Archivo de la etiqueta: estereotipos

Labor doméstica, capitalismo y nuevas demandas

Por Maria Gourley*

Hombres y mujeres no somos explotados de igual forma por el capitalismo; dos fundamentos básicos avalan lo antepuesto: la condición de la mujer en el mundo laboral remunerado, donde perciben en promedio un 37.4% menos que los hombres en el sector público y hasta un 50% menos en el sector privado (Estudio Manpower, 2005), y la situación de la mujer dedicada a las labores domésticas y al cuidado de la familia

Yo misma fui criada por una “dueña de casa”; yo y la mayoría de mis compañeras de clase y mujeres provenientes del círculo social donde me tocó crecer. Los roles que aprendimos no eran cuestionados ni debatidos: así eran las cosas. Los hombres trabajaban en el ámbito público y las mujeres cuidaban a sus hijos(as) y realizaban las labores domésticas. Socialmente, inclusive, se percibía con compasión a aquellas madres (y me atrevo a expresarlo sin miedo de faltar a la verdad) que “trabajaban”, porque la inserción de las mujeres en el mercado laboral remunerado se relacionaba con la carencia (lo cual es probable que fuera mayoritariamente cierto). Fui de aquellas a quienes les tocó levantar los platos y lavarlos en domingo familiar, mientras mis hermanos se quedaban sentados disfrutando de la sobremesa. Seguir leyendo Labor doméstica, capitalismo y nuevas demandas

Love, Love, Love: “Osito, estoy hot”

Por Palmira Telésforo Cruz *

En la peligrosa y controversial era del sexting, un grupo de adolescentes incitaba a una chica indecisa a mandar un sms con una leyenda aprendida en una revista de “modas” en la peluquería. Osito, ven. Estoy hot.

Usamos estas revistas en talleres de feminismo, como un método fácil y múltiplemente evidente, de señalar las exigencias que el mundo de consumo establece como patrón de identidad de las mujeres: también sucede que ni las conocemos o rechazamos por inservibles y agresivas, pero resultan relevantes como lugar de acceso a la información, de algunas de nuestras mujeres más jóvenes, sobre todo, quienes se encuentran en circunstancias de vulnerabilidad por sus condiciones de carencia económica y/o abandono familiar.

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Hombre, mujer o nada*

Por Maria Gourley**

Diversidad Sexual.

La intersexualidad propone en sí misma un debate que sobrepasa la demanda de derechos por parte de una porción de la sociedad o para un grupo específico y nos exige una nueva forma de reflexión que supere las subjetividades y se centre en preceptos legales, constitutivos y organizacionales a partir de lo estructural, para una construcción de género autónoma e independiente de la genitalidad

 

El tema de la pluralidad sexual es extenso y su reconocimiento en la era moderna se generó desde una perspectiva antropológica y feminista, y para la igualdad de derechos de la población homosexual. La sociedad postmoderna aunó a la demanda derechos para los sectores bisexual y transgénero, principalmente. Esto ha simbolizado una afrenta a la sociedad disciplinaria sin duda, ya que su estructuración se ha cimentando en dos identidades sexuales y de género que nos categorizan en un sistema compuesto por dos elementos complementarios: femenino y masculino.

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Amor propio

Por Zitlalli Carrington*

Ayer estaba viendo la televisión con mi marido, y en la historia el esposo tenía que sacrificar su vida laboral porque el trabajo de su esposa era mucho más importante. Mi marido, con un pesar, me dijo: –¿Te imaginas qué difícil hacer ese sacrificio para él? ¡Y más por la época!-. La serie está basada en los 40’s, posguerra…. Y mi cabeza solo recordó que así es, y ha sido, para la mayoría de las mujeres en toda la historia de la humanidad. Y sí, ¡¡¡¡qué difícil!!!!

