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Pensar con el género

Justo ayer terminé de leer el libro de Chimamanda Ngozi Adichie “Todos deberíamos ser feministas”, un libro corto y muy profundo. Al ir detallando lo difícil que puede resultar la vida al proclamarnos Feministas y cómo es que la cultura va exagerando las diferencias entre seres y, por si fuera poco, adjudicándolas al género, habla de lo complicado que es que los hombres piensen con el género, le cedo la razón.

Por eso, mientras estaba en el hospital esperando a pasar con el médico, me dediqué a escribir algunas de las cosas que para los hombres NO es pensar con el género, claro que sé que son millones, pero creo que 25 bastan para empezar a reflexionar: Seguir leyendo Pensar con el género

El impacto del feminismo en nuestras vidas

Por Karina Esmeralda Gallegos Bañuelos*

Las feministas luchan para que las mujeres sean libres, que cada mujer pueda decidir sobre su cuerpo, sobre su vida y desmitificar todos aquellos preceptos que nos dicen que “LAS MUJERES NO PUEDEN”, inclusive la ciencia ha sido machista y misógina a lo largo de los años y aún ahora, decir que en efecto la mujer por su “biología” no puede hacer las mismas actividades que un hombre o que no tiene la misma capacidad intelectual que un hombre por el solo hecho de ser mujer es machista. Decir que no puede tener cierto puesto, o hacer actividades que se consideran como masculinas, es que nos nieguen la posibilidad a nosotras de desarrollarnos, académicamente y en lo laboral.

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De putas, zorras y guarras: el lenguaje corrompido por el machismo

Por Clara S. Quintana*

                Tengamos la siguiente situación:

                [Una mujer, no pensemos en su nacionalidad, no pensemos en su raza, no pensemos en su estatus social (aunque la diferencia entre alguien de clase alta y alguien de clase trabajadora sería inmensa), tiene cuatro parejas seguidas. Cuatro affaires que no significan ninguna atadura para ella. De pronto, decide que quiere tomarse un descanso, que no le interesa tener nada con nadie, ni repetir aventuras con alguno de sus cuatro ligues ni buscarse uno nuevo. Pero da la casualidad que uno de los ligues, un hombre, considera que es el momento idóneo para tratar de pescar ahora que las aguas no parecen complicadas. Ella le rechaza. Él insiste. E insiste, e insiste.

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Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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Violación… Lo que nadie quiere escuchar

*Eliza Tabares

Cuando una violación o abuso sexual suceden, es poco común que el acto se quede en el conocimiento sólo de dos personas. Ya sea que él (como suele ser) platique o presuma con otros su “triunfo”, o que ella logre romper el silencio para compartir con otra persona su experiencia, lo sucedido suele llegar a oídos de más personas. Esta columna es sobre ellos y ellas… lxs que se sorprenden o no con el relato, lxs que deciden (conscientes o no) lo que hacen después, si hablan, si apoyan, si callan, si la animan a ella a callar, si le aplauden a él, todas las acciones que vienen de aquellxs, lxs que parece, observan de fuera.

En el imaginario, para todxs la palabra violación es fuerte, mueve el corazón, el piso, enchina la piel, da miedo. Así como muchos escenarios pueden darnos temor, la violación está como número 1 en la lista del miedo de muchas mujeres que tienen que caminar solas en la calle por Ecatepec, por la Pencil, en la Doctores o por cualquier calle obscura de nuestro hermoso y violento país. Si da miedo pensarlo, imagínate vivirlo, trata de imaginarlo, porque esta columna es para ti. A ti que tu mejor amiga te contó cómo el amigo “simpático” del grupo “le hizo el amor” aunque ella le dijo que no quería; a ti a quien tu amigo te contó cómo “se cogió” a una morra del barrio en la peda, aunque ella ya no podía ni caminar. A ti a quien acudió tu hija a decirte cómo el hombre que escogiste por pareja le tocó los senos, a ti a quién acudió la chica del colegio para contarte lo que “le hace en casa su tío”. ¿Qué hiciste después de enterarte? ¿Te movió el piso? Seguro no tanto como a ella ¿Y después? ¿¡Qué hiciste!?

