Flor

Por Erika Prado*

 

Hoy, es el dia más importante de mi vida. Mañana, es mi boda. Hace un momento me desfloraron y sí todo sale bien, en un rato me subirá la fiebre y las ancianas, después de inspeccionar la sangre y corroborar que efectivamente es de himen, darán su bendición para que pueda casarme y vivir como Dios manda. 

Me permiten conservar mi libreta, espero acostada desde hace rato, todo en la habitación es blanco, en señal de pureza, no sé cuanto tiempo pasó desde que vino la señora a comprobar mi virginidad y se llevó la pantaleta con sangre. Puso cara de incredulidad, siempre dudó de mi honor, pero la sangre no miente y estoy tranquila esperando el resultado. 

Tres cuetes blancos dan aviso a la comunidad que alguien ya robó mujer y dependiendo del poder económico de la familia, se hace un pequeño espectáculo de fuegos pirotécnicos para que la gente ubique en qué casa fue; creo que en ésta ocasión el espectáculo fue pobre.

Las mujeres entran y salen desesperadas, y tocan mi frente para ver si llega la fiebre. Ya me cansé de decirles que soy una buena muchacha, que va a subir tarde o temprano y mi calzón con sangre estará colgando en su altar en menos de lo que canta el gallo. No me escuchan, nunca lo hicieron, todos esperan el dictamen de las más grandes de esta casa. 

Calculo que no podré pararme de la cama en unas veinte horas más; es un martirio, quiero levantarme pero estoy aquí, sometida a un ritual que por nada del mundo deja pasar la familia del novio y las chismosas de la cuadra, de todo el pueblo. 

Mis amigas entran y me cuentan la risa que les provoca pensar en mi cara cuando me metieron el dedo para romper el himen, no las dejan estar mucho tiempo, las sacan del cuarto, me quedo sola.  

La verdad el dedo no me asustó para nada, mamá se cansó de repetirme cómo sería; desde que llegó la menarca, momento en que me explicó que debía cuidarme de los hombres y que era un tesoro muy preciado el convertirme en mujer. Ensayamos la cara que tenía que poner para que mi futuro esposo, o quien lo hiciera, no pensara que me gustaba o que ya me habían metido algo antes. Hay que poner resistencia, mostrar pena y al mismo tiempo estar dispuesta y con buena voluntad. Eso lo tengo dominado, así ha sido mi vida desde que me acuerdo.   

Vivo en un lugar donde la enumeración de hijos casados da prestigio y poder a la madre frente a la comunidad. Como mujer, se aprende desde la leche materna, que se tiene que dominar una serie de habilidades que asegurarán el agrado del varón, tiempo después, cuando entiendes mejor la situación sabes que es el agrado de un sólo varón el que importa, el que quiera, después de un largo cortejo, llegar al matrimonio contigo; para lo que hay que pasar por esto, que me tiene postrada aquí y a lo que me someto por el amor que le tengo a mis padres y sus creencias. 

Me asusta que la codenada anciana diga que no es sangre de himen y entonces si estoy perdida. Cuando mi novio concertó la huída me trajo a su casa para quedarme a empezar una familia aquí, con él y toda su familia y de ninguna manera me aceptarán de regreso en mi casa, si un hombre roba mujer -claro con el permiso de ambas familias, pues el de la novia importa muy poco-, te lleva a su casa al rito de desfloración y si por cualquier circunstancia no hay fiebre o sangre de himen aprobado por las abuelas, entonces no vales nada. Sangre y fiebre son los únicos elementos que te permiten entrar en un matrimonio respetable, muchas fingen su virginidad y meten bolsitas de tripa con sangre, bien amarrada y se las arreglan para que se rompa con el dedo desflorador, o lo rompen antes, no sé bien, esas mañas nos las tenemos ni conocemos las niñas de buena familia. Hasta ahora, nadie logró engañar a las expertas ancianas, ellas distinguen entre sangre de himen y cualquier otra, aunque ahora que lo pienso si alguien lo logró se llevará ese secreto hasta la tumba. 

Pienso en si las ancianas mentirán alguna vez. Todas las muchachas que han sido deshonradas públicamente por un dictamen negativo de estas señoras ¿de verdad lo fueron? ¿cuánto se tardan en comprobar la procedencia de la sangre? ¿cómo lo hacen? ¿de dónde aprenden? Eso nunca se nos explica ni se nos responde a las mujeres vírgenes, son temas de gente grande.

Todo eso pasa por mi mente justo ahora, pienso en si la deshonra, aunque de la peor forma, es lo que quiza hace falta para empujarme de una vez a mis secretos pero verdaderos deseos. Mis pensamientos van mucho más rápido que mi pluma. 

Veo el techo de la habitacion, las vigas de madera carcomida por las polillas, los insectos repapalotean alrededor del foco y hay silencio, por primera vez desde que comenzó todo, escucho silencio. El único ruido que hay es el del ventilador que ya no es suficiente; hace cada vez hace más calor, quiero agua, algo fresco que quite la resequedad que siento en la garganta. En la mesita de madera, al otro lado del cuarto hay una jarra, !por favor que alguien venga a darmelo o me dejen parar!, temo que si lo hago y se dan cuenta sea fatal, me indicaron explicitamente que permaneciera acostada y bien tapada pues mi cuerpo estaba caliente por la desfloración y podía darme aire en la espalda y enfermarme, sé que lo que importa en las personas es lo de adentro pero eso no sale en las fotos y quiero verme bonita en ellas. La puerta se abre y vienen en silencio con la noticia de que ya hay un dictamen y que todos esperan afuera a que salgan a dar la mala noticia o simplemente cuelguen el calzón con sangre en la ventana, símbolo de que dan la bendicion para el matrimonio. Se dejará ahí unas horas, para que todo el que pase, le interese o por morbo quiera saber, se entere que la novia es una muchacha de alto valor, virgen, honorable, digna del hijo que daran en matrimonio y por los cuales vale la pena activar y movilizar todos los recursos de los que dispone mi futura suegra para llevar a cabo la celebración.