Así que cuando la gente me dice que por qué tanto rollo con el tema de ser feminista, me encanta contarles que mi abuela, una mujer de un carácter súper fuerte y muy inteligente, se tuvo que escapar de casa de su padre, un médico militar, para ir a estudiar Ingeniería Química a la Ciudad de México. Fue una de las primeras mujeres en todo México en terminar una Ingeniería. Qué orgullo, ¿no? Pero ¿qué crees? Se enamoró y durante los siguientes 11 años de su vida procreó 7 hijos… y los vistió, y los alimentó… y así hasta que llegamos los nietos… y así hasta que murió. ¿Y los sueños? ¿Y la Ingeniería?

Ésta es solo una de las miles de mujeres que, aunque teniendo otros sueños y anhelos, “sacrificaron” su carrera por la de sus esposos, por la de sus sociedades, por sus hijos, por el qué dirán; porque “ese no es trabajo de mujeres”. Porque, como mi mamá, hay muchas que aunque querían estudiar no les fue permitido pues es “mientras te casas”, como las 62 millones de niñas alrededor del mundo que no tienen acceso a la educación o se les es privado por su género.

Y me encanta que también recibo muchos comentarios en cuanto a la ‘suerte’ que tengo de tener un marido que está tan involucrado en la educación de nuestras hijas, y que hace labores en el hogar; probablemente más que yo. Que es equitativo e intenta impulsarme a buscar mi desarrollo profesional, mis sueños, mi vida social. Y siempre pienso y nunca lo digo; no es solo suerte, es asertividad.

Antes de conocerlo estaba segura de que nunca tendría una pareja para toda la vida porque no estaba hecha con el “material de esposa” para muchos de mis machos mexicanos. Y pensándolo seriamente, lo que más me encantó de mi esposo es que desde el principio me trató como su igual. Fui escuchada y admirada por mis esfuerzos, por mi historia de vida y sobre todo por mi valentía de ser quien soy.

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Enamórate de ti misma. (Artista desconocidx)

Ese es el respeto que nos debemos a nosotras mismas. Lo mismo a la hora de encontrar una pareja. Una que nos respete tanto como nos respetamos a nosotras mismas. Porque el título feminista no es válido si no podemos encontrar en nosotras mismas el valor de ser honestas y respetar nuestros derechos. El de ser amada por alguien que nos vea como iguales.

Sé que este proceso puede ser doloroso y que tenemos mucha historia que sanar; no solo personal, sino también histórica, pero está en nosotras el tratar de luchar por nuestra felicidad para que la siguiente generación sea educada por mujeres más empoderadas, más seguras de sí mismas. Con voz y fuerza pero sobre todo llenas de amor propio.


*Zitlalli Carrington es originaria del Distrito Federal, actualmente radicando en Londres. Psicóloga, viajera y feminista. Orgullosa mamá de dos niñas por las que espera hacer una diferencia en cuanto a la inequidad de sexos.
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Aviso: El texto anterior es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

¿Por qué celebramos el día de las madres?

Por Soledad Vásquez Loranca*

De pronto, en medio de regalos, flores, restaurantes llenos, festivales infantiles, se queda una impresión de que esta celebración es ajena a nuestra historia, me refiero a nuestra historia como país.

Esta festividad, entre empalagosa y reparadora, no ha hecho más que seguir enalteciendo la figura maternal, de aquella que ha te ha dedicado la vida y quien merece, al menos, un día de la tuya.

Pues bien, con el propósito de responder a la pregunta inicial, aquí un poco la historia y el origen de esta celebración.

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Construyendo maternidades libres, voluntarias y autónomas.

Por AnaMaría Manzanares Méndez*

Como cada año en el mes de mayo observamos una avalancha de mensajes de felicitación a propósito de la celebración del mes de la madre; más allá del origen de esta fecha y de su carácter mayoritariamente consumista, es necesaria la reflexión acerca de la manera cómo se ha construido tradicionalmente la maternidad y cómo esto se ve reflejado en los mensajes de felicitación que circulan y por ende, en la valoración que expresan de su ejercicio y que ponen como medida de calificación el sacrificio.

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¡Vieja el último!

