Virginie: la perfecta “víctima imperfecta”

 

Me encontré con Teoría King Kong de Virginie Despentes en una feria del libro a la que fui con poca esperanza de encontrar lecturas feministas, pues en mi ciudad es escasa la literatura sobre estos temas. Lo primero que llamó mi atención fue la imagen de la portada. Parecía una especie de parodia a Rosie The Riveter, en donde con la misma pose de guerrera macanuda se presenta en lugar de la “perfecta” y bella Rosie que nos han vendido como ícono feminista, a un simio un poco andrógino con ojos rojos, un tatuaje en forma de corazón y un arete. Una imagen lo suficientemente rebelde como para sugerirme una lectura interesante. La contraportada decía que encontraría en este ensayo temas como la prostitución, la violación y la pornografía abordados sin tapujos desde las experiencias personales de una postfeminista. Contacté a una gran amiga feminista y amante de los libros para pedirle referencias, y ella terminó de convencerme de comprar lo que ahora considero un tesoro.

Debo confesar que esperaba encontrar en este ensayo a la “víctima perfecta”, esa que genera compasión y describe con horror y tristeza las desgracias que ha tenido que sufrir por culpa del patriarcado. Esperaba que Virginie narrara cómo el haber sido violada y trabajadora sexual le había dado una perspectiva “moralmente responsable” sobre el sexo y la pornografía. Sin embargo, las historias de Virginie están lejos de ser contadas desde una posición de víctima. Las leí libres de prejuicios y cargadas de rebeldía, incomodidad y dignidad. La percibo como una mujer hermosamente cruda y anti-romántica, honesta,  realista y placenteramente cruel, quien a partir de sus vivencias logra de manera muy práctica, para algunas personas tal vez en exceso, comprender las dinámicas de poder del sexo para usarlas a su favor, burlándose de la moralidad del patriarcado.

En las primeras páginas Virginie se autodenomina “proletaria de la feminidad” y proclama que escribe “desde la fealdad y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables”, y “para los hombres que no tienen ganas de proteger”,“los que lloran con facilidad”, “los que no la tienen grande” y “los que tienen miedo por la noche cuando están solos”. Un abrebocas bastante prometedor.

En los siguientes nueve capítulos, mientras se burla y cuestiona los estereotipos de género, la moralidad acomodada y los privilegios, Virginie expone con irreverencia, rabia empoderadora y sin pudor, su visión sobre distintas temáticas alrededor del sexo y la industria del sexo, el poder, el poder del sexo, y las mujeres. 

Sobre el poder, crítica el miedo de los hombres a perderlo y el de las mujeres a obtenerlo y no saber qué hacer con él. Cuando habla sobre las violaciones, narra la suya con algo de detalles, mucha naturalidad y coraje, planteando irreverentes formas de resiliencia que a pesar de sonar un tanto violentas encontré bastante pertinentes para retomar control sobre nuestro cuerpo, nuestro territorio.

Desde ese control, expone la prostitución como una decisión libre que puede llevar a la exploración del placer, a comprender al hombre y los mitos sobre su deseo sexual, incluso a sentir pena por él, lo que me pareció un tanto cruel y divertido a la vez. De maneras crudas y prácticas invita a reconocer la audacia y dignidad de quienes son trabajadoras sexuales por elección y no por manipulación consciente o inconsciente, como la mayoría asumen, sin dejar de reconocer que las víctimas si existen. 

Al hablar de la pornografía, Virginie se refiere con sarcasmo a la hipocresía y moralidad acomodada de quienes rechazan y critican la industria pero en secreto la consumen y lo que es peor, no reconocen dignidad y agencia en quienes pertenecen a ella. Lo malo, para Virginie, no es que exista el porno y nos guste, pues no hay nada de vergonzoso en buscar placer sexual en distintas fuentes. Lo que sí debemos rechazar es la falta de regulación y derechos, y el exceso de pudores idiotas. 

Lo más audaz y revolucionario de este tesoro, a mi parecer, es el capítulo que da lugar a su nombre: “King Kong Girl”. Basándose en los famosos personajes hollywoodenses King Kong y Jane, Virginie logra crear una metáfora donde expone las imposiciones del patriarcado dentro del modelo de amor y las relaciones “normales”, y de manera inadvertida nos hace cuestionar dentro de estos modelos los binarismos alrededor del género. Also así como unos pinceladas de teoría queer con King Kong como protagonista, ¿innovador no? Es una invitación a reinventarnos como individuos sin etiquetas, lo suficientemente valientes como para sacar provecho de nuestras más banales necesidades y vivir a plenitud, apartandonos de Dioses masculinos. 

Debo admitir que me había autodenominado una feminista “pro-sexo” sin ser una experta en el tema, pero la experiencia y la visión de Virginie ampliaron mi visión y me permitieron comprender mucho más lo que de alguna manera ya percibía pero no lograba estructurar. Recomiendo este libro a todas las personas; a las que tengan posturas claras sobre temas “rojos” y “arcoiris”,  y a las que no. Me atrevería a decir que podrían encontrar realidades que no habían contemplado sobre trabajadoras sexuales, actrices porno, mujeres “feas”, hombres “débiles”, los deseos sexuales y las formas de amor; narrada de manera deliciosamente vulgar.

 

** La imagen que acompaña este texto, es de la portada del libro aquí reseñado.

 

 

Lorena Gallego R.

Lorena Gallego R.
Cali, Colombia. Es Feminista – Abogada – Máster en Derechos Humanos.

 

 

 

 

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