Principio de igualdad, fin de privilegios

Por: Gergana Krasteva*

Única definición de feminismo: principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre

“Principio de igualdad de las mujeres y el resto del universo conocido y por conocer”: definición en la que no discrepamos. Podemos añadir información y explicar mejor qué es el principio y la demanda feminista, pero, en esencia, este es nuestro mensaje. El mensaje que nos conecta desde las diferentes partes del mundo y nos une en la lucha. Por supuesto, las discrepancias que existen entre los feminismos no han surgido por desacuerdos acerca del principio de igualdad, sino por las maneras de entregar los mensajes, el orden de las luchas y el enfoque específico de cada cultura, tribu, minoría, o como quiera llamar aquellos grupos que no encajan con el mensaje estándar de las feministas europeas/estadounidenses. 

Con este artículo no pretendo poner más distancia entre los feminismos, pero sí subrarrayar que el mensaje que recibe la mayor parte de visibilidad y que representa a la parte minoritaria de mujeres, acaba siendo elitista, dirigido a unas pocas. Unas pocas mirarán de lejos sin ser capaces de sentirse integradas. Por supuesto, esto rompe el movimiento y todas sabemos que las pequeñas luchas tendrán cierto alcance, pero la lucha global en sororidad es la que romperá las cadenas del patriarcado. 

Los referentes son las bases que nos constituyen. La información y los ejemplos a los que se tenga acceso construirán una sólida estructura sobre cómo vemos el mundo y a nosotras mismas, pues de manera indirecta nos transmiten cómo están organizadas nuestras sociedades y cuál es nuestro lugar dentro de ellas.

¿Qué pasa con nuestros referentes, nuestros ejemplos en la vida, aquello a lo que hemos aspirado ser durante años o, por lo contrario, jamás aspiramos, ya que acabamos muy pronto aceptando nuestra condición de perdedoras? ¿Qué ocurre con las mujeres que no tienen referentes o de tenerlos son tan lamentables, que lo que construyen en la mente de las niñas desde muy pequeñas no son más que limitaciones? ¿Qué sucede cuando la falta de fuentes, de referencias y de ejemplos elige por nosotras nuestros actos en la vida, destruye los sueños que nunca existieron y aumenta un odio hacia nosotras mismas?

El odio hacia una misma puede llegar hasta puntos extremos, hasta puntos insoportables de rechazo social y, en consecuencia, propio. La lección sobre el hecho de que el cuerpo, el rostro, la procedencia o la orientación sexual te definen como persona, como persona que no cuadra en los esquemas sociales, está aprendida. Y esta lección, amigas, se aprende muy pronto, tan pronto como que en la escuela comencemos a llamar color carne a ese color rosado, tan pronto como todos los referentes televisivos sean mujeres exitosas, heterosexuales y blancas, para las cuales trabajan mujeres morenas de escasos recursos. Se asimila muy rápido el rol que debemos tener cuando escuchamos que así se compartan las mujeres fáciles y asá las buenas, cuando sin haber escuchado nada sobre ese tema sabemos que no debemos decir en voz alta que nos atraen las mujeres. 

Aferrarse a los privilegios hace que el discurso de sororidad suene de una manera paternalista y falsa, ya que mira con desapego los problemas que no pertenecen a su situación social. De esta manera también se invisibilizan los problemas reales de las mujeres de minorías, convirtiéndolas en casos anecdóticos e historias pintorescas. Demasiadas veces se les pone la dura tarea de representar un grupo social al que se consideró que pertenecían por su color de piel, procedencia, orientación sexual etc, como si se tratase de un grupo homogéneo. Pero no. No les hagan cargar con esa cruz tan pesada. 

Podemos escondernos tras nuestros privilegios dejando de ver que son una mera herramienta social de orden patriarcal y asimilándolos como naturales e incluso justos. Pero, ¿no se trataría entonces de una lamentable doble moral? Absorbemos con facilidad toda la información que se nos presenta, sea esta tóxica o no, aprendemos las reglas del juego a una edad demasiado temprana, adoptamos nuestros papeles, como mujeres, como mujeres racializadas, indígenas, refugiadas, de diversas sexualidades y todo aquello que no represente la misma voz de siempre. Aceptamos las reglas de un juego que nunca nos dejó jugar. Aceptamos, por falta de opciones, estar en los márgenes y que otras lleven nuestra palabra a la luz. De la misma forma, aceptamos ser las que coronan la pirámide, las que llevan la palabra hasta esferas más altas, las que pueden provocar un debate político con mayor trascendencia y cobertura, y también aceptamos ser unas privilegiadas o mirar para otro lado. No olvidemos jamás que los referentes machistas, clasistas, homófonos y racistas con los que crecimos, son aprendidos, no son una parte intrínseca ni mucho menos una de nuestras esencias; son totalmente modificables, mejorables y olvidables. 

Analizar los propios privilegios, dar un paso al lado o atrás, escuchar y empatizar con las mujeres es lo que pide el feminismo. Es lo que pedimos no solo a los hombres, sino para que todas aquellas que no viven en países de occidentes, cuyos derechos son machacados a diario, todas aquellas que no han tenido las mismas vidas de privilegios, puedas sentirse igual de incluidas en este gran movimiento. Pedimos que se entienda que la realidad occidental no es la única ni la superior; no existe una escala. Pedimos que se entienda que las realidades feministas son tantas como mujeres existen en el mundo y todas juntas hemos de aprender y enseñar por igual. Un movimiento ejemplar, creciente, radiante desde su primer momento, que poco a poco fue conquistando el planeta y entendiendo que todas compartimos los mismos problemas por el simple hecho de haber nacido mujeres. Seamos mujeres, por encima de los contratos sociales, seamos nosotras por encima de los referentes patriarcales, seamos solidarias unas con otras, de manera efectiva, proactiva y consciente.

 Seamos feministas unidas, con el fin de lograr nuestro principio de igualdad perseguido. ¡Qué la mujer sea igual a todo ser en este universo, conocido y por conocer!

 

gergana

*Gergana Krasteva, nació en Bulgaria, creció en España y vive atrapada por la magia de América Central. Ella estudia las realidades femeninas y aprende de sus hermanas en sororidad. Trabaja y lucha por la educación igualitaria, como herramienta única de trasformar el mundo.

 

**La imagen que acompaña este texto es la Asociación de Autoras de Cómic, España.

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