Etiqueta: feminismo interseccional

Feminismo en Acción: Contigo Mujer Internacional

Por: Lorena Gallego*

Cali, Colombia es una de las ciudades más pluriétnicas y multiculturales del país, y ha sido reconocida por su clima cálido, la alegría de su gente, por ser “la capital mundial de la Salsa”, y especialmente por la “belleza” de sus mujeres: las “caleñas”.

Se ubica en el departamento del Valle del Cauca que fue lugar de destino en el proceso de esclavización de la colonización española y británica, por lo que tiene la mayor cantidad de población afrodescendiente en el país y una de las mayores en América Latina. Es una de las más grandes de Colombia en población migrante; tiene 6 cabildos indígenas; y el 53% de su población son mujeres. 

Es también una ciudad marcada por la influencia del narcotráfico desde los años 70’; por la pobreza extrema; el conflicto armado que duró 50 años en Colombia, y por las consecuencias del post-acuerdo, incluida la crisis en la que se encuentra la implementación de la paz en manos del actual gobierno. 

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Derrocar la triada misógina en el mundo árabe

Por: Jael de Luz*

Hemos expulsado a Hosni Murabak de Egipto, a Zine el Abidine Ben Ali en Túnez, Muamar al Gadafi en Libia y Ali Abdullah Saleh en Yemen, pero hasta que la rabia  se traslade de los opresores en nuestros palacios presidenciales a nuestras calles y nuestras casas, a menos que derroquemos a los Murabak en nuestras mentes, en nuestros dormitorios y en las esquinas de nuestras calles, nuestra revolución nunca comenzará.

Mona Eltahawy

La Primavera Árabe llego a Egipto entre enero y febrero del 2011. Miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres, pedían la renuncia de Hosni Murabak, quien gobernaba Egipto 30 años atrás. Entre los manifestantes y reporteros, se encontraba una periodista y blogera egipcia radicada en los Estados Unidos: Mona Eltahawy. Junto a otros periodistas fue arrestada por la policía antidisturbios en la Plaza Tahrir, El Cairo. Mona logró twittear desde la Blackberry de otra persona, que estaba detenida, que había sido golpeada y que estaba en prisión. Cuando fue liberada, Mona tuiteó más detalles: había sido agredida sexual y físicamente; tenía un brazo roto y una mano fracturada por las palizas que le dieron dentro del ministerio del interior en El Cairo.

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Una lectura feminista interseccional del #MeToo

Por: Jael de la Luz*

Como sobreviviente de violencia sexual, como persona que estaba luchando para descubrir cómo sanarme, también vi a jóvenes, y especialmente a mujeres jóvenes de color en la comunidad con la que trabajé, luchando con el mismo problema y tratando de encontrar maneras de mostrar empatía. Ahora en ese trabajo de sanación colectiva usamos un término llamado “empoderamiento a través de la empatía”. El #Metoo es una frase muy poderosa, porque alguien me la dijo alguna vez y eso cambió la trayectoria en mi proceso de sanación.

Tarana Burke, fundadora del movimiento #Metoo desde el 2006 en USA

 

El #Metoo llegó a México como noticia el año pasado cuando mujeres estrellas de Hollywood que han ganado premios o están consagradas dentro del estrellato comenzaron a denunciar los acosos sexuales y las violaciones que vivieron por productores, agentes, publicistas, y en su mayoría, hombres con poder económico y con poder de tomar decisiones sobre la vida de otras personas en el medio del espectáculo norteamericano. Cómo efecto domino, los testimonios y las palabras de actrices fueron suficientes para que en la media mainstream, en las redes sociales y dentro de espacios del feminismo liberal se les mostrara apoyo, resumiendo todo en una sola frase #YoTeCreo.

