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Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Violencia de género en las artes

Por Maria Gourley*

La problemática de género es actualmente una temática diversa, enriquecida por diferentes disciplinas y abordada por varios actores en la lucha por conseguir derechos fundamentales. El ámbito del arte, por supuesto, no debe quedar exento.

Las artes en sus diferentes manifestaciones, han sido históricamente relacionadas con la evolución humana e interpretadas como un medio para la creación de movimientos reformistas y de vanguardia, tanto en lo estético como en lo social.

 

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Editorial (noviembre)

Comenzamos esta Editorial con una afirmación dirigida al patriarcado: somos las hijas de las brujas que no pudiste quemar. Dentro de la mentalidad occidental cristiana dual, el concepto de bruja está asociado con la idea del mal; si había sequía, todo era culpa de las mujeres que no obedecían, si un padre no tenía suficientes bienes para mantener a su familia, eran las mujeres de su casa quienes se daban-dan como moneda de cambio; mujeres ancianas, viudas, huérfanas y “rebeldes” eran llamadas brujas y despojadas del derecho a vivir. Cuando las sociedades occidentales comenzaron a secularizar sus prácticas y pensamiento, retomaron la idea de que las prostitutas, feministas, lesbianas, disidentes religiosas, disidentes políticas, o mujeres que no desean casarse o tener hijxs, son “mujeres malas” o brujas. Así es que, a lo largo de casi dos siglos, se normalizó en el lenguaje sexista, clasista, heteronormado y moralista, que las mujeres que transgredimos el orden de las leyes naturales, somos dignas de ser linchadas física y moralmente. Lo cierto es que los dispositivos de control desarrollados hacia nosotras, intentan controlar nuestros modos de vida, nuestros cuerpos, nuestra fertilidad, nuestra vida y hasta nuestra muerte.

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La casa de las goteras

Por Roxana Sámano*

Alfonsina, 9 años, El Salvador

Los abogados del tribunal no sabían qué era más preocupante; la innegable desnutrición de la niña que se evidenciaba con solo mirar sus labios resecos, sus clavículas ostensiblemente pronunciadas, y su baja estatura para una niña de su edad; o el fallo que se dictó al revisar los alegatos de su defensor de oficio, que con vergüenza la miraba de reojo, casi sin mirarla, como si tuviera ganas de pedirle perdón por lo que estaba sucediendo.

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Cotidianeidad

Por Samara Flores*

Hoy salí a las 9:40 am de casa. Estaba un poco ansiosa porque fui citada para una entrevista de trabajo en una casa que se utiliza como oficina, sólo estaríamos el hombre que me citó y yo. Inevitablemente comencé a crear en mi cabeza un sin fin de probabilidades, me calmé. Salí a buscar transporte y desde la esquina de mi casa a la avenida más cercana (son 4 cuadras), ni siquiera pude contar la cantidad de hombres que me miraban las tetas, me silbaban o aventaban besos… Eso hizo que me acelerara y me fuera aparte de ansiosa; molesta a la cita. Seguir leyendo Cotidianeidad

Latinografía en 4 Ritmos

Gritos, un secuestro, luces, obscuridad y silencio. Ella grita hasta que puede, antes de que le metan algo en la boca, no es uno, son muchas las voces y las risas, ella no puede gritar. Yo también me atraganto, no puedo no sentir el asco y el dolor.

Después alegría y cantos, después bailes risas y movimientos gozosos ¿Yo no puedo hacer esa transición? ¿Tú puedes? Como sociedad lo hacemos muchas veces queriendo o sin querer. Después siguen más gritos, de las pequeñas sollozos, preguntas, incertidumbre cuando la violencia viene de alguien cercano, del abuelo, del hermano, del papá. De las desaparecidas hay silencio y de las madres que siempre buscan hay fuerza y lucha.

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¿#TODOS SOMOS LA PRÓXIMA VÍCTIMA?

Por AnaMaría Manzanares Méndez*

En lo que va corrido de éste año, en América Latina se ha triplicado el registro de denuncias por agresiones y feminicidios, cifras que nos indignan y conmueven; unos con mayor visibilidad que otros, la mayoría de ellos ni siquiera registrados en los medios de comunicación. Según datos de la CEPAL (2015) durante el año 2014, al menos 1.678 mujeres fueron asesinadas por razones de género en 14 países de América Latina y tres del Caribe[1].

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Love, Love, Love: “Osito, estoy hot”

Por Palmira Telésforo Cruz *

En la peligrosa y controversial era del sexting, un grupo de adolescentes incitaba a una chica indecisa a mandar un sms con una leyenda aprendida en una revista de “modas” en la peluquería. Osito, ven. Estoy hot.