Cuando se sabe, no hay marcha atrás. ¡Eres parte! ¿Por qué? Porque somos una sociedad, porque si nos importa lo que sucede en París en un atentado ¿Por qué no nos importa lo que le sucede a nuestra amiga, hermana, prima? No, no hay marcha atrás, tienes dos opciones: no actuar y ser parte de la cultura de violación que pide silencio, que invisibiliza, que minimiza lo que le sucede a ella. O puedes luchar contra esa cultura que por siglos se ha implantado en nuestras sociedades y nuestra subjetividad, puedes apoyar, acompañar, buscar información, ofrecer opciones, crear red.

O puedes intentar engañarte diciéndote que es mejor no involucrarte, que es muy complicado abrir un caso así en una escuela pública, que ella lo puede resolver sola, que tu amigo “le hizo el favor” a la morra del barrio, que tu hija está mintiendo. Pero no hay forma de no involucrarse, como dije, ¡Si lo sabes, no hay marcha atrás! No hacer nada no es ser neutros, no involucrarse es tomar una postura y dar un mensaje a ella y al mundo, es decir ¡No importa! No es lo suficientemente importante para que mueva mi confort por hacer algo, es gritarle a todas las mujeres del mundo que su estabilidad, su integridad, sus vidas ¡No importan!

¿Y tú, vas a ser parte de la cultura de violación? O ¿Vas a ir contra ella? ¿Contestaste que si a la segunda? A ti te dedico estás últimas líneas, si decides no ser parte, nunca cuestiones el relato de una mujer que fue violada, no cuestiones su memoria, ni su juicio, ni lo que traía puesto, ni su “reputación”. Ya es suficientemente difícil lo que está haciendo, lograr que le salgan las palabras después de un trauma, no la cuestiones, escúchala, créele, apóyala, busca la manera en que ella repare. Ayúdale a estar informada, a buscar las redes y apoyo que necesita, información legal, apoyo psicológico, asociaciones.

Conviértete en una red y no en otra carga para ella, ¡Ya tiene suficiente con que lidiar! No las culpes por nada, no le digas ¡Tal vez si no hubieras salido a esa hora! ¡Si no llevaras ese vestido! ¡Pero por qué te fuiste por esa ruta! ¡Tú le sonreíste! Así como tú no puedes predecir el día y hora en la que te asaltan, ella no puede anticipar nada de lo que le pasó. ¡Nada fue su culpa! No le cuelgues cargas por el machismo que traes en tu cabeza. Si su agresor es cercano a ella, su padre, su hermano, su tío ¡Ayúdale a construir una red segura! Ayúdale a no estar vulnerable, mientras más aislada esté, más peligro corre. Sé red. ¡Sé la diferencia!

Espero que todxs hayan llegado hasta acá y que Nunca, nunca se elija no involucrarse.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

13 razones de por qué es violencia de género

13 Reasons Why? es la nueva serie de Netflix para adolescentes. ¿Por qué tiene un lugar en Feminopraxis? Al continuar leyendo daré explicaciones de la causa, no sin antes advertir que será un texto spoiler, por ende, si no la has acabado o no la has visto y no quieres enterarte, te recomiendo que la termines y luego entramos en diálogo.

La serie narra, con trece capítulos, la historia de una adolescente que va en preparatoria y cómo todo lo que ella vivió de una u otra forma le dieron la pauta para que cometiera suicidio. Hannah, la protagonista, es una chica normal de Estados Unidos, va a la escuela, tiene amistades, un trabajo en las tardes, vive con su padre y madre, lo común. Por tanto Hannah podrías ser tú, una amiga, una hermana o yo. Y puede ser que a todas nosotras no se nos esté ayudando de la manera correcta porque no sólo es el bullying o el suicidio lo que afecta a miles de personas, también es la falta de perspectiva de género en todos los espacios de desarrollo. Hannah da 13 razones para suicidarse y aquí exponemos 13 razones por las que la serie habla de violencia de género más que de otro tema.

