#YoApoyoANegraFlor

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Imagen tomada de Internet.

 

Desirée Bela-Lobedde, activista digital feminista afroespañola ha sido criticada el día de ayer por algo que en Feminopraxis consideramos NO reprochable. Al parecer de muchos y muchas (lamentablemente entre compañeras feministas ha faltado sororidad esta vez), el activismo autónomo (aquel que nace de las voluntades de las personas sin ninguna intervención de ONGs, intereses partidarios o institucionales) de nuestra compañera, debería ser un servicio gratuito a la comunidad (que de hecho lo es la mayoría del tiempo dada su característica digital); ya que cobrar por nuestro trabajo -dicen lxs detractores de NegraFlor- es una manera de reproducir las opresiones, ya que “dejamos de lado a una serie de sectores vulnerables de la sociedad que no pueden costear nuestros servicios”. ¿En serio?

¿Desde cuándo no es posible cobrar por nuestro trabajo y por qué hacerlo es algo tan atroz? A aquellas personas que le recriminan a NegraFlor, les preguntamos: ¿Por qué no puede ella (ni ninguna otra feminista/activista, al parecer) obtener recursos por su trabajo y conocimientos? Pero también, ¿por qué le reclaman específicamente a ella? ¿Por qué no vemos a nadie acosando a Emma Watson, u otra activista española en este caso, que no sea afrodescendiente cuando da conferencias y que al hacer su trabajo, cobra por ello?… ¿Por qué con ellas no hay problema? ¿Será porque son mujeres que por el hecho de ser blancas, sus privilegios se naturalizan? Simples preguntas que tendrían que ser consideradas.

Argumentar que el trabajo remunerado va en contra del activismo, nos parece una aseveración sumamente grave y quizá, incluso, poco recapacitada, sobre todo viniendo de otras feministas. ¡Que alguien, por favor, nos explique qué sucede! Porque desde nuestra trinchera podemos ver que estas quejas no vienen de otro lado más que del machismo (sí, feministas, reprobar a esta mujer, en este contexto específico, es una acción machista). ¿Por qué machista? Sobra decir que las mujeres nos enfrentamos a brechas salariales frente a los varones en todo el mundo y que los obstáculos para acceder a un trabajo digno son mayores por ser mujeres. Es más, hasta podemos decir que largo ha sido el camino recorrido para visibilizar el trabajo doméstico y demandar su remuneración; como para que ahora se nos demande la reproducción del ser-para-otros hasta en nuestra actividad intelectual y económica. ¡Como si viviéramos en un mundo que nos ofrece tantas oportunidades que no nos tenemos que preocupar por sobrevivir!

Porque aunque el patriarcado se haya encargado de hacernos creer lo contrario, la realidad es que: SOMOS PERSONAS, NO SANTAS; no sólo somos productoras de conocimiento, también somos consumidoras del mismo; y por ende deberíamos de ser más empáticas con este tema. . No vivimos para entregar nuestra vida a los otrxs sin cobrar, sin comer, sin pagar renta. ¡Fíjense que somos personas con necesidades, igual que todxs! Y tenemos el derecho de decidir si podemos cobrar por nuestro trabajo, o en ocasiones no, porque consideremos que la causa social así lo requiere.

No confundamos activismo con voluntariado en tiempos de precariedad. Porque incluso, en las organizaciones más pequeñas los voluntariados deben considerar los viáticos de las voluntarias, sus pasajes y todos los gastos que implique el desarrollo del trabajo que se hace para la organización. Además, ser voluntaria implica una relación de transferencias de saberes y conocimientos. Las organizaciones, sobre todo aquellas que se asumen como feministas o con una ética feminista del cuidado, emplean recursos en talleres y capacitaciones para que las voluntarias puedan mejorar sus condiciones de empleabilidad, y romper las barreras que no permiten, sobre todo a mujeres de color, romper el techo de cristal que el discurso de la multiculturalidad emplea para discriminar y excluir a las mujeres no blancas (hablando políticamente). NegraFlor no está dentro de este esquema porque ella es una activista autónoma y desde su autonomía construye conocimiento que otrxs fácilmente consumen… y eso no puede ser ciento por ciento gratuito.

¿Qué feminismo estaríamos construyendo si le pedimos a una mujer afrodescendiente o negra que nos eduque a todxs para conocer nuestros privilegios y le exigiéramos que lo haga como a nosotrxs nos parece que es correcto? No ¿verdad? ¿No creen que quien critica habla desde su privilegio?

Mientras se critica el hecho de que Desirée, al igual que muchas, se dedica a informar de manera remunerada (porque así ella(s) lo desea(n)/requiere(n)); no existe queja cuando un/a docente comparte su conocimiento y recibe un salario por eso ¿o sí? O que tal cuando unx reconocidx autor/a publica y da conferencias sobre sus reflexiones; ¿verdad que no lxs atacamos por ir en contra de la vocación de enseñar? ¡Claro que no! Pues al final el conocer y el compartir ese conocimiento también es una labor que en algunas ocasiones puede ser o no altruista.

¿Por qué decidimos atacar públicamente a NegraFlor? Si sabemos cómo funcionan ahora las redes sociales y las consecuencias que conlleva, ¿no deberíamos las feministas ser las primeras en pensar el problema de manera interseccional antes de enjuiciar a una compañera? ¿Quiénes somos para decirle a una HERMANA que no puede cobrar por lo que hace?

Como mujeres y feministas tendríamos que empezar a cuestionar nuestra sororidad si consideramos imperdonable el hecho de cobrar por nuestro trabajo, en un mundo que nos pone un sinfín de obstáculos para lograr tener las herramientas para desempeñarlo de manera efectiva. Recordemos que gracias a las primeras olas feministas podemos hacerlo, y gracias a esas olas lo hacemos hoy en día, y lo haremos por las mujeres que vienen creciendo y están por nacer. No desperdiciemos las luchas de nuestras antecesoras.

Animando a nuestra hermana NegraFlor, aquí unas palabras de otra hermana, Audre Lorde, quien vivió en carne propia, lo que ahora pasas tú. Como profeta ella dijo esto:

En este país en que la diferencia racial crea una constante, aunque no explícita, distorsión de la visión, las mujeres Negras hemos sido altamente visibles por un lado; mientras que por otro nos han hecho invisibles por la despersonalización del racismo. Aun dentro del movimiento de mujeres hemos tenido que luchar, y seguimos haciéndolo, por recuperar esa visibilidad que al mismo tiempo nos hace más vulnerables: la de ser Negras. Porque para sobrevivir en esta boca de dragón que llamamos América {España}, hemos tenido que aprender esta primera lección, la más vital, y es que no se suponía que fuéramos a sobrevivir. No como seres humanos. Ni se suponía que fueran a sobrevivir la mayoría de ustedes, negras o no. Y esa visibilidad que nos hace tan vulnerables, es también la fuente de nuestra mayor fortaleza. Porque la máquina va a tratar de triturarnos de cualquier manara, hayamos hablado o no. Podemos sentarnos en un rincón y enmudecer para siempre mientras nuestras hermanas y nuestras iguales son despreciadas, mientras nuestros hijos son deformados y destruidos, mientras nuestra tierra es envenenada; podemos quedarnos quietas en nuestros rincones seguros, calladas como botellas, y aun seguiremos teniendo miedo… o lo cambiaremos a transformar y crear vida.

Ponencia “La transformación del silencio en lenguaje y acción”.

-Feminopraxis
Redes: @feminopraxis

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