Escucho movimiento en el patio, arrastran cosas y avientan otras como apilandolas; no sé que pasa. Me lamento de nunca haber asistido a un ritual de estos y preferir quedarme a no hacer nada, como dice mi mamá cada vez que me ve leer o escribir, así que estoy en blanco. Cierro los ojos, el cuerpo me empieza a calentar y ya no me es posible calcular el tiempo.

Me despierto y está mamá mirandome con cara de alegria, -mija, todo salió bien, ya estamos recibiendo los tributos- dice abrazandome fuerte contra su pecho, me siento contenta por su felicidad, es lo único que me importa. 

Los tributos suelen ser variados, los trae la gente del pueblo, pueden ser cerveza, comida, cuetes, flores, despensa, dinero o cualquier cosa que quieran dar para el inicio de una nueva familia o sirva para la celebración de la boda, regularmente empiezan a llegar cuando la pantaleta está en la ventana y se hace del dominio público que la boda se realizará aunque hay ocasiones en que los tributos llegan desde el inicio de la desfloración y significa que la gente está completamente segura de que la mujer es respetable, el cual no es mi caso. La noticia hace que me descance el alma, me pasan trapos húmedos por la frente, sudo a mares. 

El murmullo se hace cada vez mayor, no sé cuánto tiempo dormí ni cuánto falte, ya no puedo calcular nada, las piernas y brazos me comienzan a doler, me hierven y no tengo una explicación para eso, me desespera. 

Hay mucha alegría en la casa y cada vez me siento peor, mi mamá me cuenta que le están dando los últimos toques al bordado de mi vestido, ella, segura de mi virginidad, mando a hacer el vestido meses antes sin decirme nada y mi suegra habia aceptado el ofrecimiento, al parecer todos sabían de mi inminente matromonio menos yo; me dijo también que comienzan a poner la lona en el patio, ya se encargaron los arreglos florales y que en cualquier momento sonará en la bocina de la colonia la invitación para que todo el pueblo asista a la celebración. MI futuro esposo fue a contratar la banda musical y a matar un puerco para la comida que empieza a prepararse desde hoy, les tomará toda la noche. Me quiere de verdad. 

Mi madrina entra y se pone contenta al verme enrojecida, se pavonea de la bendición de mi cuerpo febril y nos comunica que mañana a las nueve será la ceremonia, otro dato del que la última en enterarse soy yo, empieza a oscurecer por lo que calculo son alrededor de las 6 de la tarde, les pido que me dejen sola, quiero descansar estoy nerviosa y tengo una revolución en la cabeza, nunca mejor dicho. Salen preguntándose qué vestido usarán y entrecruzan sus brazos para cuchichearse algo. 

Arranco el paliacate que dejaron amarrado a mi frente, quiero escribir ahora pues en unas horas cuando vengan a vestirme y comience la fiesta no podré hacerlo más, a nadie le gusta.

No sé qué vida me espera, pero sé la que quiero y me llena de culpa, dentro de la felicidad por los planes que hay por delante y haber cumplido en ser una buena muchacha que hizo todo lo que se le enseñó y predicó para no desprestigiar a su familia no puedo evitar sentirme nostalgica, frustrada por muchas cosas, tener que dejar la escuela, la casa donde crecí, alejarme de mi familia para venir a vivir aca y saber que nunca más seré la hija de mis papás de nuevo, la hermana de mis hermanos, dudo siquiera poder llegar a ser yo misma, pues a partir de mañana que cruce la puerta vestida de novia, seré la esposa de alguien y nada más, todo lo anterior lo era apenas ayer y hoy no sé nada, menos quién soy; prometí seguir el mandato de mis padres hasta que fuera mayor y soñe con casarme, si lo hice, pero nunca imagine que sería tan pronto. 

Lo hago convencida de que es lo mejor por ahora, mi mamá no se merece otra cosa, pero sueño con el dia en que tenga mis Oros, en que no le deba explicaciones a nadie ni tenga que cumplir con tradiciones y expectativas que me atraviesanan desde antes de nacer; añoro tener mis propios hijos, con los que pueda salir del pueblo y enseñarles otros mundos que tampoco conozco pero intuyo existen, quiero explorarlos con ellos e inculcarles, exigirles lo impensable aquí, que intenten ser alguien nomás para y por ellos y que si en el camino encuentran a alguien con quien compartirse, lo hagan, tomando sus riesgos y precauciones pero se entreguen, que su cuerpo es sólo de ellos y nadie tiene que ponerles un valor por nada en el, esas serán mis tradiciones, ese será el discurso que mamen de mi pecho, mi pequeña revolución personal que si no logro moriré intentando sin quitar el dedo del renglón y cuando eso pase, entonces si, podré vivir como Dios manda.

 

20180828_221644Erika Prado. Chef dueña de La Casa Del Gourmet. Licenciada en Psicología y Maestra en psicoterapia psicoanalítica  por la Sociedad Psicoanalítica De México donde ha publicado varios ensayos relacionados a la cultura. Se interesa por la divulgación gastronómica, la salud mental y la cultura mexicana. En educación formó parte de programas de empoderamiento social alfabetizando adultos mayores. Actualmente atiende adultos en la práctica clínica. 5538294996

 

 

La ilustración que acompaña este texto es parte de la colección de imágenes en @talk_to_vagina

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