1-. Hannah sale con Justin, quién pertenece a un equipo deportivo; presumiendo que tuvo sexo con ella (sabemos que no), solidariza con sus compañeros para que se haga el rumor de que Hannah es una fácil. Hablar de la vida sexual de una mujer de manera pública es algo muy particular del machismo, pues a las “que se dan a respetar” se les merece un buen trato y las que no, bueno…

2-. Hannah tiene una amistad con Alex y Jessica, mismxs que entablan una relación de noviazgo y empiezan a distanciarse de ella. ¿Acaso como mujeres no podemos ser amigas de hombres con o sin pareja? ¿De verdad seguimos con la idea de que existen mujeres que “roban” hombres?

3-. En una lista, creada por Alex, con la categoría de “mejor culo de la escuela”, está Hannah. Se remarca cómo las mujeres podemos ser objetos prestos al servicio de los hombres. Ellos inician una fraternidad que les facilita, en grupo, comprobar que “el mejor (inserta la parte del cuerpo que quieras)” o “el peor (inserta la parte del cuerpo que quieras)” es verdad, por tanto, Hannah es acosada sexualmente a un nivel físico por Bryce.

4-. Hannah ya no sólo vive el acoso en la escuela. Ahora también le toma fotos Tyler, el del anuario, en la intimidad de su cuarto. Entendamos con esto de género que como mujeres, gracias al patriarcado no tenemos derecho de estar en la calle, de ahí que nos acosen sexualmente al salir. Pero justo en este punto de esta serie, ya ni en lo privado se tiene el derecho a la tranquilidad, pues al ser una fácil, está al servicio, las 24 horas, de quién sea.

5-. Volvemos con la cosificación del cuerpo femenino. El tema aquí es que nuestro cuerpo es transformado en objeto para el placer masculino, siendo heterosexuales o siendo homosexuales. Hannah vive esa parte al ser hostigada por la fantasía de un sin fin de hombres de tener un trío con dos lesbianas. ¿De verdad? Hasta en esto se mete el patriarcado, implantando la creencia de que dos mujeres homosexuales accederán a un trío sólo porque a un hombre le parece entretenido. Dentro de la serie, Courtney también vive parte de esto, pero por el peso de la etiqueta de lesbiana, decide crear el rumor en donde es sólo Hannah; patriarcado 1 – sororidad 0.

6-. ¿Recuerdan la fraternidad entre los chicos de la escuela? Pues bien, ahora le toca a Marcus comprobar el punto 1. Que Hannah es una fácil y está dispuesta a todo sexualmente, con todos, por el simple hecho de que un amigo le dijo a otro amigo o, dicho de otro modo, porque un macho se lo contó a otro macho.

7-. Volvemos con la fraternidad. Veamos aquí el engaño que el patriarcado ha creado con mucho cuidado. Llega Zach, muy amable y comprensivo al principio. Después de toda la basura que tuvo que soportar de los otros hombres, Hannah cansada lo rechaza y con un NO le contesta a su amabilidad. ¿Eso es motivo para quitarle a alguien lo bueno que puede tener en su vida? ¿Es una razón para hacerle (más) miserable el día a día? Un NO es un NO, y al usarlo no deberíamos de ser expuestas a ninguna recriminación ni venganza.

8-. Después de toda una situación de acoso y abuso por parte de las personas que te rodean, crear un espacio dónde sanar es lo ideal, un espacio donde la expresión sea libre y no exista posibilidad de juicios. Hannah lo encuentra, pero también le es arrebatado por Ryan, que en su necesidad de protagonismo la vuelve a exponer ante la escuela, con el mismo mensaje sexual que vemos desde el punto 1.

9-. Estás es una fiesta, te diviertes, tomas alcohol y te emborrachas. Aquí no es Hannah quien vive la violencia con su cuerpo, es Jessica, que inconsciente por su estado de ebriedad, es violada por Bryce, amigo de su novio Justin. ¿Recuerdan la fraternidad? Pues una vez más los hombres crean alianzas, porque al parecer para este sistema está bien que como amigos-hermanos compartan todo, incluso el cuerpo de una chica inconsciente, una chica que no es capaz de decir ni sí, ni no.

10-. En este punto la historia se centra más en Jessica, la amiga de Hannah que fue violada. Justin le miente a Jessica para que no sepa lo ocurrido y los “amigxs” (todxs los ya mencionados) encubren al violador argumentando que Hannah miente. Y este es un tema bastante común. ¿Por qué la creencia de que las mujeres que han sido violadas mienten? ¿Acaso cuando a alguien le roban algo y lo denuncia le aseguran que está mintiendo? Seamos sinceras; ninguna mujer, con el sistema de justicia tan machista, pasaría por gusto todo el proceso de denuncia y juicio por violación. Si cuando escuchas que una mujer fue violada y piensas/dices que está mintiendo, la escuchas desde tu machismo, seas hombre o mujer.

11.- Llega el punto que Hannah esperaba en toda su trayectoria por la preparatoria: conocer un chico amable y sincero como Clay. Pero lo aleja. Cuando tachamos a una mujer de puta y fácil, cuando la sociedad tan machista hace que esta mujer crea que merece todo tipo de violencias por ser una zorra; al momento en que llega una situación o una persona que puede ayudarle, algo muy probable que pase es que rechace aquello. ¿Por qué? Por el hecho de que se le ha implantado la creencia a esa mujer de que merece todo lo malo del mundo y que las cosas buenas sólo le pasan a las mujeres que son santas. Al final, “ni putas ni santas, somos lo que nos de la gana”, pues como seres humanas tenemos el derecho a decir qué y cómo queremos ser y vivir nuestras vidas, no por ello tenemos que soportar el estigma social con sus violencias machistas.

12-. Vuelve el tema y el acto de violar. Bajo el discurso “todas me miran con deseo”, “en esta escuela todas me desean” o “no me dice que no, pero se le ve en la cara que lo pide”, Hannah es violada. Y Bryce, ese violador que intentaban encubrir con la idea de que la víctima miente, admite que tuvo sexo con ella sin su consentimiento (es importante remarcar que él nunca dice la palabra violar, pues en su discurso no cree que cometió un delito). Aquí se ve perfectamente la escala de violencia de género que todas hemos y podemos vivir. Primero nos enseñan que no podemos defendernos, que ignoremos las cosas, luego nos acosan sexualmente por medio de la palabra, después tocan nuestros cuerpos. Al creer que estamos disponibles al público masculino, nos violan, y por último, deciden si nos dejan vivas o no (feminicidio).

13-. ¿Qué pasa cuando una mujer pide ayuda para salir de la violencia de género? En muchas ocasiones pasa lo que a Hannah le dijo el único adulto con contacto continuo con estudiantes. El consejero escolar, respondiendo a Hannah “si te molesta, vete”. ¿Por qué la mujer golpeada tiene que acudir al refugio?, ¿Por qué la mujer violada tiene que aislarse de su vida para evitar al violador?, ¿Por qué tenemos que cambiarnos de acera cuando vemos un grupo de hombres dispuestos a acosar? Y ¿Por qué somos las que tenemos que cambiar si el sistema es el que está mal? Tanto al golpeador, al acosador, al violador y al feminicida se les tiene que dar un castigo, pues lo que hacen es en contra de nuestra dignidad como mujeres y están en la ley las diferentes sanciones. Que se eliminen las fraternidades entre hombres y mujeres machistas para que empecemos a ver justicia, tanto en las situaciones reales como en las “ficticias” de una serie.

13 razones por qué es un retrato de lo que muchas mujeres vivimos día con día, y todas lo combatimos de diferentes maneras. Me aventuraría a decir que el suicidio de Hannah tiene mucho de feminicidio, pues se le rebajó, se le quitó todo lo que ella tenía, psicológica y físicamente, a tal grado que ya no vio ninguna salida más que morir. Creo que es importante reflexionar más profundo sobre esto, no podemos permitir que más vidas de niñas, adolescentes y mujeres se sigan apagando por el machismo que se practica en el día a día.

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter

Machos en precario, tambalear el privilegio patriarcal

*Eliza Tabares

En la tarde salí a comprar un libro al Gandhi de Av. Juárez en la Cuidad de México y me sorprendió el grito azorado de un hombre como de 45 años

-¡Feliz día mujeres! ¡Feliz día mujeres!

Su grito iba acompañado de un cartel naranja con letras negras que decía DIOS AMA A LAS MUJERES, PERO NO AL FEMINISMO. Ahí estaba un hombre conjugando una supuesta felicitación con un mensaje muy claro, para él y para mí lo fue en ese momento también. Ese varón está convencido de que las mujeres tenemos lugares, espacios y discursos que son aptos para nosotras, si no osamos sobrepasarlos Dios nos amara, pero si acaso lo hiciéramos nos quitaría su amor, porque Dios no nos ama en el feminismo.

Mi tema aquí no tiene que ver con Dios, si no con aquellos varones que se encuentran disgustados o furiosos con las mujeres en el feminismo. Estos varones tienen de hecho, muchos discursos que validan su actuar, tienen para escoger en la institución de su preferencia, familia, estado, iglesia, en todas ellas encuentran un conjunto de ideas que les permiten validar sus pensamientos de supremacía, o la negación de la subordinación.

Este varón con su cartel naranja está muy seguro de que su religión avala que las mujeres que participan del feminismo no sean amadas, así como otros varones están muy seguros de comunicarnos cuales son, según ellos, las luchas feministas que sí importan. Las acciones de los varones disgustados con el feminismo son diversas. Abundan en estos tiempos cibernéticos los trolls dedicados a molestar mujeres y encabezar guerras cibernéticas acosando, enredando y dando falsa información, varones que en el grupo de amigos descalifican a la amiga “feminazi” o a cualquier mujer que quiera evidenciar su derecho a la igualdad o a una vida libre de violencia.

¿Qué motiva las acciones de estos varones?

El feminismo tambalea la importancia desmedida que se ha conferido por siglos a lo masculino.

“Ser varón en la sociedad patriarcal, es ser importante. Este atributo se presenta con un doble sentido: por una parte, muy evidente, ser varón es ser importante porque las mujeres no lo son; en otro aspecto, ser varón es ser importante porque comunica con lo importante, ya que todo lo importante es definido como masculino. Es este aspecto su discurso megalómano, el discurso patriarcal sobre el varón “se olvida” que la importancia de ser varón sólo se debe a que las mujeres son definidas como no importantes” (Marques V.J. 1992).

La importancia que en la sociedad se le da a los varones no es nada nuevo y puede ser comprobado desde los actos más minúsculos como el “Caliéntale la tortilla a tu hermano” o “sírvele de comer a tu papá”, hasta la comprobación irrefutable de que en todo el mundo los hombres son los que están en su mayoría en los puestos de poder en comparación con las mujeres. Entonces cuando las mujeres tomamos los lugares en donde habitamos y los tomamos para convertirlos en espacios feministas, reclamando nuestro lugar en la sociedad, el mundo de estos varones se tambalea… o algunos no le toman mayor importancia.

Josep Vincent Marques (1992) hace una diferenciación, que a mí me ayuda a entender la respuesta de estos varones.  Nos habla de dos tipos, el varón en propiedad y el varón en precario, el varón en propiedad no duda de su importancia, su condición biológica de ser hombre le es suficiente para considerar que su valía es mayor a la de las mujeres, por lo mismo las acciones de ellas no le preocupan, sin importar lo que hagan ellos no perderán su valía, no considera que tiene la obligación de demostrar nada a nadie, tiene un título de propiedad “es varón y por ese hecho la sociedad le ha reservado un lugar en primera fila”. Por otro lado el varón en precario considera que debe ganarse esa importancia y por ello está todo el tiempo demostrando lo macho que es, su angustia crece cuando no logra demostrarse a él y a otros su importancia. El varón en precario percibe como una verdadera amenaza a estas mujeres que osan ocupar sus espacios. El autor que propone esta categorización dice que si el varón en propiedad puede ser al menos un opresor tranquilo, el varón en precario es un sujeto traumáticamente conflictivo y potencialmente violento.

Y por ello los machos en precario, organizan guerras cibernéticas, salen a la calle con letreros según ellos avalados por su religión, retoman argumentos de la filosofía y de la biología para descalificar el feminismo, por eso tienen esa imperiosa necesidad de recordarnos que “no nos hagamos las importantes”, por miedo y angustia a perder su valía en la sociedad, pilar con el que se les construyó como hombres.

Tanto si se esconden detrás de su computadora, si hacen videos o salen con un letrero. No olvidemos que a estos varones no los mueven sus argumentos, si no el miedo de que se caiga su frágil masculinidad. Dice un axioma de la comunicación de Waslavick en palabras sencillas que toda comunicación tiene al menos dos niveles, el contenido y un nivel relacional, en lo relacional por supuesto están inmersas las emociones. Pienso que no debemos equivocarnos, podemos decidir ignorarles (lo que también es una forma de comunicar), o podemos entrar en una discusión con estos varones, pero si lo hacemos no olvidemos que no estamos solo compartiendo argumentos, no es un asunto solo de contenido, estamos hablando, conversando o discutiendo con su miedo a perder su primera fila. Sabiendo eso, pensemos en respuestas que sean favorables para nosotras.

Bibliografía:

Marques V.J. (1992). “Varón y patriarcado” en Valdés y Olavarritia (comp.) Masculinidad/es. Chile: Isis Internacional.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

 

Si me das un pan, te puedo dar cariño. Consejo para andar al terreno minado.

 

Aviso: El texto siguiente es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

por Palmira Telésforo Cruz*

 

Frente a mí un hombre baja de un auto, se acerca a la joven que vende servilletas y pan. Frente a mí la acosa. Si me das un pan, te puedo dar cariño. No le importa mi presencia, ni la luz del día, ni el espacio público en el que compartimos el triángulo de la repugnancia. Él pretende que ella puede aceptar. Ella no cree que sea pertinente o posible enfrentarlo. Ella vende pan sin tener permiso de hacerlo en vía pública. Él supone que a mí no me interesará protegerla. Él sabe que nadie nos protegerá a ambas si lo enfrentamos. Él afirma que no es para tanto. Él piensa que le hace un favor a ella. Él cree que a mí no me debiera importar crearme problemas por una mujer “como ella”, o por lo que haga “un hombre como él”. Él opina que los tres somos de universos distintos. Ella también. Los demás igualmente. Los representantes del Estado también. Estamos en contra esquina de una iglesia en la que todos los días se indica que hay que amar al prójimo. Susan Sontag decía que al mirar el dolor humano en la fotografía, se frenarían las violencias. El problema es que “el otro” nunca será el prójimo, el otro es el lugar de las violencias.

Hace tiempo necesitaba un cajón de sastre que me permitiera explicar distintos hechos de violencia social: de pareja, de estado, en los medios, contra las mujeres o los enfermos mentales o los ancianos. Estuve en desacuerdo con quienes consideran inefable a la violencia, pues guardándola en lo oscuro de la negación de la palabra, la resguardan del análisis político, del escudriñamiento de sus relaciones de poder. Tampoco me acomodó el empoderamiento individual, pues invocaba los demonios de la contraparte: “si somos violentos o violentados porque no nos hemos empoderado para evitarlo, entonces somos medio responsables de la violencia ejercida en contra nuestra”. Arriesgado siquiera pensarlo. También me era difícil lidiar con los catálogos, taxonomías, clasificaciones y jerarquías de la-s violencia-s: emocional, financiera, militar, expresiva, lunamielera, simbólica, social, pública, privada…

Quería encontrar el marco que me permitiera conchudamente entenderlas todas, en todas sus formas. Y encontré el lenguaje. No recuerdo cómo lo dije, pero en alguna parte escribí que la violencia es una narración significante: en un universo simbólico, hay una producción de sentido. Nada nuevo por decir, pero suficiente para construir.

