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Black history month: seis afrobritánicas para tener presentes. 

Vivo en uno de los municipios más racistas del sureste de Londres. En 1993, el asesinato del joven negro Stephen Lawrence visibilizó a nivel nacional en Inglaterra, que el problema racial sigue siendo uno de los grandes temas que las políticas de multiculturalismo e integración, no han logrado resolver. Lawrence fue asesinado por dos jóvenes blancos mientras esperaba el bus en Eltham para regresar a su casa. En esa década parecía ser que hablar del tema racial en la sociedad británica era políticamente incorrecto, como lo sigue siendo el día de hoy. Hacerle notar a gente con privilegios (whiteness) sus prácticas racistas –que más que algo personal, son parte de la estructura histórica–, sigue siendo uno de los grandes temas que han llevado a gran parte de la población afrodescendiente a instaurar, desde la década de los 80’s, un Mes de la Historia Negra (Black History Month). Pero como bien señala la escritora y bloguera Reni Eddo-Longe, en su libro Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race, Bloomsbury, Londres, 2017), la historia y presencia de la población negra, no puede ceñirse a un mes, cuando lo importante es resolver la situación antes que celebrar.

Con esto en mente, comparto con ustedes unas breves referencias sobre seis mujeres afrobritánicas que son parte de la historia, memoria y resistencia en este lado del charco, y que sus vidas están fuertemente marcadas por sus militancias contra el racismo, la resistencia desde las raíces y la memoria africana, la precariedad de vida y la gentrificación.

Doreen Lawrence (1952-). Activista contra el racismo. De origen jamaiquino, siendo niña viajó con su familia a Londres. Madre de Stephen Lawrence, al saber que su hijo había sido asesinado, y que la policía no había detenido a los asesinos, aún teniendo evidencias que el asesinato había sido por racismo, se volvió una agitadora comunitaria. Después de mucho trabajo de concientización y constante cabildeo, logró hacer del caso de su hijo, un tema de interés público y mediático, señalando que la policía metropolitana era institucionalmente racista. Hoy en día, ella es baronesa y miembro de la Cámara de los Lores en el parlamento británico. De haber sido una mujer emigrante, cajera de banco, su lucha constante contra el racismo, es un claro ejemplo de resistencia.

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Doreen Lawrence, junto a un cuadro que el artista Chris Ofili hizo como un homenaje a su lucha, No woman, No cry, expuesto en el Tate, Museo de Arte Moderno, Londres.


Olive Morris (1952-1979). Nacio en St Catherine, Jamaica y se mudó a Londres cuando tenía 9 años. Fue miembro fundador de la Organización de Mujeres de Origen Africano y Asiático (OWAAD) y estableció el Grupo Brixton Black Women’s Group, en el municipio de Lambeth, en el sur de Londres. Fue miembro del Movimiento Británico de las Panteras Negras y ayudó a fundar la Manchester Black Women’s Cooperative y Manchester Black Women’s Mutual Aid Group. Ella fue una activista muy comprometida contra el racismo que mujeres de color experimentaban, el poco dinero que tenía lo donaba a campañas, hasta ser ella misma una sin techo (homeless). Murió a los 27 años de cáncer y su legado sigue vibrando en Brixton a través de un colectivo que lleva su nombre y apuesta por la promoción de la educación y autosuficiencia. La comunidad afrocaribeña en Brixton ha creado una moneda de circulación local con el rostro de Olive Morris. 

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Olive Morris, en una manifestación, demostrando que la vida de las mujeres y comunidad afro debe ser respetada.


Claudia Jones (1915-1964). Afrofeminista, nacionalista, activista política, líder de la comunidad, comunista y periodista. La diversidad de sus afiliaciones políticas ilustra su enfoque multifacético de la lucha por la igualdad de derechos en el siglo XX. Nació en la isla de Trinidad en 1915 y a la edad de ocho años se mudó a Harlem, Nueva York con su familia. Su educación fue interrumpida por la tuberculosis y el daño a sus pulmones, así como una enfermedad cardíaca. En New York fue parte del Partido Comunista Estadounidense y en 1948 era la editora de Asuntos negros para el periódico del partido Daily Worker. Ya iniciaba su carrera como oradora y defensora de los derechos civiles. En 1955 fue deportada de los Estados Unidos y se le dio asilo en Inglaterra, donde pasó los años que le quedaban trabajando con la comunidad afro-caribeña de Londres. Fundó y editó The West Indian Gazette que, a pesar de los problemas financieros, siguió siendo crucial en su lucha por la igualdad de oportunidades para la gente de color afrodescendiente. El legado perdurable de Claudia Jones es, sin duda, el carnaval de Notting Hill, que ella ayudó a lanzar en 1959 como un escaparate anual para el talento caribeño. Estas primeras celebraciones se llevaron a cabo en salas y se resumieron en el lema: “El arte de un pueblo es la génesis de su libertad”.

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Jones, revisando galeras de la Gaceta que dirigía en el barrio de Notthing Hill.


Khadija Saye (1993-2017). Fotógrafa de 24 años que murió hace meses en el siniestro de la Grenfell torre, Londres. Una madrugada el multifamiliar se vio envuelto en llamas, las que en varias horas, consumió vidas; entre ellas estaba Khadija y su madre. Esta joven recién participaba en una exposición en el Pabellón de la Diáspora en la Bienal de Venecia. Su trabajo recupera la espiritualidad y tradiciones ancestrales de sus raíces en Gambia. Ella es un símbolo de ingenio y creativad, como muchas mujeres de la diáspora que truncan sueños por vivir en condiciones de precariedad. 

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Una de los autorretratos que Khatija expone en la Bienal de Venecia en el Pabellón de la Diáspora.


Siana Bangura es historiadora por la Universidad de Cambridge, escritora, bloguera, oradora pública y periodista independiente oriunda del sudeste de Londres, con raíces de Sierra Leona. Es reconocida por su poemario Elefante (Haus of Liberated Reading, 2016), donde narra experiencias propias de racismos, exclusión, sexismo y gentrificación. Ella también es productora, trabaja en cine y teatro y actualmente está produciendo una película, ‘1500 & Counting’, que investiga la brutalidad policial y las muertes bajo custodia en el Reino Unido. Siana es también fundadora y editora de la plataforma Black Feminist, No Fly on the WALL. Su trabajo creativo, extensa escritura y organización comunitaria se centran en destacar y centrar las voces marginadas, como la suya, dándoles poder para ocupar espacio y ser visibles en sus propios términos. Fue nominada para el Premio Nu People x Hustle and Heels Inspire 2016.

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Siana, posa en uno de los murales del sureste de Londres, zona de gentrificación,  y en donde ella grabo parte de su documental Demin (https://www.youtube.com/watch?time_continue=693&v=icrfq_w2qfg).

 

Reni Eddo-Lodge. Escritora y ensayista, es una de las voces contemporáneas más críticas sobre el racismo en la sociedad británica. De raíces nigerianas, los silencios oficiales sobre las mujeres y población afrodescendiente en Inglaterra, le llevó a escribir en un blog sus vivencias y opiniones de lo que vivía, a lo que encontró eco en otras miles de voces atemporales de personas que también tuvieron experiencias similares. Por ahora, su libro está en lengua inglesa y se ha convertido en una lectura obligada por todas las personas interesadas en explorar el tema del racismo, la historia, la cultura, la memoria y el feminismo interseccional. Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race), explora temas desde la historia negra erradicada de cursos de historia oficiales en las Universidades, hasta el propósito político de la dominación blanca, el feminismo blanqueado al vínculo inextricable entre clase y raza. Además de ser reconocida como una de las mujeres más influyentes en este año, este mes que se han publicado los escritos de Audre Lorde, bajo el título Tu silencio no te protejera (parte de esos ensayos se encuentran en español con el título de La hermana, la extranjera), Reni es quien le hace el prólogo.

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Reni Eddo-Longe, escritora del ensayo Por qué ya no hablo con gente blanca sobre la raza (Why I’m no longer talking to white people about race, Bloomsbury, Londres, 2017).

Seguramente hay miles de mujeres más que están haciendo grandes esfuerzos por reafirmar las identidades afrodescendientes e invitándonos a descolonizar nuestros pensamientos y prácticas, a ver si sus reflexiones y vidas tienen eco en nosotras. Por este año, yo homenajeo a estas mujeres que me han hecho sentir welcome en este país.


Jael**Jael de la Luz. Mexicana, historiadora feminista, editora, activista y educadora popular en Latin American Women’s Aid, LAWA y en The Feminist Library, Londres. Es madre, esposa, amiga de gente luchona y escribe por gusto, curiosidad y desahogo. Ama los libros y no concibe sus días ellos. Recuerda a sus amigos que se están del otro lado del charco con la esperanza de un día volver. Le interesan los temas de espiritualidad, decolonización, feminismo interseccional, gentrificación, América Latina y cultura chicana. Síguela en Twitter: @jaeldelaluz, en Instagram como jaeldelaluz, en Youtube: Jael de la Luz y Facebook: Jael de la Luz.

