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Frida Kahlo: un referente erróneo del feminismo

Por Alejandra Franco*

Tanto Frida Kahlo como el feminismo se han vuelto un tema de moda. Cualquier chica que se dice ser feminista, suele mencionar a Frida como un estandarte de las mujeres. Pero, ¿es cierto que deberíamos considerarla como un símbolo del movimiento feminista?  Mi respuesta rotunda es un NO.

Los medios nos han pintado a una Frida que dista mucho de lo que en realidad fue. Y nosotros, día con día alimentamos ese pensamiento en el que alabamos a Kahlo por ser “una chingona”. ¿Una chingona?

Permítame señorita, está usted equivocada.

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¿Apariencia o Currículum?

Por Rosario Ramírez*

Hace unas semanas en México hubo toda una discusión acerca del acoso a propósito de un caso que acaparó varios medios y la atención de muchos usuarios de redes sociales, ya que se trataba de la denuncia pública de una mujer a la que un taxista llamó “guapa”. Tamara, conocida en el mundo de los blogs y del twitter como Plaqueta, denunció a su acosador ante la Justicia Cívica y el sujeto en cuestión fue acreedor a una falta administrativa por su “piropo”. Esta noticia, en muchos sentidos, sentó precedentes acerca de que el acoso puede y debe ser sancionado y, además, probó que las mujeres podemos denunciar estos hechos para estar y sentirnos más seguras en nuestro andar cotidiano[1].

El acoso es un tema que desde hace tiempo es parte de la agenda feminista y se ha colocado como un hecho social que ha permitido visibilizar un tipo de violencia que parecía naturalizada. Ha suscitado discusiones y reflexiones múltiples acerca de su definición y alimentado estudios sociológicos y antropológicos al respecto de sus repercusiones sociales[2].

Estos breves antecedentes sirven de marco para colocar otro tema no menos importante –y tampoco tan desconectado de lo anterior- y es la consideración de las mujeres y sus capacidades para conseguir o mantener un empleo. Mis búsquedas de trabajo y la de mis colegas me han puesto enfrente una serie de elementos que mi ser feminista y mi ser mujer no han podido ignorar: me refiero a las diferencias y desigualdades que se hacen visibles al momento de acceder a los empleos y que nos colocan en un sitio subordinado a partir de elementos que no necesariamente remiten a nuestras capacidades, formaciones y habilidades.

Son bien sabidas  las distinciones y preguntas a las que nos sometemos al momento de concursar o buscar algún trabajo: si somos casadas o no, si somos madres o si pensamos serlo, pasar por una prueba obligatoria de embarazo y, si somos casadas, entonces hay que responder si “el marido nos deja trabajar” y un largo, pero muy largo etcétera. A todo esto se suma la evaluación no sólo de una “excelente presentación”, sino de una prueba de corporalidad, o sea, si eres bonita o no (¡y del peso ni hablamos!)

Hace poco escuchaba la historia de una colega que contaba que cuando fue a una entrevista de trabajo quien sería su jefe directo le dijo que su “plus” es que “además de inteligente, era guapa” –Seguido de un acercamiento físico, razón por la cual no volvió a presentarse en la oficina-. A mi también me lo dijeron alguna vez y la respuesta que, supongo, me descartó como candidata para el empleo fue que, si soy guapa o no, es curricularmente irrelevante para los fines del trabajo que me estaban ofreciendo. Otra historia similar me la compartió una vieja amiga de la universidad, quien contaba que en una llamada para concertar una entrevista de trabajo el hombre de recursos humanos le dijo que ya la había buscado por redes sociales y que, como era bonita, entonces sí le podía agendar la cita para la entrevista.

Otras más cuentan y contamos que ya en un espacio laboral no sólo se vive un acoso constante por parte de compañeros y jefes (hombres y mujeres por igual), sino la evaluación constante de los cuerpos por parte de los colegas de trabajo y la vigilancia de una normativa social que establece que sí o sí, una mujer tiene la obligación de verse bella y deseable para cumplir sus objetivos. Por supuesto, hay que mencionar también la caracterización de las mujeres como seres capaces de hacer y cumplir sólo algunas tareas que no impliquen decisiones estratégicas para el colectivo, sino tareas menores en comparación con aquellas que son destinadas a los varones. En este sentido se entra en juegos de poder vinculados con una serie de roles y estereotipos estigmatizantes tales  como si eres mujer y estas en un puesto alto es porque te acostaste con alguien o eres “muy cabrona”; y si no tienes puestos estratégicos, es porque simplemente “eres mujer y no puedes”, aún cuando estés perfectamente capacitada para hacer y ejercer cualquier tipo de puesto y tarea.

Con todo esto me detuve a pensar en varias cosas: ¿por qué la apariencia física determina las capacidades de una persona? ¿Qué diferencia hay entre el “guapa” denunciado por Tamara y el stalkeo de quien contrataría a mi amiga  o el jefe acosador de mi colega? ¿Por qué las mujeres, antes de nuestras capacidades, somos (y debemos ser) un cuerpo deseable? Y finalmente ¿Cuántas mujeres han pasado por este tipo de comentarios y situaciones para tener o mantener un empleo?

Desde hace varios años se ha registrado un porcentaje mayor de mujeres que obtienen grados académicos altos –de maestría y doctorado en diversas disciplinas- e incluso hay quienes han hablado de la feminización de los estudios superiores en el país[3]. Aun con estos datos, las mujeres con formaciones superiores nos enfrentamos no sólo a la precarización laboral y a la poca oferta de espacios donde poder ejercer nuestros saberes con un salario justo y en igualdad de condiciones, también nos enfrentamos al trato desigual de  quienes aprovechando su lugar estratégico evalúan al “otro” en función de una serie de atributos que no necesariamente son relevantes para llevar a cabo una labor específica. ¿Apariencia o currículum?

Valdría la pena pensar, en este ejercicio de visibilización de las desigualdades y de las múltiples formas de discriminación, qué tanto hemos naturalizado también estas actitudes hacia nosotras mismas y hacia otras en el ámbito laboral, qué juegos de poder se colocan en la mesa y se ven cuestionados si salimos de este ejercicio de evaluaciones y acoso consentido. Hasta dónde nuestra formación, pero también nuestras posibilidades como mujeres nos permiten llegar en un mundo donde la precarización laboral nos deja en un espacio que, aún con avances significativos, en el ámbito práctico y microsocial sigue siendo profundamente discriminatorio para las mujeres por el simple hecho de serlo.

Sirva este texto no sólo como denuncia, sino como la búsqueda por dignificar nuestros saberes, como una forma de seguir desmontando esos discursos velados que nos colocan como seres inferiores para realizar un trabajo, para darle el valor y peso a nuestras formaciones y decisiones y para exigir espacios laborales en un marco de respeto y dignidad.

Aviso: El texto anterior es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

*Doctora en Ciencias Antropológicas, Maestra en Ciencias Sociales y Licenciada en  Sociología. En sus investigaciones analiza las prácticas religiosas y espirituales de mujeres y jóvenes en los márgenes de las religiones institucionales. Colaboró en proyectos relacionados con los derechos sexuales y reproductivos y ha sido tallerista en diversas organizaciones y colectivos enfocados en el empoderamiento de las mujeres y la apropiación del espacio público.

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Notas de la autora

[1] Por supuesto, no dejo de lado que a raíz de esta denuncia hubo muchas reacciones negativas y acoso, en este caso virtual, hacia Tamara a través de tuits y mensajes en las notas que cubrieron su caso. Ella misma compartió a través de varios medios algunos de los comentarios que recibió y se encuentran en este video: https://www.youtube.com/watch?v=6qik003HNiQ

[2] Entre los trabajos que abordan esta temática encontramos a Ramírez, Estrella (2017) El piropo como construcción de la imagen femenina y su corporalidad, tesis para obtener el grado de Licenciada en Sociología. UAEMex, México; Lichinizer, Daniela (2014)  Del piropo al acoso callejero: Relaciones de poder entre mujeres y hombres en el espacio público, tesina para obtener el grado de Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires; y Gaytán, Patricia (2009) Del piropo al desencanto: un estudio sociológico. Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, México.

[3] Entre ellos encontramos los trabajos como “Mujeres y educación superior en México. Recomposición de la matrícula universitaria a favor de las mujeres repercusiones educativas, económicas y sociales” de Olga Bustos.

Disponible en: http://www.culturadelalegalidad.org.mx/recursos/Contenidos/Estudiosacadmicosyestadsticos/documentos/Mujeres%20y%20educacion%20superior%20en%20Mexico.pdf

Y el análisis de Karina Sánchez en “La feminización de la matrícula en la Educación Superior en México. Aportes desde la sociología de la educación”.

Disponible en http://elmecs.fahce.unlp.edu.ar/v-elmecs/actas-2016/Sanchez.pdf

Amor propio ¿cura o enfermedad social?

Dentro de mi trabajo como psicóloga me he encontrado con que carecer de amor propio es una constante, en ellos por el hecho de no poder ser sensibles y en nosotras por ser unas egoístas si lo construimos. Hace unos días escribía sobre lo que se esperaba de mi y la negación rotunda a cumplir con esas expectativas absurdas; hoy me doy cuenta que algo que se espera de mi es que no me ame, que no quiera lo mejor y que es impensable que sepa que es adecuado e incorrecto para mi.

Es confuso y contradictorio pues por un lado la sociedad aborda con mensajes sobre el cuidado del autoestima, también sobre un falso amor en el que si eres de determinada manera serás feliz contigo y con las demás personas pero realmente no se habla de un amor propio, ese que nos ayuda a aceptar tanto nuestras partes claras como nuestras sombras. Importante es conocernos, sabiendo que de una u otra forma no podremos hacerlo por completo gracias a las transformaciones que vamos teniendo en nuestras vidas. Lo curioso es que si asumes ambas cosas y demuestras que las tienes asumidas tienes falta de modestia, se te etiqueta de arrogante por saber tus cualidades y defectos.

El amor propio siempre va a terminar en todo aquello que consideramos adecuado para nutrirnos, sanarnos, sentirnos, pensarnos y aceptarnos. Por ende, habrá que decir que no en muchas ocasiones pero si somos mujeres parece que no podemos negarnos, pues se asume que somos el pilar de la familia y la sociedad, necesitamos entregar(nos) todo lo que podamos y hasta más allá de lo que está en nuestras capacidades y posibilidades. Se impone una creencia en la que se nos tiene prohibido darnos nuestro tiempo pues si se hace ¿quién va a limpiar la casa?, ¿quién va a atender a los hijxs?, ¿quién va a hacer de comer?, ¿quién va a organizar lo que hay que hacer?, ¿quién va a escuchar las penas de aquel o aquella?, ¿quién cuidará a lxs que se enfermen?, ¿quién educa?, ¿quién saca adelante?, ¿quién tiene que hacerse fuerte por el bien familiar?, ¿quién da los consejos?, ¿quién?, ¿quién?…

Aunque de vez en cuando pasa que se nos ocurre la loca idea de decir no, de poner un límite pues sentimos como nos envuelve esa enfermedad (Coff, coff abuso) y nos impide movernos, y el mundo explota. De pronto nos volvemos las malditas, las perras, las putas, las egoístas, las cabronas, las mal agradecidas, las… las. Resulta que el cuidarnos a nosotras mismas parece prohibido o una idea alocada, aparentemente amarnos es un acto dañino ¿pero para quién? ¿para mí o para todas las personas que les dije no? mismas personas que no pueden aceptar que su voluntad no sea hecha al momento o que sus necesidades estén después de las mías/tuyas.

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Ilustración de Sara Herranz

Pensar que decir que no a algo parece que es lo peor que le podemos hacer a nuestros amigxs, a nuestra pareja, a nuestra familia e incluso a nuestro trabajo; no pensamos que al no decir no lo que hacemos es dañar a la única persona que va a estar con nosotras hasta el final, por supuesto que no pensamos en nosotras mismas. Entonces reflexiono sobre lo tóxico de este sistema que nos hace creer que podemos hacer todo al mismo tiempo menos amarnos, si no empezamos a asumir que primero tenemos que estar bien con nosotras mismas para poder crear y fomentar las relaciones sanas de nada o poco va a servir lo que estamos construyendo en nuestras vidas.

Que crear nuestro espacio para dormir la siesta, pintar, bailar, correr, estar desnudas, gritar, querernos, relajarnos, ver series, leer… entre millones de cosas más sea nuestra principal revolución. Que ese espacio nos nutra y nos permita tocarnos el alma para levantarnos sin miedo a no cumplir con las expectativas. Que ese espacio sea sólo nuestro y sea bienvenida la persona que deseamos, cuando queramos.

 

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter

4 de Abril: Día Internacional contra la Explotación Sexual Infantil.

El 4 de abril, nos recuerda la necesidad de luchar contra un sistema de abuso y poder. Un sistema miserable en valores y respeto a la vida digna de otras personas, donde los cuerpos son vistos como mercancías, como cosas inertes al servicio de la satisfacción del placer sin límites de ningún tipo.

La trata de personas es un fenómeno complejo tanto en lo teórico como en lo práctico. La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (2000) la define como: “La captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, recurriendo a la amenaza, coacción, rapto, fraude, engaño o abuso de poder en una situación de vulnerabilidad. La concesión o recepción de pago de servicios o beneficios para obtener el consentimiento de una persona con autoridad sobre otra para fines de explotación. Misma que incluirá como mínimo prostitución u otras formas de explotación sexual, trabajos forzados, esclavitud, servidumbre o extracción de órganos”.

Lydia Cacho (2010) en su libro “Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo” nos muestra un mapa de la explotación a nivel mundial, un mapa en donde delincuentes y gobiernos están implicados. Además expone que una de las razones por las cuales es difícil erradicar el problema hoy en día, es por la internacionalización de la trata, mujeres y niñas que son captadas en latinoamérica para ser vendidas y explotadas en Europa o viceversa. Está también el uso de tecnologías que son dominadas por redes de delincuentes, usadas para enganchar niñas o para venderles, y mientras los tratantes se vuelven expertos en tecnologías, los gobiernos se quedan mirando. Hoy facebook, twitter o instagram son armas de doble filo que facilitan que estas redes de trata sean como una hidra, mientras una se viene abajo miles salen al mercado día con día. Según Cacho, existen al menos tres grupos en está mafia, unos crean el mercado de la esclavitud humana, otros la protegen y alimentan y otros renuevan la demanda de materia prima, de manera que raptores, policías, políticos, compradores, dueños de prostíbulos y más se unen para que este tipo de “negocios” sigan a flote con el objetivo de crecer cuentas bancarias y de satisfacer su placer a costa de la vida de miles de mujeres, niñas y niños.

El problema es complejo y dicha complejidad muchas veces no se ve reflejada en los programas gubernamentales. Aunque existen Fundaciones y Asociaciones dedicadas a atender a las niñas y mujeres que logran salir de este sistema, son insuficientes. En el libro antes mencionado Lydia, hace una afirmación abrumadora. Existen en México más colectivos y asociaciones para rescatar mascotas, que agrupaciones para rescatar a niñxs y mujeres en situación de trata. No tenemos nada en contra de lxs rescatistas de animales, las luchas por un mundo mejor son necesarias desde diferentes aristas, pero nos preocupa mirarlo desde esta perspectiva ¿Porque dejamos a niñas, niños y mujeres a la deriva? ¿Acaso vemos muy lejana está problemática?

Aquí planteamos varias preguntas, con la finalidad de generar debates en la red, debates que nos llevan a acciones como sociedad civil y en las diferentes trincheras en las que nos colocamos, como cuidadanxs.

¿Cómo atender esta problemática mundial desde el Feminismo? Si la explotación sexual infantil y la trata de personas en general se sostienen en las redes de una organización criminal que traspasa fronteras, ¿es posible articular las luchas feministas internacionales para trabajar en el rescate de lxs niñxs atrapadxs en, o susceptibles de explotación? ¿De qué maneras puede aportar la ciudadanía, pertenezcan o no a un colectivo que trabaje en contra de la explotación infantil y en la trata de niñxs y mujeres? ¿Conoces alguna organización o colectivx feminista que enfoque su trabajo a la eliminación de la explotación sexual infantil?

Desde Feminopraxis les invitamos a unirse a esta discusión para plantear sus opiniones

Bibliografía: 

Cacho, L. (2010) Las esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. México: Grijalbo.

Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus protocolos. (2004) Nueva York. Disponible en: https://www.unodc.org/pdf/cld/TOCebook-s.pdf

 

Biblioteca Feminista México

La biblioteca feminista es un proyecto virtual nacido en México y que vale la pena preservar. Su página de Facebook tiene 5.980 likes. Con un acervo de más de 640 libros, desde el año pasado anda en campaña de recolección de fondos. Por ser un proyecto autogestionado por tres activistas virtuales feministas, los tiempos, recursos físicos y económicos, a veces no son suficientes para sacar adelante un proyecto tan necesario como ambicioso. Comprar o pedir prestados libros feministas, escanear, escribir un resumen del libro o teclear la cuarta de forros, y subir de manera libre a la web, ¡es un trabajal!

