Por Andrea González Medina*
Desde hace un par de años, se ha experimentado el resurgimiento del conservadurismo, principalmente con tintes de la derecha neofascista. Este hecho no ha sido gratuito, antes bien, es el producto de fenómenos tales como las crisis económicas recurrentes, la migración, la pérdida de identidad, la batalla cultural, la crisis afectiva, así como la construcción de un ecosistema mediático emocional que promueve la conexión de la derecha a nivel global. Ahora bien, la derecha neofascista se encuentra asociada a estrategias discursivas vinculadas al fin del liberalismo conservador clásico, al auge del nacional conservadurismo, a la defensa de la civilización occidental, al cambio cultural y político, así como a la nostalgia y mezclas ideológicas (Stefanoni, 2021). En este contexto, ha emergido un retorno discursivo a los roles tradicionales de género por medio de dispositivos como políticas de Estado, así como por redes sociales, en las cuales se han desechado los avances en materia de género para volver a instalar en el imaginario colectivo el ideal de la mujer ama de casa y el hombre proveedor. Este hecho produce dos efectos. Por un lado, se promueve un conservadurismo moral que se constituye a partir de tres pilares, a decir, la masculinidad como pilar de liderazgo, los roles de género tradicionales y la naturalización de relaciones tradicionales. Por otra parte, esto fomenta la denominada batalla cultural, la cual muestra una rotunda oposición al feminismo y a la supuesta “ideología de género” a la par que glorifica el retorno a la tradición bajo el emblema de la libertad.
Ahora bien, la batalla cultural no ha podido constituirse, sino a condición de su cara negada: la otredad. De acuerdo con Žižek (211), las otredades son esenciales para estructurar los sistemas ideológicos. El otro es visto como un enemigo que constituye un campo simbólico, el cual deviene esencial en tanto que permite constituir tres dispositivos políticos: la coherencia discursiva, la identidad colectiva y los sujetos populares. Ahora bien, la derecha neofascista ha contribuido a la creación de diferentes tipos de enemigos políticos, a decir, los inmigrantes y los comunistas. Sin embargo, un enemigo al cual debe prestarse profunda atención es el feminismo. Si bien, existen trabajos que han demostrado una serie de matices al interior de la derecha respecto a su posicionamiento en torno al feminismo, el antifeminismo ha sido una característica enmarcada por dichas ideologías. Dentro de la literatura feminista, existen diferentes investigaciones, en donde se ha podido constatar que históricamente la política sexual fascista se ha encontrado impregnada por el antifeminismo. De tal modo, es importante señalar que este forma parte de un proyecto más amplio sobre la cooptación, subjetivación y disciplinamiento de las mujeres para el proyecto fascista. En este sentido, De Grazia tematiza al patriarcado fascista de la siguiente manera:
El patriarcado fascista tenía como axioma la diferencia de naturaleza entre hombres y mujeres. Luego traducía políticamente esas diferencias en beneficio de los varones y las convertía en un nuevo sistema especialmente represivo y general con el fin de redefinir la ciudadanía femenina y gobernar la sexualidad, el trabajo asalariado y la participación social de las mujeres (De Grazia, 1993: 150).
Frente a estos elementos, la pregunta es cómo desde los feminismos decoloniales sería posible contrapuntear las estrategias que la derecha neofascista promueve. Cabe destacar que existen diferentes posturas dentro de dicha corriente del feminismo. Sin embargo, esta reflexión se inscribe en el pensamiento de María Lugones. Dicha autora propone la categoría de colonialidad de género, la cual parte de una crítica al sesgo patriarcal y heterosexual de la categoría de colonialidad de poder propuesta por Aníbal Quijano. En este sentido, la autora apunta que “la mirada de Quijano presupone una compresión patriarcal y heterosexual de las disputas por el control del sexo y sus recursos y productos” (Lugones, 2008: 78). Este punto de quiebre, pero también de reconstrucción categorial permite construir la idea de un feminismo descolonial, el cual en sus palabras se asume como “una intersubjetividad historizada, encarnada, entablando una crítica de la opresión de género racializada, colonial y capitalista, heterosexualista, como una transformación vivida de lo social” (Lugones, 2008:105). Así, la categoría de colonialidad de género remite al análisis de la opresión de género racializada, colonial y capitalista.
Existen tres herramientas conceptuales que el feminismo decolonial otorga para resistir al neoconservadurismo. Primeramente, permite cuestionar al patriarcado. Si bien la corriente de los feminismos decoloniales ha definido al patriarcado colonial como una estructura de dominación moderna a partir de un género racializado, la derecha neofascista alimenta una nueva forma de patriarcado que es expresión feroz de las relaciones de la modernidad capitalista colonial. Este patriarcado neofascista -si es posible denominarlo de tal forma- suele apelar a la idea de una familia tradicional, hecho que remite de manera puntual a la tradición específica de la modernidad colonial blanca, pero en condiciones reales de existencia que se contraponen a su propia constitución. En este sentido, la idea del hombre proveedor demarca la masculinidad hegemónica reproduciendo la falacia de un patriarcado universal y negando otras formas de ejercer la masculinidad. No se debe olvidar que el género es una imposición colonial.
