado: somos las hijas de las brujas que no pudiste quemar. Dentro de la mentalidad occidental cristiana dual, el concepto de bruja está asociado con la idea del mal; si había sequía, todo era culpa de las mujeres que no obedecían, si un padre no tenía suficientes bienes para mantener a su familia, eran las mujeres de su casa quienes se daban-dan como moneda de cambio; mujeres ancianas, viudas, huérfanas y “rebeldes” eran llamadas brujas y despojadas del derecho a vivir. Cuando las sociedades occidentales comenzaron a secularizar sus prácticas y pensamiento, retomaron la idea de que las prostitutas, feministas, lesbianas, disidentes religiosas, disidentes políticas, o mujeres que no desean casarse o tener hijxs, son “mujeres malas” o brujas. Así es que, a lo largo de casi dos siglos, se normalizó en el lenguaje sexista, clasista, heteronormado y moralista, que las mujeres que transgredimos el orden de las leyes naturales, somos dignas de ser linchadas física y moralmente. Lo cierto es que los dispositivos de control desarrollados hacia nosotras, intentan controlar nuestros modos de vida, nuestros cuerpos, nuestra fertilidad, nuestra vida y hasta nuestra muerte.

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Entonces, el Feminismo vendrá, como la lluvia, a limpiarlo todo.

Hace dos días vi en Netflix Sufat Chol (Tormenta de Arena o Sand Storm en inglés); una película israelí del 2016, dirigida por Elite Zexer y ganadora de múltiples premios cinematográficos. La trama consiste en una familia musulmana que habita una comunidad rural, en medio del desierto, la cual se enfrentará a una ruptura cuando el padre se casa con una segunda mujer después de más de una década de mantener una relación monógama. Se plantean las problemáticas de la relación del padre con sus hijas y esposa, así como la relación de ésta con su hija mayor, Layla, y con la segunda esposa.

Varias son las cosas que me gustaron de este filme, desde la música, la fotografía, el idioma, los vestuarios, etcétera. Pero lo que más llamó mi atención fue Layla, la hija de Suliman, el padre, quien se desenvuelve como una mujer joven, universitaria, que desafía los candados que su cultura patriarcal le impone.

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Machos en precario, tambalear el privilegio patriarcal

*Eliza Tabares

En la tarde salí a comprar un libro al Gandhi de Av. Juárez en la Cuidad de México y me sorprendió el grito azorado de un hombre como de 45 años

-¡Feliz día mujeres! ¡Feliz día mujeres!

Su grito iba acompañado de un cartel naranja con letras negras que decía DIOS AMA A LAS MUJERES, PERO NO AL FEMINISMO. Ahí estaba un hombre conjugando una supuesta felicitación con un mensaje muy claro, para él y para mí lo fue en ese momento también. Ese varón está convencido de que las mujeres tenemos lugares, espacios y discursos que son aptos para nosotras, si no osamos sobrepasarlos Dios nos amara, pero si acaso lo hiciéramos nos quitaría su amor, porque Dios no nos ama en el feminismo.

Mi tema aquí no tiene que ver con Dios, si no con aquellos varones que se encuentran disgustados o furiosos con las mujeres en el feminismo. Estos varones tienen de hecho, muchos discursos que validan su actuar, tienen para escoger en la institución de su preferencia, familia, estado, iglesia, en todas ellas encuentran un conjunto de ideas que les permiten validar sus pensamientos de supremacía, o la negación de la subordinación.

Este varón con su cartel naranja está muy seguro de que su religión avala que las mujeres que participan del feminismo no sean amadas, así como otros varones están muy seguros de comunicarnos cuales son, según ellos, las luchas feministas que sí importan. Las acciones de los varones disgustados con el feminismo son diversas. Abundan en estos tiempos cibernéticos los trolls dedicados a molestar mujeres y encabezar guerras cibernéticas acosando, enredando y dando falsa información, varones que en el grupo de amigos descalifican a la amiga “feminazi” o a cualquier mujer que quiera evidenciar su derecho a la igualdad o a una vida libre de violencia.