Usamos estas revistas en talleres de feminismo, como un método fácil y múltiplemente evidente, de señalar las exigencias que el mundo de consumo establece como patrón de identidad de las mujeres: también sucede que ni las conocemos o rechazamos por inservibles y agresivas, pero resultan relevantes como lugar de acceso a la información, de algunas de nuestras mujeres más jóvenes, sobre todo, quienes se encuentran en circunstancias de vulnerabilidad por sus condiciones de carencia económica y/o abandono familiar.

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13 razones de por qué es violencia de género

13 Reasons Why? es la nueva serie de Netflix para adolescentes. ¿Por qué tiene un lugar en Feminopraxis? Al continuar leyendo daré explicaciones de la causa, no sin antes advertir que será un texto spoiler, por ende, si no la has acabado o no la has visto y no quieres enterarte, te recomiendo que la termines y luego entramos en diálogo.

La serie narra, con trece capítulos, la historia de una adolescente que va en preparatoria y cómo todo lo que ella vivió de una u otra forma le dieron la pauta para que cometiera suicidio. Hannah, la protagonista, es una chica normal de Estados Unidos, va a la escuela, tiene amistades, un trabajo en las tardes, vive con su padre y madre, lo común. Por tanto Hannah podrías ser tú, una amiga, una hermana o yo. Y puede ser que a todas nosotras no se nos esté ayudando de la manera correcta porque no sólo es el bullying o el suicidio lo que afecta a miles de personas, también es la falta de perspectiva de género en todos los espacios de desarrollo. Hannah da 13 razones para suicidarse y aquí exponemos 13 razones por las que la serie habla de violencia de género más que de otro tema.

1-. Hannah sale con Justin, quién pertenece a un equipo deportivo; presumiendo que tuvo sexo con ella (sabemos que no), solidariza con sus compañeros para que se haga el rumor de que Hannah es una fácil. Hablar de la vida sexual de una mujer de manera pública es algo muy particular del machismo, pues a las “que se dan a respetar” se les merece un buen trato y las que no, bueno…

2-. Hannah tiene una amistad con Alex y Jessica, mismxs que entablan una relación de noviazgo y empiezan a distanciarse de ella. ¿Acaso como mujeres no podemos ser amigas de hombres con o sin pareja? ¿De verdad seguimos con la idea de que existen mujeres que “roban” hombres?

3-. En una lista, creada por Alex, con la categoría de “mejor culo de la escuela”, está Hannah. Se remarca cómo las mujeres podemos ser objetos prestos al servicio de los hombres. Ellos inician una fraternidad que les facilita, en grupo, comprobar que “el mejor (inserta la parte del cuerpo que quieras)” o “el peor (inserta la parte del cuerpo que quieras)” es verdad, por tanto, Hannah es acosada sexualmente a un nivel físico por Bryce.

4-. Hannah ya no sólo vive el acoso en la escuela. Ahora también le toma fotos Tyler, el del anuario, en la intimidad de su cuarto. Entendamos con esto de género que como mujeres, gracias al patriarcado no tenemos derecho de estar en la calle, de ahí que nos acosen sexualmente al salir. Pero justo en este punto de esta serie, ya ni en lo privado se tiene el derecho a la tranquilidad, pues al ser una fácil, está al servicio, las 24 horas, de quién sea.

5-. Volvemos con la cosificación del cuerpo femenino. El tema aquí es que nuestro cuerpo es transformado en objeto para el placer masculino, siendo heterosexuales o siendo homosexuales. Hannah vive esa parte al ser hostigada por la fantasía de un sin fin de hombres de tener un trío con dos lesbianas. ¿De verdad? Hasta en esto se mete el patriarcado, implantando la creencia de que dos mujeres homosexuales accederán a un trío sólo porque a un hombre le parece entretenido. Dentro de la serie, Courtney también vive parte de esto, pero por el peso de la etiqueta de lesbiana, decide crear el rumor en donde es sólo Hannah; patriarcado 1 – sororidad 0.

6-. ¿Recuerdan la fraternidad entre los chicos de la escuela? Pues bien, ahora le toca a Marcus comprobar el punto 1. Que Hannah es una fácil y está dispuesta a todo sexualmente, con todos, por el simple hecho de que un amigo le dijo a otro amigo o, dicho de otro modo, porque un macho se lo contó a otro macho.

7-. Volvemos con la fraternidad. Veamos aquí el engaño que el patriarcado ha creado con mucho cuidado. Llega Zach, muy amable y comprensivo al principio. Después de toda la basura que tuvo que soportar de los otros hombres, Hannah cansada lo rechaza y con un NO le contesta a su amabilidad. ¿Eso es motivo para quitarle a alguien lo bueno que puede tener en su vida? ¿Es una razón para hacerle (más) miserable el día a día? Un NO es un NO, y al usarlo no deberíamos de ser expuestas a ninguna recriminación ni venganza.

