Etiqueta: acoso

Todxs deberíamos de creerles

Estoy en el salón, último semestre en la Preparatoria No. 7 de la Universidad de Guadalajara. Clase de Filosofía y el tema era Kant. Suelo sentarme en la parte de atrás y en esa ocasión un amigo, que por cierto es muy inteligente, se sentó a mi lado. El maestro me hace una pregunta de las lecturas y yo respondo, me mira y dice “¿Segura que esa es tu respuesta? me parece bastante acertada para ti ¿no te ayudó tu compañero a formarla?” me descolocó el comentario y atiné a responder lo siguiente “soy capaz de emitir una respuesta así, no necesito ayuda para pensar”.
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Escluyida / Excluida

Por Sema Dola*

ESCLUYIDA

Si ero’l fracasu del sistema

escluyida

del traxín de los dis

del dir y venir

de los coches

y de los cafés

ente los papeles y les llibretes

de les conversaciones y los diretes Continue reading “Escluyida / Excluida”

No pasa nada…

Por Samara Flores*

-Oye, me acosan en la calle

Ignóralos y camina por otro lado. No pasa nada…

-Oye, me acosan en la escuela

Con esa falda, seguro lo hacen. No pasa nada…

-Oye, mi novio me golpeó

Tranquila, sólo fue un arranque, él te ama. No pasa nada…

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Cuando nuestra voz  se convierte en nuestra arma y después quieren dispararnos con ella.

Por Karla Amozurrutia*

“Nos damos cuenta de la importancia de nuestra voz cuando somos silenciadas”

Malala Yousafzai

Si una se atreve a alzar la voz para denunciar el acoso sufrido, la violación cruda, el hostigamiento permanente o esporádico, las prácticas discriminatorias, las agresiones callejeras, los abusos de sus jefes, la objetivización en el ámbito artístico, los tocamientos no consentidos, el lenguaje denigrante, los discursos que maltratan y minimizan a la mujeres, la violencia política, la misoginia generalizada y socialmente aceptada, el machismo de los amigos o parejas y muchas otras prácticas sociales, rasgos de un funcional sistema patriarcal, una tiene que estar preparada mental, física y psicológicamente para todo tipo de embates, todo tipo de justificaciones, todo tipo de hipótesis, todo tipo de juicios, todo tipo de disertaciones verbales que acaban en acusaciones, todo tipo de insultos, todo tipo de vejaciones, todo tipo de respuestas y cuestionamientos propios de un pacto patriarcal defendido por el mismo sistema que lo ha promovido y consentido, de parte de ellos –los más-, los hombres que no soportan que se les señale como violentadores, como agresores, tampoco soportan que las mujeres se autonombren como víctimas en proceso de empoderamiento, porque pareciera que nadie nunca les ha explicado que para que haya una víctima seguro hay un victimario; para ellos las víctimas no existen, simulan un dolor creado, mienten por convivir o son producto de una actuación, al fin y al cabo las mujeres siempre han sido melodramáticas; basta con echarle un vistazo a la literatura e identificar a los personajes femeninos que así como tenían virtudes tenían defectos que afectaba su confiabilidad por el exceso de emotividad nublando su pensamiento, también podían perder la cordura por enamorarse hasta el cogote o donde su conocimiento era banalizado por aquellos que abanderaban la razón, cabe decir que hay sun honrosas excepciones, cada vez más. 
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LA FUERZA DE LA VOZ.

Algo está cambiando en esta era, los feminismos cada vez se están haciendo más visibles en diferentes puntos del mundo y las luchas por nuestros derechos están dando de que hablar en diferentes medios y en la sociedad. The time’s up decía Ophra Winfrey en su discurso en los Golden Globes para marcar un antes y un después, para marcar un silencio y el sonido de millones de voces a lo largo del planeta que han decidido de manera valiente decir “Yo también“: yo también viví violencia, yo también fui acosada, yo también fui violada, yo también fui amenazada, yo también fui segregada por ser mujer, yo también fui minimizada y cosificada por ellos. Continue reading “LA FUERZA DE LA VOZ.”

