Etiqueta: Sororidad

Yo aborté. (A propósito del 28 de septiembre #UnGritoGlobal por el #AbortoLegal).

Makeda tenía entre cinco o seis meses de haber nacido. Thawale tenía dos años, y yo tenía tres semanas de embarazo. Quedé embarazada al creer el mito que en el puerperio (los famosos 40 días donde tu cuerpo se vuelve a reacomodar después del parto) no te embarazas, pues según la creencia, todavía tu aparato reproductor no está en condiciones de ovular. No sólo era el puerperio lo que mi cuerpo experimentaba. Desde que Thawale nació yo caí en una depresión posparto que nunca resolví y que con el embarazo y nacimiento de Makeda, se agudizó. El nacimiento de Thawale fue por cesárea (el de Makeda también), pero no me limpiaron bien la placenta y al pasar el mes de ese nacimiento yo iba a morir, por lo que tuvieron que intervenirme urgentemente y observarme en el hospital por otros 15 días. Así que el primer mes de vida de mi hijo, yo estuve en el hospital encerrada y llorando sin consuelo. Al salir del hospital, mis meses transcurrieron lentamente. Dejé de bañarme, de cuidarme; sentía que al cerrar los ojos me iba a morir; sólo quería dormir todo el día y no saber nada de lo que pasara afuera de mi cuarto.

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Redes Sororas

Por Mónica Ceja*

Durante toda mi vida normalicé y minimicé un sinfín de comportamientos machistas en mi persona, cuando empecé a ver por primera vez hacia dentro y a autocriticarme en vez de hacerlo con las demás, comprendí lo importante que es deconstruirse de este sistema patriarcal, y claramente no es fácil, ni de la noche a la mañana voy a terminar con algo que me inculcaron desde pequeña, pero no me he rendido ni pienso hacerlo, ya no tengo miedo de equivocarme, en cambio, me informo, pregunto, investigo, intento nunca dejar de cultivarme, y trato siempre de corregir los errores que cometí antes de comenzar con este proceso, todos aquellos en los que actué como opresora.

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Testigas del Feminismo,

Testigas del Feminismo es un proyecto iniciado en este 2017 en México, cuyo objetivo es difundir el feminismo en escuelas, espacios comunitarios y mediante talleres, conferencias, volantaje y activismo. Feminopraxis conoció este colectivo de tres chicas, por Instagram (@testigasdelfeminismo), del cual Carmen, junto a una colega argentina, administra la cuenta @sin.estereotipos, donde cada semana comparten historias de acoso sexual y otros contenidos. Carmen se dio cuenta de la importancia del feminismo para concientizar sobre la violencia de género, la desigualdad y la cultura de sexista en México, y así fue que Monse y Yadira se unieron para formar Testigas del Feminismo. Platicando con Carmen, nos comentó que tanto ella como Monse, se asumen como feministas de clase, mientras que Yadira es feminista decolonial.

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Punto Gozadera: autogestionando placer desde los feminismos.

Una de las resistencias que los colectivos y espacios feministas autogestionados libramos, es conservar un pensamiento y apuesta política feministas que no se acomoden al mainstream; es decir, a las corrientes que promueven un discurso y una forma de vivir el feminismo, como si fuera un “fenómeno” uniformador. En México tenemos colectivos y propuestas feministas autónomas, autogestivas y que resisten creando programas únicos y en su mayoría de cooperación voluntaria o gratuitos. Son mujeres o personas no binarias que no están en el foco de los reflectores o que no salen en las portadas de revistas de moda, porque no son personalidades que “venden”. Son espacios y personajes que se dan a conocer de boca en boca y que llegan a ser indispensables cuando algo bueno se va a armar.

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Editorial (julio)

Estamos en julio y nuevos debates se ponen sobre las mesas de diálogo feministas. Por un lado, en México, éste mes celebramos 62 años de haber conquistado el voto femenino, lo que nos motiva a plantear que “elegir y poder ser elegidas” no implica elegir sobre nosotras mismas y nuestros cuerpos; ya que en nuestro país la mayoría de los estados penalizan la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

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Amén.

Antes de empezar quiero aclarar que el texto es mi opinión, misma que he generado con el tiempo y las experiencias que he tenido en mis 25 años. Entiendo que, como en todos los casos, siempre habrá excepciones a la norma (mis ejemplos cercanos son el Padre Solalinde y el Fray Cruz Alta), sin embargo, utilizaré la generalización para expresarme con mayor facilidad; además, estaré escribiendo dios y no Dios por el hecho de englobar a todos.

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#YoApoyoANegraFlor

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Imagen tomada de Internet.

 

Desirée Bela-Lobedde, activista digital feminista afroespañola ha sido criticada el día de ayer por algo que en Feminopraxis consideramos NO reprochable. Al parecer de muchos y muchas (lamentablemente entre compañeras feministas ha faltado sororidad esta vez), el activismo autónomo (aquel que nace de las voluntades de las personas sin ninguna intervención de ONGs, intereses partidarios o institucionales) de nuestra compañera, debería ser un servicio gratuito a la comunidad (que de hecho lo es la mayoría del tiempo dada su característica digital); ya que cobrar por nuestro trabajo -dicen lxs detractores de NegraFlor- es una manera de reproducir las opresiones, ya que “dejamos de lado a una serie de sectores vulnerables de la sociedad que no pueden costear nuestros servicios”. ¿En serio?

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¿Podré hacer lo que me proponga?

¿Podré? Es una pregunta que me hago frecuentemente, en esos momentos que son íntimos y que con pocas personas me siento libre de compartir. ¿Podré estudiar la universidad?, ¿Podré hacer la tesis?, ¿Podré conseguir trabajo?, ¿Podré vivir con mi pareja? o ¿Podré ser una mujer trabajadora, activista, ama de casa y terapeuta? Al final de cuentas en cualquier etapa nueva a la que me meta está la pregunta ¿podré con esto? y eso muestra un poco, o bastante, inseguridad de mi persona pero a veces me pregunto si esta inseguridad brota de mí o es consecuencia de un adiestramiento social.

Si enjuiciarnos se trata somos les primeres en ejercerlos sobre nosotres mismes y más cuando de una u otra manera vemos en el acto y en la teoría que no se da el ancho en los parámetros sociales. ¿Cómo, tú tan feminista y cayendo en eso? ¡pues claro! ojalá hubiese nacido feminista para no sentir, pensar y actuar así en ocasiones pero no es el caso, nací en un sistema patriarcal-capitalista y machista que me ha enseñado que como mujer TENGO QUE y una de esas cosas que tengo que ser es multitareas, buena para aquello a lo que me dedique, buena ama de casa, buena esposa/pareja, buena madre, tener buen físico… ¿ya se entiende, no? pero cuesta deshacerse de esos estándares tan inalcanzables para las simples mortales.tumblr_mxecb5gI1j1sq4dkno1_500

Es difícil deconstruirse, es complicado replantearse quién y cómo quiero ser, pero si algo he aprendido este año es que soy capaz, aunque no me la crea en ocasiones (volvemos a lo mismo de antes, it’s a trap!). Saberme imperfecta es una de las llaves para llevar la vida a mi paso aún cuando el patriarcado y todo sus colegas quieran apresurar cosas que yo no quiero en mi vida o no las deseo en este momento.

Sin embargo, el que piense así y poco a poco lo lleve a la acción es parte de ciertos privilegios de los cuales soy consciente que tengo. Soy una mujer de 25 años, licenciada en una carrera que elegí por mi propio interés, heterosexual, blanca, clase media, capaz de vivir independiente de su padre/madre, con una pareja que la apoya y una red pequeña y sólida con la que también siento y vivo el apoyo. Por tanto me resulta fácil plantearme estas situaciones que en otro contexto no serían así de profundas o ni siquiera existirían.

La cuestión aquí es que si tienes la oportunidad de cuestionarte ¿quién quieres ser como mujer? o ¿cómo es tu manera de ser mujer? es magnífico, pero no por eso tendrías que imponer esa construcción a otras o juzgar a quienes no han tenido ni la oportunidad ni el tiempo, creo que al final cuando nos deconstruimos el ejemplo que demos al exterior será nuestra mejor carta contra el patriarcado y, de una u otra manera, ser sororales nos permitirá acompañar a la mujer que tenemos al lado en su tiempo y en su proceso de pensarse, sentirse y cambiarse.