8-. Después de toda una situación de acoso y abuso por parte de las personas que te rodean, crear un espacio dónde sanar es lo ideal, un espacio donde la expresión sea libre y no exista posibilidad de juicios. Hannah lo encuentra, pero también le es arrebatado por Ryan, que en su necesidad de protagonismo la vuelve a exponer ante la escuela, con el mismo mensaje sexual que vemos desde el punto 1.

9-. Estás es una fiesta, te diviertes, tomas alcohol y te emborrachas. Aquí no es Hannah quien vive la violencia con su cuerpo, es Jessica, que inconsciente por su estado de ebriedad, es violada por Bryce, amigo de su novio Justin. ¿Recuerdan la fraternidad? Pues una vez más los hombres crean alianzas, porque al parecer para este sistema está bien que como amigos-hermanos compartan todo, incluso el cuerpo de una chica inconsciente, una chica que no es capaz de decir ni sí, ni no.

10-. En este punto la historia se centra más en Jessica, la amiga de Hannah que fue violada. Justin le miente a Jessica para que no sepa lo ocurrido y los “amigxs” (todxs los ya mencionados) encubren al violador argumentando que Hannah miente. Y este es un tema bastante común. ¿Por qué la creencia de que las mujeres que han sido violadas mienten? ¿Acaso cuando a alguien le roban algo y lo denuncia le aseguran que está mintiendo? Seamos sinceras; ninguna mujer, con el sistema de justicia tan machista, pasaría por gusto todo el proceso de denuncia y juicio por violación. Si cuando escuchas que una mujer fue violada y piensas/dices que está mintiendo, la escuchas desde tu machismo, seas hombre o mujer.

11.- Llega el punto que Hannah esperaba en toda su trayectoria por la preparatoria: conocer un chico amable y sincero como Clay. Pero lo aleja. Cuando tachamos a una mujer de puta y fácil, cuando la sociedad tan machista hace que esta mujer crea que merece todo tipo de violencias por ser una zorra; al momento en que llega una situación o una persona que puede ayudarle, algo muy probable que pase es que rechace aquello. ¿Por qué? Por el hecho de que se le ha implantado la creencia a esa mujer de que merece todo lo malo del mundo y que las cosas buenas sólo le pasan a las mujeres que son santas. Al final, “ni putas ni santas, somos lo que nos de la gana”, pues como seres humanas tenemos el derecho a decir qué y cómo queremos ser y vivir nuestras vidas, no por ello tenemos que soportar el estigma social con sus violencias machistas.

12-. Vuelve el tema y el acto de violar. Bajo el discurso “todas me miran con deseo”, “en esta escuela todas me desean” o “no me dice que no, pero se le ve en la cara que lo pide”, Hannah es violada. Y Bryce, ese violador que intentaban encubrir con la idea de que la víctima miente, admite que tuvo sexo con ella sin su consentimiento (es importante remarcar que él nunca dice la palabra violar, pues en su discurso no cree que cometió un delito). Aquí se ve perfectamente la escala de violencia de género que todas hemos y podemos vivir. Primero nos enseñan que no podemos defendernos, que ignoremos las cosas, luego nos acosan sexualmente por medio de la palabra, después tocan nuestros cuerpos. Al creer que estamos disponibles al público masculino, nos violan, y por último, deciden si nos dejan vivas o no (feminicidio).

13-. ¿Qué pasa cuando una mujer pide ayuda para salir de la violencia de género? En muchas ocasiones pasa lo que a Hannah le dijo el único adulto con contacto continuo con estudiantes. El consejero escolar, respondiendo a Hannah “si te molesta, vete”. ¿Por qué la mujer golpeada tiene que acudir al refugio?, ¿Por qué la mujer violada tiene que aislarse de su vida para evitar al violador?, ¿Por qué tenemos que cambiarnos de acera cuando vemos un grupo de hombres dispuestos a acosar? Y ¿Por qué somos las que tenemos que cambiar si el sistema es el que está mal? Tanto al golpeador, al acosador, al violador y al feminicida se les tiene que dar un castigo, pues lo que hacen es en contra de nuestra dignidad como mujeres y están en la ley las diferentes sanciones. Que se eliminen las fraternidades entre hombres y mujeres machistas para que empecemos a ver justicia, tanto en las situaciones reales como en las “ficticias” de una serie.

13 razones por qué es un retrato de lo que muchas mujeres vivimos día con día, y todas lo combatimos de diferentes maneras. Me aventuraría a decir que el suicidio de Hannah tiene mucho de feminicidio, pues se le rebajó, se le quitó todo lo que ella tenía, psicológica y físicamente, a tal grado que ya no vio ninguna salida más que morir. Creo que es importante reflexionar más profundo sobre esto, no podemos permitir que más vidas de niñas, adolescentes y mujeres se sigan apagando por el machismo que se practica en el día a día.

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter