¿Por qué celebramos el día de las madres?

Por Soledad Vásquez Loranca*

De pronto, en medio de regalos, flores, restaurantes llenos, festivales infantiles, se queda una impresión de que esta celebración es ajena a nuestra historia, me refiero a nuestra historia como país.

Esta festividad, entre empalagosa y reparadora, no ha hecho más que seguir enalteciendo la figura maternal, de aquella que ha te ha dedicado la vida y quien merece, al menos, un día de la tuya.

Pues bien, con el propósito de responder a la pregunta inicial, aquí un poco la historia y el origen de esta celebración.

México de los años 20, a pocos años de la publicación de nuestra Constitución del 17, habían pasado dos Congresos Feministas en los que se discutieron problemáticas “propias” de las mujeres, se construyó un espacio público de discusión, de debatir temas que hasta entonces habían sido considerado privados; ¿en dónde?, en la península de Yucatán.

Ahí, en Yucatán, sucedió algo que preocupó a algunas personalidades, como a Rafael Alducin, director de Excélsior.

En 1922 Rafael Alducin, publicó lo siguiente:

“… Excélsior lanza la idea de que se consagre el 10 de mayo de una manera especial para rendir un homenaje de afecto y respeto a la madre, y pide la cooperación de sus colegas y del público para realizar ese evento apropiadamente. Hoy, (…) se ha venido emprendiendo una campaña suicida y criminal en contra de la maternidad (…) denigrando la más alta función de la mujer, que no solo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma su carne (…) no hemos llegado de ninguna manera a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que, lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio vida.”[1]

  1. ¿Cuál era esa campaña “suicida y criminal en contra de la maternidad”, que lo había llevado a tal pronunciamiento?

La respuesta es, un folleto.

Sí, un folleto que había hecho circular por Yucatán una enfermera que había llegado de Nueva York, Margaret Sanger quien, como enfermera, se había dado cuenta de la relación entre la fertilidad no controlada y los altos índices de mortalidad materno infantil, así como la relación del número de hijos y la perpetuación de la condición de pobreza de muchas de ellas.

2.  ¿Qué decía ese folleto que, según el director de un periódico de circulación nacional, y como porta voz también de grupos clericales, denigraba la más alta función de la mujer?

El folleto, intitulado Regulación de la Natalidad o La Brújula del Hogar, hablaba de cómo evitar el embarazo aprendiendo del ciclo menstrual.

Desde luego esto despertó el descontento entre grupos religiosos, especialmente entre la Iglesia Católica, ahí la propuesta de Alducin encontró un importante eco de su propuesta, se hacía urgente honrar a la mujer que nos dio vida, que ahora corría peligro, esta vida que la enfermera feminista pretendía terminar, pretendía que las mujeres conocieran su cuerpo, sus ciclos menstruales y a partir de este conocimiento decidir sobre su reproducción, ¿cómo iba a ser eso posible? ¿Que las mujeres decidan?, ¿sobre su cuerpo?, ¿sobre su reproducción?, de ninguna manera.

Antes que este escenario se hiciera posible, mejor proponer una fecha para celebrar a nuestras madres, para seguir enalteciendo a esa figura como papel máximo y más importante a desempeñar por las mujeres.

Para el 2 de mayo, se lee en primera plana de Excélsior:

“No nos habríamos sentido suficientemente satisfechos del éxito de nuestra iniciativa, si al lado de todas las instituciones sociales del país que han secundado nuestra idea, no apareciera en primer lugar, la Iglesia católica.”[2]

3. ¿Qué pasó después?

Se aceptó la propuesta, incluso por el entonces secretario de Educación, José Vasconcelos; se estableció el 10 de mayo para festejar a las madres, para recordarnos una de nuestras “funciones principales”, para recordar que ser madre, lo hayas elegido o no, siempre es motivo de festejo; una fecha que nos recuerde, muchas veces, a través de regalos sexistas, cuál es nuestra “naturaleza”, el lugar que nos han hecho ocupar durante décadas.

A Excélsior no le quedó más que agradecer el apoyo a su petición, así lo hizo precisamente el primer 10 de mayo ya instituido:

“Por fin llegó el día designado por Excélsior para que todos los habitantes de México, puedan llenar de respeto, cariño y gratitud a las dignas damas que les dieron el ser, nuestra iniciativa encontró eco en toda la República, como es noble, como es bella, como es moral, lo mismo el señor Secretario de Educación Pública, que el ilustrísimo señor Arzobispo de México (…), nada más bello que glorificar a la mujer que nos llevó en su seño, que nos amamantó, que nos educó, que cuidó nuestro primeros pasos (…), nunca como el día de hoy habremos de ver en las calles de la ciudad de México y en todas las poblaciones de la República, una demostración palpable de que en este país, no han muerto los sentimientos de amor filial.”[3]

Afortunadamente hoy, gracias a la lucha de muchas mujeres se ha logrado modificar y ampliar la concepción de maternidad, la de mujeres; empezar a concebirla como posibilidad y no como destino, como elección y no como imposición, de ningún tipo.

Final triste para uno de los episodios más interesantes del México posrevolucionario, pasaje que ha tenido realmente poca difusión, ¿a quién le interesaría saber el origen del festejo más dulce del año, a una de las figuras sociales más entrañables?

Poco a poco La Brújula del Hogar fue quedando en el olvido, se perdió una oportunidad, una que abría camino hacia el control de la natalidad, desde el conocimiento y la elección de las mujeres, posibilidades que tuvieron que esperar alrededor de 50 años, hasta los 70 cuando la revolución sexual se convirtió en una realidad, en tema central de los feminismos.

Que el principio de la maternidad sea la elección, entonces sí, felicidades a todas ellas.


*Soledad Vázquez Loranca, 26 años, es politóloga, egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Mujer, madre de una pequeña de 5. Actualmente elabora su tesis de licenciatura sobre la “Despenalización del aborto en la Ciudad de México”

Pueden encontrarla en Facebook como Sol Loranca

Bibliografía

Acevedo, M. (2002). 10 de mayo . En G. Gutiérrez Castañeda, Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina (págs. 27-51). D. F. : UNAM; Coordinación de Humanidades, PUEG.

NOTAS

[1] Cita modificada, tomada en: Acevedo, Marta. 10 de mayo, en Feminismo en México. Revisión histórico-crítica del siglo que termina. Gutiérrez Castañeda, Griselda, coordinadora. PUEG-UNAM, abril, 2002, p. 40.

[2] Ibid. p. 49

[3] Ibid. p. 50

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