Sin embargo, este movimiento antes de llegar a Hollywood surgió en el 2006 con Tarana Burke, una mujer afroamericana, quien trabajando en sur de los Estados Unidos en un centro de atención para sobrevivientes de violación, escuchaba y acompañaba a mujeres de origen afro, asiático, árabe, latino y migrante contar cómo en sus lugares de trabajo, en las escuelas, en los edificios que limpiaban o vivían, o en los establecimientos donde hacían sus compras, profesores, entrenadores, comerciantes y hombres que no estaban en el centro de los reflectores, las habían acosado o violado sin que las sobrevivientes pudieran hablar del caso porque nadie les creía.

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Cómo aprendí a escribir (investigar) desde el dolor y la rabia

Por: Alejandra González*

Cuando tenía siete, quizás ocho años, mi profesora de tercer año de Primaria me ordenó pasar al frente, al pizarrón, a resolver un problema de divisiones. Estábamos aprendiendo las divisiones con números decimales después de haber batallado con las multiplicaciones el pasado ciclo escolar.  Yo era una niña muy tímida, casi no hablaba y las niñas y niños de mi clase, supongo que de mi parte obedecía a un tipo de autodefensa por sentirme observada de no llevar el uniforme escolar, pues en ese entonces mis padres no podían solventar los precios de la falda, la camiseta, los zapatos escolares y el suéter con el emblema bordado de la patriótica Primaria Álvaro Obregón, y además creo recordar que había pasado por el humillante lapso de andar con piojos buena parte del ciclo escolar por lo que es de suponer que muchas compañeritas no se me acercaran y evitaran estar junto a mí. 

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NOMBRAR PARA TRANSFORMAR: la colonialidad en las prácticas políticas feministas

Por Dra. Gabriela Bard Wigdor*

Durante décadas el movimiento feminista argentino pelea por instalar social y judicialmente la urgencia de la legalización y efectivo acceso al derecho a interrumpir un embarazo no deseado por parte de las mujeres y sujetos potencialmente gestantes. Gracias al activismo y a años de investigaciones feministas, a la ocupación de las calles y debates públicas, este junio del año 2018, se logró una importante, aunque parcial victoria: la media sanción en diputados para la ley que propone legalizar el acceso a un aborto seguro, gratuito y en hospitales público. De esta lucha mucho se habla y más se ha escrito en este tiempo, pero quiero abordar el debate desde un nuevo punto de vista, planteando por lo menos por dos motivos principales: Sigue leyendo “NOMBRAR PARA TRANSFORMAR: la colonialidad en las prácticas políticas feministas”

Editorial julio 2018

Estamos comenzando la segunda mitad del año y como cada mes, en Feminopraxis queremos reflexionar sobre temáticas que impactan la vida cotidiana de las mujeres y niñas no sólo en México sino en el resto del mundo. En este sentido, y siguiendo la costumbre de conmemorar fechas importantes, queremos reflexionar acerca de las luchas por la despenalización del aborto; mismas que durante el mes de junio nos demostraron la fuerza implacable que los grupos feministas y LGBTTTIQ+ han tenido en Argentina. Es de suma importancia no perder de vista estos acontecimientos internacionales ya que esta lucha no es local ni particular de Argentina, sino que involucra a casi todos los países latinoamericanos. Sigue leyendo “Editorial julio 2018”

Contra el patriarcado: feminismo antiespecista.

Por La Fata Morgana*

A propósito del Día Internacional de la Madre Tierra, vale la pena hablar un poco sobre el feminismo antiespecista. Aquí en Feminopraxis ya hemos hablado sobre feminismo interseccional y hemos dicho que éste se caracteriza por la inclusión del análisis de diferentes categorías que promueven o facilitan la discriminación y desigualdad; es decir, el feminismo interseccional no se concentra sólo en el sexo/género sino también en la raza, la clase, la edad, la orientación sexual, etcétera.

En este sentido, este feminismo también (al menos en teoría) debería preocuparse por los aspectos ecológicos en todas sus dimensiones. Sigue leyendo “Contra el patriarcado: feminismo antiespecista.”

Muchacha fanzine: punk, artista decolonial y activista xicana interseccional.

