Habitar

Por: Daniela Regis Villegas*

Aunque es difícil mantener la noción del tiempo, al parecer llevamos poco más de un mes confinadas. La gran explosión de la pandemia es aquella que se solidificó en forma de herida sobre nuestros pies, dolores que llevamos arrastrando desde hace mucho. Ese carácter estructural de la violencia de género hoy late con más fuerza, su capacidad de infiltración se hace aún más visible y no menos sorprendente pues sabemos que en la calle o en la casa los abusos se transforman, pero nunca cesan. Si la extrema convivencia de 24 horas no fue razón suficiente para el incremento de violencia doméstica, la desigualdad económica durante el confinamiento sopla con su aliento de fuego, nutriendo la olla de vapor en la vida de muchas mujeres, niñas y niños. 

Me veo al espejo y veo que tengo sus manos, sus ojos de almendra, sus melenas negras, hasta sus miedos. Pienso en los días cuando nos habitamos y en las noches que llevamos durmiendo juntas. Pienso en los trayectos que recorremos a diario cuidándonos las espaldas, trabajando, estudiando, intentando respirar. Sentada en la orilla de mi cama frente al ventilador percibo cada centímetro de mi piel mis dedos tocan las coyunturas de los parches que yacen en la superficie, tengo certeza de que en  la intimidad de la cuerpa que habito existe un espacio mío, un cuarto propio con muchas puertas. Toco los pliegues de mi cuello y pienso en cuántos hilos quedaron olvidados entre los bordes y en cuántas tejedoras sin nombre también me habitan.

Nunca como ahora la palabra distancia había adquirido tantos significados: protección, salubridad, espacio, abandono, cuatro paredes. Vivimos aisladas como medida de precaución, pero la identidad  del virus al que nos enfrentamos no se hace totalmente transparente, aparece más de uno con distintos nombres. Se habla mucho de cubre bocas, gel anitbacterial respiradores y muy poco de la otra cara del cuidado, de aquella materializada en el acompañamiento,  esos espacios de apoyo tejidos con ternura que también salvan vidas. 

Hace ya algunos días que tengo la cabeza en los pies, la lengua en la espalda. A veces siento que camino desfigurada entre las voces de todas las que ya no pueden hablar, fragmentada entre el deber y la vida. Me peino, una, dos, tres veces pero hay días en los que me hierve tanto la sangre que ni el espejo es capaz de soportar el hálito de mi rostro. Siento que he perdido un par de ojos, de pestañas, de manos, de senos, siento muchos dolores atorados, muchos maltratos y no sé más cómo andar.

Son las diez de la noche y camino por los mismos cuartos, la sala, el balcón y la cocina, es hasta ahora que puedo percibir la verdadera pesadez de mi existencia: materia ocupando espacio.

Pienso que nuestras cuerpas son territorios de herencia femenina, portadoras de profundas heridas, de profundas resistencias. Me siento conocedora de cicatrices: las mías, las tuyas, las de mi madre, las de mi hermana; fragmentos de tierra con pieles, rasguños, selvas. Me apropio de este, mi espacio sólo así he podido vagar descalza por este ajeno lugar llamado mundo, llamado trabajo, llamada casa. Hace calor, me acuesto cerrando los ojos y susurró “aprenderemos a correr por el mundo con pies más ligeros, con corazones más fuertes.”

A veces verlas en mí es la única forma de saberme amada, de habitar mi presente el espacio-tiempo donde vivo, es la única forma de reencontrarme con las flores que muchas veces parecen estar ocultas entre tantas voces, entre tanta muerte.

Ahora que nos vemos sólo a través de nuestras azoteas o pantallas iluminadas pienso en las fronteras que nos separan espacial y emocionalmente, cuento los bordes que nos dividen obstruyendo las formas de ser habitados y de habitar. Pienso, ¿cuál es la distancia entre tu corazón y el mío?,  ¿cómo y entre qué calles, edificios, cuerpos, o tiempos nos movemos?


Foto F

Daniela Regis Villegas: Mujer mexicana, feminista y estudiante de licenciatura de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, amante de la lingüística, la literatura y los animales.

Correo: revi.daniela10@gmail.com

FB: Dany Regis

 

 

 

 

 

 

**La imagen que acompaña este texto es de @paula.duro