El día de hoy, 18 de marzo, Dolores Huerta, un ícono de los derechos civiles y co-fundadora de la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas (NFWA por sus siglas en inglés), nos sorprendió con una declaración que nadie esperaba al compartir su experiencia como sobreviviente de violencia sexual en los años más importantes de su activismo.
Con su testimonio, César Chavéz, uno de sus compañeros de lucha e ícono mundial dentro de los movimiento sociales por los derechos de los agricultores, ha caído y su nombre ya figura en la lista de depredatores sexuales que abusaron de su poder.
Este texto es la declaración que Dolores Huerta ha hecho el día de hoy, y que la hemos traducido al español para que su caso pueda encontrar eco (la versión en inglés la encuentras aquí) Sí su historia resuena en alguna de nosotras, que no nos quedemos en silencio. Lamentablemente César Chavéz ya no vive, pero su legado de impunidad todavía tiene consecuencias. Afortunadamente Dolores está entre nosotras y su testimonio nos muestra que nunca es tarde para denunciar y para romper el silencio.
“Tengo casi 96 años y durante los últimos 60 años he guardado un secreto porque creía que revelar la verdad perjudicaría al movimiento de trabajadores agrícolas por el que he luchado toda mi vida.
Siempre he animado a la gente a alzar la voz. Tras la investigación de varios años del New York Times sobre la conducta sexual inapropiada de César Chávez, ya no puedo permanecer en silencio y debo compartir mis propias experiencias.
Siendo una joven madre en la década de 1960, tuve dos encuentros sexuales con César. La primera vez fui manipulada y presionada para tener relaciones sexuales con él, y sentí que no podía negarme porque era alguien a quien admiraba, mi jefe y el líder del movimiento al que ya había dedicado años de mi vida. La segunda vez fui forzada, contra mi voluntad, en un ambiente donde me sentía atrapada.
Ya había sufrido abusos y violencia sexual antes, y me convencí de que estos eran incidentes que tenía que soportar sola y en secreto. Mis encuentros con César resultaron en embarazos. Decidí mantenerlos en secreto y, tras el nacimiento de mis hijos, me encargué de que fueran criados por otras familias que pudieran brindarles una vida estable.
Con el paso de los años, he tenido la fortuna de desarrollar un vínculo profundo con estos niños, quienes ahora son muy cercanos a mis otros hijos, sus hermanos. Pero incluso entonces, nadie supo la verdad completa sobre cómo fueron concebidos hasta hace apenas unas semanas.
Guardé este secreto durante tanto tiempo porque construir el movimiento y asegurar los derechos de los trabajadores agrícolas era la obra de mi vida. La formación de un sindicato era el único medio para lograr y asegurar esos derechos, y no iba a permitir que César ni nadie más se interpusiera en mi camino. Canalicé todas mis energías en la defensa de millones de trabajadores agrícolas y otras personas que sufrían y merecían igualdad de derechos.
Nunca me he considerado una víctima, pero ahora entiendo que soy una sobreviviente: de violencia, de abuso sexual, de hombres dominantes que me veían, a mí y a otras mujeres, como propiedad o como objetos para controlar.
Cuento mi historia porque el New York Times la ha publicado. Indiqué que no era la única; había otras. Mujeres están denunciando haber sido víctimas de abuso y agresión sexual por parte de César cuando eran niñas y adolescentes.
Me repugna saber que lastimó a niñas. Me duele el corazón por todas las que sufrieron en silencio y en soledad durante años. No hay palabras suficientes para condenar sus deplorables actos. Las acciones de César no reflejan los valores de nuestra comunidad ni de nuestro movimiento.
El movimiento de trabajadores agrícolas siempre ha sido más grande y mucho más importante que cualquier individuo. Las acciones de César no disminuyen las mejoras permanentes logradas para los trabajadores agrícolas con la ayuda de miles de personas. Debemos seguir participando y apoyando a nuestra comunidad, que necesita defensa y activismo ahora más que nunca.
Mantendré mi compromiso con los trabajadores, así como con los derechos de las mujeres, para asegurar que tengamos voz y que nuestras comunidades sean tratadas con dignidad y reciban la equidad que se les ha negado durante tanto tiempo.
He guardado este secreto durante demasiado tiempo. Mi silencio termina aquí.”









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