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Editorial abril 2018

Queridas lectoras, en Feminopraxis damos la bienvenida al mes abril con reflexiones sobre lo que el feminismo nos enseña no sólo desde el ciberactivismo sino en la realidad, particularmente, sobre lo que nos falta por deconstruir y sobre la necesidad de una autocrítica a nuestros privilegios, nuestra sororidad que a veces puede ser virtual y la necesidad de incorporar la interseccionalidad a la práctica feminista; todo esto a partir de la experiencia en el Primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo Y Cultural de Mujeres Que Luchan al que nuestra compañera Lídice Villanueva tuvo la oportunidad de acudir el pasado mes de marzo en el estado de Chiapas, México.

Como siempre, quisiéramos detenernos en algunas de las fechas importantes del mes para meditar sobre ellas y su relación con las mujeres. Comenzando con el 6 de abril, Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, queremos detenernos en la importancia de las mujeres en el deporte ya que estamos conscientes que los medios de comunicación y el marketing capitalista suelen vendernos los deportes como cuestiones masculinas y, en caso de incluir a las mujeres, lo hacen desde una perspectiva hipersexualizada que encarece el valor atlético de éstas. Reconocemos y reafirmamos que los deportes no tienen género y apoyamos a todas las mujeres que han sufrido acoso, coerción y otras formas de hostigamiento dentro del ámbito deportivo.

Por su parte, el 7 de abril, Día Mundial de la Salud, es una de las fechas más relevantes para las mujeres y para la lucha feminista ya que muchas de las causas de los problemas de salud de las mujeres en el mundo, según la OMS, están relacionadas a los roles de género patriarcales (cuidado y mantenimiento del hogar, maternidad temprana) y a sus consecuencias (bajo nivel socioeconómico, bajo nivel educativo, violencia intrafamiliar). Necesitamos estar conscientes de que el sistema patriarcal-capitalista, no afecta únicamente a nivel discursivo, sino que sus implicaciones alcanzan a mermar directamente la salud de las ancianas, mujeres, adolescentes y niñas, traduciéndose en dolencias físicas, emocionales, psíquicas e incluso, la muerte. Si queremos mujeres libres, necesitamos mujeres saludables. Seguir leyendo Editorial abril 2018

Silvia Federici: El capitalismo como sistema de producción de muerte.

Los días 2 y 3 de marzo Silvia Federici vino a Guadalajara a dar una conferencia magistral titulada “La guerra contra las mujeres y las nuevas formas de acumulación capitalista” y posteriormente, al encuentro entre mujeres; algo más íntimo y horizontal. Por supuesto que Feminopraxis no se iba perder ninguna de las dos cosas y he aquí un poco de lo que se reflexionó, compartió y dijo. Como un resumen de su larga trayectoria Federici,  dentro de los trabajos que ha realizado hace una crítica al sistema capitalista, la unión de éste con el patriarcado, el trabajo no remunerado de las mujeres como el doméstico y el de crianza y además, en este encuentro con ella, también se habló de la importancia de distinguir un feminismo neoliberal de un feminismo de y para las mujeres. Ahora sí, empecemos. Seguir leyendo Silvia Federici: El capitalismo como sistema de producción de muerte.

Editorial (octubre)

“Las relaciones patriarcales inhiben el desarrollo
de la esencia humana. La concepción de la vida,
mientras no se superen las relaciones patriarcales,
es muy distinta entre hombres y mujeres”
—Norma Iglesias

 

Septiembre nos dejó un sabor amargo. Feminopraxis es una revista digital que, aunque tiene colaboradoras en diferentes partes del mundo, ha puesto su foco en informar y accionar sobre feminismos diversos en México y Latinoamérica. Por ello el terremoto reciente en Ciudad de México y otras partes del país, no sólo nos movió el piso, también nos movió el corazón. El pasado 19 de septiembre, como muchos medios, suspendimos nuestras publicaciones y entradas habituales para compartir únicamente información que consideráramos útil después del terremoto en el que familias enteras perdieron sus casas y a sus seres queridos. Nos concentramos en compartir información confirmada sobre los materiales que se requerían en los distintos edificios derrumbados, sobre el  tipo de apoyo que era necesario, etc. Hoy, con la posibilidad de detenernos más en los hechos, reflexionamos y recordamos. Seguir leyendo Editorial (octubre)

Editorial (julio)

Estamos en julio y nuevos debates se ponen sobre las mesas de diálogo feministas. Por un lado, en México, éste mes celebramos 62 años de haber conquistado el voto femenino, lo que nos motiva a plantear que “elegir y poder ser elegidas” no implica elegir sobre nosotras mismas y nuestros cuerpos; ya que en nuestro país la mayoría de los estados penalizan la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

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#YoApoyoANegraFlor

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Imagen tomada de Internet.

