Etiqueta: feminismo interseccional

NOMBRAR PARA TRANSFORMAR: la colonialidad en las prácticas políticas feministas

Por Dra. Gabriela Bard Wigdor*

Durante décadas el movimiento feminista argentino pelea por instalar social y judicialmente la urgencia de la legalización y efectivo acceso al derecho a interrumpir un embarazo no deseado por parte de las mujeres y sujetos potencialmente gestantes. Gracias al activismo y a años de investigaciones feministas, a la ocupación de las calles y debates públicas, este junio del año 2018, se logró una importante, aunque parcial victoria: la media sanción en diputados para la ley que propone legalizar el acceso a un aborto seguro, gratuito y en hospitales público. De esta lucha mucho se habla y más se ha escrito en este tiempo, pero quiero abordar el debate desde un nuevo punto de vista, planteando por lo menos por dos motivos principales: Continue reading “NOMBRAR PARA TRANSFORMAR: la colonialidad en las prácticas políticas feministas”

Editorial julio 2018

Estamos comenzando la segunda mitad del año y como cada mes, en Feminopraxis queremos reflexionar sobre temáticas que impactan la vida cotidiana de las mujeres y niñas no sólo en México sino en el resto del mundo. En este sentido, y siguiendo la costumbre de conmemorar fechas importantes, queremos reflexionar acerca de las luchas por la despenalización del aborto; mismas que durante el mes de junio nos demostraron la fuerza implacable que los grupos feministas y LGBTTTIQ+ han tenido en Argentina. Es de suma importancia no perder de vista estos acontecimientos internacionales ya que esta lucha no es local ni particular de Argentina, sino que involucra a casi todos los países latinoamericanos. Continue reading “Editorial julio 2018”

Contra el patriarcado: feminismo antiespecista.

Por La Fata Morgana*

A propósito del Día Internacional de la Madre Tierra, vale la pena hablar un poco sobre el feminismo antiespecista. Aquí en Feminopraxis ya hemos hablado sobre feminismo interseccional y hemos dicho que éste se caracteriza por la inclusión del análisis de diferentes variables que promueven o facilitan la discriminación y desigualdad; es decir, el feminismo interseccional no se concentra sólo en el sexo/género sino también en la raza, la clase, la edad, la orientación sexual, etcétera.

En este sentido, este feminismo también (al menos en teoría) debería preocuparse por los aspectos ecológicos en todas sus dimensiones. Continue reading “Contra el patriarcado: feminismo antiespecista.”

Muchacha fanzine: punk, artista decolonial y activista xicana interseccional.

Los fanzines son un poderoso instrumento de producir conocimiento y compartirlo sin fines mercantilistas. En inglés significa “revista para fanáticos”, ya que su distribución suele hacerse en festivales, cooperativas o de mano en mano para quienes forman parte de la comunidad o subcultura interesada en los contenidos que no circulan por publicaciones “mainstream.” Los fanzines no son revistas que se producen en serie como las revistas comerciales. Elaborados manualmente, a veces son publicaciones únicas o bajo demanda. Pueden ser elaborados por una sola persona o por un colectivo donde los contenidos reflejan las ideas, arte, poesía, fotografía y reflexiones de ese colectivo, o bien, puede ser una plataforma para colaboraciones que se consideran alternativas.

Originalmente los fanzines se elaboraban con recortes de periódicos, letras de periódicos y revistas de diferente tipografías para formar las palabras o se escribía a máquina de escribir y se mezclaban con los collages. La historia contemporánea del fanzine está muy vinculada con la cultura punk y la protesta. Hoy en día, dentro de espacios feministas, queers, no binarios o de activistas de base, los fanzines se diversifican tanto en contenidos como en formatos y expresiones artísticas, pero conservan el espíritu inicial: ser un espacio de conocimiento alternativo, de bajo costo, de distribución para la concientización y la lucha.

En la búsqueda de esos contenidos alternativos de mujeres o personas no binarias que están creando pensamiento y haciendo sus propias propuestas, las feministas chicanas o xicanas radicadas en algún lugar de los Estados Unidos, hacen de los fanzines expresiones de lucha y resistencia milenial. Y por Instagram me encontré a una de ellas, Daisy Salinas, mejor conocida como Muchacha Fanzine. Cuando adquirí sus fanzines, quedé tan emocionada y feliz de ver el trabajo que desde hace 8 años viene haciendo, por lo que le pedimos una entrevista para Feminopraxis, y ella aceptó con mucho gusto. En esta edición la publicamos en español, pero también la publicaremos en inglés.

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“Esta soy yo y no necesito validación de lxs punks blancos ni de mis parientes conservadores.”

Feminopraxis: Cuéntanos de ti. ¿Quién eres?

Muchacha Fanzine: Soy un punk feminista xicana que vive en San Antonio. Soy activista de la comunidad, zinester, trabajadora social, artista, bajista y poeta. Fundé Muchacha, un fanzine feminista Xicano de bricolaje (hágalo usted mismo) dedicado a promover la conciencia social y la descolonización. En 2010, comencé a publicar Muchacha Fanzine para construir una comunidad y promover temas de justicia social.

 

 

F: ¿Cómo es que comenzaste a interesarte en hacer fanzines?

MF: Leer otras revistas y producir mis propios fanzines ha dado forma a mi identidad Xicana de muchas maneras y ha validado mi propia experiencia y mi lucha como un punk Xicana que creció en un suburbio blanco a las afueras de Nashville, Tennessee. Saber esto fue realmente alienante pero también me liberó. Por un lado, no era “lo suficientemente punk” para los punks y, por otro, no era “lo suficientemente morena” para mi cultura. Experimenté la misoginia racializada de aquellos en la escena punk de Nashville. Fui intimidada y fue llamada por otros “puta de escena” por organizar un evento a beneficio de Femme Fest, espacio para sobrevivientes de abuso. Esa experiencia de sentirme tan violentada, me hizo casi renunciar al punk y a la escena DIY por completo.

Sin embargo, siempre viví entre dos mundos y tardé años en abrazar mi identidad. Los zines dieron sentido a mi identidad feminista punk de Xicana. Después de descubrir fanzines, ya no sentía el deseo de ser validado por los punks blancos o por mis parientes conservadores. Si no me gustaba mi mundo, ¡cambiaría mi mundo! Todo comenzó con fanzines e inspiración de otras mujeres punk de color. La lectura de “Violence Girl” de Alice Bag fue cuando todo cambió, ese libro es mi biblia.

F: ¿Cuándo llegaste al feminismo?

MF: Mi introducción al feminismo fue de una mujer negra en mi clase de estudios de mujeres en el primer año  de la universidad. Era el 2008 y ella dio una presentación sobre Riot Grrrl. Inspirada en su presentación, me convertí en feminista y comencé a escuchar bandas de Riot Grrrl y leer revistas de Riot Grrrl, como “Girl Power” de Bikini Kill, y me habló de inmediato. Los fanzines que Riot Grrrl me gustaron mucho porque escribieron sobre temas importantes como la agresión sexual, la salud mental, la violencia doméstica, el incesto, el cuerpo positivo y demás.

Aunque aprecio los fanzines de Riot Grrrl, noté que las autoras de los fanzines eran predominantemente blancas y que los problemas de raza a menudo se excluían de sus fanzines. Fanzineros de color apenas se representaban en riot grrrl o zine / DIY / punk subculturas. Siempre ha habido fanzineros y punks de color, ¿por qué era tan difícil encontrarlos? Fue porque a menudo no se nos da crédito por nuestras contribuciones. A menudo nos borran de la historia.

F: ¿Creíste importante asumir desde tu identidad xicana mostrar lo que como subcultura se tiene de poderosa?

MF: Sí. Debido a la falta de representación racial en los fanzines de Riot Grrrl, me motivó a encontrar revistas creadas por otras mujeres de color. Era difícil encontrar alguna en Internet, y me di cuenta de que los distribuidores de zines apenas presentaban las revistas escritas por mujeres de color. Nyky Gómez también reconoció esta tendencia y fundó el Brown Recluse Zine Distro en 2013 (que ahora es dirigido por Elena Corinne) para hacer que las personas de las revistas de color sean más visibles y estén ampliamente disponibles. Leer y comercializar revistas con otras mujeres de color ha sido extremadamente poderoso.

Empecé a encontrar más espacios en los que las mujeres de los fanzines en color estaban disponibles y ahora, para el año 2018, ¡ya está volado! Hay tantas mujeres fanzineras de color que están haciendo cosas increíbles. El caso es que siempre tenemos que retar los discursos absolutistas y mostrar que hay diversidad. La cultura punk y la cultura del bricolaje a menudo se asocian con los hombres blancos heterosexuales, pero ese no es el caso en absoluto. Nosotras, las mujeres de color, hemos estado “haciéndolo nosotrxs mismxs” desde antes de que la cultura DIY fuera tan visible como ahora. Nuestros antepasados ​​se han resistido contra viento y marea y creo que todavía corre sangre de resistencia por nuestras venas.

F: ¿Cómo te identificas siendo feminista?

MF: Mi feminismo realmente nació de mi conexión con la escena de bricolaje que comenzó con Riot Grrrl y creció hasta encontrar catarsis en el descubrimiento de revistas y comunidades a través de otras mujeres de color. En cuanto al tipo de feminismo con el que identificó como – mis creencias políticas definitivamente se alinean con Anarcha-feminismo porque creo que todos los sistemas de poder, incluyendo el patriarcado y la supremacía blanca, deben ser abolidos. También estoy interesada en el indigenismo, que es la ideología del cambio revolucionario basado en el retorno a la cultura y espiritualidad indígenas, la restauración de la gobernanza indígena y la recuperación de nuestras tierras.

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Muchacha Fanzine con Alice Bag, su autora favorita.

F: Cuéntanos ahora sobre tus libros favoritos. ¿Qué autoras te han alimentado en tus reflexiones y trabajo?
MF: Mi libro favorito es Violence Girl de Alice Bag: East L.A. Rage to Hollywood Stage, una historia chicana punk. Después de leer Violence Girl en 2012, todo lo que alguna vez pensé que sabía sobre el mundo a mi alrededor cambió. Nunca me consideré una verdadera artista hasta después de leer su autobiografía. Siempre pensé que para ser un artista innovador debías ser descubierto, y que era mejor que sólo fuera fan o apoyo de otrxs artistas, pero Alice me enseñó que, en lugar de apoyar a la estrella del rock, podría ser la estrella del rock. Violence Girl provocó una revolución en mí que me dio las agallas para finalmente hacer realidad mi sueño de comenzar una banda.

Alice no sólo me inspiró a ser una artista por derecho propio, sino que también me enseñó la importancia fundamental de contar nuestras propias historias porque si no lo hacemos, nuestras contribuciones como mujeres en el punk desaparecerán. Como reflejo de la mentalidad de bricolaje o muerte, sus “Archivos de Mujeres en Los Ángeles Punk” existen por esa misma razón ya que ella se niega a depender de los historiadores punk blancos para expresar su historia. Esta versión DIY de producir nuestras propias historias refleja mi pasión por los fanzines y las historias de Alice me han inspirado a seguir escribiendo las mías. Alice Bag representa mucho más que un músicx o escritorx: es como la versión punk de todas las chingonas mamás, abuelas y tías que nos enseñaron a ser fuertes.

Otros libros favoritos incluyen mujeres de los autores de color Gloria Anzaldúa, Audre Lorde, Chandra Talpade Mohanty, Toni Morrison, Angela Davis, Adelina Anthony, Nella Larson, bell hooks, Anna Julia Cooper, Trihn T. Minh-ha, Sandra Cisneros, Melissa Harris-Perry , Leah Lakshmi Piepzna-Samarasinha, Alexis Wright, Anna Castillo, Patricia Hill Collins y Zora Neale Hurston.

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Daisy Salinas, Muchacha Fanzine participando en un festival cultural con otras mujeres de en resistencia.

F: ¿Cómo ves la importancia de la cultura chicana, la gente de color y las cuestiones políticas a la hora de hacer tus fanzines?

MF: Creo que con cada número de Muchacha Fanzine contribuyo con mi propio trabajo, por lo que está escrito desde una perspectiva feminista de Xicana, pero cada tema de zine también está diseñado para centrar el trabajo de otros artistas y escritores marginados. El contenido de Muchacha Fanzine promueve temas de justicia social como los derechos de los inmigrantes, la justicia reproductiva, la resistencia indígena, la vida de las personas negras, la liberación LGBTQ, los derechos de los trabajadores, el activismo de la discapacidad y más. Los números anteriores abordaron varios temas que van desde Justicia Reproductiva, Construcción de Coaliciones, tributo a Selena, solidaridad entre la gente de color (People Of Colour, POC, en inglés) , descolonización de viajes, positividad corporal y mi último número 13 “Madre Tierra” sobre justicia ambiental, que se lanzará en breve.

F: Para finalizar cuéntanos cómo ves las cosas siendo fanzinera ahora que Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos. ¿Qué toca por hacer o cómo resistir su retórica y prácticas que van en contra de lo que tú, yo, y muchas comunidades de color pensamos que son opresivas?
MF: Con el régimen fascista de Trump destruyendo a nuestras familias y al medio ambiente, los zines son una forma de resistencia contra el patriarcado supremacista blanco capitalista en el que vivimos. Los fanzines socialmente conscientes son una forma no sólo de despertar la conciencia sino también de descolonizar las mentes.

La descolonización significa resistir las fuerzas del colonialismo que perpetúan el sometimiento de nuestras mentes, cuerpos y tierras. Se trata de derrocar el sistema capitalista y colonial para recuperar nuestras tierras y culturas. Pero creo que la descolonización comienza con la descolonización de nuestras mentes de la mayoría de todo lo que nos han enseñado sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Se trata de luchar por una forma alternativa de existir y formas de saber separadas del sistema capitalista patriarcal de la supremacía blanca que intenta destruirnos.

Cuando se trata de eso, los zines han sido mi terapia, una forma terapéutica de compartir mis luchas asociadas con el racismo, el sexismo, el abuso, la cultura y el colonialismo para comenzar a curarme de mi opresión junto a otros, en vez de hacerlo sola. Muchacha Fanzine es mi manera de negarme a asentarme en una vida mundana de asimilación y conformarme al status quo. Es mi manera de romper las reglas, ser yo misma, resistir el sistema, y ​​sin oponerme en mi propia verdad.

Puedes seguir a Muchacha fanzine por Instagram: @muchachafanzine, por Facebook: https://www.facebook.com/MuchachaFanzine/ y por tumblr: http://muchachafanzine.tumblr.com/

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Algunos de los fanzines de Muchacha fanzine. Los puedes adquirir comprando en  línea directamente, apoyando con tu compra a las mujeres de nuestra comunidad feminista interseccional, decolonial y no binaria.

Nuestras cabelleras, nuestra resistencia

Hace como dos años, la adolescente sudafricana Zulaikha Pater se manifestó en su colegio por las rígidas normas que se les impuso a las estudiantes negras en sus cabelleras. Bajo la sentencia de no ir con “excéntricos peinados”, ellas tenían que alisar su cabello. Pater se resistió y gracias a esa lucha que se hizo viral, el colegio dejó esa norma neocolonizadora. El caso de Zulaikha me hizo pensar que desobedecer esa “norma” sí fue una lucha de justicia social a su historia (ratificó que el Apartheid ya terminó), a las mujeres sudafricanas, africanas y de herencia africana a lo largo del mundo; también resignificó el feminismo de la negritud, y nos invitó a la sororidad. Ella denunció una construcción ideológica que sostiene un mercado impuesto a las mujeres de color para blanquearnos y así, alcanzar la belleza universal; mercado que tiene grandes inversiones y ganancias, sobre todo cuando los productos se anuncian como naturales u orgánicos.

Puedo entender la lucha de nuestra hermana sudafricana porque me ha tocado acompañar a amigas afro en “resistencia” con sus cabelleras, e incluso los cambios en mi cabellera hablan de mi propia descolonización. Una de las cosas que el feminismo nos ha permitido es reflexionar sobre nuestros propios cuerpos y desmontar en nosotras mismas ideas universales que nos violentan. Quienes históricamente cargamos en nuestro color de piel, en nuestro cuerpo, en nuestro aspecto físico y en nuestras cabelleras las contradicciones del mestizaje, somos el blanco perfecto de campañas de colonización cultural. A lo largo de nuestra historia, Occidente nos impuso imágenes y representaciones de la belleza femenina. Aunque sabemos hoy día que Lucy o la Venus del Nilo no eran como las esculturas de las diosas griegas-romanas, cultural e ideológicamente se nos impuso un modelo que a la fecha permanece: el ideal de la mujer delgada, blanca, de piel firme y brillante; mujeres con cabelleras largas abundantes hasta la cintura, cabellos delgados y brillantes. Y así es cómo también ideológicamente se ha definido el eterno femenino. Un eterno femenino que los medios de comunicación y la cultura de masas neoliberales difunden a todo lo que da para meternos diariamente productos que nos harán lucir “más bellas”. Mercantilismo, racismo, neocolonización y estereotipos vendidos como feminidad, son una de las batallas que libramos hoy en nuestras cabelleras.

Personalmente cuando tomo la decisión de algo trascendental corto mi cabello: es una forma de protesta, de cambio y de cierre de ciclos. Desde la adolescencia y contra todo mandato en la casa y la iglesia, me corté el cabello como hombre y lo peinaba en mechas. Conforme avancé en mi vida, lo fui manteniendo corto con diferentes looks hasta dar hoy con mi look: debajo de las orejas y con un mechón rojo al frente. Así me gusta, así me gustó. Sin más ciencia y explicación ese corte y color, ya son parte de mi personalidad y he decido que así me quedaré. Mientras yo vivía ese proceso de no dar a nadie explicación por mi look, encontré mucha paz conmigo misma al leer el libro Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche. Su protagonista es Ifemelu, una chica nigeriana que logra ganar una beca en una universidad americana para estudiar comunicación, pero sus preocupaciones por la negritud, las mujeres africanas y su relación con la población afrodescendiente, y los estereotipos alrededor de ello, le llevan a escribir un blog, siendo el cabello afro uno de los temas más polémicos.

Fue a través de Americanah que conocí cómo las mujeres afro han sacrificado sus cabelleras a lo largo de su historia en occidente: en la esclavitud les rapaban porque el afro era sinónimo de suciedad, en las colonizaciones porque eran portadoras de “enfermedades”, y en los procesos de emancipación porque se les impuso, como a todas las mujeres, el ideal de belleza blanca. Americanah, entre otras cosas, es un retrato de la larga lucha que nuestras hermanas libran en sus cabelleras: de peines de hierro calientes para alaciar pequeños afros, pasando por el uso de pelucas y extensiones para dar abundancia e imagen de salud, o bien someterlo a tratamientos con keratinas para asegurar que ni lluvia ni frío harán sacar el rizo rebelde. Y nuestras hermanas afrolatinoamericanas también libran sus propias batallas, como Lissett Govin, quien en el blog Afrofeminas, narra su experiencia (“De estiramientos estoy harta”).

A veces nuestro cabello no es ni lacio ni chino, sino lo que llaman quebrado. Pero como vivimos en culturas que nos ponen en extremos, no escapamos de quererlo lacio y brillante, o bien, alborotado y con rizos definidos. ¡Por eso la industria de la belleza capilar es una de las que obtienen más ganancias anuales! Haciendo una breve investigación en medios de divulgación, me encontré que, como todo negocio, las cabelleras también son parte de ese círculo económico donde mujeres pierden. Las extensiones hoy día son un recurso para tener esas cabelleras tan abundantes que en el medio del espectáculo tanto se desean. Pues bien, son mujeres pobres quienes dejan crecer sus cabelleras para después venderlas por poco dinero, y quienes hacen las extensiones o pelucas también son mujeres pobres. Aquí una breve reflexión al respecto: “¿De quién es el cabello de las extensiones que tantas famosas (y no tan famosas) usan para abultar su cabello?“. Yo creo que cualquier elección que hagamos está bien siempre y cuando seamos conscientes de no violentar nuestra salud, nuestros bolsillos y consumir conscientemente en caso de asumir un look que requiere mantenimiento.

Finalmente quiero recordar un legado. Los movimientos de liberación feministas en las décadas de los 60´s y 70´s coincidieron en señalar que los cuerpos de las mujeres eran campos de batalla y había que liberarlos de todas las presiones sociales, culturales, corporales y religiosas que se nos habían asignado. Fue el feminismo negro norteamericano, a través del análisis interseccional, que consideró elementales las categorías de raza, clase social y sexismo para entender la opresión y colonización que, en ese caso, las mujeres afroamericanas vivían al interior de los Estados Unidos. Al tomar conciencia de su condición de exclusión, teóricas y activistas como Angela Davis, bell hooks, Andreu Lorde y mujeres afiliadas al Partido de las Panteras Negras o que se identificaron con el black power, comenzaron a usar como símbolo de lucha, resistencia y descolonización el cabello afro. Así como las feministas blancas usaban su largo cabello sin alinear, al estilo Janis Joplin, como símbolo de rebeldía a la cultura de la supremacía cultural blanca patriarcal, las asiáticas no lo alisaban más, y las chicanas, ya muy entrados los años 80´s, comenzaron a cortarlo, destrenzarlo y dejar caer a los hombros las matas de cabello quebrado. Hoy, con los diversos feminismos, hay diversas cabelleras y experiencias de resistencia-descolonización, pero también constantes acechos a volver a sostener el eterno femenino. Por eso creo que nuestras cabelleras son un poderoso símbolo donde se libran batallas que a veces ni las cuestionamos.


Este post fue publicado originalmente en el blog colectivo Mundo Procaz el 12 de septiembre de 2016. Ahora se presenta reeditado. La imagen que acompaña este texto es de la pintora Jurell Cayetano @turnjuell

Editorial (enero 2018)

¡Comenzamos el año!  2018 nace lleno de retos y nuevos proyectos. Queremos compartirles que Feminopraxis pronto lanzará una publicación impresa que será un verdadero reto para todas nosotras, pero sin duda, una manera de expandir los alcances del diálogo feminista, iniciativa que nos llena de entusiasmo. Además, este año celebraremos nuestro primer aniversario, del cual queremos que todxs sean parte del festejo que tenemos preparado.

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Black history month: seis afrobritánicas para tener presentes. 

Vivo en uno de los municipios más racistas del sureste de Londres. En 1993, el asesinato del joven negro Stephen Lawrence visibilizó a nivel nacional en Inglaterra, que el problema racial sigue siendo uno de los grandes temas que las políticas de multiculturalismo e integración, no han logrado resolver. Lawrence fue asesinado por dos jóvenes blancos mientras esperaba el bus en Eltham para regresar a su casa. En esa década parecía ser que hablar del tema racial en la sociedad británica era políticamente incorrecto, como lo sigue siendo el día de hoy. Hacerle notar a gente con privilegios (whiteness) sus prácticas racistas –que más que algo personal, son parte de la estructura histórica–, sigue siendo uno de los grandes temas que han llevado a gran parte de la población afrodescendiente a instaurar, desde la década de los 80’s, un Mes de la Historia Negra (Black History Month). Pero como bien señala la escritora y bloguera Reni Eddo-Longe, en su libro Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race, Bloomsbury, Londres, 2017), la historia y presencia de la población negra, no puede ceñirse a un mes, cuando lo importante es resolver la situación antes que celebrar.

Con esto en mente, comparto con ustedes unas breves referencias sobre seis mujeres afrobritánicas que son parte de la historia, memoria y resistencia en este lado del charco, y que sus vidas están fuertemente marcadas por sus militancias contra el racismo, la resistencia desde las raíces y la memoria africana, la precariedad de vida y la gentrificación.

Doreen Lawrence (1952-). Activista contra el racismo. De origen jamaiquino, siendo niña viajó con su familia a Londres. Madre de Stephen Lawrence, al saber que su hijo había sido asesinado, y que la policía no había detenido a los asesinos, aún teniendo evidencias que el asesinato había sido por racismo, se volvió una agitadora comunitaria. Después de mucho trabajo de concientización y constante cabildeo, logró hacer del caso de su hijo, un tema de interés público y mediático, señalando que la policía metropolitana era institucionalmente racista. Hoy en día, ella es baronesa y miembro de la Cámara de los Lores en el parlamento británico. De haber sido una mujer emigrante, cajera de banco, su lucha constante contra el racismo, es un claro ejemplo de resistencia.

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Doreen Lawrence, junto a un cuadro que el artista Chris Ofili hizo como un homenaje a su lucha, No woman, No cry, expuesto en el Tate, Museo de Arte Moderno, Londres.


Olive Morris (1952-1979). Nacio en St Catherine, Jamaica y se mudó a Londres cuando tenía 9 años. Fue miembro fundador de la Organización de Mujeres de Origen Africano y Asiático (OWAAD) y estableció el Grupo Brixton Black Women’s Group, en el municipio de Lambeth, en el sur de Londres. Fue miembro del Movimiento Británico de las Panteras Negras y ayudó a fundar la Manchester Black Women’s Cooperative y Manchester Black Women’s Mutual Aid Group. Ella fue una activista muy comprometida contra el racismo que mujeres de color experimentaban, el poco dinero que tenía lo donaba a campañas, hasta ser ella misma una sin techo (homeless). Murió a los 27 años de cáncer y su legado sigue vibrando en Brixton a través de un colectivo que lleva su nombre y apuesta por la promoción de la educación y autosuficiencia. La comunidad afrocaribeña en Brixton ha creado una moneda de circulación local con el rostro de Olive Morris. 

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Olive Morris, en una manifestación, demostrando que la vida de las mujeres y comunidad afro debe ser respetada.


Claudia Jones (1915-1964). Afrofeminista, nacionalista, activista política, líder de la comunidad, comunista y periodista. La diversidad de sus afiliaciones políticas ilustra su enfoque multifacético de la lucha por la igualdad de derechos en el siglo XX. Nació en la isla de Trinidad en 1915 y a la edad de ocho años se mudó a Harlem, Nueva York con su familia. Su educación fue interrumpida por la tuberculosis y el daño a sus pulmones, así como una enfermedad cardíaca. En New York fue parte del Partido Comunista Estadounidense y en 1948 era la editora de Asuntos negros para el periódico del partido Daily Worker. Ya iniciaba su carrera como oradora y defensora de los derechos civiles. En 1955 fue deportada de los Estados Unidos y se le dio asilo en Inglaterra, donde pasó los años que le quedaban trabajando con la comunidad afro-caribeña de Londres. Fundó y editó The West Indian Gazette que, a pesar de los problemas financieros, siguió siendo crucial en su lucha por la igualdad de oportunidades para la gente de color afrodescendiente. El legado perdurable de Claudia Jones es, sin duda, el carnaval de Notting Hill, que ella ayudó a lanzar en 1959 como un escaparate anual para el talento caribeño. Estas primeras celebraciones se llevaron a cabo en salas y se resumieron en el lema: “El arte de un pueblo es la génesis de su libertad”.

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Jones, revisando galeras de la Gaceta que dirigía en el barrio de Notthing Hill.


Khadija Saye (1993-2017). Fotógrafa de 24 años que murió hace meses en el siniestro de la Grenfell torre, Londres. Una madrugada el multifamiliar se vio envuelto en llamas, las que en varias horas, consumió vidas; entre ellas estaba Khadija y su madre. Esta joven recién participaba en una exposición en el Pabellón de la Diáspora en la Bienal de Venecia. Su trabajo recupera la espiritualidad y tradiciones ancestrales de sus raíces en Gambia. Ella es un símbolo de ingenio y creativad, como muchas mujeres de la diáspora que truncan sueños por vivir en condiciones de precariedad. 

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Una de los autorretratos que Khatija expone en la Bienal de Venecia en el Pabellón de la Diáspora.


Siana Bangura es historiadora por la Universidad de Cambridge, escritora, bloguera, oradora pública y periodista independiente oriunda del sudeste de Londres, con raíces de Sierra Leona. Es reconocida por su poemario Elefante (Haus of Liberated Reading, 2016), donde narra experiencias propias de racismos, exclusión, sexismo y gentrificación. Ella también es productora, trabaja en cine y teatro y actualmente está produciendo una película, ‘1500 & Counting’, que investiga la brutalidad policial y las muertes bajo custodia en el Reino Unido. Siana es también fundadora y editora de la plataforma Black Feminist, No Fly on the WALL. Su trabajo creativo, extensa escritura y organización comunitaria se centran en destacar y centrar las voces marginadas, como la suya, dándoles poder para ocupar espacio y ser visibles en sus propios términos. Fue nominada para el Premio Nu People x Hustle and Heels Inspire 2016.

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Siana, posa en uno de los murales del sureste de Londres, zona de gentrificación,  y en donde ella grabo parte de su documental Demin (https://www.youtube.com/watch?time_continue=693&v=icrfq_w2qfg).

 

Reni Eddo-Lodge. Escritora y ensayista, es una de las voces contemporáneas más críticas sobre el racismo en la sociedad británica. De raíces nigerianas, los silencios oficiales sobre las mujeres y población afrodescendiente en Inglaterra, le llevó a escribir en un blog sus vivencias y opiniones de lo que vivía, a lo que encontró eco en otras miles de voces atemporales de personas que también tuvieron experiencias similares. Por ahora, su libro está en lengua inglesa y se ha convertido en una lectura obligada por todas las personas interesadas en explorar el tema del racismo, la historia, la cultura, la memoria y el feminismo interseccional. Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race), explora temas desde la historia negra erradicada de cursos de historia oficiales en las Universidades, hasta el propósito político de la dominación blanca, el feminismo blanqueado al vínculo inextricable entre clase y raza. Además de ser reconocida como una de las mujeres más influyentes en este año, este mes que se han publicado los escritos de Audre Lorde, bajo el título Tu silencio no te protejera (parte de esos ensayos se encuentran en español con el título de La hermana, la extranjera), Reni es quien le hace el prólogo.

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Reni Eddo-Longe, escritora del ensayo Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race, Bloomsbury, Londres, 2017).

Seguramente hay miles de mujeres más que están haciendo grandes esfuerzos por reafirmar las identidades afrodescendientes e invitándonos a descolonizar nuestros pensamientos y prácticas, a ver si sus reflexiones y vidas tienen eco en nosotras. Por este año, yo homenajeo a estas mujeres que me han hecho sentir welcome en este país.


Jael**Jael de la Luz. Mexicana, historiadora feminista, editora, activista y educadora popular en Latin American Women’s Aid, LAWA y en The Feminist Library, Londres. Es madre, esposa, amiga de gente luchona y escribe por gusto, curiosidad y desahogo. Ama los libros y no concibe sus días ellos. Recuerda a sus amigos que se están del otro lado del charco con la esperanza de un día volver. Le interesan los temas de espiritualidad, decolonización, feminismo interseccional, gentrificación, América Latina y cultura chicana. Síguela en Twitter: @jaeldelaluz, en Instagram como jaeldelaluz, en Youtube: Jael de la Luz y Facebook: Jael de la Luz.

Repensar la esclavitud y el racismo desde la cárcel: Assata Shakur y Angela Davis.

19 de agosto es el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición. No es suficiente un día para hacer memoria y resarcir la gran deuda histórica que Occidente tiene con el continente africano y las poblaciones afrodescendientes que fueron sometidas a un sistema colonial-imperialista que basó su riqueza en la explotación de los cuerpos negros y los genocidios de poblaciones autóctonas. Ninguna política de memoria monumento o conmemoración será suficiente para borrar de la historia mundial la esclavitud donde Estados Unidos e Inglaterra se favorecieron en gran manera, muy a pesar de sus movimientos abolicionistas.

malexanderelcolordelajusticia_150ppp-450x701En el libro,  El color de la Justicia. La nueva segregación racial en Estados Unidos (Capitán Swing, 2014), la jurista norteamericana Michelle Alexander, hace una declaración bastante contundente para entender qué pasó con la comunidad afroamericana en tiempos de la administración de Barack Obama en temas de justicia penal y justicia racial. Su tesis principal es que en los últimos años, hubo una idea vigente entre la comunidad afroamericana sobre la elección de Obama: con un presidente de color el Movimiento de los Derechos Civiles había llegado al alba de la justicia; por ello, los esfuerzos de líderes negros se enfocaron a la exigencia y cumplimiento de los programas de acción afirmativa y a la aplicación de los Derechos Civiles en todo rincón de la unión americana. Creyeron que con Obama en el poder, la nación había triunfado sobre la raza. Así el discurso racial se invisibilizó y neutralizó (el término correcto en inglés es colorblindness) oficialmente, pues en la práctica, los estereotipos hacia los afroamericanos que la mayoría blanca construyó históricamente para discriminar a la gente de color, siguieron expresándose en mecanismos legales para obstaculizar su acceso a la educación, vivienda y empleo.

Para la autora de El color de la Justicia, la administración de Obama fortaleció un nuevo sistema de castas en donde el privilegio blanco hace esfuerzos en reglas y discursos desde el poder para preservarse y mantener su dominación a través de nuevas formas de control racializadas; su máxima expresión es el encarcelamiento en masa de jóvenes afroamericanos por drogas o delitos menores. Para Alexander, esta realidad ha destruido mucho de los avances logrados décadas atrás en materia de Derechos Civiles; sus efectos son devastadores: la gente de color que está o estuvo en prisión serán ciudadanos de segunda clase como lo hacían en la década de 1940 las Leyes Jim Crow (conjunto de leyes locales y estatales promulgadas entre 1876 y 1965 para regular el sistema de segregación hacia la población negra en espacios públicos en los estados del Sur) y como lo hacen ahora las políticas de la Guerra contra la Droga y de La Ley y el Orden.

AssLa historia de la comunidad negra en los Estados Unidos está marcada por un constante control de instituciones como la esclavitud y las leyes segregacionalistas en donde el racismo como política e ideología, se adaptó. Después de abolida la esclavitud, los parlamentos de los estados del Sur implementaron Códigos Negros a fin de aprobar leyes estrictas para gente negra, estableciendo sistemas de peonaje y más adelante, en las primeras décadas del siglo XX, la segregación se expresó en las Leyes Jim Crow con la prohibición de asientos interraciales en la primera clase de los trenes y buses, imponiéndola también en las escuelas. Métodos efectivos para atemorizar todo intento de resistencia fueron muertes y linchamientos hacia los afroamericanos por el Ku-Klux Klan, y hoy día las muertes de jóvenes a manos de policías militarizados. La supremacía blanca a vuelto a salir del closet.

En tiempos de esclavitud, los blancos poderosos se valieron de la táctica de “soborno racial” para poner a los blancos e inmigrantes pobres en contra de los negros. Así, aquellos vigilaban y controlaban lo mismo que competían por el trabajo. Al fin de la esclavitud, muchas ideas e imaginarios permeaban la mentalidad popular de los blancos en relación a los negros, aún abolidas las Leyes Jim Crow. Dichas leyes sufrieron un gran golpe con la desobediencia civil en 1955 de Rosa Parks en un autobús de Montgomery, Alabama, al negarse a ceder el asiento a un hombre blanco pues ese acto, nada aislado de una profunda movilización que la población afroamericana ya estaba planeando, llevó a la lucha por los Derechos Civiles y la promulgación en 1964 de la Ley de Derechos Civiles permitiendo que la gente de color pudiera acceder a empleo, educación, a fondos federales, y un año después, se implementó la Ley de Derecho al Voto, la cual permitió la participación efectiva de los afroamericanos.

Mucho se ha destacado el papel que el pastor bautista Martín Luther King Jr. y las organizaciones de Derechos Civiles hicieron para visibilizar y combatir el racismo en los Estados Unidos desde las acciones no violentas. Pero también otras luchas más radicales convergieron buscando la justicia racial. Malcom X a través de la Nación del Islam y la Organización de la Unidad Afroamericana, pedía una separación total de blancos y negros, y afirmaba la superioridad de la raza negra. Si bien disentía de las manifestaciones públicas de los afroamericanos que luchaban por los Derechos Civiles, su pensamiento abonó al nacionalismo negro del cual se nutrieron movimientos políticos como el Ejército de Liberación Negro y el Partido de las Panteras Negras (The Black Panthers). Al iniciar la década de 1960, tanto uno como otro movimientos tenían claro cómo la sociedad blanca estaba recreando las formas para preservar la segregación.

Martin Luther King Jr. en su escrito “La detención decisiva” (Un sueño de igualdad, Público, 2010) recuerda que mientras en Montgomery se organizaban los boicots, los Consejos de Ciudadanos Blancos, que tuvieron su origen en Mississipi, querían alcanzar sus fines por medio de maniobras legales de la “interposición” y la “anulación”, excediendo los límites de la ley con métodos de “abierto y oculto terror, intimidaciones brutales, sistemas para hacer pasar hambre a hombres, mujeres y niños negros” con costes económicos muy altos a los blancos que apoyaran las acciones de protesta. Por su parte, Assata Shakur una ex black panther, ahora exiliada en Cuba, en su Autobiografía (Capitán Swing, 2013) hace memoria de cómo en la convivencia cotidiana en una escuela del Sur, los niños blancos comúnmente al ver cualquier falla de los niños negros, decían: “ya sabes cómo los negratas son una mierda” y se burlaban del físico, rasgos faciales y cabellera afro de sus compañeras y compañeros. Un tiempo después, Assata fue a una escuela del Norte donde no existían escuelas segregadas. Cuenta ella que esas escuelas eran mucho más humillantes, pues aunque los blancos no mostraban abiertamente su racismo, lo encubrían como sus hijos, aprovechando las representaciones teatrales de la historia patria para perpetuar la memoria de la esclavitud en los niños de color. Siendo nieta de ex esclavos, Shakur recuerda cómo fue difícil generacionalmente reconocer la dignidad de su linaje, pues desde niños a los afroamericanos les hicieron aceptar un sistema de valores, estándares de belleza y concepciones sobre ellos mismos, impuestos por los blancos.

Así las diferencias históricas entre los blancos y negros han estado marcadas por imaginarios culturales y raciales que justifican legalmente la discriminación y exclusión hacia la mayoría de afroamericanos pobres, no obstante las victorias de los Derechos Civiles. En la década de 1980 un nuevo mecanismo de control racial comenzó a operar. Cuando el presidente Donal Regan inició la Guerra contra la Droga en los Estados Unidos, la estigmatización hacia las minorías raciales, negros y latinos principalmente, fue tratándoles como los mayores consumidores de crac y después de heroína, cocaína y marihuana, y por lo tanto como delincuentes. Las constantes migraciones de negros de un estado a otro y la políticas de la Guerra contra la Droga, sirvieron como plataforma para que la retórica de la Ley y el Orden desmovilizaran las acciones de resistencia pacífica civil que identificaban a los Derechos Civiles; se les tachaba en medios de comunicación conservadores como actos de delincuencia a los que la ley debía aplicarse, y así sin análisis económicos y demográficos para entender los descontentos generacionales, los encarcelamientos masivos comenzaron en grandes zonas metropolitanas.

Dentro de esa política de Ley y el Orden, desde la década de 1970 la policía se fortaleció con todo tipo de pretextos para detener también a luchadores sociales y criminalizarlos como fue el caso de Angela Davis y Assata Shakur, militantes comunistas, miembros de la black resistance y presas políticas. Entre muchos luchadores sociales, por la experiencia de haber sido llevadas a prisión, sabemos los propósitos políticos que cumplen las cárceles en los Estados Unidos. Davis en el Prefacio a la Autobiografía de Shakur recupera una interesante reflexión: las cárceles cumplen dos funciones: una es para neutralizar y contener a enormes segmentos de la población que se considera peligrosa para el sistema (luchadores sociales, mayoritariamente), y la otra para mantener un sistema de sobre-explotación a la población negra y latina reclusa en prisiones enclavadas en comunidades rurales blancas que actúan como supervisoras.

Assata and Angela

Más recientemente se está operando un complejo industrial de prisiones con una rápida expansión de la población reclusa a la influencia política de las empresas privadas y de las que proveen a las prisiones públicas. Políticos y empresarios han hecho lobby para que grandes corporaciones vivan del trabajo recluso; empresas en construcción y tecnología se han visto favorecidas  por la vigilancia y la seguridad que implementan en las cárceles estatales y federales; abogados y grupos de presión representan los intereses de los inversionistas más que de los acusados, sobre todo si son de color o latinos. Así se defiende y trata de perpetuar la idea de que la reclusión es una solución rápida para personas que representan problemas sociales y atentan contra el orden público: los sin techo, desempleados, consumidores y menudistas vendedores de droga, enfermos mentales, analfabetas; y en la última década migrantes mexicanos y centroamericanos. El móvil es el lucro y no políticas encaminadas a castigar, rehabilitar o reducir el índice de delitos.

En El color de la justicia, Alexander señala que del 2000 a la fecha en nombre de la Guerra contra la Droga, el 80% de los jóvenes afroamericanos tienen antecedentes penales y están por lo tanto sujetos a una discriminación legalizada para el resto de sus vidas. Estos jóvenes forman parte de una creciente casta inferior, permanentemente confinada y aislada de la sociedad en general, la cual será discriminada como delincuentes y por consecuencia, dentro del marco legal de la justicia racial norteamericana, tendrán falta de empleo, vivienda, privación del derecho al voto; negación de oportunidades educativas, cupones de alimentación y de subsidios públicos.

He querido dar este panorama para entender cómo a pesar de políticas y luchas que han cobrado muertes, las poblaciones de color seguimos luchado por liberarnos de las opresiones que nos ponen como ciudadanxs de segunda ya sea en las tierras que nos vieron nacer,  o en tierras donde el destino nos llevo y recordamos cómo nuestros antepasados fueron llevados como esclavos y sometidos a grandes injusticias, de las cuales aún se siguen cometiendo. Aún así hay esperanza; por ello, hoy comparto con ustedes el testimonio de resistencias de dos luchadoras que nos inspiran a romper los muros para ser puentes. Aquí el vídeo!

Jael de la Luz

Cuando la mirada interseccional todo lo atraviesa, ¿qué nos queda por ver?

totheboneEntre tanto contenido nuevo que Netflix nos ofrece últimamente; a veces me es difícil decidir a qué le dedicaré el poco rato libre que tengo, sobre todo cuando, mientras más me acerco al feminismo, más critico todo lo que me rodea. Por ejemplo, hace un par de semanas vi “Hasta el Hueso” (To The Bone), protagonizada por Lily Collins; una película que si bien para mí tiene muy malas actuaciones, algo que le criticaría aún más en su excesiva “blancura”.

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¡¡ESTRENAMOS FORMATO PARA #CONVERSATORIOFEMINISTA!!

¡Saludos! Nos da mucho gusto compartirles el siguiente video, con el que cambiamos el formato del Conversatorio. Esperamos que de esta manera logremos una mayor interacción con ustedes y que nos platiquen a través de comentarios, o videos en las redes, cuál es su experiencia con el tema de esta sesión:

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER AFRODESCENDIENTE

 

Además, ahora también podrán ver todos los videos que vayamos creando para ustedes en nuestro nuevo canal de YouTube. Así que no olviden suscribirse, seguirnos en nuestras redes (Facebook, Twitter, Instagram) y unirse a la discusión feminista.

¡Hasta la próxima!

Feminopraxis