Los fanzines son un poderoso instrumento de producir conocimiento y compartirlo sin fines mercantilistas. En inglés significa “revista para fanáticos”, ya que su distribución suele hacerse en festivales, cooperativas o de mano en mano para quienes forman parte de la comunidad o subcultura interesada en los contenidos que no circulan por publicaciones “mainstream.” Los fanzines no son revistas que se producen en serie como las revistas comerciales. Elaborados manualmente, a veces son publicaciones únicas o bajo demanda. Pueden ser elaborados por una sola persona o por un colectivo donde los contenidos reflejan las ideas, arte, poesía, fotografía y reflexiones de ese colectivo, o bien, puede ser una plataforma para colaboraciones que se consideran alternativas.

Originalmente los fanzines se elaboraban con recortes de periódicos, letras de periódicos y revistas de diferente tipografías para formar las palabras o se escribía a máquina de escribir y se mezclaban con los collages. La historia contemporánea del fanzine está muy vinculada con la cultura punk y la protesta. Hoy en día, dentro de espacios feministas, queers, no binarios o de activistas de base, los fanzines se diversifican tanto en contenidos como en formatos y expresiones artísticas, pero conservan el espíritu inicial: ser un espacio de conocimiento alternativo, de bajo costo, de distribución para la concientización y la lucha.

En la búsqueda de esos contenidos alternativos de mujeres o personas no binarias que están creando pensamiento y haciendo sus propias propuestas, las feministas chicanas o xicanas radicadas en algún lugar de los Estados Unidos, hacen de los fanzines expresiones de lucha y resistencia milenial. Y por Instagram me encontré a una de ellas, Daisy Salinas, mejor conocida como Muchacha Fanzine. Cuando adquirí sus fanzines, quedé tan emocionada y feliz de ver el trabajo que desde hace 8 años viene haciendo, por lo que le pedimos una entrevista para Feminopraxis, y ella aceptó con mucho gusto. En esta edición la publicamos en español, pero también la publicaremos en inglés.

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“Esta soy yo y no necesito validación de lxs punks blancos ni de mis parientes conservadores.”

Feminopraxis: Cuéntanos de ti. ¿Quién eres?

Muchacha Fanzine: Soy un punk feminista xicana que vive en San Antonio. Soy activista de la comunidad, zinester, trabajadora social, artista, bajista y poeta. Fundé Muchacha, un fanzine feminista Xicano de bricolaje (hágalo usted mismo) dedicado a promover la conciencia social y la descolonización. En 2010, comencé a publicar Muchacha Fanzine para construir una comunidad y promover temas de justicia social.

 

 

F: ¿Cómo es que comenzaste a interesarte en hacer fanzines?

MF: Leer otras revistas y producir mis propios fanzines ha dado forma a mi identidad Xicana de muchas maneras y ha validado mi propia experiencia y mi lucha como un punk Xicana que creció en un suburbio blanco a las afueras de Nashville, Tennessee. Saber esto fue realmente alienante pero también me liberó. Por un lado, no era “lo suficientemente punk” para los punks y, por otro, no era “lo suficientemente morena” para mi cultura. Experimenté la misoginia racializada de aquellos en la escena punk de Nashville. Fui intimidada y fue llamada por otros “puta de escena” por organizar un evento a beneficio de Femme Fest, espacio para sobrevivientes de abuso. Esa experiencia de sentirme tan violentada, me hizo casi renunciar al punk y a la escena DIY por completo.

Sin embargo, siempre viví entre dos mundos y tardé años en abrazar mi identidad. Los zines dieron sentido a mi identidad feminista punk de Xicana. Después de descubrir fanzines, ya no sentía el deseo de ser validado por los punks blancos o por mis parientes conservadores. Si no me gustaba mi mundo, ¡cambiaría mi mundo! Todo comenzó con fanzines e inspiración de otras mujeres punk de color. La lectura de “Violence Girl” de Alice Bag fue cuando todo cambió, ese libro es mi biblia.

F: ¿Cuándo llegaste al feminismo?