Uno interpreta al otro para decirle algo; así quedan fuera y dentro al mismo tiempo, la locura, la irracionalidad, los pretextos culturales, las emociones no controladas, la mala educación y las distorsiones cognitivas: el ejercicio violento es un intercambio comunicativo, estamos enviando mensajes que han sido previamente cifrados en los códigos, los símbolos de nuestro entorno. Entonces, en la construcción de uno mismo y del otro, y del mensaje, se sabe y reconoce, cómo, cuándo, dónde y sobre quién puede ejercerse la violencia. Y todas las otras cosas quedan fuera como motivaciones y dentro como materia prima de las intenciones.

Imprescindibles en este cifrado son, la garantía de impunidad (social, jurídica, punitiva), la construcción de un “otro” que “agrede” la propia identidad y sobre el cual “se debe” ejercer la capacidad social (o antisocial) de control, y la condición de vulnerabilidad de la víctima. La retroalimentación del mensaje violento es el reconocimiento de “uso” o “carencia” de poder: Quién puede y quién no.

¿El código? Las violencias múltiples (invisibilización, discriminación, maltrato, asesinato) ejercidas sobre las mujeres mexicanas, son propiciadas, alentadas e incluso organizadas por las estructuras de justicia y formas ideológicas de las hegemonías culturales, que nos sitúan significantemente en los lugares de indefensión (impunidad social de los agresores) y vulnerabilidad estructural (económica, jurídica, social, laboral).

¿responsabilidad de la cultura? Todos los “testimonios de barbarie” (diría aquel amigo), como la religión, la escuela, el arte, las interacciones cotidianas, la fiesta, los medios, las leyes, las instituciones… pueden (si hacemos extensiva la frase de Stuart Hall) “al mismo tiempo expresar reivindicaciones legítimas y también ser profundamente reaccionarios, llenos de lugares comunes y de prejuicios internalizados”. Cuando determinan las circunstancias de valor y representación simbólica de la mujer y sus narraciones, la cultura se vuelve patriarcal, nos hace leer-la vulnerable, indefensa, indefendible.

¿y el Estado? No sólo permite y encuadra sus políticas públicas en este cifrado cultural. Evade su intervención en las formas estructurales de abordar la justicia, que debieran tener un alto grado de especificidad y focalización al definir la violencia contra las mujeres como una situación de conflicto, zona de silencio o represión por parte del Estado mismo. Entonces es responsable directo de omisiones. O comisiones.

Así, cuando se cometen violaciones masivas (no necesariamente en grupo, sino generalizadas) de los derechos de las mujeres, las formas de cultura hegemónica (que cifran la condición de la mujer) y el Estado (que avala la impunidad) son responsables de ubicar-nos en circunstancias de vulnerabilidad (en los términos de la cruz roja internacional: capacidad disminuida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana, y para recuperarse de los mismos) que nos conducen a un estado de indefensión (aquel en el que las víctimas de una agresión no poseen los elementos necesarios para defenderse a sí mismas). Entre peor resulte la suma de nuestras ubicaciones biográficas interseccionales, más vulnerables seremos, entre más vulnerables más indefensas, y por tanto, mayor será la impunidad de nuestros agresores.

En mi cajón de sastre, así nos leen, esto se nos comunica: “Si te pego, si te mato, si te acoso, si te violo, si te abandono, si te inmovilizo… es porque puedo hacerlo, y hacerlo impunemente”. Y llegamos al one way road: la única forma de desminar los campos, se llama revolución.


*Estudió Comunicación, Política, Género, Familia. Participó en procesos de investigación y guionismo y diseño editorial para productos de cultura y arte, en sectores públicos y privados. Realizó Diseño de Negocios (Recursos humanos, Relaciones públicas, Control de calidad, Prevención de conflictos laborales). Impartió clases universitarias en áreas de comunicación (Creación literaria, Guionismo, Periodismo, Investigación para la comunicación y Comunicación interpersonal). Realiza trabajo de búsqueda de información sobre: Violencia y consumo cultural infantil, Violencia en la familia, Mediaciones de la violencia en NTI y NTC, Violencia y grupos vulnerables (ancianos, enfermos psiquiátricos y madres de niños con discapacidad intelectual) y recientemente, Violencia de Estado. Actualmente colabora en un proyecto que interroga desde diversas disciplinas la identidad y condición negroafricana.