La bonita chola, resistir desde la identidad indígena.

Londres, ciudad de grandes escritores, museos y festivales de todo tipo, es visitada diariamente por miles de turistas, es habitada por miles de migrantes y es soñada como lugar de paz y consuelo para exiliados y refugiados. Sin embargo, otras historias se tejen desde los márgenes de las resistencias. Las mujeres que no somos europeas, y que hemos nacido en otra parte del mundo, somos llamadas políticamente “mujeres de color” y por ser mujeres de color, no tenemos los mismos privilegios que las mujeres británicas blancas y europeas blancas. Nuestra situación migratoria, el manejo del inglés, la educación, el acceso al trabajo digno y a servicios básicos, se ha vuelto una batalla de sobrevivencia para nosotras, las mujeres no europeas.

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Sarbjit Johal: Retratos contra la violencia.

Las mujeres del sur de Asia, afro descendientes, latinoamericanas y de otras minorías etnicas, por sus siglas en inglés BME) en Reino Unido, tienen un papel relevante en las luchas por los derechos laborales y contra la violencia doméstica. Son las mujeres de estas comunidades, quienes forman parte de los trabajos más precarios en salarios y condiciones de vida en una de las capitales mas neoliberales del mundo: Londres.

Cuando una mujer migrante, en Reino Unido, es sobreviviente de la violencia doméstica, tráfico sexual o explotación laboral, no es fácil que cuente su historia y busque ayuda de manera inmediata. Muchas de ellas, al encontrarse en países con otra cultura y lenguaje totalmente diferentes, pueden aislarse y vivir solo para trabajar, creyendo que no hay alternativas. Al estar en otro lugar que no es el hogar, los espacios donde se hace la vida, a veces están cargados de racismo, sexismo, discriminación y exclusión. No obstante, la cultura y las tradiciones del origen pueden ser un vinculo poderoso para sobrellevar el estar lejos de lo querido.

Algunas mujeres que pasaron por ese itinerario, junto a otras que están envueltas en luchas anti sistémicas, al vincularse en proyectos culturales y/o de empoderamiento colectivo, emplean el arte y otras expresiones para poco a poco tomar conciencia de las múltiples formas de exclusión, racismo, explotación y violencia. Algunas de estas mujeres han conformado colectivos, organizaciones o programas comunitarios en sus lenguas madres para visibilizar y erradicar estas realidades que van en aumento.

Arte y activismo a veces van de la mano, como es el caso de Sarbjit Johal, pintora radicada en Londres, quien desde la década de 1990 ha acompañado colectivos y huelgas de trabajadoras domesticas, obreras de fábricas, trabajadorxs de limpieza en universidades y sindicatos. De ese acompañamiento, ha compuesto una exposición titulada: “Nuestras vidas públicas y privadas están conectadas.” Ella explica que la exhibición muestra cómo la fuerza de trabajo manual desde el hogar hasta las universidades, vinculan las luchas de las trabajadoras domésticas con otros tipos de trabajadorxs. Quiere mostrar la marginalidad y explotación y sus expresiones en el espacio público, para reivindicar los movimientos que hoy demandan cambios en los derechos laborales.

Gran parte de su obra la componen mujeres de diversas comunidades que le narraron

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Huelga de Burnsall, Birmingham 1992-1993).

sus historias de sobrevivencia y lucha, por lo que al pintar, reconoce la fuerza de cada mujer y colectivo por dar la lucha y testimonio de esas formas de organización y solidaridad.

Al ser una exposición abierta, la inaguración convocó a varias mujeres representantes de luchas actuales en Londres. La campaña Justice4Cleaners que encabezan mujeres latinoamericanas y estudiantes de color, son de las mas activas, seguida por la campaña Justice4DomesticWorkers que actualmente realiza vigilias cada mes afuera de la embajada de Emiratos Árabes Unidos donde se reclama la vida de la joven filipina Jennifer Dalquez, quien al defender su vida de una violación sexual, ha sido condenada a pena de muerte.

—-La imagen que ilustra este texto es del foro organizado por Sarbjit (la segunda de derecha a izquierda), y algunxs de los representantes de luchas por los derechos de los trabajadores. La exposición es abierta al público en una librería municipal en Greenwich, Londres.

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Retrato de Jenifer Dalquez y una joven del colectivo Justice4DomesticWorkers. Foto: Roman Berry.

Amy Winehouse, un retrato familiar.

Cuando pensamos en cantantes británicas contemporáneas, un lugar especial tiene Amy Winehouse. Nacida en el norte de Londres en 1983 en el seno de una familia judía común de la clase trabajadora, Amy desarrolló un gran talento que alcanzo la cima de la fama justo cuando fue presa de un entorno afectivo destructivo.

Amy3Reina del soul británico, desde niña estuvo consciente de sus dotes de cantante. A la vez que leía las historietas de Charlie Brown and Snoopy o los clásicos de Charlotte Brönte, intentaba con el rap y presentaciones escolares para probar suerte. Su colección de viniles hablan de su culto a las grandes voces de soul, blues y jazz afroamericanos. Su registro vocal fue contraalto, lo que le valió, cuando comenzó su carrera musical, ser inconfundible. Poco a poco su presencia fue mudando de un estilo pop a vintage. Sus cabellos negros peinados en un gran chongo, sus tatuajes y formas de maquillarse dieron el marco perfecto para inmortalizar a esta mujer que ganó los más importantes premios de la industria musical contemporánea.

En esta parte del mundo, gente que siguió de cerca la vida de Amy, dicen que su padre fue uno de los hombres que más le violentó y le explotó en su carrera como cantante… Conforme el éxito crecía, Amy se enamoró de Black Fielder, con quien sostuvo una relación amorosa violenta y complicada. Fruto de ello, profundas depresiones y consumo de drogas, alcohol y desordenes alimenticios. llenaron su vida de escándalos públicos. En el momento que vivía la fama, también pesaba sobre ella el dolor de verse envuelta en una relación que la superaba, perdiendo el control sobre su vida, aunque en los últimos dos años decidió divorciarse de Fielder y comenzar una nueva relación. Murió en el 2011 a los 27 años, por un haber bebido en exceso cuando estaba en proceso de desentoxicación. La encontraron muerta dentro de su apartamento en Camden, un barrio muy concurrido en Londres.

Amy Winehouse. A Family Portrait es una exposición temporal que el Museo Judío de Londres, ha abierto al público para conocer un poco de la vida íntima de Amy. Son objetos personales que dan cuenta de lo “normal” que fue la vida de esta gran cantante. El recorrido comienza con una instalación de jaulas pintadas de color oro y por dentro pájaros cantores, simbolizando la vida de Amy. Más adelante, nos encontramos con algunos de los premios que ganó (Grammy, BRIT Awards), sus vestidos más emblemáticos, sus discos, libros de la infancia y la adolescencia; algunos de los gafetes de los festivales donde se presento, y su árbol genealógico trazando la migración y oficios de sus antepasados en Reino Unido. Y es este detalle donde deja de ser una exposición personal, para dar sentido a una narrativa familiar. Alex Winehouse, hermano de Amy, escribe:

Esto no es un santuario o un monumento a alguien que ha muerto. Amy no fue la persona más famosa en nuestra familia, ella no era el centro. Ninguno de nosotros lo somos. Somos una familia con un pasado colorido y lleno de acontecimientos en el presente y en el futuro. Niños nacen, la gente se casa, la gente envejece (algunos son muy longevos), y la gente muere.
Esto no es un intento de decirle a la gente cómo era mi hermana, ni qué clase de gente eran mis abuelos o forzar mis opiniones sobre ti. Esta es una instantánea de una chica que era, en su núcleo más profundo, simplemente una pequeña niña judía del norte de Londres con un gran talento, más que nada, ella sólo quería ser fiel a su herencia (raíces culturales judías). Espero que esto lo entiendas, y que disfruten la importancia que significa ser un Winehouse, Seator, Gordon y Richman.

Llegando a ese punto, no supe que pensar: por mas que viera objetos personales de Amy, tal pareciera ser que el Winehouse era ese espectro que quería culminar la exposicion, como una forma de decir: Amy no fue sin su familia, sin su cultura, sin su linaje. Qué nos quiso decir esta presentación?; Amy, quién te quito la voz de decirnos cómo quieres ser recordada? !Ahora entiendo la potencia de tu voz!

Más allá de estas reflexiones debo decir que la exposición se salva por la secuencia de cuadAmy2ros tipo Andy Warhol que están en la primera sala, y todas las emociones que fans de diversas partes del mundo dejan en postis rosas para recordar que Amy es Amy hoy y para siempre! Y así bella, llena de vida, te recordamos!

Aquí un link de la exposición y el trabajo que artistas hacen de Amy para honrar su memoria en Camden.

https://www.facebook.com/JewishMuseumLDN/

Cuando las violaciones son productos de consumo neoliberales.

Marzo de 2017, Londres, Inglaterra. Angela Davis y Chimamanda Ngozi Adichie, dos de los grandes iconos del feminismo afrodescendiente se preparan para dar poderosos e inspiradores discursos a las mujeres que irán a escucharlas al WOW Festival Southbank (Women of the World Festival/ Festival Mujeres del Mundo), un evento masivo que se realiza cada año desde una apuesta feminista en Londres y donde asisten personas de diversos orígenes y apuestas políticas de avanzar en los derechos de las mujeres. En el mismo festival, una pareja se prepara para hablar de violación y “justicia restaurativa”: la escritora y activista islandesa Thordis Elva junto al australiano Tom Stranger, quien la violó cuando ella tenía 16 años.

Su historia comenzó cuando en 1996 él se encontraba de intercambio estudiantil en Islandia y se hicieron novios. Él la forzó en la cama a tener sexo contra su voluntad, y al poco tiempo regreso a Australia, generando así un pacto de silencio que Elva decidió romper hace ocho años cuando le escribió un correo electrónico diciéndole cómo se sentía después de esa experiencia. Resultado de ese encuentro virtual, es el libro que ambos publicaron, South of Forgiveness (Al sur del Perdón) y conferencias que dan a lo largo del mundo hablando de cómo es posible el perdón y la reconciliación sin pasar por una justicia institucional, pues basta que el violador acepte su responsabilidad como tal y que la víctima emprenda un camino de sanidad emocional y valor de enfrentar a su agresor sin que leyes, cortes, campañas e impartición de justicia con perspectiva de género, interfieran en el proceso de lo que llaman ellos, justicia restaurativa.

Cuando se anunció esa conferencia, miles de feministas, organizaciones y colectivos de sobrevivientes de violaciones, hicieron campaña para no permitir hablar a un violador en una plataforma tan importante como lo es el WOW Festival. Una campaña en Change.com, miles de voces e intervenciones en contra, sólo lograron que la conferencia se pospusiera para el 14 de marzo. Algunas activistas que trabajan con sobrevivientes de violaciones y que decidieron ir, concluían que esa no era la plataforma adecuada para que un violador hablara, pero que ellas estarían ahí para escuchar su “bien articulado discurso” y apoyar a mujeres que, en ese momento, quizá tocadas por el caso, decidieran hablar; ellas podrían acompañar sus procesos de romper los pactos de silencio sobre sus violaciones. Los argumentos que dieron las organizadoras, fue:

“Nuestro festival WOW fue creado para ser una plataforma abierta y equilibrada para la discusión y el debate sobre la igualdad de género y los asuntos críticos relacionados con los cuales las mujeres y los hombres luchan cada día. La violación es uno de estos temas críticos y necesitamos cambiar el discurso que lo rodea, que a menudo se centra en los supervivientes de violación en lugar de los violadores “.[1]

Cuando leí esta respuesta, me dije: “pues bien, ¿por qué no traen otros casos menos mainstream donde una pareja de color hable de su experiencia, a ver si el resultado es el mismo, o bien, a mujeres que han sido violadas por sus esposos durante años y después al confrontarlos, ellos acepten su delito y pidan alternativas de justicia restaurativa?” ¡El resultado sería distinto! ¡La policía estaría fuera del festival para llevar preso al violador!

¿Por qué entonces el caso de Thordis y Tom ha provocado tanto alboroto? ¡Claro!, quienes hablan son dos personajes que por su color de piel, su nacionalidad y sus condicionamientos sociales y culturales comparten el privilegio de no ser ser interferidos en su negocio porque han armado todo un equipo de gente que comparte sus valores y los proteje. Así de simple e impune. Sin embargo, el efecto que puede tener en el común de la gente es que pueden ser el pretexto para personas que piensan: “ya ves, en los países desarrollados todo se arregla con el diálogo”, como muchas veces lo he oído decir.

Este caso que en TED han llamado Nuestra historia de violación y reconciliación me causó tremendo impacto porque pensé hasta qué punto en espacios neoliberales (WOW Festival y TED son dos plataformas que sacan dinero vendiendo boletos en altos precios para ir a escuchar las tendencias -mainstream voices-), se transmiten mensajes y representaciones que normalizan, en este caso, la cultura de la violación y el feminismo neoliberal (mujer empoderada a la cual ya las instituciones no le importan porque SU caso lo puede resolver desde su privilegio). Cuando el privilegio, el feminismo liberal y el mainstream se vinculan, este es uno de los productos que se tiene.

Creo que el tema de la violación es muy candente y urgente seguir debatiendo, acompañando y trabajando para que quienes la han experimentado, tanto en estados democráticos como en estados de guerra, lo hablen públicamente sin temor a perder las vidas, y decidan qué tipo de justicia quieren y cómo debe ser aplicada. Si consentimos en que los violadores sólo pidan disculpas (como enseña el discurso secular conservador cristiano y liberal), estaremos siendo parte del problema y no la solución. Romper los pactos de silencio es un primer paso, pero no podemos permitir que las INSTITUCIONES y la CULTURA que neutralizan o invisibilizan la violencia hacia las mujeres, nos digan: “todo se arregla con un perdón y ya”, no podemos creernos el cuento del perdón restaurativo.

Eso no funciona en ninguna sociedad, porque lo único que evidencia es que las mujeres son las que deben romper el silencio y buscar que sus violadores den la cara, eso no funciona en ninguna sociedad donde plataformas que se encargan de crear productos inspiracionales, normalicen violencias y traten de educarnos a través de voces autorizadas para decirnos cómo debemos actuar y ser, abonando sólo a la alineación e impunidad; eso no funciona en sociedades como las nuestras donde hacemos esfuerzos por descolonizar nuestros cuerpos, imaginarios, deseos y representaciones como mujeres, y que ya es todo un logro estar viva después de un acoso o violación. No funciona que vengan los hombres y mujeres blancas bellos (desde la perspectiva occidental) a hablarnos de justicia restaurativa cuando todavía no hemos terminado de discutir la violación como un tema no tabú; no funciona que, con un libro, al ser leído por violadores y acosadores, éstos encuentren limpiar sus conciencias pensado que no está mal lo que han hecho.

No dejo de reconocer el valor de Thordis al enfrentar a su violador y buscar la justicia para sí misma, pero el camino seguido refuerza lo que hemos venido alegando tanto tiempo atrás: “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Creo que en efecto, los violadores tienen el derecho de dar su palabra, pero no, no pueden escapar del castigo. No, no podemos aplaudir a alguien que puso por delante su fuerza y deseo, por encima del cuerpo de una persona que dijo NO. Y ese NO que es el grito diario de muchas mujeres a lo largo del mundo. Por ello, no creo en cómo pactan y negocian la justicia personas que comparten sus privilegios de estatus social, educativo, color de piel, nacionalidad, lenguaje y las difunden como si ese fuera el camino a seguir. No nos equivoquemos, eso no funciona en ninguna sociedad, por más que nos vendan el producto en un buen y bello paquete. De ahí la necesidad de pensar el feminismo desde la interseccionalidad, porque no todo lo que sea “asuntos de mujeres” nos lleva al avance de nuestros derechos.

Para ver el vídeo:

[1] Danuta Kean, “Women’s festival drops event with rapist following protests”, The Guardian, 9 de marzo de 2017. Consultar en: https://www.theguardian.com/books/2017/mar/09/womens-festival-drops-event-with-rapist-protests-thordis-elva

Lo que el feminismo me ha enseñado en la práctica.

Yo no me imaginé que saldría de México y sería parte de la diáspora latinoamericana en Reino Unido. Habiéndome casado con un inglés no tuve mucho interés en explorar su cultura, su lenguaje y las posibilidades de vivir fuera. Mi constante rebeldía y resistencia me cegaba para ver que apreciar la cultura de nuestros prójimos no es asimilación o traición a nuestra cultura.
Fue en esta experiencia de migrar donde sentí que todas aquellas cosas por las que luche políticamente en México junto a otrxs, se hicieron realidad en mi propia carne. Pasé por el viacrucis del migrante (y sigo pasando) que quiere hacer las cosas legalmente y por un error burocrático o simplemente porque no calificas por tu estatus económico, se te niega reencontrate con tu familia, vivir forzada a no ver a tus hijos y que tu pareja por ser persona de color en su propio país se le niegen derechos. Durante un año dos meses buscamos alternativas de volver a encontrarnos. Y fue ahí donde mi apuesta feminista se hizo más explícita. No podía darme por vencida cuando otras mujeres en el pasado habían luchado contra el sistema esclavista, carcelario, de asimilación y genocidio; no podía dejar de pensar en aquellos ejemplos recientes donde mujeres se organizan desde sus dolores y pérdidas para recrear su vida a favor de ellas y sus generaciones venideras. No podía dejar de pensar en aquellas mujeres anónimas que me antecedieron para transformar las instituciones que nos relegaban sin poder a ser hijas, esposas, madres, sirvientas, propiedad del Estado, la Iglesia y la Política. Yo intentaría luchar desde ese bagaje feminista por mi propia vida. Después de una huelga de hambre, solidaridad de diversas partes del mundo y una nueva revisión de mis documentos, logré reunirme con mi familia hace un poco más de un año.
Salí de mi país a una tierra desconocida, vista sólo a través de fotografías; supe de su historia por cursos breves de Historia Universal y contemporánea, por los Beatles, por los Irlandeses que se rebelaron contra el imperialismo británico, por Enrique VIII y su reforma anglicana… por los piratas que esperaban los barcos españoles en el Atlántico para robar el oro saqueado de las Américas, por las Suffragettes que ganaron el derecho al voto inmortalizando su lucha colectiva en nuestras memorias. A estas ideas generales, se sumó la historia oral que Alex me contaba como sí fueran clases de Historia Universal Contemporánea: sobre el crisol de culturas, los barrios étnicos que se niegan a una total asimilación, de la migración interna de jóvenes de Londres estudiando en Oxford, Cambridge, Leeds, Sussex, Bristol, y jovenes de estos lugares (y de otras partes del mundo) llegando a Londres para estudiar en LSE, King´s College, SOAS; sobre las fiestas y las batallas diarias con el racismo y la discriminación por ser gente de color. Emociones encontradas.
Mientras pienso en eso, aquí en el Gran Londres buscó mi espacio para hablar, caminar, bailar y compartir las preocupaciones y expectativas de lucha al saberme people of color, mexicana, latinoamericana. Aprendiendo el idioma con otras mujeres que como yo, la vida les sorprendió y abandonaron su lugar de origen por trabajo, aventura, amor o educación. Y nos encontramos en cursos de inglés, en talleres, en festivales, en el mercado, en la calle…Y sabemos que nuestros hijos serán bilingues y que también debemos luchar por hacer MEMORIA con ellos; hacer memoria es distinto que hacer patria. La patria nos traicionó porque llevó a nuestros padres, hermanos y amigos a las guerras fraticidias, a los Estados Unidos como migrantes, a los cárteles de drogas para morir abatidos por el Estado, !porque nos los desaparecieron! Hacer memoria es honrar nuestras luchas por la vida, por lo que nuestras abuelas, nuestros abuelos y linajes hicieron para luchar por sus tierras, por esforzarse a ir a la escuela y educarse, por cambiar de religión y adscripción política porque ese fue un medio para empoderarse e intentar otros modos de organización…
Así, atravesada por todo lo que no se ve, sigo aprendiendo que ser feminista no siempre puede abrir las puertas. Constantemente se me pregunta, se me interpela. Hay veces que puedo hablar de esto en voz alta con otras compañeras de lucha que pensamos en la importancia del feminismo para cambiar, para globalizar la esperanza para seguir con esa historia de liberación colectiva. En otras he vivido la discriminación por no saber hablar bien el inlgés, por mi color de piel, por mi origen, por mi personalidad. Pero a la hora de la práctica, sigo aprendiendo lo difícil que es desmontar esa cultura patriarcal que nos hace sentir sospecha de mi prójima, de sentirse culpable por pensar “un poquito diferente”, de descubrir que no podemos seguir universalizando el dicurso feminista porque en este país basado en instituciones de “privilegio”, damos más poder a quienes no nos representan y nos niegan la autorepresentación. Confusión, aprendizaje, dolores, rabias, creatividad a veces se encuentran simultáneamente en mi vida cotidiana. Pero aquellas mujeres que me cobijan me dicen que no tenga miedo pues no soy la primera ni la última… Soy parte de la diáspora… Acá resuenan las consignas que atraviesan el Atlántico: NiUnaMás, Justice Mexico Now, No Human Being is Ilegal, Aborto libre y gratuito, Trafalgar Square es el lugar de encuentro donde respiro, marcho y creo que algo nos está cambiando…
“Creo en el vivir
Creo en el nacimiento
Creo en el sudor de amar
y en el fuego de la verdad.”
Assata Shakur

Marchas de Mujeres (1): El lunes negro en Polonia.