En segundo lugar, la derecha neofascista ha construido una estrategia discursiva, en la cual los hombres devienen víctimas de las mujeres que se adscriben a tendencias feministas. En este sentido, el feminismo decolonial permitiría repensar a los hombres como víctimas a partir de la matriz de opresión. El feminismo decolonial comprende que la clase, la raza y el género no son una simple sumatoria de opresiones, sino que se co-constituyen para configurar la realidad de las mujeres (en plural) frente a un sistema de privilegios que beneficia a los hombres. Finalmente, la colonialidad de género define cuatro niveles de control de la matriz colonial de poder, a decir, la economía, la autoridad, el género y la sexualidad. La colonialidad de género permite cuestionar el binomio ama de casa/hombre proveedor como elemento funcional producto de la matriz colonial de poder esencial para la reproducción de las relaciones de la modernidad capitalista colonial.
Más allá del análisis conceptual que los feminismos decoloniales pueden otorgar para desmontar las falacias discursivas que la derecha neofascista propone, es necesario cuestionar cómo sería posible construir una resistencia. Una posible respuesta se encuentra ligada al tema de la subjetividad. Desde la perspectiva de la colonialidad del poder el eurocentrismo se entiende como un modo de producción y control de la subjetividad, la cual se encuentra articulada en función de la hegemonía del estado-nación. Si la derecha neofascista reproduce la identidad de género a partir de roles tradicionales es por su funcionalidad al programa del estado-nación. El discurso de la derecha no es neutral, sino un dispositivo de subjetificación. Lugones propone la distinción entre la subjetificación y la subjetividad activa. La subjetificación refiere a la formación/información del sujeto. Por su parte la subjetividad activa implica “ese sentido mínimo de agencia requerido para que la relación de oprimir resistir sea de tipo activo, sin apelación al máximo sentido de agencia del sujeto moderno” (Lugones, 2011: 109). Esta ambivalencia puede ser entendida en los roles tradicionales que promueve la derecha. La subjetificación permite entender las aspiraciones y los roles de las mujeres que se insertan en el discurso del ama de casa a tiempo completo. Dentro de dicha configuración entran en jaque diversos discursos que se convierten en motivos de ejecución de dichos roles tales como la estabilidad económica, la estabilidad afectiva y el devenir una verdadera mujer. Sin embargo, lo que se constituye en realidad son biografías precarias, dónde las consecuencias de la crisis reproductiva en el marco de la contradicción capital/vida salen a flote. La categoría de subjetificación permite ver una conquista de las subjetividades de las mujeres que se rige por lo que Mignolo define como la ontología de la modernidad, es decir, “el signo del cumplimiento de una vida moral y exitosa es la acumulación de riqueza, mercancías y propiedades” (Mignolo, 2008: 7). Sin embargo, la subjetividad activa puede ser el primer paso para desmontar el modo de ser colonial. El momento de adquisición de conciencia, en la cual los roles de género tradicionales te subjetifican es el primer punto de partida para apostar por otras formas de construcción de subjetividad y de habitar en una sociedad que supere las lógicas de dominación que enmarca el proyecto de la modernidad.
Referencias
De Grazzia, V. (2000). “Patriarcado fascista: las italianas bajo el gobierno de Mussolini, 1922-1940”. Duby, G. & Perrot, M. Historia de las mujeres en Occidente (pp. 158-192). Colombia: Grupo Santillana de Ediciones.
Lugones, M. (2008). “Colonialidad y género”. Tabula Rasa, (9), 73-101.
Lugones, M. (2011). “Hacia un feminismo descolonial”. La manzana de la discordia, 6(2), 105-
Mignolo, W. (2008). “Prefacio”. En Mignolo, Walter (Coomp.). Género y decolonialidad (pp. 7-8). Buenos Aires: Del Signo.
Stefanoni, P. (2021). ¿La rebeldía se volvió derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos enserio). Argentina: Siglo XXI Editores.
Žižek, S. (2011). El acoso de las fantasías. España: Akal.
*Andrea González Medina (Puebla, 1993) es socióloga y maestra en Filosofía por la BUAP. Doctoranda en Sociología en el ICSyH (BUAP). Docente de idiomas en el área CEU y DCyTIC de la Facultad de Lenguas (BUAP). Ha presentado ponencias a nivel nacional e internacional como en Uruguay, Costa Rica, Colombia, Ecuador y España. Participó en el Workshop “Transnational Sociology, a theoretical review from empirical studies” en la Ruhr Universität Bochum en Alemania. Ha colaborado como columnista en The Review Quality Post (TOEIC México). Ha escrito diferentes textos literarios en Punto de Partida UNAM, Blog Librópolis UNAM, El creacionista y delatripa. Cuenta con artículos científicos y capítulos de libro. Su publicación más reciente (2024) es: (2025) “De la inocencia a las infancias narcisistas”. Ojo pineal, 5(8), pp. 19-30.









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