MF: Mi introducción al feminismo fue de una mujer negra en mi clase de estudios de mujeres en el primer año  de la universidad. Era el 2008 y ella dio una presentación sobre Riot Grrrl. Inspirada en su presentación, me convertí en feminista y comencé a escuchar bandas de Riot Grrrl y leer revistas de Riot Grrrl, como “Girl Power” de Bikini Kill, y me habló de inmediato. Los fanzines que Riot Grrrl me gustaron mucho porque escribieron sobre temas importantes como la agresión sexual, la salud mental, la violencia doméstica, el incesto, el cuerpo positivo y demás.

Aunque aprecio los fanzines de Riot Grrrl, noté que las autoras de los fanzines eran predominantemente blancas y que los problemas de raza a menudo se excluían de sus fanzines. Fanzineros de color apenas se representaban en riot grrrl o zine / DIY / punk subculturas. Siempre ha habido fanzineros y punks de color, ¿por qué era tan difícil encontrarlos? Fue porque a menudo no se nos da crédito por nuestras contribuciones. A menudo nos borran de la historia.

F: ¿Creíste importante asumir desde tu identidad xicana mostrar lo que como subcultura se tiene de poderosa?

MF: Sí. Debido a la falta de representación racial en los fanzines de Riot Grrrl, me motivó a encontrar revistas creadas por otras mujeres de color. Era difícil encontrar alguna en Internet, y me di cuenta de que los distribuidores de zines apenas presentaban las revistas escritas por mujeres de color. Nyky Gómez también reconoció esta tendencia y fundó el Brown Recluse Zine Distro en 2013 (que ahora es dirigido por Elena Corinne) para hacer que las personas de las revistas de color sean más visibles y estén ampliamente disponibles. Leer y comercializar revistas con otras mujeres de color ha sido extremadamente poderoso.

Empecé a encontrar más espacios en los que las mujeres de los fanzines en color estaban disponibles y ahora, para el año 2018, ¡ya está volado! Hay tantas mujeres fanzineras de color que están haciendo cosas increíbles. El caso es que siempre tenemos que retar los discursos absolutistas y mostrar que hay diversidad. La cultura punk y la cultura del bricolaje a menudo se asocian con los hombres blancos heterosexuales, pero ese no es el caso en absoluto. Nosotras, las mujeres de color, hemos estado “haciéndolo nosotrxs mismxs” desde antes de que la cultura DIY fuera tan visible como ahora. Nuestros antepasados ​​se han resistido contra viento y marea y creo que todavía corre sangre de resistencia por nuestras venas.

F: ¿Cómo te identificas siendo feminista?

MF: Mi feminismo realmente nació de mi conexión con la escena de bricolaje que comenzó con Riot Grrrl y creció hasta encontrar catarsis en el descubrimiento de revistas y comunidades a través de otras mujeres de color. En cuanto al tipo de feminismo con el que identificó como – mis creencias políticas definitivamente se alinean con Anarcha-feminismo porque creo que todos los sistemas de poder, incluyendo el patriarcado y la supremacía blanca, deben ser abolidos. También estoy interesada en el indigenismo, que es la ideología del cambio revolucionario basado en el retorno a la cultura y espiritualidad indígenas, la restauración de la gobernanza indígena y la recuperación de nuestras tierras.

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Muchacha Fanzine con Alice Bag, su autora favorita.

F: Cuéntanos ahora sobre tus libros favoritos. ¿Qué autoras te han alimentado en tus reflexiones y trabajo?
MF: Mi libro favorito es Violence Girl de Alice Bag: East L.A. Rage to Hollywood Stage, una historia chicana punk. Después de leer Violence Girl en 2012, todo lo que alguna vez pensé que sabía sobre el mundo a mi alrededor cambió. Nunca me consideré una verdadera artista hasta después de leer su autobiografía. Siempre pensé que para ser un artista innovador debías ser descubierto, y que era mejor que sólo fuera fan o apoyo de otrxs artistas, pero Alice me enseñó que, en lugar de apoyar a la estrella del rock, podría ser la estrella del rock. Violence Girl provocó una revolución en mí que me dio las agallas para finalmente hacer realidad mi sueño de comenzar una banda.