Ustedes podrían decir: “Pero nadie les dijo que lo hicieran, trabajan gratis porque quieren.” Pero pensemos un rato: Los libros cada vez más dentro de la lógica de mercado se convierten en un bien de lujo, de poco acceso a ciudadanas comunes que no tenemos los recursos económicos para hacernos de libros en nuestros estantes, pero que tenemos acceso a varias alternativas mediante el mundo virtual. Muchas de nosotras nos hemos acostumbrado a descargar materiales gratuitos y leerlos desde el PDF en nuestra computadora porque nuestro deseo de conocimiento no tiene barreras. Al buscar y seleccionar información y materiales que nos empoderan en nuestros compromisos feministas, Biblioteca Feminista es una de nuestras paradas obligadas al navegar por la red.

A lo largo del mundo, muchos espacios físicos y virtuales que están informando y apoyando las causas de mujeres, son los más atacados y vulnerables ante recortes económicos, financiamientos y apoyos solidarios. Desde este espacio te invitamos a apoyar ese proyecto de autogestión donde toda la comunidad se beneficia. ¡Organízate con tu colectivo feminista y dona! ¡Haz campaña a favor de la Biblioteca Feminista!

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Solidaridad desde Feminist Library, Londres, con la Biblioteca Feminista en México.

Aquí el link para apoyar:

http://bibliotecafeminista.com/quieres-apoyarnos/#

 

W.E. el romance del siglo o una oportunidad para de-construir los mitos del amor romántico

*Eliza Tabares

Hace unos días vi una película que me dejo pensando mucho, pues creí que dicho filme tenía muchos elementos para analizar sobre perspectiva de género, los mitos del amor romántico en relaciones heterosexuales y su concretización en relaciones de pareja en donde la violencia es un común denominador.

La película se llama “W.E. el romance del siglo” (un título desafortunado para mi gusto) dirigida por la famosa cantante Madonna. Me dispuse a buscar las críticas sobre la película, con la idea de que alguien ya había analizado el filme con el lente del género, pero me encontré con que la mayoría de las críticas se centraban en lo lenta que era la película, aburrida, pretenciosa, con recomendaciones de no verla, incluso críticas con títulos del tipo “zapatero a sus zapatos” haciendo alusión a que Madonna debería dedicarse a cantar y no a dirigir películas, me percaté también de que las críticas eran escritas por hombres.

Bueno… pues mis ojos de mujer vieron otra cosa. La película cuenta dos historias paralelas, la de Wallis Simpson mujer que se casó con un hombre que casi fue Rey de Inglaterra (Eduardo VIII), quien abdicó del trono para casarse y por otro lado la historia de una mujer contemporánea, que está obsesionada con la historia de Wallis y el príncipe, por herencia de su madre y de su abuela quienes le pusieron el nombre de Wallis pues querían que encontrara un hombre que la amara tanto como para dejar un trono por ella.

Para la Wallis contemporánea, su príncipe azul era un afamado psicólogo, a ojos de la mayoría adinerado, tierno, exitoso, pero en casa un narcisista, inseguro y violento. Wallis, obsesionada con la historia del hombre que deja todo por una mujer con el único propósito de estar juntos, descubre al encontrar cartas personales de la vieja Wallis a una mujer más real, quién reclama que una sociedad no se hubiera dado cuenta de lo que ella como mujer dejaba “Todos se centran en lo que perdió él, pero nadie mira lo que yo perdí”, una mujer que no vivió el “Felices por siempre” sino que vivió el infierno del exilio, del aislamiento y la codependencia en la pareja. Wallis Simpson se cuestionaba, que tal vez su esposo solo buscó un pretexto para salir de una prisión en la que se encontraba, él no quería ser Rey y el amor fue solo un pretexto. Esa mujer se sentía aprisionada en esa relación, sofocada, infeliz. Esa es la Wallis de la que nadie había hablado, la que no figuraba en ninguna noticia o nota de periódico.

