Cierre de ciclo

Por: Ana Gabriela Montiel García*

Dejar ir conlleva un proceso a veces veloz, a veces tardío. Nos obliga a mirar nuestro vacío, esa negrura que nos impide aceptar mucho de lo que somos, de lo que hemos sido. Este ejercicio poético es un homenaje a los ciclos abiertos, esos que dejamos en el olvido y en los insomnios.

Qué necesario es despedirse, pero hacerlo de verdad, enunciarlo, dejar fluir las palabras que nos vienen de la más profunda evolución personal.

Esta danza, esta poesía en prosa es un adiós pendiente, un adiós definitivo a esa que fui y que ya no soy más. Cerrar el ciclo con el mismo amor del que estamos hechos es aceptar la muerte, es volver a nacer, pero ésta vez con más fuerza, con más pasión y con plena libertad de ser.

En esta luna llena lanzo el adiós y que retiemble la tierra y las almas para que seamos siempre libres. ¡Hecho está!

 

Cierre de ciclo

Hola, cariño: A estas horas ya no me acuerdo de cómo te solía nombrar en los tiempos de amor, pero en horas como éstas, en donde la mañana es fría y apenas va amaneciendo es cuando me acuerdo de todo, a lo mejor es el frío que se parece al invierno en que te conocí, en el rojo cielo y con tu pequeña historia del día dragón.

Las horas no pasan cuando el recuerdo se congela y nos deja ahí parados en medio de un abrazo roto, para después llevarnos al café donde bebimos nuestros temores, ahí en donde descubrimos la humanidad del otro; después flotamos hasta llegar a todos esos lugares en donde conocimos la intimidad y nos dispersamos por todas las esquinas, entre el suelo y el polvo.

Amor, ya nada es como era antes, ni tú , ni yo. Las calles observan nuestras sombras fantasma, estamos ahí entre esos ecos que a veces confiesan que el asfalto fue testigo del incendio entre tú y yo, del fuego en nuestras manos, ese con el que dibujaste mi espalda y la llenaste de colores brillantes con esa tinta que más tarde se borró con nuestra historia.

Contigo fui libre mientras pude, intenté vivirlo todo sin miedo, y a menudo lo lograba, pero cuando no, me daba cuenta del severo juicio que dejabas caer sobre mis hombros, y yo en cambio dejaba el llanto regado por doquier , era un llanto desesperado por no saber que hacer para que las cosas no tomaran el rumbo que finalmente tomaron, pero era cierto ¡No nos tocaba!. Quizá en alguna vida pasada el tiempo nos tocó distinto, pero en esta solo nos tocamos el alma para después irnos montados en el vuelo de una mariposa.

La villanía y el descontento no pudieron mitigar el amor encantado que sí nos tocó vivir, el acaudalado poder de nuestra sangre compartida, un claro de luna en el vientre hecho por esos días y flores que te definían.

Las montañas dejaron de sangrar de verdad, se llenaron de nieve porque saben que a la tarde habremos de llegar para reconocer lo que en su momento no pudimos.

Siempre tuve mucho que decirte, pero no sabía cómo, no entendía el río de palabras que me inundaban, quizá eran palabras de otra vida, de un lugar desconocido tal vez.

Nos elegimos con la mirada más de una vez, nos ganaron los extrañamientos del mundo, nos sugestionamos con la maldición de los montañeses, esa que me impidió demostrarte que mi amor por ti iba más allá de las palabras, que aún con los años y la distancia podría sentir tu espíritu al que abracé con la raíz.

Te imagino sonriendo a lo lejos, feliz porque deseo que lo seas.

Hay dos vidas, una detrás de la puerta y una dentro de ella, no sé quién es el que está afuera, a veces parece que no hay muros que la sostengan y a veces me pregunto quién nos espera.

Finalmente el espejo miró de frente al caminante del cielo, y le dijo: ¡Fui un reflejo, ahora es nuestro!. ¡Adiós, corazón, adiós!

 

Nota de la autora: Este poema surge por un ejercicio terapéutico que realicé con respecto al confinamiento y a todo lo que éste nos enfrenta. Realizo este vídeo como un acto de liberación, esperando que le pueda servir a alguien de inspiración.

 

 

 

BestiaPájaro*Ana Gabriela Montiel García. Mexicana. Psicóloga de profesión, Community Manager y creativa en procesos de producción teatral, musical y audiovisual. Estudió Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (FESI- UNAM). Ha participado como ponente en diferentes proyectos y talleres de Desarrollo Humano impartidos en la DGIRE (UNAM), FES Acatlán, Instituto de la Mujer de Atizapán de Zaragoza, y el Instituto de la Juventud de Atizapán de Zaragoza. Ha participado en proyectos artísticos como actriz y dramaturga en montajes teatrales (UNAM) y TarotPlane con presentaciones en foros nacionales como el Museo Nacional de San Carlos, Museo de la Caricatura, Centro Cultural El Rule, Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, Muestra Estatal de Teatro; e internacionales como el Festival Internacional de Teatro Universitario (Costa Rica).

 

Nota editorial: Si quieres saber más de los proyectos poéticos y creativos de Ana, la puedes encontrar en su canal en Youtube se llama: Bestia Pájaro. También colaboró con su poesía en un proyecto llamado “Musas de la tempestad”, aquí pueden acceder a algunos vídeos: https://www.facebook.com/tarotplanemusic/?ref=bookmarks 

 

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