De vacunas y hostilidad hacia les inmigrantes en las Europas

Por: Tatiana Romero* & Jael de la Luz**

Advertencia a les lectores: Este texto está escrito a dos manos, a dos experiencias a partir de una charla fugaz entre dos colaboradoras mexicanes de Feminopraxis que viven fuera del país: Tatiana Romero en Madrid, España, y Jael de la Luz, en Londres, Reino Unido. Ambes, migrantes, comparten la preocupación de cómo se ha gestionado la salud pública en tiempos de pandemia, y sus efectos en las comunidades migrantes y racializades en las Europas. La primera parte del texto son inquietudes de Tatiana, a las que Jael intenta responder de cómo mira la situación en Reino Unido en un tercer encierro por Covid-19. Finalmente hay unas reflexiones conjuntas para dialogar con quienes expresen inquietudes similares.


En México hay una frase brutal y genial a partes iguales: “hasta entre los perros hay razas”. Se utiliza para expresar a secas la creencia común que hay personas mejores que otras. Sin duda alguna, es una frase que encierra un mensaje deshumanizador, producto tanto de la colonización como del profundo racismo y clasismo existentes en toda América Latina. Sin embargo, o quizás por eso mismo, es capaz de condensar la premisa con la que muches tenemos que vivir a diario: hay vidas y cuerpos que importan y millones que son completamente prescindibles para este sistema capitalista.

Hace unas semas, cuando veía las imágenes de las primeras vacunaciones contra el COVID-19 en el Estado español, lugar donde actualmente resido, solo ví personas mayores blancas. Y aún entendiendo que las primeras a las que vacunar serán personal sanitario, personas mayores y población de riesgo, tengo la premonición de que pocas racializadas saldrán en la foto. Aún menos aparecerán migrantes sin papeles ni personas sin seguridad social, porque, “hasta entre los perros hay razas”. 

Según el Informe por Causa a finales de 2019 había entre 390.000 y 470.000 personas en situación irregular en España, de las cuales, más del 30% del total son trabajadoras domésticas, seguidas por la hostelería, con un 29% del total. No conozco los datos referentes a cuántas de esas trabajadoras tienen seguridad social, sabemos que esa es una obligación de lxs empleadores, así como sabemos que pocos cumplen con ella. Entonces me pregunto,

¿quién vacunará a las personas sin seguridad social? A las migrantes que cuidan de personas mayores blancas, por ejemplo. A las camareras que de por sí se encuentran ya en un angustiante estado de precariedad, sobre todo después de la pandemia. A quienes ni tan siquiera tienen empleo en la economía sumergida. Esta realidad que veo en el reino de España, me lleva a hacer una pregunta que puede plantearse de manera global: ¿cuáles son las vidas que merecen ser protegidas y cuáles no?  

Otra gran frase, autoría del diario español El País, define con total exactitud la campaña de vacunación en la Unión Europea: “europeísmo en vena”. No tengo claro si el autor era consciente de la gran verdad que encierra la frase, sin embargo, retrata a cabalidad de qué se trata todo este despliegue masivo de poderío médico: Europa se lo puede permitir. Sin olvidar que, desde junio pasado (2020) Alemania, adalid del “europeísmo”, junto con Francia, Italia y Países Bajos formaron una alianza (Inclusive Vaccines Alliance) con el propósito de reservar 400 millones de dosis del laboratorio AstraZeneca. Entonces, repito la misma pregunta ¿a cuántas personas sin papeles se va a vacunar en los países de la Unión Europea?

Llevo un tiempo preguntando a amigxs que viven en Francia, Reino Unido y Alemania si sus respectivos gobiernos han dicho algo sobre las personas en situación irregular y la campaña de vacunación, ninguna ha podido responderme con claridad, alguna ni tan siquiera se lo había preguntado. No se muy bien cómo funcionan los sistemas de salud, más que para Alemania, país en el que residí durante casi 13 años y en donde es ilegal no tener seguro médico. El más barato son 175 eur mensuales por un salario de 400 euros, algo inasumible para muchas personas y familias precarizadas. Si pagar esto ya es casi imposible, ¿qué sucede con toda la gente que no tiene seguro médico o que no tiene un estatus jurídico claro? 