Alice no sólo me inspiró a ser una artista por derecho propio, sino que también me enseñó la importancia fundamental de contar nuestras propias historias porque si no lo hacemos, nuestras contribuciones como mujeres en el punk desaparecerán. Como reflejo de la mentalidad de bricolaje o muerte, sus “Archivos de Mujeres en Los Ángeles Punk” existen por esa misma razón ya que ella se niega a depender de los historiadores punk blancos para expresar su historia. Esta versión DIY de producir nuestras propias historias refleja mi pasión por los fanzines y las historias de Alice me han inspirado a seguir escribiendo las mías. Alice Bag representa mucho más que un músicx o escritorx: es como la versión punk de todas las chingonas mamás, abuelas y tías que nos enseñaron a ser fuertes.

Otros libros favoritos incluyen mujeres de los autores de color Gloria Anzaldúa, Audre Lorde, Chandra Talpade Mohanty, Toni Morrison, Angela Davis, Adelina Anthony, Nella Larson, bell hooks, Anna Julia Cooper, Trihn T. Minh-ha, Sandra Cisneros, Melissa Harris-Perry , Leah Lakshmi Piepzna-Samarasinha, Alexis Wright, Anna Castillo, Patricia Hill Collins y Zora Neale Hurston.

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Daisy Salinas, Muchacha Fanzine participando en un festival cultural con otras mujeres de en resistencia.

F: ¿Cómo ves la importancia de la cultura chicana, la gente de color y las cuestiones políticas a la hora de hacer tus fanzines?

MF: Creo que con cada número de Muchacha Fanzine contribuyo con mi propio trabajo, por lo que está escrito desde una perspectiva feminista de Xicana, pero cada tema de zine también está diseñado para centrar el trabajo de otros artistas y escritores marginados. El contenido de Muchacha Fanzine promueve temas de justicia social como los derechos de los inmigrantes, la justicia reproductiva, la resistencia indígena, la vida de las personas negras, la liberación LGBTQ, los derechos de los trabajadores, el activismo de la discapacidad y más. Los números anteriores abordaron varios temas que van desde Justicia Reproductiva, Construcción de Coaliciones, tributo a Selena, solidaridad entre la gente de color (People Of Colour, POC, en inglés) , descolonización de viajes, positividad corporal y mi último número 13 “Madre Tierra” sobre justicia ambiental, que se lanzará en breve.

F: Para finalizar cuéntanos cómo ves las cosas siendo fanzinera ahora que Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos. ¿Qué toca por hacer o cómo resistir su retórica y prácticas que van en contra de lo que tú, yo, y muchas comunidades de color pensamos que son opresivas?
MF: Con el régimen fascista de Trump destruyendo a nuestras familias y al medio ambiente, los zines son una forma de resistencia contra el patriarcado supremacista blanco capitalista en el que vivimos. Los fanzines socialmente conscientes son una forma no sólo de despertar la conciencia sino también de descolonizar las mentes.

La descolonización significa resistir las fuerzas del colonialismo que perpetúan el sometimiento de nuestras mentes, cuerpos y tierras. Se trata de derrocar el sistema capitalista y colonial para recuperar nuestras tierras y culturas. Pero creo que la descolonización comienza con la descolonización de nuestras mentes de la mayoría de todo lo que nos han enseñado sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Se trata de luchar por una forma alternativa de existir y formas de saber separadas del sistema capitalista patriarcal de la supremacía blanca que intenta destruirnos.

Cuando se trata de eso, los zines han sido mi terapia, una forma terapéutica de compartir mis luchas asociadas con el racismo, el sexismo, el abuso, la cultura y el colonialismo para comenzar a curarme de mi opresión junto a otros, en vez de hacerlo sola. Muchacha Fanzine es mi manera de negarme a asentarme en una vida mundana de asimilación y conformarme al status quo. Es mi manera de romper las reglas, ser yo misma, resistir el sistema, y ​​sin oponerme en mi propia verdad.