 

Desirée Bela-Lobedde, activista digital feminista afroespañola ha sido criticada el día de ayer por algo que en Feminopraxis consideramos NO reprochable. Al parecer de muchos y muchas (lamentablemente entre compañeras feministas ha faltado sororidad esta vez), el activismo autónomo (aquel que nace de las voluntades de las personas sin ninguna intervención de ONGs, intereses partidarios o institucionales) de nuestra compañera, debería ser un servicio gratuito a la comunidad (que de hecho lo es la mayoría del tiempo dada su característica digital); ya que cobrar por nuestro trabajo -dicen lxs detractores de NegraFlor- es una manera de reproducir las opresiones, ya que “dejamos de lado a una serie de sectores vulnerables de la sociedad que no pueden costear nuestros servicios”. ¿En serio?

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Amor propio

Por Zitlalli Carrington*

Ayer estaba viendo la televisión con mi marido, y en la historia el esposo tenía que sacrificar su vida laboral porque el trabajo de su esposa era mucho más importante. Mi marido, con un pesar, me dijo: –¿Te imaginas qué difícil hacer ese sacrificio para él? ¡Y más por la época!-. La serie está basada en los 40’s, posguerra…. Y mi cabeza solo recordó que así es, y ha sido, para la mayoría de las mujeres en toda la historia de la humanidad. Y sí, ¡¡¡¡qué difícil!!!!

Así que cuando la gente me dice que por qué tanto rollo con el tema de ser feminista, me encanta contarles que mi abuela, una mujer de un carácter súper fuerte y muy inteligente, se tuvo que escapar de casa de su padre, un médico militar, para ir a estudiar Ingeniería Química a la Ciudad de México. Fue una de las primeras mujeres en todo México en terminar una Ingeniería. Qué orgullo, ¿no? Pero ¿qué crees? Se enamoró y durante los siguientes 11 años de su vida procreó 7 hijos… y los vistió, y los alimentó… y así hasta que llegamos los nietos… y así hasta que murió. ¿Y los sueños? ¿Y la Ingeniería?

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Editorial (junio)

La violencia […] es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños.

-Margarita María Pintos

Este mes nos llevará a reflexionar sobre diversos temas que son de importancia para el quehacer y la articulación feminista a nivel global (el día mundial contra la educación sexista, a favor del nacimiento y parto respetados, así como el día del orgullo LGBTTI+). Sin embargo, existe una problemática particular que nos es de gran peso y requiere que hoy enfoquemos nuestro pensamiento en ella: la niñez en tiempos de guerras, ocupación territorial y desplazamientos; explotación laboral y precariedad de la vida.

El 4 de junio es el Día Internacional de lxs Niñxs Víctimas Inocentes de la Agresión, y el 12 de junio es el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. La primera, es una fecha asignada por la ONU como respuesta a la observación internacional que pedía un alto a actos violentos y encarcelamientos injustificados a niñxs palestinxs y libanesxs que fueron víctimas de agresión, por parte de Israel en su avanzada neocolonial. Los efectos de esas agresiones, no sólo han dejado huellas en la salud mental de lxs afectadxs directxs, sino en la ruptura del tejido social de generaciones que al hacer memoria, no dejan de nombrar los horrores de una guerra sin final.

Para lxs que nunca hemos vivido una guerra frontal, es difícil imaginar el horror de no poder dormir en tranquilidad esperando el siguiente estruendo que ponga en peligro la vida. La guerra no tiene ningún sentido excepto para la inhumanidad que provoca el capitalismo y para quienes se benefician de la venta de armas, las muertes y el conflicto político.