Para el Reino Unido, el National Health Service, llega a toda persona registrada como residente, tanto que cotice en la seguridad social como que reciba subsidios, pero al preguntar sobre la gente sin papeles, R. quien vive en Escocia, me responde que no tiene ni idea.  Lo mismo sucede cuando pregunto a T. ciudadano francés.

Seguramente estas preguntas sean fruto de mi propia ignorancia sobre el tema, pero tengo la impresión de que más allá de mi falta de información, lo que sucede es que no estamos poniendo sobre la mesa algo que debiera ser central tanto en la gestión de la pandemia y la crisis derivada de ésta, como en las campañas de vacunación: ¿cuáles son las vidas que importan? Porque me parece que esta crisis sanitaria es más de lo mismo.

Lo mismo que sucedió con el VIH, lo mismo que sucede con enfermedades que azotan a países “tercermundistas”, para las que a día de hoy todavía no hay vacuna. Hay cuerpos que importan, vidas que importan y muchas otras que no (la gran mayoría). 

Hace un par de semanas, el gobierno estadounidense afirmó que las personas sin seguro médico serán igualmente vacunadas de manera gratuita, estamos a la espera de ver esto cumplido; sin dejar de lado que aún hay países que no tienen calendario de vacunación porque siguen intentando gestionar la compra de las vacunas con grandes obstáculos financieros. Esto sin tomar en cuenta los costes adicionales, como todo el material médico necesario para su transporte y aplicación. 

Estas preguntas me vienen una y otra vez a la cabeza aún a pesar de que en Madrid pasan cosas que nos distraen de la pandemia, una ola de frío provocada por la borrasca Filomena que ha dejado la ciudad colapsada y paralizada durante varios días. Una enorme pista de hielo, dijo la presidenta de la comunidad. Una pista de hielo en la que muchas personas viven/o mueren a la intemperie con temperaturas de 12 grados bajo cero. Un temporal provocado por el asenso de las temperaturas a nivel global. El cambio climático, al igual que la pandemia, dejará en evidencia que, como burdamente diríamos en México: “hasta entre los perros hay razas.”




Trato de poner mis ideas en orden mientras leo en las noticias que hoy 13 de enero de 2021 (día en que comienzo a escribir estas divagaciones), es el día con más muertes registradas por Covid-19 en Reino Unido desde que inicio la pandemia en marzo del 2020: 1,564 muertos. Tal parece ser que la consigna “Stay Home-Protect the NHS-Save Lives (Quédate en Casa-Protege el Servicio Nacional de Salud [National Health Services, en inglés]-Salva Vidas”) no ha sido suficiente para controlar el virus que nos tiene en un tercer encierro nacional desde enero 4 a la media noche. Leo algunos tweets de médicos que expresan su horror y llanto al no poder salvar más vidas y ver cómo la capacidad de los hospitales en la capital de este país, está al tope.

Lo que se creía que iba a terminar antes de diciembre de 2020, nos ha llevado a un encierro sin precedente y a tener la tasa más alta de contagios en las Europas. El virus de Covid-19 no sólo no terminó en este verano, sino que una nueva cepa se desarrolló al abrir las fronteras. Cuando rompimos el segundo lockdown (confinamiento) las últimas dos semanas de diciembre, comenzaron a surgir casos de Covid-19 entre niñez y adolescentes, población hasta ese entonces no vulnerable. Aunque la vacuna desarrollada, distribuida y fabricada por Pfizer/BioNTech y la Universidad de Oxford/AstraZeneca, se probó con dos dosis, con tres o cuatro semanas de diferencia, el gobierno del Reino Unido está administrando la primera dosis a tantos adultos como sea posible antes de ofrecer una segunda dosis, y las personas reciben su dosis de seguimiento dentro de las 12 semanas. El gobierno, respaldado por muchos expertos, dice que esto maximizará la protección para la población en general. Solo los mayores de 18 años están incluidos en el programa. Lynn Wheeler, mujer de 91 años fue la primera en vacunarse frente a Boris Johnson la primera semana de diciembre, mientras que el fin de semana pasado, la reina Isabel y su esposo recibieron la primera dosis de la vacuna; otros famosos reconocidos con títulos nobiliarios como Sir o Dame, han seguido su ejemplo. El 12 de enero fue el turno del famoso naturalista y presentador de documentales Sir David Attenborough y de otros miles de ciudadanos comunes.