Minimizando los feminismos actuales

El día de ayer estuve fuera de mi casa barriendo la entrada durante no más de 30 minutos y recibí un silbido, dos “mamacitas” y un beso al aire. Sólo a un hombre de los tres que me acosaron pude hacerle frente pues los otros tres iban en carro; mientras le gritaba un “¿qué pedo?” al sujeto en cuestión, vinieron a mi mente el hartazgo que ya tengo de que el acoso sea algo cotidiano, lo cansado que es que los hombres cosifiquen nuestros cuerpos, lo increíble que me parezca increíble la fraternidad entre hombres ante estas situaciones y el movimiento #MeToo.

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Cotidianeidad

Por Samara Flores*

Hoy salí a las 9:40 am de casa. Estaba un poco ansiosa porque fui citada para una entrevista de trabajo en una casa que se utiliza como oficina, sólo estaríamos el hombre que me citó y yo. Inevitablemente comencé a crear en mi cabeza un sin fin de probabilidades, me calmé. Salí a buscar transporte y desde la esquina de mi casa a la avenida más cercana (son 4 cuadras), ni siquiera pude contar la cantidad de hombres que me miraban las tetas, me silbaban o aventaban besos… Eso hizo que me acelerara y me fuera aparte de ansiosa; molesta a la cita. Continue reading “Cotidianeidad”

QUEJAS PERSONALES

Por Mónica Ceja* 

Estoy harta de sentirme insegura cada que camino sola, de tomar caminos más largos porque la calle está oscura y me da miedo ser atacada, de no poder salir sin un gas pimienta en el bolso o las llaves entre los dedos a modo de manopla, de que desconocidos me griten palabras morbosas que jamás pedí, de que me chiflen o que un desconocido me de los “buenos días” mientras recorre mi cuerpo con su mirada asquerosa. Estoy harta de ser más selectiva en la ropa que usaré cuando voy a salir porque lo admito, suelo pensar en que si uso short me gritaran más cosas a comparación de cuando uso pantalón.

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Cuerpo vivido y machismo cotidiano

Salgo en la noche a correr a un parque concurrido, llevo unos minutos corriendo apenas y me percato que dos chicos están sentados en una banca, uno de ellos se para y hace el ademan de ir detrás de mi trotando”, dudo por un segundo  en lo que está sucediendo y cuando volteo, el chico disimuladamente trota hacia otra dirección y su acompañante suelta una carcajada.

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¿Por qué soy feminista?*

Por Lucia Solis**

Creo que tenía 12 años, quizá un poco más. Iba de camino al colegio y era invierno. Solo eran 10 minutos a pie, un recorrido que hasta hoy podría hacer de memoria y con los ojos cerrados. Llevaba puesto mi uniforme plomo y chompa azul con el pelo goteando y una mochila celeste pesadísima. A veces usaba audífonos. Caminaba pensando en nada realmente. Todos los días eran iguales. Todos los días menos ese. Cuando pasé cerca de un parque, un hombre de unos 40 años que estaba del otro lado de la calle, cruzó todo el parque hasta quedar frente a mí. Traté de esquivarlo y el dio un paso al costado. No parecía ofensivo. Lo único que hizo fue desabrocharse el pantalón y mostrarme lo que tenía ahí. No fue un ataque físico pero mi inocencia acabó golpeada.

La segunda me tocó cuando tenía 13 años. Esta vez regresaba del colegio. Dejé a mi amiga en su casa, me despedí de ella y seguí caminando. Llevaba puesto mi uniforme plomo pero ya no la chompa azul. Hacía mucho calor. Iba por la vereda y tratando de no pisar las líneas –hay que distraerse un poco si vas caminando solo- cuando un taxi se plantó a mi lado. El tipo que conducía iba muy despacio, como si estuviera siguiéndome. Yo me giré hacia él, me miró y me dijo: te hago el amor. Volteé la cabeza asustada y empecé a caminar mucho más rápido. Esa voz horrible la sigo teniendo muy presente.

Ahí quedó todo. Dos eventos que jamás conté a nadie y que me guarde por mucho tiempo. Estoy segura que a cualquier niña o mujer le habrá pasado algo así a lo largo de su vida. No soy especial. Pude seguir viviendo, por supuesto, pero con algo quebrado. Desde ese momento fui consciente de la mirada de los hombres sobre mi ropa y mi cuerpo mientras caminaba, mientras estaba en el micro, siempre.

Unos años después, a mis 17 más o menos, dudé si comprar una falda que me encantaba porque me aterrorizaba que me vieran demasiado en la calle o que algún otro hombre decida gritarme cosas. Me tomo solo unos segundos darme cuenta que no podía sacrificar mi propia satisfacción a costa de lo que unos cuantos pervertidos piensen. Desde ese momento dejó de preocuparme qué tanto mostraba o cómo debía vestirme para no ser atacada.

Esto que parece una especie de manifestación del girl power a los 17 años no era para nada una liberación feminista. Ni siquiera sabía qué era el feminismo. Ok, entendía más o menos de lo que se trataba pero no lo asociaba a lo que me pasaba como persona. Sabía de mujeres que se rebelaron en contra del maltrato laboral, que gracias a aquellas marchas yo puedo votar, puedo usar jeans, pude estudiar en la universidad, etc. Lo entendía pero nada más. No era mi lucha. Para mí, el acoso callejero era un piropo incómodo, las mujeres morían porque tuvieron la mala suerte de enamorarse de un asesino, las niñas violadas eran víctimas de su condición social, el Estado no tenía nada que ver y los hombres eran hombres, qué se podía hacer.

Pero felizmente seguí creciendo. Me hice más grande, cumplí más años, leí más, viajé más y conocí más. Comencé a descubrir libros, blogs, música, mujeres que tenían algo que decir. Entendí el rol del Estado y su responsabilidad frente a los derechos resquebrajados de las mujeres, comprendí que la Iglesia nos ataca, que los hombres no son hombres y ya está, que las mujeres somos violadas, golpeadas y asesinadas porque vivimos en un mundo que se construyó para dejarnos abajo. Somos hijas del patriarcado y por eso tenemos que pelear. Entendí la lucha del feminismo, nuestra lucha, y estoy intentando hacerla cada vez más mía.  El machismo está en la televisión, en nuestra casa, en el colegio, en la prensa… está en el aire.

Estudié periodismo, trabajé escribiendo pero me desencanté por completo al darme cuenta que las prioridades del periodismo peruano fluctuaban entre quién besó a quién y cuántos kilos subió quién (e incluso aquí hay machismo). Para escapar, escribía en mi blog sobre lo que me gustaba y pasaba. Fue algo así como una terapia. Hasta que no quise escribir más.

Cuando realmente me empezó a afectar niñas violadas todos los días en el noticiero o tal vez a una chica que podría ser yo siendo arrastrada por el piso de un hotel, se me hizo más difícil escribir, no sé,  sobre el chico que me gustaba. Hasta hoy. Quiero escribir. Quiero crear contenido sobre el feminismo que comunique, que explique directa o indirectamente cómo el sistema abominable y patriarcal en el que vivimos nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Mujeres que hablen de feminismo y expresen feminismo, hombres que comprendan nuestra lucha, historias importantes. Ahí está el por qué.

*El título de esta entrada ha sido modificado a petición de su autora
**Lucia Solis (Lima, 1992) periodista y feminista peruana. Creadora de www.cuartomenstruante.com

Puedes encontrarla en Twitter como @lamenstruante y su página de Facebook Cuarto Menstruante

Aviso: El texto anterior es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.