Volteando la mirada hacia la situación de las mujeres dentro de la guerra, encontramos las historias de niñas, madres y hermanas que han sido, o temen ser, violadas por soldados, propios y enemigos (recordemos que la violación colectiva es una más de las armas utilizadas en zonas de conflicto); que vieron morir a sus familias, a sus hijxs; mujeres que perdieron sus casas, que abrazan a niñxs que sueñan con disparos, que no pueden dormir por las noches.

Pensar estas dos fechas implica tomar una posición crítica sobre las narrativas nacionalistas, sustentadas en los pactos políticos kiriarcales y demandar su fin. Ya que quienes ganan únicamente son los señores de las guerras, y no la humanidad que sigue sangrando y clamando por justicia.

Nuestro país no está lejos de esa realidad. La Guerra Contra las Drogas, iniciada en el sexenio de Felipe Calderón ha llevado a vivir una guerra civil no declarada, donde miles de niñxs se ven expuestos a vivir agresiones por parte del crimen organizado y/o los enfrentamientos donde el ejército, los cárteles y la sociedad civil están en constante confrontación. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México, se calcula que desde el inicio de esta Guerra, han muerto por lo menos 2 mil niñxs, principalmente en los estados de Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, Morelos y Veracruz. Esta misma Red señala que los cárteles de droga reclutan niños que a esa temprana edad son adiestrados en el crimen organizado, mientras niñas y mujeres adolescentes son reclutadas con fines de explotación sexual.

En México poco se habla de las niñas y niños que son agredidxs por la violencia que viven a diario en estas zonas de guerra o que ven sus sueños truncados por la falta de oportunidades, en lugares donde la única actividad económica es el crimen organizado. Este contexto pone en riesgo el futuro de generaciones que no ven opciones de desarrollo personal e intelectual presente, o a futuro.

Estas situaciones tienen que cambiar, ya que ambas realidades son graves e inhumanas.

Lxs niñxs que comienzan a trabajar desde pequeñxs cumplen el rol de ayuda con el gasto familiar, y ya cargan con responsabilidades y emociones que no les corresponden, llegando a verse “obligadxs” a dejar los estudios para “seguir ayudando” y equilibrar así el ingreso; a la larga, esta acción contribuye a un círculo vicioso de empobrecimiento.

El panorama se torna negro cuando pensamos en niñxs en situación de calle, que trabajan para sobrevivir, que son explotadxs sexualmente o inducidxs a círculos de crimen y drogadicción. Pensar también en lxs niñxs jornalerxs que viven en las comunidades, rurales y urbanas, y que trabajan en la agricultura sin regulación alguna. En ambas situaciones los riesgos para su integridad física y psicológica aumentan y como resultado tenemos niñas y niños que crecen con las heridas de la desigualdad y la violencia marcadas en sus historias de vida.

Desde Feminopraxis hacemos un llamado a la reflexión y la acción locales. No podemos poner nuestra atención únicamente en guerras lejanas, atentados en países de Europa Occidental, o situaciones de pobreza en otras latitudes, y no ser capaces de visibilizar las propias tragedias. Tenemos una realidad miserable rodeándonos, por la que podemos y debemos alzar la voz. Ya que cuando decimos “La revolución será feminista o no será”, es porque creemos que las apuestas feministas no sólo apuntan a transformar las relaciones entre los sexos, desmantelando roles de género normalizadores, y reducir las brechas existentes accediendo a la plenitud de derechos, sino que también entendemos que el Feminismo no puede ser adultocentrista. Por tanto, pretendemos trabajar para cambiar este sistema global que deshumaniza desde edades tempranas, a través de la palabra escrita, la reflexión, la educación y las actividades que cada una realiza en la cotidianidad, la cual no se puede separar nunca de la reflexión política. No queremos generaciones venideras mutiladas emocional y mentalmente dispuestas a alinearse y dejar la resistencia, la disidencia y la convicción de creer que otro mundo y otras relaciones de poder son posibles.