 

 

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter

El silencio que ellos nos impusieron

La violencia no tiene raza, clase, religión o nacionalidad, pero tiene género[…] El meollo de este conflicto es la pandemia de violencia que los hombres ejercen contra las mujeres, tanto violencia ejercida en la intimidad como la ejercida por extraños

Los hombres me explican cosas, Rebeca Solnit.

Por mucho tiempo pensaba cómo era posible que un padre violara a su propia hija, o cómo un padre puede vender a su hija a un proxeneta por un costal de arroz, o por una vaca. Por mucho tiempo me pregunté por qué hermanos se referían a sus hermanas como putas y las presentaban a sus amigos para pasar el rato. O me preguntaba por qué cuando una joven mujer salía embarazada, su familia decía que ya no valía nada y se le castigaba limpiando y cocinando para todos. O por qué la crianza tradicional tiene que ir acompañada de golpes e insultos cuando se te tacha de niña rebelde. Y claro, preguntar eso era encontrar respuestas como: “ay, es normal, esas cosas pasan hasta en las mejores familias”, “sólo dios sabe”, “ni modo, esa vida le tocó”. Respuestas simples y alineadas a cosas trascendentales.

Hoy que los feminicidios, la violencia doméstica y miles de violencias machistas perpetradas por propios y extraños han sobrepasado los límites del supuesto Estado de derecho y de la convivencia social a nivel global, miles de hermanas muertas nos llevan forzosamente a replantear: ¿de dónde nace ese deseo, esa creencia, esa educación y modos de vivir, donde hombres de nuestra familia, cercanos o lejanos nos dicen quiénes somos, qué debemos hacer y cómo comportarnos? ¿De dónde viene ese aire de superioridad para que en la escuela y el trabajo los compañeros, maestros y administradores nos expliquen las cosas a su modo y que naturalicen que así son? ¿De dónde viene esa indiferencia institucional y estatal a los miles de cuerpos de nuestras hermanas ya sin vida?

La constante violencia a nosotras es parte de un proceso histórico que se sustenta en el poder patriarcal-Kyriarcal; es decir, en los diferentes momentos de nuestra historia global, regional, nacional, local y familiar los hombres han sido gobernantes, representantes de dios en la tierra, amos, padres, patriarcas, legisladores, administradores de almas y cuerpos, escritores y creadores. Históricamente configuraron el mundo para naturalizar la violencia de ellos hacia nosotras partiendo de la casa paterna a los espacios públicos, todo legislado por la tradición y los contratos sociales de la modernidad. Y las mujeres que trasgredían las normas, los comportamientos y las palabras del poder kyriarcal, terminaban como hoy seguimos terminando: quemadas, vendidas, violadas, humilladas, asesinadas. Y así, poniendo castigos ejemplares, ellos pactaron al darnos un apellido, constituciones, pasaportes, ciudadanías, títulos académicos, contratos laborales, pago de horas extra ante la explotación, propinas por ser “linda”, halagos-insultos enfocados a nuestra sexualidad, o por habernos convertido en madres. Ellos nos victimizaron al encasillarlos en una condición biológica sin derechos y libertades, y por ser propiedad del padre, del esposo, del señor, del amo, de Dios y del Estado, legislaron sin haber pedido nuestra opinión o nuestra presencia. Y ellos dijeron públicamente que estábamos de acuerdo. Y por eso nos negaron la voz.

Ellos, históricamente han pactado para protegerse unos a otros mediante leyes, nacionalismos, patriotismos y mercados de consumo, al grado de romper la mágica idea de la familia ideal, pues han sido las feministas y las personas que se asumen desde identidades sexuales no heteronormales quienes le han dado un nuevo sentido a lo que es ser familia y comunidad sin que seamos propiedad de nadie. Así por ejemplo, que al tomarnos declaraciones en los ministerios públicos por desaparición, violación o violencia doméstica, los funcionarios dicen que por “algo nos lo hicieron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros maridos, nuestros jefes, nuestros ministros religiosos”. Es suponer que algo hicimos o consentimos para que nos violentaran de esas maneras. Y así se lavan las manos para hacer de nuestros casos una estadística más. Ellos nos vigilan y censuran  en tiempos de alegría. Por ejemplo, sí estamos juntas creando o celebrando, no faltará un “amigo” que diga “bromeando”: “he venido a controlarlas”, como me pasó junto a unas amigas, hace menos de un mes. No faltará quien al vernos reunidas en marchas o manifestaciones nos digan: “pinches viejas locas, pónganse a hacer algo productivo.” Todo esto será con el fin de volvernos a callar y dudar de nosotras mismas. 

¿Qué efecto tiene el silencio en nosotras? Aquí quiero traer a la reflexión a Rebeca Solnit, con su libro Los hombres me explican cosas donde en diversos ensayos plantea cómo al negarnos la palabra, el siguiente acto es la violencia y el acto más extremo es el asesinato (feminicidio).

El silencio, como el infierno de Dante, tiene sus círculos concéntricos. El primero es el de las inhibiciones internas, inseguridades, represiones, confusiones y la vergüenza que hacen de difícil a imposible hablar, y que van de la mano del miedo a ser castigada o condenada al ostracismo por hacerlo. Rodeando este círculo se encuentran las fuerzas que intentan silenciar, sea mediante la humillación, el acoso o el uso de la violencia directa, incluyendo violencia que conduce a la muerte, a quien de todas maneras se esfuerza en hablar. Por último, en el más exterior de estos círculos, cuando la historia ya ha sido contada y el hablante no ha sido silenciado directamente, se desacredita la historia y al que la relata.

Así que sabiendo e informándonos de cómo funcionan los pactos de silencio que esa cultura kyrialcal nos ha impuesto, el hablar de nuestros dolores, furias y reivindicaciones en lo público y lo privado es un acto de justicia a nosotras mismas, porque evidenciamos que nosotras ya no seremos parte del trato. Sabremos que al retar con nuestros actos lo que el padre, el amigo, el hermano, el esposo nos digan, nos van a querer decir: “mira, yo acepto tu ideología, y esta bien que seas lo que seas, pero las cosas son así” y vamos a tener que resistir. Sabiendo cómo funcionan los pactos de silencio y complicidad entre el privilegio masculino y sistemas políticos corruptos, haremos esfuerzos por hacer de la sororidad entre mujeres más que una palabra bonita; la podremos cargar de toda su fuerza política. Al saber cómo funcionan los pactos de silencio entre hombres, será mas fácil para nosotras identificar quienes son nuestros aliados y no victimizarnos, no consentir más en nombre del amor, de Dios, de la Patria y demás para que vuelvan a pasar sobre nosotras. Ellos sabrán que no queremos limosnas de su estado de derecho, ellos sabrán que su justicia falocéntrica no es más fuerte que la fuerza de nuestros ovarios. Ellos sabrán que hemos roto los pactos de silencio.

Somos muchas y nos faltan más

(A propósito de la marcha interna en CU en contra de la violencia de género en la UNAM y repudiando el feminicidio de Lesvi Berlín). 

Por Karla Amozurrutia*

“El problema de género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género.”

Chimamanda Ngozi Adichie 

Arrebatarle la vida a cualquier ser humano no sólo es un delito sino un acto de cobardía, pero quitársela a una mujer, ayer como hoy, seguirá siendo muy grave; tal vez lo que digo sea una obviedad, pero pareciera que hay que recordar cada vez que hay un feminicidio la historia de las mujeres, de sus muertes, de la sangre derramada, de toda la lucha que han y hemos generado para que se entienda que a lo largo de los años quienes han sido excluidas y denigradas en la sociedad hemos sido, nosotras las mujeres. El feminicidio no es una muerte más, es arrebatarle la vida a una mujer por el sólo hecho de ser mujer, la violencia ejercida en ella en vida como en la muerte es lo que contextualiza este concepto descriptivo y terrorífico.

 
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