Magdalena Oldziejewska  es una activista polaca y voluntaria en Feminist Library. Ella fue una de las mujeres que impulsaron la manifestación frente a la Embajada de Polonia en Londres cuando miles más lo hicieron en la plaza principal de Varsovia en el llamado lunes negro en el otoño de 2016. ¿La razón del paro? La propuesta de ley sobre la prohibición del aborto en Polonia no importando cual fuera la causa ni la decisión de las mujeres. Esa propuesta de ley llevó a miles de polacas, y mujeres de otras latitudes en solidaridad, a salir a las calles vestidas de negro, con sombrillas y altavoces, gritando entre otras consignas: “Necesitamos doctores no misioneros.” ¿A qué referiría esa consigna?
Aunque la libertad religiosa está garantizada, lo mismo que la diversidad religiosa, en la práctica Polonia vive una fragilidad laica. Lugar de origen del papa Juan Pablo II, Polonia poco a poco, después de la caída del socialismo real en Europa Oriental, vio recuperar fuerzas de un conservadurismo religioso cristiano: desde el cristianimo ortodoxo, pasando por el cristianismo católico y las vertientes protestantes. El conservadursimo religioso no es privativo del cristianismo católico; ahora con la inauguración de la era Trump, también el cristianismo protestante está girando a un conservadurismo sin precedentes. Nuestros países de América Latina ya experimentan esas batallas contra el Estado laico y los derechos colectivos. En cierto sentido se vive un contexto similar a Polonia: leyes públicas sustentadas en visiones y valores religiosos que niegan los derechos y las elecciones personales, sobre todo de las mujeres y las personas no binarias.
Con claros criterios morales conservadores, a nivel estructural, los sistemas políticos van girando cada vez más hacia modos de vida que correspondían a la Baja Edad Media. Las mujeres fueron asociadas con lo pecaminoso, perverso y de ahí la urgente necesidad de administrar sus cuerpos, sus “humores”, sus presencias. La Iglesia, los señores feudales  y después las monarquías no sólo eran dueños de las tierras, sino las instituciones que decidían el destino de los cuerpos: decidían que vidas valían la pena vivir y cuales no… ¿Les suena?
A quienes en algún momento de nuestra vida las leyes, las instituciones, las enseñanzas o mandatos nos han negado la voz, derechos o dañado nuestra dignidad, no nos quedó otro camino que hacernos justicia por nuestra propia mano y aparecimos en el espacio público reclamando algo que nos correspondía por el hecho de estar vivas: nuestra autorrepresentación y la posibilidad de generar cambios a favor de la vida digna. Cuando las palabras, los diálogos, las iniciativas, las políticas públicas y los cabildeos nos han fallado, hemos recurrido a la acción directa. Cuando las instancias legales se agotan y nos envilecen, la acción directa es un poderoso instrumento de lucha. Si nos organizamos, si tenemos un horizonte compartido, ¡Claro que podemos! ¡Mujeres del mundo, a una voz YA!
El paro nacional tendió puentes de solidaridad y empatia. Mujeres irlandesas, italianas, españolas y latinoamericanas en Londres fueron quienes más nos sentimos interpeladas por ese lunes negro. Quizá porque compartimos una “herencia cultural” donde el peso de los valores cristianos siguen siendo frente de batalla a pesar de declararnos sin religión, no podemos permanecer en silencio y sin indignarnos cuando leyes claramente clericales se ponen en marcha. Afortunadamente después de acciones directas, cabildeo y solidaridad internacional, la propuesta se detuvo de momento. Y así como las polacas salieron a las calles, cuando en Londres se organizó la marcha #NiUnaMuertaMás, ellas también se solidarizaron y salieron a las calles con nosotras de manera presencial y virtual.
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Para saber más sobre esta lucha,  síguelas por Facebook: https://www.facebook.com/ddldn/
Aún sigo viendo a Magda y la última vez le invité a compartir la experiencia de la lucha de las mujeres polacas con un colectivo de mujeres latinoamericanas del cual soy parte. Ella ha dicho que sí. Seguro será por estos días.
Finalmente quiero decir que si hoy yo estoy viva y gozo de una maternidad no impuesta es gracias a que desde el principio, tuve la opción de tener hijos o no. Mi pareja no decidió mi destino como madre, ni tampoco alguna institución o mandato. Fue una elección personal, y aún así me practiqué un aborto. No, no tengo ni pena, ni culpa. Tuve la opción y por eso estoy viva… Pero ese no ha sido el caso de otras hermanas alrededor del mundo. Por eso entiendo que gran parte de la agenda de colectivos feministas, se aferran a lograr este derecho para todas: sea la que sea su condición de vida, puedan acceder al aborto sin ningún tipo de coacción, ni culpas. Seguimos sacando biblias y rosarios de nuestros ovarios.
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Magda en el Paro de Mujeres Polacas en Londres.

 

-Jael de la Luz