Como feministas nos solidarizamos con niños y niñas, pero debido a que incluso en estas situaciones la mayor desventaja la llevan ellas (porque en las distintas escalas de opresión que tiene este sistema patriarcal, las niñas están por debajo de los niños), esta reflexión se concentra en las niñas y adolescentes que son explotadas por el narcotráfico y la trata de personas, las niñas en situación de pobreza extrema que anulan su derecho a soñar con una mejor vida mientras los sueños de sus hermanos tienen más oportunidades de cumplirse, en las niñas abusadas sexualmente de manera sistemática, asesinadas en una guerra que no entienden, forjada en un sistema que no las ve. En ellas nos concentramos y a ellas les debemos ¡nuestros gritos, nuestra lucha, nuestra sororidad y nuestros esfuerzos presentes y venideros!

-Feminopraxis

¿Podré hacer lo que me proponga?

¿Podré? Es una pregunta que me hago frecuentemente, en esos momentos que son íntimos y que con pocas personas me siento libre de compartir. ¿Podré estudiar la universidad?, ¿Podré hacer la tesis?, ¿Podré conseguir trabajo?, ¿Podré vivir con mi pareja? o ¿Podré ser una mujer trabajadora, activista, ama de casa y terapeuta? Al final de cuentas en cualquier etapa nueva a la que me meta está la pregunta ¿podré con esto? y eso muestra un poco, o bastante, inseguridad de mi persona pero a veces me pregunto si esta inseguridad brota de mí o es consecuencia de un adiestramiento social.

Si enjuiciarnos se trata somos les primeres en ejercerlos sobre nosotres mismes y más cuando de una u otra manera vemos en el acto y en la teoría que no se da el ancho en los parámetros sociales. ¿Cómo, tú tan feminista y cayendo en eso? ¡pues claro! ojalá hubiese nacido feminista para no sentir, pensar y actuar así en ocasiones pero no es el caso, nací en un sistema patriarcal-capitalista y machista que me ha enseñado que como mujer TENGO QUE y una de esas cosas que tengo que ser es multitareas, buena para aquello a lo que me dedique, buena ama de casa, buena esposa/pareja, buena madre, tener buen físico… ¿ya se entiende, no? pero cuesta deshacerse de esos estándares tan inalcanzables para las simples mortales.tumblr_mxecb5gI1j1sq4dkno1_500

Es difícil deconstruirse, es complicado replantearse quién y cómo quiero ser, pero si algo he aprendido este año es que soy capaz, aunque no me la crea en ocasiones (volvemos a lo mismo de antes, it’s a trap!). Saberme imperfecta es una de las llaves para llevar la vida a mi paso aún cuando el patriarcado y todo sus colegas quieran apresurar cosas que yo no quiero en mi vida o no las deseo en este momento.

Sin embargo, el que piense así y poco a poco lo lleve a la acción es parte de ciertos privilegios de los cuales soy consciente que tengo. Soy una mujer de 25 años, licenciada en una carrera que elegí por mi propio interés, heterosexual, blanca, clase media, capaz de vivir independiente de su padre/madre, con una pareja que la apoya y una red pequeña y sólida con la que también siento y vivo el apoyo. Por tanto me resulta fácil plantearme estas situaciones que en otro contexto no serían así de profundas o ni siquiera existirían.

La cuestión aquí es que si tienes la oportunidad de cuestionarte ¿quién quieres ser como mujer? o ¿cómo es tu manera de ser mujer? es magnífico, pero no por eso tendrías que imponer esa construcción a otras o juzgar a quienes no han tenido ni la oportunidad ni el tiempo, creo que al final cuando nos deconstruimos el ejemplo que demos al exterior será nuestra mejor carta contra el patriarcado y, de una u otra manera, ser sororales nos permitirá acompañar a la mujer que tenemos al lado en su tiempo y en su proceso de pensarse, sentirse y cambiarse.

 

 

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter

Editorial (mayo)

El mes de mayo queremos reflexionar sobre los trabajos y las maternidades en contextos de vulnerabilidad y resistencia. Un gran problema que enfrentamos en México, como un síntoma global, es la precarización de la vida; es decir, no hay certezas de un futuro seguro, de escala social, bienestar en general, ni del reconocimiento y cumplimiento de los derechos humanos. Y cada vez que revisamos encuestas y proyectos locales-globales que intentan disminuir las brechas e iniquidades entre los géneros, aún son las mujeres quienes siguen siendo afectadas. 