Eliza Tabares

Hace unos días cofacilité un taller para niñas y niños con mi colega Magdalena González, en el taller tratamos la expresión de emociones centrándonos en las comúnmente llamadas “negativas” tristeza, enojo, miedo. Y aunque nuestro taller no estaba directamente relacionado con el género, surgió de él una reflexión que me llevó hacia allá y les comparto. En una de las actividades de reconocimiento de emociones usamos pintura, así que al finalizar el taller acompañé a niñas y niños a que se lavaran las manos.

Cuando llegué al sanitario que estaba a varios salones de donde se realizó la actividad, me sorprendió ver a los niñxs afuera esperándome.

  • ¡El baño de niños está cerrado! – me dijeron. Mientras todos se quedaban estupefactos sin entrar
  • Bueno – dije yo – solo vamos a lavarnos las manos, podemos entrar todos al baño de niñas

Todxs entraron, pero dos niños dudaron antes de entrar, cuando decidieron hacerlo comenzaron a lavarse las manos y a bromear

  • ¡Imagínate que fuéramos niñas! – reían

Me acuso lenta para estas reflexiones, creo que debí preguntarles qué tenía de gracioso y tomarlo como un acto educativo, pero no lo pensé hasta después. Sin embargo, el pequeño evento me hizo preguntarme, si acaso hubiera sido al contrario, si el baño de niñas estuviera cerrado y hubiéramos entrado todxs al de los niños, si el cambio hubiera dado para la misma broma.

¿Desde qué edades aprendemos que ser niñas es algo risible? ¿Cuántas de nosotras no corrimos velozmente en nuestras infancias al grito de Vieja el último? ¿Cuántos juegos y canciones cantamos que ya nos enseñaban sobre estereotipos de género y nos llevaban a interiorizarlos? ¿Cuántas veces dijimos o escuchamos “no llores como niña”?

Todos estos “juegos inocentes” nos hacen interiorizar estereotipos y a medida que se vinculan con actividades cotidianas, se convierten en verdades que influyen las creencias, el comportamiento, las actitudes, etc. (Gúzman y Bolio, 2010) por lo que de inocentes no tienen nada en absoluto. Cuando corremos al grito de ¡Vieja el último! Interiorizamos a lo femenino como infravalorado.

Interiorizar la subordinación de lo femenino en la infancia, se convierte y no por arte de magia en la adultez en otros escenarios más peligrosos que un juego. ¿Qué tanto nos estamos ocupando de la infancia en el camino hacia la equidad? En psicología hay una frase que dice “Es más fácil criar niñxs fuertes, que curar adultos rotos” si la misma lógica la aplicamos a la lucha feminista, habría que evaluar críticamente si existen esfuerzos reales para incidir en la equidad de género desde la educación básica, la UNESCO (2001) sobre todo reporta avances en tanto igualdad en la matricula en niños y niñas, pero reconoce que en América Latina, en las aulas los niños son más estimulados y tienen mayores oportunidades que las niñas.

Pero los reportes que comúnmente se enfocan en datos cuantitativos no dan cuenta de la realidad de lo que sucede en los salones de clase, de lo que niñas y niños interiorizan cuando la maestra dice a ellas:

  • No hagas tal cosa, porque te vez fea

O cuando les dice a ellos

  • No llores porque eso es de niñas

En primera instancia, entendamos que esos pequeños actos importan, que no se trata solo de llenar las escuelas con discursos políticamente correctos sobre perspectiva de género, si no que cada minuto que niñas y niños pasan en las escuelas están aprendiendo sobre cómo deben ser hombres y mujeres, minutos que pueden ser la base de su aprendizaje sobre la desigualdad o todo lo contrario.

Bibliografía:

Gúzman, G., Bolio, M. (2010). Construyendo la herramienta perspectiva de género: cómo portar lentes nuevos. Ciudad de México. Universidad Iberoamericana

UNESCO. (2001). Igualdad de género en la educación básica de América Latina y el Caribe. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001310/131040s.pdf