Puedes seguir a Muchacha fanzine por Instagram: @muchachafanzine, por Facebook: https://www.facebook.com/MuchachaFanzine/ y por tumblr: http://muchachafanzine.tumblr.com/

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Algunos de los fanzines de Muchacha fanzine. Los puedes adquirir comprando en  línea directamente, apoyando con tu compra a las mujeres de nuestra comunidad feminista interseccional, decolonial y no binaria.

Nuestras cabelleras, nuestra resistencia

Hace como dos años, la adolescente sudafricana Zulaikha Pater se manifestó en su colegio por las rígidas normas que se les impuso a las estudiantes negras en sus cabelleras. Bajo la sentencia de no ir con “excéntricos peinados”, ellas tenían que alisar su cabello. Pater se resistió y gracias a esa lucha que se hizo viral, el colegio dejó esa norma neocolonizadora. El caso de Zulaikha me hizo pensar que desobedecer esa “norma” sí fue una lucha de justicia social a su historia (ratificó que el Apartheid ya terminó), a las mujeres sudafricanas, africanas y de herencia africana a lo largo del mundo; también resignificó el feminismo de la negritud, y nos invitó a la sororidad. Ella denunció una construcción ideológica que sostiene un mercado impuesto a las mujeres de color para blanquearnos y así, alcanzar la belleza universal; mercado que tiene grandes inversiones y ganancias, sobre todo cuando los productos se anuncian como naturales u orgánicos.

Puedo entender la lucha de nuestra hermana sudafricana porque me ha tocado acompañar a amigas afro en “resistencia” con sus cabelleras, e incluso los cambios en mi cabellera hablan de mi propia descolonización. Una de las cosas que el feminismo nos ha permitido es reflexionar sobre nuestros propios cuerpos y desmontar en nosotras mismas ideas universales que nos violentan. Quienes históricamente cargamos en nuestro color de piel, en nuestro cuerpo, en nuestro aspecto físico y en nuestras cabelleras las contradicciones del mestizaje, somos el blanco perfecto de campañas de colonización cultural. A lo largo de nuestra historia, Occidente nos impuso imágenes y representaciones de la belleza femenina. Aunque sabemos hoy día que Lucy o la Venus del Nilo no eran como las esculturas de las diosas griegas-romanas, cultural e ideológicamente se nos impuso un modelo que a la fecha permanece: el ideal de la mujer delgada, blanca, de piel firme y brillante; mujeres con cabelleras largas abundantes hasta la cintura, cabellos delgados y brillantes. Y así es cómo también ideológicamente se ha definido el eterno femenino. Un eterno femenino que los medios de comunicación y la cultura de masas neoliberales difunden a todo lo que da para meternos diariamente productos que nos harán lucir “más bellas”. Mercantilismo, racismo, neocolonización y estereotipos vendidos como feminidad, son una de las batallas que libramos hoy en nuestras cabelleras.

Personalmente cuando tomo la decisión de algo trascendental corto mi cabello: es una forma de protesta, de cambio y de cierre de ciclos. Desde la adolescencia y contra todo mandato en la casa y la iglesia, me corté el cabello como hombre y lo peinaba en mechas. Conforme avancé en mi vida, lo fui manteniendo corto con diferentes looks hasta dar hoy con mi look: debajo de las orejas y con un mechón rojo al frente. Así me gusta, así me gustó. Sin más ciencia y explicación ese corte y color, ya son parte de mi personalidad y he decido que así me quedaré. Mientras yo vivía ese proceso de no dar a nadie explicación por mi look, encontré mucha paz conmigo misma al leer el libro Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche. Su protagonista es Ifemelu, una chica nigeriana que logra ganar una beca en una universidad americana para estudiar comunicación, pero sus preocupaciones por la negritud, las mujeres africanas y su relación con la población afrodescendiente, y los estereotipos alrededor de ello, le llevan a escribir un blog, siendo el cabello afro uno de los temas más polémicos.

Fue a través de Americanah que conocí cómo las mujeres afro han sacrificado sus cabelleras a lo largo de su historia en occidente: en la esclavitud les rapaban porque el afro era sinónimo de suciedad, en las colonizaciones porque eran portadoras de “enfermedades”, y en los procesos de emancipación porque se les impuso, como a todas las mujeres, el ideal de belleza blanca. Americanah, entre otras cosas, es un retrato de la larga lucha que nuestras hermanas libran en sus cabelleras: de peines de hierro calientes para alaciar pequeños afros, pasando por el uso de pelucas y extensiones para dar abundancia e imagen de salud, o bien someterlo a tratamientos con keratinas para asegurar que ni lluvia ni frío harán sacar el rizo rebelde. Y nuestras hermanas afrolatinoamericanas también libran sus propias batallas, como Lissett Govin, quien en el blog Afrofeminas, narra su experiencia (“De estiramientos estoy harta”).

A veces nuestro cabello no es ni lacio ni chino, sino lo que llaman quebrado. Pero como vivimos en culturas que nos ponen en extremos, no escapamos de quererlo lacio y brillante, o bien, alborotado y con rizos definidos. ¡Por eso la industria de la belleza capilar es una de las que obtienen más ganancias anuales! Haciendo una breve investigación en medios de divulgación, me encontré que, como todo negocio, las cabelleras también son parte de ese círculo económico donde mujeres pierden. Las extensiones hoy día son un recurso para tener esas cabelleras tan abundantes que en el medio del espectáculo tanto se desean. Pues bien, son mujeres pobres quienes dejan crecer sus cabelleras para después venderlas por poco dinero, y quienes hacen las extensiones o pelucas también son mujeres pobres. Aquí una breve reflexión al respecto: “¿De quién es el cabello de las extensiones que tantas famosas (y no tan famosas) usan para abultar su cabello?“. Yo creo que cualquier elección que hagamos está bien siempre y cuando seamos conscientes de no violentar nuestra salud, nuestros bolsillos y consumir conscientemente en caso de asumir un look que requiere mantenimiento.

Finalmente quiero recordar un legado. Los movimientos de liberación feministas en las décadas de los 60´s y 70´s coincidieron en señalar que los cuerpos de las mujeres eran campos de batalla y había que liberarlos de todas las presiones sociales, culturales, corporales y religiosas que se nos habían asignado. Fue el feminismo negro norteamericano, a través del análisis interseccional, que consideró elementales las categorías de raza, clase social y sexismo para entender la opresión y colonización que, en ese caso, las mujeres afroamericanas vivían al interior de los Estados Unidos. Al tomar conciencia de su condición de exclusión, teóricas y activistas como Angela Davis, bell hooks, Andreu Lorde y mujeres afiliadas al Partido de las Panteras Negras o que se identificaron con el black power, comenzaron a usar como símbolo de lucha, resistencia y descolonización el cabello afro. Así como las feministas blancas usaban su largo cabello sin alinear, al estilo Janis Joplin, como símbolo de rebeldía a la cultura de la supremacía cultural blanca patriarcal, las asiáticas no lo alisaban más, y las chicanas, ya muy entrados los años 80´s, comenzaron a cortarlo, destrenzarlo y dejar caer a los hombros las matas de cabello quebrado. Hoy, con los diversos feminismos, hay diversas cabelleras y experiencias de resistencia-descolonización, pero también constantes acechos a volver a sostener el eterno femenino. Por eso creo que nuestras cabelleras son un poderoso símbolo donde se libran batallas que a veces ni las cuestionamos.


Este post fue publicado originalmente en el blog colectivo Mundo Procaz el 12 de septiembre de 2016. Ahora se presenta reeditado. La imagen que acompaña este texto es de la pintora Jurell Cayetano @turnjuell

Editorial (enero 2018)

¡Comenzamos el año!  2018 nace lleno de retos y nuevos proyectos. Queremos compartirles que Feminopraxis pronto lanzará una publicación impresa que será un verdadero reto para todas nosotras, pero sin duda, una manera de expandir los alcances del diálogo feminista, iniciativa que nos llena de entusiasmo. Además, este año celebraremos nuestro primer aniversario, del cual queremos que todxs sean parte del festejo que tenemos preparado.

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