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¿Apariencia o Currículum?

Por Rosario Ramírez*

Hace unas semanas en México hubo toda una discusión acerca del acoso a propósito de un caso que acaparó varios medios y la atención de muchos usuarios de redes sociales, ya que se trataba de la denuncia pública de una mujer a la que un taxista llamó “guapa”. Tamara, conocida en el mundo de los blogs y del twitter como Plaqueta, denunció a su acosador ante la Justicia Cívica y el sujeto en cuestión fue acreedor a una falta administrativa por su “piropo”. Esta noticia, en muchos sentidos, sentó precedentes acerca de que el acoso puede y debe ser sancionado y, además, probó que las mujeres podemos denunciar estos hechos para estar y sentirnos más seguras en nuestro andar cotidiano[1].

El acoso es un tema que desde hace tiempo es parte de la agenda feminista y se ha colocado como un hecho social que ha permitido visibilizar un tipo de violencia que parecía naturalizada. Ha suscitado discusiones y reflexiones múltiples acerca de su definición y alimentado estudios sociológicos y antropológicos al respecto de sus repercusiones sociales[2].

Estos breves antecedentes sirven de marco para colocar otro tema no menos importante –y tampoco tan desconectado de lo anterior- y es la consideración de las mujeres y sus capacidades para conseguir o mantener un empleo. Mis búsquedas de trabajo y la de mis colegas me han puesto enfrente una serie de elementos que mi ser feminista y mi ser mujer no han podido ignorar: me refiero a las diferencias y desigualdades que se hacen visibles al momento de acceder a los empleos y que nos colocan en un sitio subordinado a partir de elementos que no necesariamente remiten a nuestras capacidades, formaciones y habilidades.

Son bien sabidas  las distinciones y preguntas a las que nos sometemos al momento de concursar o buscar algún trabajo: si somos casadas o no, si somos madres o si pensamos serlo, pasar por una prueba obligatoria de embarazo y, si somos casadas, entonces hay que responder si “el marido nos deja trabajar” y un largo, pero muy largo etcétera. A todo esto se suma la evaluación no sólo de una “excelente presentación”, sino de una prueba de corporalidad, o sea, si eres bonita o no (¡y del peso ni hablamos!)

Hace poco escuchaba la historia de una colega que contaba que cuando fue a una entrevista de trabajo quien sería su jefe directo le dijo que su “plus” es que “además de inteligente, era guapa” –Seguido de un acercamiento físico, razón por la cual no volvió a presentarse en la oficina-. A mi también me lo dijeron alguna vez y la respuesta que, supongo, me descartó como candidata para el empleo fue que, si soy guapa o no, es curricularmente irrelevante para los fines del trabajo que me estaban ofreciendo. Otra historia similar me la compartió una vieja amiga de la universidad, quien contaba que en una llamada para concertar una entrevista de trabajo el hombre de recursos humanos le dijo que ya la había buscado por redes sociales y que, como era bonita, entonces sí le podía agendar la cita para la entrevista.

Otras más cuentan y contamos que ya en un espacio laboral no sólo se vive un acoso constante por parte de compañeros y jefes (hombres y mujeres por igual), sino la evaluación constante de los cuerpos por parte de los colegas de trabajo y la vigilancia de una normativa social que establece que sí o sí, una mujer tiene la obligación de verse bella y deseable para cumplir sus objetivos. Por supuesto, hay que mencionar también la caracterización de las mujeres como seres capaces de hacer y cumplir sólo algunas tareas que no impliquen decisiones estratégicas para el colectivo, sino tareas menores en comparación con aquellas que son destinadas a los varones. En este sentido se entra en juegos de poder vinculados con una serie de roles y estereotipos estigmatizantes tales  como si eres mujer y estas en un puesto alto es porque te acostaste con alguien o eres “muy cabrona”; y si no tienes puestos estratégicos, es porque simplemente “eres mujer y no puedes”, aún cuando estés perfectamente capacitada para hacer y ejercer cualquier tipo de puesto y tarea.

