El alma, el cuerpo, Tinder y el amor

Por: María Durán*

Es necesario entender que la desigualdad se reproduce a través de la “libre elección”, el individualismo nos impulsa a elegir, soy libre porque elijo lo que quiero, da igual por encima de quien pase ¿Es esa la libertad que entendimos? ¡Ay! Si Kant levantara la cabeza, si viera que las personas nos hemos convertido en medios, que ya no somos fines. La idea de bien, los valores éticos, no cotizan en la bolsa de valores ¡Qué nombre tan bonito! “bolsa de valores”, tantos valores sin valor.

 En el Tinder la gente se busca, disfruta y se consume. Algunos buscan el amor de su vida, otros solo quieren sexo a ciegas. Del gimnasio al Tinder, una foto con nuestra mejor pose. ¿Será necesario de nuevo reivindicar la idea del alma? Habrá que mirar hacia afuera o hacia dentro de nosotros para encontrar una brújula que nos guíe ante el supermercado de los cuerpos. Creemos que somos libres, que podemos elegir, ¿Seguro? ¿Nadie nos condiciona? ¿Se entiende la libertad sin el otro? ¿Se es libre cuando no hay opciones? La libertad se ha entendido como libertad de elección. ¿En nuestra libertad respetamos al otro como un fin en sí mismo?

Busco una persona afín a mí. ¿Una persona para completar tu vida, tu vacío? ¿Acaso entiendes lo que es el amor?

Quiero pensar que el amor no es romántico ni sigue una lógica mercantilista. Quiero pensar que el amor es otredad, que el otro es importante y no es un artículo de adorno. Queremos al otro porque es el otro, porque es vulnerable, porque como dice Eric Fromm el amor es un arte, una disciplina, el amor es racional, requiere cuidarlo cada día y exige muchas cosas. Disciplina, generosidad, empatía, entrega, el amor es perder, el amor no es economía. ¿Cómo es posible amar si estoy pensando si esa persona me conviene o no, si me da beneficios o no?

El Marqués de Sade dijo que todas las hembras pertenecen a  los machos, ¿Es que una mujer es un cuerpo que se posee? Pues parece ser que sí.

Las chicas en el Tinder se sueltan más, van directamente al grano, dicen ellos. Los hombres se frotan las manos, tenemos acceso al sexo gratis sin preliminares, sin esfuerzo. Yo hago como ellos, lo mismo, se supone que somos iguales, dicen las chicas.  ¿Es verdad que las mujeres en las relaciones sexuales comparten más emociones, se quedan más enganchadas? ¿Es verdad que los hombres presumen y acumulan trofeos? No hay ya media naranja, solo un cuarto vacío donde hacer nuestras necesidades. El sexo limpio es como ir al gimnasio, no me beses mucho, no me acaricies, yo solo quiero follar. ¿Qué clase de sexo tenemos si no acariciamos? ¿Qué clase de educación sexual estamos recibiendo cuando estamos expuestas al porno que nos dice cómo tener sexo y cómo es el cuerpo perfecto?

A veces pienso que el error fue creer que el alma y el cuerpo estaban separados. Hubo siglos regidos por el estoicismo pero de tanto valorar lo espiritual algunos señores como Nietzsche, Marx y Freud empezaron a sospechar. Lo espiritual controla lo carnal. Así que el terrible estoicismo se fue tornando en hedonismo. Ahora hay que disfrutar, gozar.

Después de tanta oscuridad vino el goce, el placer, la posibilidad de desear y tenerlo todo. Todo lo prohibido se convirtió en un manjar accesible. Adictos a fumar, beber, comprar, follar. Antes se controlaba a la gente con el miedo y la culpa, ahora con la dopamina. Ya lo dijo Bataille solo hay erotismo en la transgresión de la norma.

Te puedes comprar un coche una casa, una rumba, una conga y una persona para no estar solos. Pero el alma tristea en estos tiempos oscuros.

 Las  relaciones se consuman y consumen. Todo está infectado de una lógica capitalista y mercantilista, las relaciones laborales y amorosas.

La sexualidad que conocemos en general y la que existe en el porno la inventaron ellos. La liberación sexual de los setenta no tendría que haber supuesto nunca una trampa para ellas, pero a veces lo es.

Occam ya lo tuvo claro en el s. XIV, las cosas no tienen alma ni dentro ni en ningún cielo como decían los platónicos. En Occidente prescindimos del alma para que todo pueda ser demostrado científicamente, utilizado o manipulado para un fin. En las filosofías orientales, de corte holístico, no se separan conceptos ni cosas, todo está unido. Todo tiene alma, entendida esta como energía o principio vital sin forma. La filosofía del Tao dice que el hombre es minúsculo ante las fuerzas de la naturaleza y tiene que vivir en armonía con ellas. El pensamiento occidental, que trata de dominar las fuerzas de la naturaleza antes que adaptarse a ellas, conduce inevitablemente a una división esquizofrénica entre hombre y naturaleza, entre sexo y amor, entre vida y muerte y quizás entre hombre y mujer.

¿Qué ocurre ahora?

¿Debemos reinventar una sexualidad?

O simplemente, ¿Tenemos que tratar al otro con respeto, como un fin en sí mismo y no solo un medio para disfrutar?

¿Habrá que volver al estoicismo para regular nuestras emociones y nuestras adicciones?

¿Habrá que volver a darle al alma un puesto importante en todos los cuerpos para que sean respetados?

Recordad que en algún momento se concluyó  que los esclavos no tenían alma y por tanto podían ser utilizados. Qué gran idea para el neoliberalismo, los cuerpos sin alma trabajarán sin descanso, nos darán placer, sobre ellos se sostendrán nuestras riquezas. Y nuestros valores, claro está.

Las generaciones más jóvenes que son llamadas a la transgresión, viven muy mal el insulto de puritana, frígida, reprimida, están desarmadas teóricamente para interpretar como parte del sistema de dominación patriarcal un comportamiento que, bajo la apariencia de posmodernidad, remite a las más rancias y antiguas imposiciones patriarcales. (Alicia Puleo, la moral de la transición)

 

BIBLIOGRAFÍA

Fromm, Erich: El arte de amar, Madrid, Paidós, 2014

De Miguel, Ana: Neoliberalismo sexual, Madrid, Cátedra, 2016

Reid, Daniel: El Tao de la salud, el sexo y la larga vida, Barcelona, Círculo de lectores, 1991.

Puleo, Alicia, “Moral de la transgresión. Vigencia de un antiguo orden”, en Isegoría. Revista de Filosofía Moral y Política, núm.28, Madrid, CSIC, 2003.

 

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*María Durán Barbero. Soy licenciada en Filosofía. Madre de dos niños, uno con autismo no verbal y soy parte de una familia monoparental

 

 

 

 

 

 

 

**La imagen que acompaña este texto es de @mr.rolzay

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