¿Qué motiva las acciones de estos varones?

El feminismo tambalea la importancia desmedida que se ha conferido por siglos a lo masculino.

“Ser varón en la sociedad patriarcal, es ser importante. Este atributo se presenta con un doble sentido: por una parte, muy evidente, ser varón es ser importante porque las mujeres no lo son; en otro aspecto, ser varón es ser importante porque comunica con lo importante, ya que todo lo importante es definido como masculino. Es este aspecto su discurso megalómano, el discurso patriarcal sobre el varón “se olvida” que la importancia de ser varón sólo se debe a que las mujeres son definidas como no importantes” (Marques V.J. 1992).

La importancia que en la sociedad se le da a los varones no es nada nuevo y puede ser comprobado desde los actos más minúsculos como el “Caliéntale la tortilla a tu hermano” o “sírvele de comer a tu papá”, hasta la comprobación irrefutable de que en todo el mundo los hombres son los que están en su mayoría en los puestos de poder en comparación con las mujeres. Entonces cuando las mujeres tomamos los lugares en donde habitamos y los tomamos para convertirlos en espacios feministas, reclamando nuestro lugar en la sociedad, el mundo de estos varones se tambalea… o algunos no le toman mayor importancia.

Josep Vincent Marques (1992) hace una diferenciación, que a mí me ayuda a entender la respuesta de estos varones.  Nos habla de dos tipos, el varón en propiedad y el varón en precario, el varón en propiedad no duda de su importancia, su condición biológica de ser hombre le es suficiente para considerar que su valía es mayor a la de las mujeres, por lo mismo las acciones de ellas no le preocupan, sin importar lo que hagan ellos no perderán su valía, no considera que tiene la obligación de demostrar nada a nadie, tiene un título de propiedad “es varón y por ese hecho la sociedad le ha reservado un lugar en primera fila”. Por otro lado el varón en precario considera que debe ganarse esa importancia y por ello está todo el tiempo demostrando lo macho que es, su angustia crece cuando no logra demostrarse a él y a otros su importancia. El varón en precario percibe como una verdadera amenaza a estas mujeres que osan ocupar sus espacios. El autor que propone esta categorización dice que si el varón en propiedad puede ser al menos un opresor tranquilo, el varón en precario es un sujeto traumáticamente conflictivo y potencialmente violento.

Y por ello los machos en precario, organizan guerras cibernéticas, salen a la calle con letreros según ellos avalados por su religión, retoman argumentos de la filosofía y de la biología para descalificar el feminismo, por eso tienen esa imperiosa necesidad de recordarnos que “no nos hagamos las importantes”, por miedo y angustia a perder su valía en la sociedad, pilar con el que se les construyó como hombres.

Tanto si se esconden detrás de su computadora, si hacen videos o salen con un letrero. No olvidemos que a estos varones no los mueven sus argumentos, si no el miedo de que se caiga su frágil masculinidad. Dice un axioma de la comunicación de Waslavick en palabras sencillas que toda comunicación tiene al menos dos niveles, el contenido y un nivel relacional, en lo relacional por supuesto están inmersas las emociones. Pienso que no debemos equivocarnos, podemos decidir ignorarles (lo que también es una forma de comunicar), o podemos entrar en una discusión con estos varones, pero si lo hacemos no olvidemos que no estamos solo compartiendo argumentos, no es un asunto solo de contenido, estamos hablando, conversando o discutiendo con su miedo a perder su primera fila. Sabiendo eso, pensemos en respuestas que sean favorables para nosotras.

Bibliografía:

Marques V.J. (1992). “Varón y patriarcado” en Valdés y Olavarritia (comp.) Masculinidad/es. Chile: Isis Internacional.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram