Manos sucias (II)

Por: Bianca Pérez*

 

En el marco de las pandemias su labor se ha fundamentado el la idea de lo limpio y lo sucio que describió George Vigarello (1985). Una dicotomía en la que lo limpio se asocia con una garantía de salud, justificada en el clasismo, el racismo de la blanquitud y el privilegio. Mientras que lo sucio se vincula a la pobreza y marginación.

De esta forma la limpieza se vuelve un medio de disciplinamiento y control de la población que respalda medidas que excluyen y estigmatizan a quiénes se considera que pueden poner en peligro al resto de la población.

La historia nos ha dado notables testimonios de lo que ocurre cuando se toman decisiones que discriminan a un grupo social fundamentadas en el bien común: los fascismos y peor aún, las sutiles y bienintencionadas políticas públicas que disponen modelos de atención médica que definen que cuerpos importan y cuáles no.

 

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Collage: Bianca Pérez

 

Hemos visto cómo los modelos de atención a las personas que viven con VIH las confinan a espacios aislados donde el personal médico rara vez acude y lo hace evidenciando su desprecio y juicio moral. Presenciamos cómo se estigmatizó a africanxs y haitianxs, asociando su tono de piel y pobreza con el sida. 

Seguimos viendo cómo a nadie le ha importado el riesgo de transmisión de covid19 en los campamentos de migrantes o cómo tan sólo hace unas semanas se pretendía experimentar con una vacuna para el coronavirus en África.

Parece que la metáfora de responder contra un virus que invade los organismos está expresando la forma en que algunos creen que lxs pobres y desplazadxs estamos invadiendo sus espacios blancos y adinerados.

La respuesta a un virus sigue manifestando la forma en la que actúa la biopolítica, en dónde las vidas siguen teniendo un valor jerárquico basado en privilegios socioeconómicos.

Sólo considero qué hay algo que perdió de vista el biopoder: el enorme potencial de la abyección y que, siguiendo esa metáfora, somos organismos resistentes a sus tratamientos que pretenden erradicarnos de su mundo.

No todxs lxs viejxs mueren y la pobreza crea sujetxs resilientes. Las necropolíticas que nos imponen no toman en cuenta qué hay personas que nacimos en un contexto de crisis y hemos vivido toda la vida en ella.

Entre un terremoto y otro, entre graves crisis económicas y de violencia social, entre el saqueo y corrupción del Estado, entre el narcogobierno y el feminicidio. Hay personas que sobrevivimos más allá de las políticas neoliberales y que construimos una vida fuera del imperio subjetivo del mercado mundial y la globalización.

 

Nota editorial: este texto es la segunda entrega de cuatro textos que llevan por título Manos sucias, escritos por Bianca Pérez, y que por otros dos miércoles vamos a ir compartiendo en Feminopraxis.

 

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*Bianca Pérez Reyes
Psicoterapeuta y fundadora de Sorece. Asociación de psicólogas feministas A.C.

Sitio web de los cursos que imparte:

 

 

 

 

 

**La imagen que acompaña el texto es un poster de Studio Lennarts & De Bruijn, Países Bajos.

 

Aviso: El texto anterior es parte de las aportaciones de la Comunidad, bajo el tema Viviendo la pandemia: crónicas feministas en primera persona.  La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos. Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

 

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