Con todo esto me detuve a pensar en varias cosas: ¿por qué la apariencia física determina las capacidades de una persona? ¿Qué diferencia hay entre el “guapa” denunciado por Tamara y el stalkeo de quien contrataría a mi amiga  o el jefe acosador de mi colega? ¿Por qué las mujeres, antes de nuestras capacidades, somos (y debemos ser) un cuerpo deseable? Y finalmente ¿Cuántas mujeres han pasado por este tipo de comentarios y situaciones para tener o mantener un empleo?

Desde hace varios años se ha registrado un porcentaje mayor de mujeres que obtienen grados académicos altos –de maestría y doctorado en diversas disciplinas- e incluso hay quienes han hablado de la feminización de los estudios superiores en el país[3]. Aun con estos datos, las mujeres con formaciones superiores nos enfrentamos no sólo a la precarización laboral y a la poca oferta de espacios donde poder ejercer nuestros saberes con un salario justo y en igualdad de condiciones, también nos enfrentamos al trato desigual de  quienes aprovechando su lugar estratégico evalúan al “otro” en función de una serie de atributos que no necesariamente son relevantes para llevar a cabo una labor específica. ¿Apariencia o currículum?

Valdría la pena pensar, en este ejercicio de visibilización de las desigualdades y de las múltiples formas de discriminación, qué tanto hemos naturalizado también estas actitudes hacia nosotras mismas y hacia otras en el ámbito laboral, qué juegos de poder se colocan en la mesa y se ven cuestionados si salimos de este ejercicio de evaluaciones y acoso consentido. Hasta dónde nuestra formación, pero también nuestras posibilidades como mujeres nos permiten llegar en un mundo donde la precarización laboral nos deja en un espacio que, aún con avances significativos, en el ámbito práctico y microsocial sigue siendo profundamente discriminatorio para las mujeres por el simple hecho de serlo.

Sirva este texto no sólo como denuncia, sino como la búsqueda por dignificar nuestros saberes, como una forma de seguir desmontando esos discursos velados que nos colocan como seres inferiores para realizar un trabajo, para darle el valor y peso a nuestras formaciones y decisiones y para exigir espacios laborales en un marco de respeto y dignidad.

Aviso: El texto anterior es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

*Doctora en Ciencias Antropológicas, Maestra en Ciencias Sociales y Licenciada en  Sociología. En sus investigaciones analiza las prácticas religiosas y espirituales de mujeres y jóvenes en los márgenes de las religiones institucionales. Colaboró en proyectos relacionados con los derechos sexuales y reproductivos y ha sido tallerista en diversas organizaciones y colectivos enfocados en el empoderamiento de las mujeres y la apropiación del espacio público.

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Notas de la autora

[1] Por supuesto, no dejo de lado que a raíz de esta denuncia hubo muchas reacciones negativas y acoso, en este caso virtual, hacia Tamara a través de tuits y mensajes en las notas que cubrieron su caso. Ella misma compartió a través de varios medios algunos de los comentarios que recibió y se encuentran en este video: https://www.youtube.com/watch?v=6qik003HNiQ

[2] Entre los trabajos que abordan esta temática encontramos a Ramírez, Estrella (2017) El piropo como construcción de la imagen femenina y su corporalidad, tesis para obtener el grado de Licenciada en Sociología. UAEMex, México; Lichinizer, Daniela (2014)  Del piropo al acoso callejero: Relaciones de poder entre mujeres y hombres en el espacio público, tesina para obtener el grado de Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires; y Gaytán, Patricia (2009) Del piropo al desencanto: un estudio sociológico. Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, México.

[3] Entre ellos encontramos los trabajos como “Mujeres y educación superior en México. Recomposición de la matrícula universitaria a favor de las mujeres repercusiones educativas, económicas y sociales” de Olga Bustos.

Disponible en: http://www.culturadelalegalidad.org.mx/recursos/Contenidos/Estudiosacadmicosyestadsticos/documentos/Mujeres%20y%20educacion%20superior%20en%20Mexico.pdf

Y el análisis de Karina Sánchez en “La feminización de la matrícula en la Educación Superior en México. Aportes desde la sociología de la educación”.

Disponible en http://elmecs.fahce.unlp.edu.ar/v-elmecs/actas-2016/Sanchez.pdf