Pero, cuando veo en la pantalla y los periódicos las fotos de quienes han sido vacunados, todos son étnicamente blancos; esa gente que con mucho orgullo se llama a sí misma English… Las primeras personas en recibir la vacuna, famosos y no famosos, oscilan entre los 80 y 90 años, edad considerada en riesgo de morir por Covid-19. Son fotos que circulan por los medios de comunicación internacional, y me pongo a pensar en cómo esas imágenes de médicos blancos, pacientes blancos, personalidades blancas y un primer ministro blanco, tienen un impacto para esconder la realidad de este país en tiempos de Covid-19.

Recuerdo que durante el primer encierro (en marzo del 2020) todos los días a las 6:00pm. nos sentamos en familia a ver la BBC. Durante meses todo fue sobre Covid-19: cuántas personas infectadas en el norte, sur y centro de Reino Unido, opiniones de expertos en salud; medidas que el gobierno de Boris Jonhson estaba tomando frente a la crisis económica que anunciaba desempleos masivos y más austeridad en los servicios públicos; las medidas de Nicola Sturgeon implementaba en Escocia. Cada jueves a las 8:00pm. los vecinos salían a aplaudir a los “trabajadores esenciales” que estaban sosteniendo el país; en ese momento se pensaba en las y los médicos, las y los enfermeros, y todo el personal de la salud pública. El aplauso era para elles, cada semana. Y muchos hogares dejaron ver con orgullo su solidaridad con el NHS al pegar en sus ventanas arcoíris dibujados por niñes. Thanks for your care (Gracias por tu cuidado) o simplemente la frase I ❤️NHS.

Mientras mis hijes y pareja salían a dar el aplauso cada jueves, yo amantaba a mi tercer hijo y pensaba en las y los maestros, en las y los conductores de transporte público, en las personas que estaban brindado servicios en las tiendas, supermercados y en las personas que, como yo, trabajamos en organizaciones pequeñas donde los servicios que ofrecemos son fundamentales porque tienen que ver con esos virus sociales que en tiempos como estos, se vuelven esenciales. Y mientras pensaba en esto, también ví como luchas de cleaners se visibilizaron más denunciando como les exigían a ir a trabajar a oficinas, universidades y edificios públicos, aún a costa de su salud. Bueno es saber que antes de este virus, los sindicatos han comenzado a fortalecerse, sobre todo aquellos que representan las demandas de las trabajadoras domésticas, los que prestan servicios de limpieza a corporativos y maestros; la mayoría son personas migrantes. En cierto sentido, gente involucrada en estos espacios también temían por su salud, y muchas personas de esos servicios murieron en la primera etapa de confinamiento.

Hacer las cuarentenas mandatorias por el gobierno, no fue opción para muches, sobre todo en lo que en Reino Unido se ha categorizado como Black and Minority Ethnic Communities (BAME). Las personas racializadas, migrantes y que tenemos nuestros orígenes fuera de Europa, no sólo hemos vivido la pandemia con más riesgo, sino que hemos podido ver con más claridad como funciona y se gestionan las vidas en un país como este.

Por ejemplo, la comunidad filipina emigra mucho a Reino Unido para trabajar en los servicios domésticos de limpieza y como enfermeros o cuidadores especiazalidos, y fue una de las comunidades que perdió más gente por ejercer estas profesiones y oficios; le llaman front line workers.Al ver un documental especial sobre el tema, la mayoría de muertes por este virus en esa comunidad eran madres. que tenían a sus hijes en sus lugares de origen (ejercían maternidades transnacionales) y personas de la comunidad LGTBTQ.

Desde que la pandemia se desbordó, miles de trabajadores migrantes y racializades perdieron su trabajo o se fueron al furlough, sí es que tenían contratos. Madres tuvieron o tuvimos que empezar a trabajar en casa con les hijes y adultos mayores, cuando las escuelas y algunas estancias de día cerraron, generando a nuestra cotidianidad más estrés y trabajo en los cuidados. La violencia doméstica aumentó al 400%, la hostilidad hacia les migrantes aumentó en expresiones de odio, racismo y políticas que nos excluyeron de toda ayuda por parte del gobierno o de otras instancias más oficiales. Pocos saben pero en Reino Unido hay centros de detención a migrantes en las afueras de Londres, y las condiciones en las que viven son lamentables. Con la pandemia de Covid-19 los vuelos de repatriación movilizaron a algunos colectivos que desde tiempo atrás luchan por abolir estos centros, vinculando así sus practicas abolicionistas a la política carcelaria y el sistema policial. Así que no fue casualidad que en agosto de 2020, en medio del segundo encierro, cuando se organizó con fuerza el movimiento Black Lives Matter, en Reino Unido muchos nos unimos a ese clamor global.

Las movilizaciones de las comunidades afrobritánicas, africanas, afrocaribeñas y racializadas nos llevaron a pensar que Reino Unido no es inocente en todo lo que hoy día se demanda para una reparación histórica y la urgencia del desmantelamiento del racismo estructural que sigue poniendo en riesgo nuestras vidas. El trato que nos dan las instituciones y las personas blancas con las que interactuamos hasta en lo más básico, sigue siendo la frontera que nos divide. Por ejemplo, en este contexto de encierro, conocí un caso de una mujer que había tenido una crisis de ansiedad y le dio algunos manotazos a su pareja; entonces él le dijo que hablará a la línea de urgencias del NHS para que le brindaran apoyo psicológico. Al hablar pidió un traductor, y al contar su caso, quien le atendió del otro lado de la línea le dijo: “bueno, lo suyo no es depresión o un problema mental, lo suyo es violencia doméstica y voy a referir su caso a la policía, pues puede hacer daño a su esposo.” En ese momento su pareja intervino diciendo que él se podía defender y que era notorio que lo que su esposa vivía era un ataque de ansiedad y no violencia doméstica.

Este tipo de respuestas oficiales, nos muestra cómo funciona la hostilidad hacia las mujeres migrantes, pues en este caso, la mujer que pidió un servicio público, lo que recibió por respuesta fue criminalización; en lugar de que hubieran entendido lo que ella quiso transmitir de cómo su salud mental se estaba afectando por el encierro, quien estuvo al otro lado del teléfono, reaccionó para “salvaguardar” el bienestar de su pareja, hombre y ciudadano británico, en lugar de generar bienestar a la mujer, migrante y con poco manejo del idioma. Este tipo de respuesta, no es un caso aislado.

Trabajando en el sector para eliminar la violencia doméstica y de género entre las mujeres racializadas y de herencia africana en Reino Unido, sé de la política de hostilidad de los gobiernos conservadores y de las negligencias que la policía y el sector de salud pública a ejercido a mujeres que como yo, una vez llegaron sin conocer como funcionaba este país. Incluso he vivido en carne propia esa política de hostilidad.

Por el temor a no ser entendidas por no hablar bien inglés, o no hablarlo, por el temor a que sus parejas les quitaran sus hijes o por no poder recuperar el pasaporte y la visa que sus parejas les escondieron cuando algunas mujeres dijeron que sus relaciones ya se habían acabado, muchas mujeres no denuncian, porque temen no solo que las vuelvan a victimizar, sino perder lo poco o mucho que se ha logrado en este país.

Y qué decir de las mujeres y personas migrantes que por no tener recursos económicos para pagar la estratosférica cantidad que pide la Home Office para la visa. Quedarse en el limbo de la “ilegalidad” seguramente no fue su opción. Por eso cada vez que alguien habla mal de las personas que no tienen su visa actualizada, pienso que no tienen idea de lo que implica tener el dinero para tramitar ese requisito de estar acá. Ese también es un tema de clase y de adquisición económica.

Cada año las cuotas de trámite aumentan, aún en tiempos de Covid-19. Por ejemplo, quienes tenemos visa de esposa y venimos de América Latina, no tenemos derecho a ninguna prestación del gobierno. Si perdiéramos el trabajo, o tuviéramos horas cero o trabajo sin contrato, en esta pandemia no podríamos sobrevivir, a menos que nuestra comunidad nos apoyara o los bancos de alimentos nos proporcionaran que comer al día. Pensar en la vacuna entonces, no es una prioridad para muches de nosotres, cuando tenemos que pagar los servicios cotidianos, y además de la visa y todos los trámites que implica. Lo que pensamos en el cotidiano es en sobrevivir en toda la extensión de la palabra.

Al menos para mi, la vacuna la veo lejana. No sé si llegara en los siguientes meses, o si el servicio del NHS considere vacunar a mi suegra (señora de 94 años con Alzheimer), o a mi esposo. Ambos tuvimos Covid en la primera etapa y nos curamos en casa, mientas cuidamos a tres niñes (13, 11 y 1 año seis meses). Con un trabajo de medio tiempo yo, y mi pareja que perdió su trabajo en junio del año pasado por la pademia, nuestros ahorros de cinco años se fueron en pagar la aplicación a mi visa, nuevamente, por cuarta vez a principios de este mes. Cuando hice el cálculo de conversión a pesos mexicanos, no pude contener el llanto.Fueron los ahorros de tres años…

Hoy, cuando termino de escribir estas breves reflexiones, Boris Jonhson, Primer Ministro de Reino Unido ha anunciado que se vuelven a cerrar las fronteras a vuelos internacionales, especialmente aquellos tienen su origen en Brazil, porque se ha detectado una nueva cepa del virus más fuerte.

Pienso en que haga lo que haga, este gobierno le falló a su gente desde que comenzaron a desmantelar los servicios públicos y mostrar su avaricia con el Brexit. Analistas dicen que esa salida costará por lo menos 15 años de reacomodo económico, mientras que este encierro hizo retroceder 50 años los derechos y libertades de las mujeres.

También pienso en mi hijo de 13 años quien se siente solo y aislado, mientras todas las mañanas se levanta para ver sus tareas en google class room y a apoyar cuidando al bebé cuando su papá o yo estamos viendo otros asuntos al día a día. Pienso en mi suegra, con crisis respiratorias constantes y en la ambulancia que viene como mínimo cada mes después de una llamada de emergencia. Pienso en mi hija de 11 años quien en septiembre inicia la secundaria, y espera con ansia y alegría ese momento. Pienso en mi pequeño que aún arropo entre mis brazos porque no he tenido el espacio y la intimidad para comenzar el proceso de destetarlo, cuando puedo reconocer que tiene ya casi toda su dentadura… pienso en lo vulnerable que me siento desde que llegue a este país hace 5 años. Pienso en México, en mi familia, en mis amiges y en todo lo que pasa alrededor de lo que nos globaliza. Pienso en todo, menos en la vacuna. Viviendo en el país que la vio nacer, no creo que aún me toque.


Tatiana Romero (DF, MX) Historiadora, militante abajo y a la izquierda se declara perra, prieta y sudaka como forma de sobrevivir en la vieja Europa. Su columna en Feminopraxis es La Mounstra.

Jael de la Luz ( 1981, Estado de México). Historiadora, editora, escritora y activista social de base, actualmente radica en Londres, Reino Unido. Su columna en Feminopraxis es Militancias.

La imagen que acompaña el texto es de le artiste visual vienna rye: linktr.ee/viennarye