El impacto del feminismo en nuestras vidas

Por Karina Esmeralda Gallegos Bañuelos*

Las feministas luchan para que las mujeres sean libres, que cada mujer pueda decidir sobre su cuerpo, sobre su vida y desmitificar todos aquellos preceptos que nos dicen que “LAS MUJERES NO PUEDEN”, inclusive la ciencia ha sido machista y misógina a lo largo de los años y aún ahora, decir que en efecto la mujer por su “biología” no puede hacer las mismas actividades que un hombre o que no tiene la misma capacidad intelectual que un hombre por el solo hecho de ser mujer es machista. Decir que no puede tener cierto puesto, o hacer actividades que se consideran como masculinas, es que nos nieguen la posibilidad a nosotras de desarrollarnos, académicamente y en lo laboral.

Así que, cuando entré a la lucha feminista, me encontré conmigo misma siendo machista, con ideas, conductas y creencias que se me había inculcado desde niña, en mi casa, en la escuela, con amigos, en la iglesia, sobre que la mujer valía menos que él hombre, que hay límites para las mujeres, que las mujeres no hacen.., o no juegan.., o no son listas en… que cuando un hombre es violento siempre se justifica y la responsabilidad es de la mujer, sea está la madre, la esposa, la hija y que si es culpable el hombre, es porque está “enfermo”, o así era él y que más se puede hacer.

Cuando empecé a poner un alto a la violencia, a señalar, a decir que sí podemos hacer lo mismo que los hombres, igual o mejor, cuando exigí que hubiera paridad en la política, entonces hubo incomodidad. Incomodidad de parte de familiares, de amigos y de hombres desconocidos en redes, incomodidad de ser señalados, de corregir expresiones que son sexistas, de debatir sobre ideas o creencias que reproducen violencia y desigualdad, entonces, me di cuenta, que así como yo me había dado cuenta de actitudes machistas, elles se daban cuenta de los suyos y que no estaban dispuestos a cambiarlos.

En ocasiones me preguntaba, si hacia activismo para cambiar “el mundo”, ese mundo exterior que esta allá afuera, como cambiarlo con mis relaciones más cercanas, como cambiar relaciones de violencia con tíos, amigos, pareja, hermanas, padres, y si era mi obligación hacerlo.

Después me di cuenta que cambiaba algunas cosas con mis relaciones personales, que era lo más difícil pero que ocurría, que no era mi obligación el educar a los demás, pero que había comportamientos como chistes sexistas que no se decían cuando yo estaba presente. No tengo que ser pedagoga, pero si seguiré señalando las actitudes violentas y machistas que mis familiares hagan cuando este yo presente, porque no dejare que se reproduzca la violencia; si ellos quieren o no cambiar, si ellos se incomodan o no, si ellos se enojan, ese es su problema. Entendí que no era un deber seguir con relaciones que me dañan, seguir siendo “amable” con personas que no lo son conmigo, inclusive si son personas cercanas a mí.

Después de 2 años en una ONG que trabaja por los derechos de las mujeres y jóvenes, me di cuenta que este proceso es continuo de nunca acabar, que el feminismo aunque lucha  por cambiar políticas públicas, políticas de salud, exigir que los derechos sexuales y reproductivos se cumplan, es una forma de vida, porque si no fuera así, sería una incoherente.

El feminismo es una forma de vida, es una forma de relacionarte con los demás, es una forma de amar y de las mejores para luchar por los derechos de las minorías, incluso cuando esa minoría sea la mitad de la población.


*Karina Esmeralda Gallegos Bañuelos, nació el 16 de mayo de 1994 y es Licenciada en Psicología. Ha tomado cursos sobre Género y Psicología; participó en el curso de “Nuevas Miradas sobre género y Etnicidad” de la universidad de Chile; Participación en Verano de Investigación en la UNAM en el proyecto “SOCIALIZANDO EN LA IGUALDAD DE GÉNERO Y UNA CULTURA DE INCLUSIÓN: EXPLORACIÓN DE CRIANZA, DISCURSOS Y DINÁMICAS EN EL ENTORNO DE LA DIVERSIDAD FAMILIAR EN EL CONTEXTO MEXICANO”; Participación en el curso “Como diseñar políticas y proyectos con perspectiva de género. La experiencia de la Unión Europea”, entre otros.

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[Imagen de cabecera de  Anjali Mehta]

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