Las cartas de aquella mujer que fue juzgada por “quitar a un hombre del trono” sirven a la otra que vive violencia en su matrimonio, sirven para resignificar su propia relación, para entender que el amor como se lo habían contado, no era suficiente o que no justificaba aguantar una vida llena de violencia. Ya se ha investigado previamente la relación entre amor romántico-violencia de pareja y se señala lo siguiente:

“Quienes asumen el modelo del amor romántico y los mitos que de él se derivan tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia y permitirla, puesto que consideran que el amor (y la relación de pareja) es lo que da sentido a sus vidas y que romper la pareja, renunciar al amor es el fracaso absoluto de su vida (y no la promesa de una mejor) que como el amor todo lo puede han de ser capaces de allanar cualquier dificultad que surja en la relación y/o de cambiar a su pareja incluso si el violentador es irredento) lo que las lleva a perseverar en esa relación violenta; consideran que la violencia y el amor son compatibles ( o incluso que ciertos comportamientos violentos son una prueba de amor) lo que es empleado por víctimas y agresores para justificar los celos, el afán de posesión y/o los comportamientos de control ejercidos por su maltratador como una muestra de amor, llegando, incluso a sugerirse que el amor sin celos no es amor, y trasladando la responsabilidad del maltrato a la víctima por no ajustarse a dichos requerimientos. En definitiva, y como señalan estas mismas autoras: “un romanticismo desmedido puede convertirse en un serio peligro”  (González y Santana, 2001 citados en Bosch, 2007)

En la película hay una escena en donde el fantasma de Wallis aparece a hacer entender a la mujer que vive inmersa en esa ilusión.

Wallis Simpson se encontraba llorando pues no podía regresar a su país, habían sido exiliados tras la decisión de casarse y en un sueño la contemporánea Wallis, le dice con toda su negación disfrazada de ternura.

– “Pero se tienen el uno al otro”

La Wallis del pasado tras una bofetada contesta

–  “Este no es un cuento de hadas ¡despierta!”.

En ese momento pensé en todas las mujeres que viven violencia de pareja, a las que habría que gritar lo mismo, ¡Despierta! Gritar muy fuerte.

“No es suficiente, el amor, como lo venden las películas, como nos cuentan las abuelas, las madres, las tías, la televisión, las revistas. No es suficiente, es una ilusión”. Pero ilusiones con las que vivimos, que fundan muchas vidas y las historias de muchas parejas. Wallis entendió tras resignificar su idea del amor que no había un “felices por siempre”.

Me parece que la película ayuda a mirar gráficamente un proceso que debemos hacer muchas mujeres, mirar en retrospectiva los cuentos, las historias, los mitos que nos contaron sobre el amor y volver a contárnoslos con nuevos ojos, integrando otros elementos.

Nosotras también tenemos a “nuestras Wallis” y debemos mirar en retrospectiva lo que de ellas aprendimos del amor y reconsiderar aquellos significados que no ayuden a establecer relaciones sanas e igualitarias.

De manera que este artículo es una invitación a ver la película (la encuentran en Netflix) y me cuenten si alguien miro el contenido con ojos parecidos a los míos y también una invitación, para recontarnos historias que fundan nuestras vidas y/o nuestras relaciones de pareja.

Para terminar dejo algunos mitos del  amor romántico que habría que considerar de-construir (Ferreira, 1995, citada en Bosch, 2007):

  • Entrega total hacia la otra persona
  • Hacer de la otra persona lo único y fundamental de la existencia
  • Vivir experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento
  • Depender de la otra persona y adaptarse a ella postergando lo propio
  • Perdonar y justificar todo en nombre del amor
  • Consagrarse al bienestar de la otra persona
  • Estar todo el tiempo con la otra persona
  • Pensar que es imposible volver a amar con esa intensidad
  • Sentir que nada vale tanto como esa relación
  • Despertar ante la sola idea de que la persona amada se vaya
  • Pensar todo el tiempo en la otra persona hasta el punto de no poder trabajar, estudiar, comer, dormir o prestar atención a otras personas menos importantes
  • Vivir solo para el momento del encuentro
  • Prestar atención y vigilar cualquier señal de altibajos en el interés o el amor de la otra persona
  • Idealizar a la otra persona no aceptando que pueda tener algún defecto
  • Sentir que cualquier sacrificio es positivo si se hace por amor a otra persona
  • Tener anhelos de ayudar y apoyar a la otra persona sin esperar reciprocidad ni gratitud
  • Obtener la más completa comunicación
  • Lograr la unión más íntima y definitiva
  • Hacer todo junto a otra persona, compartirlo todo, tener los mismos gustos y apetencias

Bibliografía:

Bosch, E. (coord.) (2007). Del mito del amor romántico a la violencia contra las mujeres en la pareja. España: Universidad de Les Illes Balears.


14940143_1316688088350250_4350887893801563727_o** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como terapeuta con perspectiva de género, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA (Salud, Ontología, Movimiento y acción) avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram