Etiqueta: violencia sexual

¿Denunciar? La experiencia de Romina en CDMX

Romina realizó una denuncia el año pasado en la Ciudad de México, su objetivo en ese momento, que alguien de su familia dejara de vivir abusos sexuales. Cuando tenía 15 años había intentado hacer una denuncia que también implicaba violencia y abuso sexual hacia ella, pero como era menor y no había un adulto que la acompañara y estuviera de acuerdo en que hiciera la denuncia, nada procedió excepto canalizarla a apoyo psicológico.

Ella hoy nos cuenta un pedacito de su historia, animada por la idea de que a otras mujeres les sirva conocer algo del proceso que implica denunciar y su experiencia.

*Los temores previos

Recordemos que la denuncia de Romina implicaba señalar a alguien de su familia, esto lo hace una situación particular, porque puede haber apoyo o presión por miembros de la familia,  lo común muchas veces es la negación y minimización de los hechos violentos y por lo tanto la banalización de la denuncia.

“Yo cuando puse la denuncia, fue porque ya había una necesidad muy grande de hacerla y tal vez existió temor por mucho tiempo para poder lograrla, temor a perder en mi caso, la seguridad de casa, el respaldo de familia, oportunidades, yo estaba apenas en tercer semestre de la Universidad, entonces era plantearme si realmente quería hacerlo y lo que implicaba. Mi mamá siempre me decía “Va a ser súper complicado ¿Qué vas a hacer después? “

*Asesoría para actuar

La víctima no tiene la responsabilidad de saber cómo actuar, a pesar de que la sociedad muchas veces le responsabiliza y enjuicia  sus acciones y no  las del agresor. Por ello siempre que sea posible es bueno asesorarse, Romina acudió a una instancia de gobierno, pero también hay asociaciones civiles que pueden asesorar y acompañar. 

“Yo me acerque a una instancia de gobierno, hay muchas dudas que pasan por tu cabeza, es un mar de confusión y yo primero quería que me dijeran si ameritaba una denuncia o podía resolverse de otra forma, porque cuando las personas que están alrededor tuyo minimizan la violencia, es sencillo que tú también lo hagas como defensa. Entonces me dijeron que sí ameritaba y que además era urgente y me explicaron lo referente al proceso, porque yo no sabía a quién acercarme, dónde ponerla, ni si la tenía que escribir yo ¿Me iban a interrogar? Yo no tenía abogado y no sabía si tenía que pagarlo, ósea yo no sabía nada, así que me acompañaron, me explicaron que había dos lugares dónde hacerla y que el proceso era, presentarte primero en la delegación a denunciar.”

*Ya tome la decisión y acudí a hacerla ¿Qué me puedo esperar?

Una cosa es, cómo nos dicen los libros que se debe de atender un caso de violencia y otra muy distinta lo que sucede al denunciar en una ciudad como México, donde la revictimización y la mala praxis está a la orden del día. 

“Primero me tarde mucho tiempo, porque ahí llegan muchas personas y te van pasando por turnos y en eso de que te van pasando hay un lapso muy grande en el que puedes estar pensando si realmente quieres hacerla, si mejor te vas a tu casa porque es un fastidio, puedes perder todo el día, y vez a otras personas que llegan con casos que parecen peor que el tuyo. Pero entonces, una vez que ya te pasan,  te interroga una abogada, yo pensé que me iban a tomar mi declaración, pero no fue así, es primero ver de qué va el caso y después fue plan como de, tratar de concientizarme según del procedimiento, pero más  bien es como el tratar de asustarte para que no la pongas, me dijeron “Vas a tener muchas trabas” “te vas a tener que salir  de tu casa, tu familia no te va a apoyar” “¿Estás segura que quieres tener todo esto en contra? “Estás estudiando ¿Por qué no lo solucionas de otra manera?” “¿Por qué no mejor le dices a otra persona que la haga? ¿Segura que es así de grave? ¿Estás segura que paso esto? ¿Qué tal que viste mal? ¿Qué tal que no fue así?” Muchas cuestiones que llevaban a “Mejor no la pongas” me decían “Te vas a tardar mucho tiempo” y “Vas a estar viniendo a cada rato” “Va a ser desgastante y ahorita te van a interrogar no sé cuántas personas y además, aquí no tenemos un psicólogo que te acompañe” “¿Estás segura que te quieres aventar? Porque igual te puedes ir a tu casa y no pasa  nada, porque si la pones y resulta que no es cierto, después te pueden denunciar a ti”  ósea mucho amedrentar.

*A pesar de las trabas, ¡Quiero denunciar! ¿Qué sigue?

Es absurdo que el primer contacto con una víctima sea como el anterior. Romina cuenta que los únicos casos que no pasan por este filtro son las mujeres que llegan claramente en un estado de vulnerabilidad visible, golpeadas o sangrando en una patrulla, pero si, como en el caso de Romina, una se espera a estar emocionalmente equilibrada para realizar la denuncia, lo anterior es lo que se puede esperar. Lo que lleva a pensar que si el Estado no amedrentara estas denuncias que considera “no tan graves” seguro se podrían prevenir feminicidios y las denuncias en donde las mujeres se presentan en grave peligro. A pesar de las trabas, Romina continúo el proceso.

“En mi caso, como iba acompañada y asesorada, la persona que estaba conmigo me dijo que no hiciera caso de ese primer filtro, que me mantuviera firme. Después de eso las personas que están como abogados de oficio, generalmente si tratan de apoyarte y de darte  todas las herramientas que necesites y alentarte a continuar. Porque precisamente son como los que van a estar en tu equipo, entonces después del primer filtro, es más sencillo que las siguientes personas que te encuentres estén a favor  de que hagas la denuncia”

“Encuentras personas que están de tu lado, con quienes haces sintonía y que sabes que puedes contar, pero es desgastante, en un día puedes hacer tres o cuatro veces la misma declaración, lo que puede ser muy duro, porque hay preguntas encaminadas a “Bueno pero  y tú porque lo permitiste” ¿Por qué no hiciste algo antes? ¿Por qué hasta ahorita?  En vez de apoyarte y alentarte a decir “Bueno ya estás aquí”.

“Y bueno, el proceso sigue así, te asignan un abogado de oficio que te acompaña a hacer tu declaración  formal, porque la primera en realidad no la escriben, solamente es ver qué onda, después de eso te pasan con otra persona, a hacer como un tipo de peritaje  psicológico y es volver a hacer la declaración y ahí ya no está el abogado de oficio presente, es  para ver si realmente estás en una situación sana psicológicamente, si estás orientada, si los eventos coinciden y tu estado emocional. Y a partir de eso te pasan con otra persona para terminar la declaración,  ella ya tiene las anteriores y te dice, a ver “tú mencionas esto y esto ¿Cómo fue? ¿Dónde fue?” después de eso te llevan otra vez a la sala de espera, se demoran hasta que te llaman y tienes que ir a recoger tu declaración, te dan una copia firmada y te dicen a dónde la tienes que llevar y qué sigue, porque ahí es que apenas abriste una posibilidad de denunciar, esa sólo es tu declaración, pero  actualmente tienes que abrir una carpeta de investigación, entonces ese documento lo tienes que llevar al MP, para que ahí puedan poner en forma una denuncia y abrir una carpeta de tu caso. Después te dan otro documento que es como el oficio o acuse de tu denuncia y una cartilla con tu nombre, donde van anotando los días de tus citas para revisión de caso, también vienen los números de la subdelegación correspondiente a tu caso para que cualquier cosa te comuniques con el abogado directo y tu número de expediente, después vas con una trabajadora social, te vuelven a hacer la declaración, para tener un expediente psicológico y ver quienes más están involucrados y ya la trabajadora social junto con el MP, va a empezar a abrir la investigación  y a meter a más personas en juego, para ver si coinciden los datos, empezar a citar a las personas que dijiste etc. y hasta ahí van dos días nada más de que  hiciste una denuncia y ya cuantas veces has declarado, a eso me refiero con que puede ser muy duro, porque si el evento lo tienes muy reciente, el estarlo repitiendo, va a llegar un momento en que dices  “¡Bueno ya, déjenme de preguntar! Ya lo dije ¿Por qué no lo leen?” Después de eso, empiezan a llamarte ya en diferentes fechas y horarios y te asignan otro abogado de oficio que se queda definitivamente con tu caso y va a llevar tu carpeta de investigación.

*Trampas del sistema

Si se cansaron al leer lo anterior, imagínense la confusión y desgaste de quienes van a realizar una denuncia y derivado de ello las probabilidades de que abandonen el proceso. Como sabemos, la justicia es patriarcal y se manifiesta de muchas formas en los procedimientos judiciales, acá algunos ejemplos. 

“Una de las principales trabas después es la  del MP, que de pronto te trata como si tú fueras quien actuó mal, puede llegar a perder pruebas, omitir datos o tacharlos en declaraciones o peritajes, por lo que es importante que el abogado de oficio este constantemente encima de él o ella y también el  estar revisando el expediente constantemente”

 

“Si vas después de un evento de abuso sexual o violación, te mandan a la clínica la condesa a hacer estudios de ETS, lo que puede ser complicado y estresante, más porque también ahí llevan a los reclusos a realizarse los mismos estudios y en ese momento, puede ser amenazante la experiencia”

 

“Cuando tú vas a declarar es importante que tengas en cuenta que tienes que decir el evento más reciente y el que es más seguro que puedas comprobar que existe, en este caso había un delito sexual, pero era complicado comprobarlo porque yo no era la afectada en ese momento directamente, entonces había otros elementos de violencia intrafamiliar y se fue para allá la denuncia, para que a partir de ahí y el mismo proceso, ya se dirigiera a delito sexual, con el peritaje psicológico y todo lo que involucra la demanda”.

 “En mi caso, yo quería realizar una denuncia por violencia sexual, pero en ese momento no era yo la afectada, sino alguien cercano a mí, entonces se dice que la denuncia es por terceros, porque  un delito sexual es complicado que se haga así, ya que generalmente no hay un tercero que lo pueda denunciar. Sin embargo, aunque al principio me frustró que la demanda se fuera sólo a la violencia intrafamiliar, el hecho de haber declarado la violencia sexual es importante, porque queda un antecedente y si en algún momento la afectada quisiera hacer una denuncia sería más sencillo para ella por el antecedente que existe, aun así es complejo, porque a veces las víctimas por diferentes razones no pueden hacer la denuncia directamente”

*¿Vale la pena hacer una denuncia?

Esta es una experiencia individual, no buscamos con este artículo mostrar la denuncia como lo mejor o peor, cada caso es particular.

“Yo, por supuesto la volvería hacer, porque si es transcendente hacer una denuncia, a lo mejor en el momento yo no lo podía visualizar, porque es complicado ver los resultados que esperas, esperas una solución inmediata de parte de la ley y el proceso es tan amplio y complicado que llega un momento en que te frustras, sientes que la ley no sirve para nada, porque no llega a donde tú esperabas llegar, pero hay una diferencia porque al hacer una denuncia legal también hay una denuncia social y eso genera un impacto en tu vida. Clarificas que tienes derechos y que hay instrumentos que estás dispuesta a seguir para que realmente los respeten.” 

*¿Cuáles fueron los factores que consideras te ayudaron a continuar con el proceso?

“Tener mayor preparación académica, al menos, más estudios que a los 15 años, también me encontré con personas que no eran de mi familia, pero  que estaban ahí para apoyarme y el haberme fortalecido para regresar a hacer una denuncia después de 5 años fue muy importante y el fortalecimiento fue ir a terapia y además ver cambios en mi vida, yo no sabía si las personas a las que yo denuncie estaban teniendo cambios por la denuncia que hice, pero en mi vida si había muchos elementos que me hacían sentir diferente, ya no había culpa, temor y malestar y encontré un círculo para mujeres que hicieron denuncias sexuales, encontré que era común la culpa, el miedo, el remordimiento. Hacer una denuncia es gritar que algo paso, pero a veces al hacerlo, voltean a ver al que grita y no al que violentó. Es importante también decir, que al hacer la denuncia, una llega hasta donde la emoción y el desgaste emocional la dejan, pero sin importar a donde lleguemos  hace una diferencia, porque a lo mejor de las 15 que éramos en el círculo, una ahorita tiene a su agresor en el reclusorio, pero las otras logramos un antecedente importante y otras consecuencias para los agresores, como el pago de daños, por ejemplo.” 

*Como mensaje final Romina dice lo siguiente. 

“Hacer una denuncia es una inversión, es reconocerte como alguien que no se merece vivir violencia, te estás dando el valor que te negaron al violentarte y eso hace una diferencia, porque  te va a dar una postura ante otras personas y si alguien más se quiere pasar de listo, sabrás que estás dispuesta a seguir adelante y a hacer lo posible para que respeten tus derechos.” 

En Feminopraxis queremos decirte ¡No estás sola! Tenemos contacto con algunas asociaciones que trabajan el tema, si necesitas información contáctanos y trataremos de canalizarte o darte la información que se encuentre a nuestro alcance.


eliza** Eliza Tabares – Mexicana radicada en CDMX, psicóloga y Psicodramatista enfocada en temas de género, arte y corporalidad. Le interesa la forma en que la cotidianidad se entreteje con la teoría y los procesos individuales y grupales que se encuentran con el feminismo y que nunca son lineales ni desprovistos de contradicciones, como psicóloga feminista, considera que el trabajo con y desde el cuerpo permite poner en la mesa otras discusiones sobre el feminismo. Es directora y terapeuta en Centro de Atención Psicológica, Arte y Consultoría A.C. Co-creadora del sistema SOMA Sistema Psicocorporal avalado por la UNESCO. Síguela en  Facebook  Twitter Instagram

 

 

 

 

Todxs deberíamos de creerles

Estoy en el salón, último semestre en la Preparatoria No. 7 de la Universidad de Guadalajara. Clase de Filosofía y el tema era Kant. Suelo sentarme en la parte de atrás y en esa ocasión un amigo, que por cierto es muy inteligente, se sentó a mi lado. El maestro me hace una pregunta de las lecturas y yo respondo, me mira y dice “¿Segura que esa es tu respuesta? me parece bastante acertada para ti ¿no te ayudó tu compañero a formarla?” me descolocó el comentario y atiné a responder lo siguiente “soy capaz de emitir una respuesta así, no necesito ayuda para pensar”.
Continue reading “Todxs deberíamos de creerles”

Crónica de mi viaje a Egipto

El mes pasado tuve el privilegio de viajar a El Cairo, Egipto y quedarme en la casa de una amiga. Jimena me extendió la invitación en diciembre de ir de vacaciones con mis hijos y Alex, pero por cuestiones de dinero, fui yo sola. Al viaje su unió mi amiga Bélgica con sus hijos, que también viven en Londres. Jimena y Bélgica son hermanas y son ecuatorianas. Desde que llegué a Londres nunca había salido de viaje y mucho menos imaginé hacerlo sola. Pero este viaje también supuso estar dispuesta a escuchar y aprender; a no dar por hecho modos de vida o buscar verificar las ideas culturales que a veces se tienen de lugares del Medio Oriente, África, Asia o América Latina y el Caribe, donde es muy fácil exotizar y dar por hecho de que por visitar un país con una historia tan rica y la vez tan turísticos, el visitante o turista tiene derecho a hacer de todo.

Yo vengo de un país, México, que es admirado por su diversidad cultural y monumentos históricos, y me ha tocado ver cómo la industria del turismo en manos de extranjeros coludidos con los gobiernos en turno, ha terminado por privatizar espacios comunitarios y reservas naturales en el caribe mexicano o en las playas del norte; también me ha tocado ver como propios y ajenos hemos regateado en las artesanías y mi cultura se ha vuelto un producto de consumo. Pensar entonces en la suerte turística de mi país, fue un buen ejercicio para intentar no ir con pretensiones de superioridad a Egipto. Además que leer sobre la decolonización de los viajes en el Muchacha Fanzine dedicado a este tema , me dio la idea de co-participar en la cultura en la medida de lo posible.

La llegada

Jimena vive con su familia en El Maadi, lugar donde muchos extranjeros viven. Hay cafés, restaurantes de comida internacional, tiendas de artesanía y servicios. Un turista normal podría salir a conocer el lugar y no sentir mucho la diferencia del espacio si se viene de una ciudad, y fácilmente se podría pensar que Egipto está bien. Sin embargo, en el camino del aeropuerto de El Cairo a El Maadi, pude ver cientos de edificios para vivienda sin terminar, mezquitas por todos lados, terrenos desérticos y muchas mantas en árabe invitando a votar por Abdel Fattah el-Sisi, quien gobierna Egipto desde el 2014. También note la ausencia de mujeres por el camino y en los transportes públicos…

IMG_E5592
Algunos libros que son clásicos y contemporáneos de escritoras egipcias.

Al llegar a la casa de Jimena, la primera parada fue a tiendas de libros. Yo quería conocer autoras egipcias y saber que tipo de literatura árabe se está leyendo. Conozco los textos de la escritora feminista Nawal El Saadawi y cómo la censura a su trabajo cuando publicó Mujer punto cero, le valió el exilio para no ser condenada a muerte por denunciar los matrimonios de niñas, la mutilación genital y retando el imperialismo colonial existente en la clase política egipcia. Para mi sorpresa, me encontré con cientos de libros en árabe, algunos en inglés y novedades que adquirí. Supe que hay un premio de novela llamado como el nobel egipcio Naguib Mahfouz, y que mujeres libanesas, tunezas, egipcias, marroquís y palestinas han ganado ese reconocimiento.

Justo unos días anteriores a mi viaje, había comprado el libro Forgotten women. The

IMG_E5588
La escritora, activista y feminista egipcia Dora Shafik.

leaders de Zing Tsjeng, con el cual viajé a Egipto. Para mi sorpresa, revisando una noche el libro me encontré con la biografía de Doria Shafik (1908-1975), una escritora, editora, feminista, activista, sindicalista y concursante de belleza egipcia que encabezó huelgas de hambres para que las mujeres consiguieran el derecho al voto en Egipto, pero en 1957 cuando ella era una figura pública, el gobierno de Gamal Abdel Nasser le impuso arresto domiciliario y por 20 años Doria vivió en aislamiento, lo que le llevó a suicidarse. Hoy en día ella es considerada una de las grandes sufragistas egipcias.   

El Museo y las pirámides

Los siguientes días hicimos turismo por los lugares más emblemáticos de El Cairo. La primera parada fue subir al metro para ir a la Plaza de la revolución o Plaza Tahrir, conocida también como El-Tahrir Square, de donde puedes ir al Museo Antiguo de El Cairo, a la mezquita de Omar Makram, o a la zona de hoteles turísticos. Esta plaza es muy famosa porque fue el escenario donde miles de egipcios se unieron en enero del 2011 en protesta por casi un mes, para pedir mejores condiciones de vida en todos los sentidos y la renuncia del dictador Hosni Murabak, quien había gobernado Egipto durante casi 30 años. Esas manifestaciones que forman parte de lo que se conoce como la Primavera Árabe en Medio Oriente, provocaron muchas represiones, heridos y fue la primera vez durante casi medio siglo que las mujeres volvían a salir a la calle reclamando sus derechos…

Entramos al museo y un guía egipcio, nos ayudó a entender el Egipto antiguo. Su primer acercamiento se me hizo de lo más decolonial:

“Quiero comenzar diciendo que los antiguos egipcios no eran como Hollywood le ha hecho creer a todo el mundo. Mis ancestros fueron hombres y mujeres provenientes de lo que antiguamente se llamó Nubia. Eran personas que median entre 1.45 y 1.55 metros, eran de color negro, sin barbas, completamente lampiños y de diferentes formas corporales.”

Él comenzó a explicarnos sobre la cosmovisión religiosa de los faraones y del pueblo en tiempos de asentamiento, sobre símbolos de poder, y mucho del arte funerario, pues este museo contiene la tumba de Tukankamón, encontrada de manera intacta y que afortunadamente no fue saqueada en tiempos de ocupación imperial inglesa. El recorrido me abrió mucho la mente de la importancia de estar en el lugar de los hechos y que alguien del lugar te cuente lo que pasó, y no desde la visión de los “vencedores” o lo que dice National Geographic.

 

El siguiente día fuimos a las pirámides de Giza, donde el complejo de las cuatro pirámides construidas en momentos diversos, se encuentran en el centro de un espacio ya urbanizado. A diferencia de las pirámides de Teotihuacán, en México, las pirámides de Egipto fueron centros mortuorios y no centros religiosos. Para este viaje, una guía de turistas mujer nos apoyó. Ahora no recuerdo su nombre pero ella es egipcia, musulmana y filóloga. Nos explicó como las pirámides grandes se construyeron en tiempos de prosperidad, mientras que las pequeñas fue cuando los faraones tuvieron menos recursos. Las pirámide de Khafre estaba cubierta de granito rosado, pero como otros tesoros de la zona, fue saqueada y toda la vestidura se llevó para construir o decorar mezquitas cuando el islam se estableció en el país. Sólo quedó la cúpula con el revestimiento original. Sólo en viaje a camello o en carroza se puede ver el complejo de las cuatro pirámides.

En ese momento yo pregunté si era verdad que las pirámides se construyeron con trabajo esclavo, y ella me dio una interesante visión. Dijo: “imagínate que cuando el Nilo crecía, inundaba las casas de las orillas y la gente tenía que desplazarse subiendo un poco más hacia las pirámides. El faraón les ofrecía casa, comida y trabajo mientras el río decrecía. Crees que eso fue esclavitud?..” y yo me quedé pensando.

También fuí a la tumba de la reina Hetepheres, una tumba hermosa, donde una reina joven murió y fue enterrada junto a su abuela. Esa tumba está decorada con jeroglíficos que narran su vida cotidiana desde su niñez a su edad adulta, con pasajes muy ilustrativos y aún pintados y decorados en su forma original.
Después fuímos a la Esfinge de Giza que no está muy lejos del lugar. Ahí nos narró la historia. Según esto, un bloque grande de piedra fue llevado para construir un centro mortuorio, pero los arquitectos vieron que era de baja calidad y no lo usaron. Después un escultor pensó usar ese pedazo de piedra para esculpir una mezcla de simbolismos: la fuerza sobrenatural, representada en la cabeza del faraón, y la fuerza humana, representada en el cuerpo de león. Con el tiempo la esfinge se cubrió de arena y cuando algunos peregrinos bereberes comenzaron, con el paso de los siglos, a ver que algo estaba movimento la arena, descubrieron que la cabeza iba saliendo e hicieron muchos mitos e historias. El nombre común de la esfinge en la zona era la Cara del Terror por la forma y la falta de nariz.

Minoría religiosa

El viaje que más me impactó fue a la ciudad de Monshaat Nasser Al-Khazan, uno de los asentamientos principales de la comunidad cristiana copta en El Cairo. Copto quiere decir egipcio en el lenguaje cirílico. Se dice que esta comunidad fue una de las primeras del cristianismo antiguo y que fue el apóstol Marcos, quien llegó a predicar y evangelizar a los antiguos egipcios antes que llegara el imperio romano con su cristianismo imperial. Pero cuando el islam llegó a Egipto, se le respeto a las comunidades coptas seguir practicando sus creencias, pero se les fue marginando del desarrollo económico y político del país. Así, que mientras viajamos al lugar, pasamos por la mezquita palacio de Mohamed Ali, de donde el boxeador norteamericano tomó el nombre. Esa mezquita es un lugar bello e increíble, pero a unos kilómetros más adelante la ciudad de la basura, nos esperaba. En esa comunidad sólo cristianos coptos viven y hay dos iglesias antiguas levantadas sobre cuevas. Justamente la visita coincidió con ser domingo de ramos, y el camino estaba lleno de peregrinos que querían asistir al servicio y bendecir sus palmas.

Los habitantes del lugar recolectan la basura de toda la ciudad y la llevan a sus casas para separar y reciclar. Sin embargo, el olor, la suciedad y la falta de salubridad, me hicieron pensar en las injusticias sociales que en cada país o región se acentúan de acuerdo, o bien en términos raciales, religiosos, culturales o demás. En este caso, estuve en un país de mayoría musulmana y me toco ver mezquitas por todos lados, escuchar oraciones dirección a La Meca en todas las tiendas de artesanías y servicios; me tocó entrar a restaurantes y ver hombres orando en plena jornada laboral sin que nadie les interrumpiera, me tocó escuchar de cerca y lejos la llamada a la oración desde los minaretes de las mezquitas locales. Pero al visitar esta comunidad copta, me di cuenta que esta minoría religiosa ha sido sometida y marginada a la más extrema pobreza e invisibilización. Su única gloria es hacer memoria: ser reconocidos históricamente como uno de los primeros asentamientos del cristianismo del primer siglo y resistir frente a la conquista musulmana y evangélica misionera protestante. Dentro de esa comunidad, también hay una tienda donde mujeres coptas en cooperativa elaboran algunas artesanías y productos con materiales que reciclan.

El arte del papiro, el algodón y el shopping

Egipto es un lugar muy atractivo. No pase la oportunidad de visitar una tienda artesanal donde se nos explicó el proceso del papiro. Este crece como una vara larga con espigas. Su forma es triangular, y las espigas al ponerlas a la luz, dan la sensación de ser rayos de sol.  De ahí que los Egipcios se inspiraron en la forma del papiro para construir las pirámides, mirando al sol y adorando al sol. El proceso de hacer papiro no es difícil: se abre desenrollando la vara, y con un rodillo, haces que se aplanen tiras y después sumergimos en agua las tiras para ir cruzandolas y formas así las hojas de papiro.  

El algodón y la plata son otros de los atractivos dentro de la industria nacional artesanal. Tuve la oportunidad de comprar plata de muy buena calidad con inscripciones en árabe, sobre algunos versos del Corán, poesía suffi y símbolos egipcios que dentro de su cosmovisión son sagrados. Fue impresionante ver la cantidad de coloridos y artesanías locales que van desde tejidos en compleja caligrafía árabe hasta la resignificación de la mano de Fátima en tazas de vidrio transparente para tomar el té.

Y las mujeres?

egiptoUna de las cosas que más me marcó en este viaje fue la ausencia de mujeres. Sé que Egipto es uno de los países con un alta tasa de violaciones y acoso sexual público, casi en el mismo nivel que México. En el 2011, mientras las manifestaciones contra Muraback se realizaban en la Plaza Tahrir, Mona Eltahawy fue una de las mujeres que durante enfrentamientos callejeros entre manifestantes y las fuerzas de seguridad en El Cairo, la policía la agarró, la agredió sexualmente y la golpeó hasta que le rompieron la mano izquierda y el brazo derecho. Este caso no es aislado de otros tipos de violencia sexual, como son los matrimonios forzados de niñas con adultos, de mutilaciones genitales o violencia doméstica.

Fue en este viaje donde supe que cuando las niñas comienzan a reglar, se les pone el velo, y desde entonces ya no pueden salir de sus casas solas; tienen que ir acompañadas de sus madres, o de los hombres de su familia. También cuando les llega la menstruación las sacan de la escuela donde escasamente aprendieron a leer lo básico, a recitar oraciones y versos del corán y a hacer matemáticas básicas. La familia avisa al imán de la mezquita local que ella están en lista para casarse y se le espera a conseguir un esposo. Según esto, avisar al imán no implica que la niña o adolescente se case de manera inmediata, pero a veces en las comunidades más pobres suele suceder.

También hay que decir que Egipto, como muchos de nuestros países, vive una tremenda desigualdad social. Es muy marcada la desigualdad, pues si puedes ver mujeres manejando autos o viviendo en zonas lujosas, comprando en centros exclusivos o yendo a la estética, a la universidad, pero esto no es el común de la mayoría de las mujeres.  

Ayuda humanitaria: Mabel Morales

De entre lxs amigxs de Jimena, latinoamericanxs Nacho Rivera, ecuatoriano, y su pareja Mabel Morales, de Bolivia, hicieron de Egipto un viaje inolvidable. Al calor de comida local y pláticas, mis amigas y yo pudimos escuchar la historia de Mabel. Ella es parte de MédicosSinFronteras, capítulo Bélgica. Nos contó que entre las misiones más inolvidables de su vida fue ir a la India e Irak, y ser parte de la Primavera Árabe en Egipto. Recordó como la resistencia estuvo casi un mes en la plaza Tahrir, y ella junto a otros médicos, estuvieron atendiendo a lxs heridos que metían de emergencia en la mezquita Omar Makram.

Quienes encabezaban la resistencia eran jóvenes cansados de no ver mejoras en el país que crecieron y del cual esperaban un cambio político republicano. Cada día muchos heridos llegaban a la mezquita, y Mabel junto a su equipo tuvieron que decir a los jóvenes revolucionarios que no sacaran ninguna foto de lo que pasaba dentro de la mezquita, pues en ese momento fue un tipo santuario, donde el ejército, periodistas y demás gente, no podía entrar. Dice que el día del discurso de Murabak, anunciando su retiro del poder, la alegría y el estruendo de gritos en la plaza fue algo indescriptible, y los jóvenes revolucionarios entraron a la mezquita con banderas de Egipto llenas de sangre, de los muertos y heridos que resistieron. Pero hoy recuerda Mabel, que la situación política en Egipto a 7 años de la Primavera Árabe ha empeorado la situación de los egipcios.

Una de las cosas más fascinantes de Mabel es saber que ella cree en la revolución bolivariana y en el internacionalismo. Nos narró cómo su padre fue muy cercano al Che Guevara cuando la insurgencia guerrillera se organizaba entre mineros que fueron movidos por el estado a vivir en la selva. Su padre llegó a ser uno de los más cercanos del Che y por eso en su niñez, Mabel la pasó huyendo de un lugar a otro o sin tener por semanas enteras a su padre. Cuenta que una noche, el ejército boliviano entró a la choza donde dormían, ella siendo niña envuelto su cuerpo y rostro con una cobija, sintió una pistola en el cuello cuando oyó el grito de su madre que dijo: !No la maten! Un soldado le quitó la cobija y vio que era una niña. El ejército buscaba a su padre por guerrillero, pero no lograron dar con él, ni con el Che, mientras de madrugada él les visitaba. Y Mabel cuenta con alegría que siendo niña le tocó algunas veces al calor del fogón escuchar las historias que su padre y el Che compartían frente al fuego. Al preguntarle sí por esa causa ella decidió ser médico, se queda pensando sin contestar….

Fue una semana inolvidable en El Cairo… Mientras andaba de aquí para allá, me enteré que hubo elecciones presidenciales, pero todo parecía tan normal, sin ruido ni bulla. Ganó una vez más Abdel Fattah el-Sisi… Regrese a Londres con el deseo de encontrar más autoras árabes egipcias y ya tengo una lista. Por lo poco que vi y aprendí esa semana, que cada país tiene una historia de lucha, opresión, liberación. Qué las ciudades y sus habitantes no son estáticos. Como feminista y mujer de color, lo poco que pude ver y aprender es que todavía falta mucho por hacer y resignificar desde los feminismos alternativos. Egipto es un país bello y rico en cultura y conocimiento; no por nada una civilización madre se desarrolló ahí. Imperios viene el imperios van, pero las secuelas de generación a generación, producen desigualdades, colonización y violencias. Y aunque no pude platicar con ninguna egipcia más que con la guía de turistas, sé por el ciberespacio que mujeres a través del arte y el activismo, ya sea migrando, en la diáspora o en sus propios países, están  retando el patriarcado, el colonialismo, la ocupación, el saqueo, la violencia sexual, y el fundamentalismo religioso islámico. No soy capaz de decir qué y cómo lo deben hacer, porque el mundo árabe es para mi apenas algo que voy conociendo poco a poco, y sé que la respuesta y los cambios vienen de las propias mujeres que conocen y enfrenta su realidad cotidiana. A mi me toca ser hermana, aliada y hacer eco a las demandas que local y nacionalmente nos competen como hermanas del Sur Global. Seguro que seguiré al pendiente de lo que mujeres árabes nos aportan.

* La imagen que encabeza esta post es autoría de Basma Hamdy dentro del proyecto Walls of Freedom, donde artistas y grafiteros dejaron constancia de la Primavera Árabe en Egipto y la represión que vivieron en la plaza Tahrir, El Cairo.

¿Hasta cuándo?

Texto anónimo*

Alejandra tenía 37 años. Vivió en una relación de maltrato durante varios años de su vida, una relación con un hombre 20 años mayor que ella, que la manipuló, la maltrató psicológicamente, la ninguneó, la ultrajó, la violó, y la golpeó en reiteradas ocasiones, muchas veces dejándola casi en coma, al borde de la muerte. Alejandra estaba inmersa en una vida de sufrimiento, en una vida de miseria.

Continue reading “¿Hasta cuándo?”

Un corazón que busca congruencia #Metoo

Hace meses que no puedo escribir, pienso en diversos temas que están afuera, esos del análisis de la realidad que percibo, pero lo que me mueve ahora viene de otro lugar. Los recientes casos de acoso sexual me cimbraron y después la dichosa “libertad para importunar” me ha llenado de emociones y razonamientos que se cruzan entre en análisis teórico  y mi propia historia. Me dije que yo nunca me he asumido en mis letras como sobreviviente de abuso.

Quienes llevamos ese tipo de experiencias grabadas en el recuerdo y en el cuerpo, sabemos que nosotras pocas veces nos sentimos con esa “libertad de importunar”, de hablar de nuestra historia, de señalar a quienes fueron parte de ella y eso me anima a publicar hoy, después de una lucha interna sobre la pertinencia de mis letras, para mí, para mi familia, para mis seres cercanos. En ese lucha interna ha ganado la idea de que no quiero mirar a una sobreviviente de abuso y decir “Yo no hable” “no hables” “a todas nos ha pasado” “es normal”.

El abuso sexual que yo viví fue intrafamiliar, por mi hermano mayor. Mi hermano a su vez fue víctima de abuso (lo que no le quita su responsabilidad) lo menciono porque para mí ha sido importante ver el sistema que sostiene los actos, él aprendió desde chico que había cuerpos que tenían control sobre los otros y después replicó su aprendizaje cuando pudo.

Como adulta he observado que en mi familia hubo una red de abusos sexuales sostenidos en diversos discursos como “los trastes sucios se lavan en casa” la idea de que las mujeres bonitas “provocan”, la falta de límites para los varones que se sostiene en el rango de importancia que se les otorga en la jerarquía familiar y una nube de negación que se ha heredado por generaciones.

Quienes han vivido abuso sexual infantil saben que los daños son difíciles de cuantificar, como los recuerdos y la mente no funciona igual que la de un adulto, uno va construyendo y significando el hecho mientras crece y se desarrolla, si se trabaja el trauma se sale adelante y se resignifica el sentido de la vida y  la sexualidad, pero eso no siempre sucede o no de golpe y a veces el trauma va dejando otros desastres en el camino.

En mi caso, mantuve silencio por muchos años, recuerdo que a mis amigas les contaba la verdad a medias, era mi manera de apaciguar mi angustia. “Un tío abusa de mí” contaba porque decir que era mi hermano era muy doloroso para mí. Me pregunte algunas veces, si mi mente había inventado lo sucedido, si algo estaba mal en mí como para imaginar cosas que no habían sucedido, me sentía atormentada, me encerraba en mi closet por horas llorando. Tenía un recuerdo claro que me causaba un dolor profundo. Recuerdo haber escuchado a mi hermano decir “Que no pasaba nada con lo que me hacía, que nada podía pasar porque yo no podía embarazarme pues aún no menstruaba.”

Entonces el barniz de uñas de mi mamá se convirtió en mi menarquía, “Ya me bajó” comunique en casa, y me compraron mis primeras toallas sanitarias. Recuerdo el ardor que sentí la primera vez que mi vulva hizo contacto con el barniz rojo de mi mamá, después aprendí a poner el barniz sobre la toalla y dejarlo secar para después ponérmela sin dolor… pero el recuerdo siguió doliendo. Varias veces dije “Ya no más” y en algún momento cesaron los abusos.

A los 18 años enfrente a mi hermano, me sentía como un trapo de emociones que no podía manejar, mis relaciones amorosas eran violentas y yo me sentía sin control emocional ¡Ya no aguantaba! Cuando lo enfrenté me contó que el “había estado expuesto desde muy chico a lo mismo y se le hizo fácil” se disculpó por el daño, me dijo que me apoyaría en lo que necesitara, si quería que le dijéramos a mis papás, si quería apoyo psicológico (el nunca mencionó que él también podría necesitarlo). En ese momento para mí fue suficiente, fuimos justo ese día a contarle a mi padre y a mi madre (por separado, pues son divorciados) ambos reaccionaron de una forma que en ese momento no entendí, entre la frialdad y la extrañeza, no se negaron a la realidad, pero tampoco propusieron algún límite, consecuencia o acción ante lo que ya sabían.

Como dije, en ese momento para mí fue suficiente que mi hermano reconociera lo que hizo y que mis padres no negaran lo sucedido. Seguí mi vida con “normalidad” aunque siempre sintiendo más distancia con mi “hermano mayor” a diferencia de mi otro hermano.

Cuando me encontraba en la Universidad un nuevo hecho me volvió a cimbrar, mi hermano mayor me escribe por mensaje privado, me dice que le gustaría volver a repetir la experiencia de cuando éramos niños, me explica con palabras que supongo el considero poéticas, que quisiera repetir ese primer encuentro, incluso me dice “que nuestros novios no tendrían por qué enterarse” y que se siente excitado sólo de proponérmelo. ¡Mi mundo se cayó! Todo lo que había superado de mi vivencia infantil, la angustia volvió a mí, el llanto incontrolable. Le escribí por ese medio – que no podía creer lo que me estaba proponiendo, que había sido muy difícil para mí reponerme de nuestras vivencias de niños. Él se justificó diciéndome que debía superar “el sentirme como víctima” me dio datos de lugares en el mundo donde los hermanos se casan y no sucede nada ¡Me desmoroné! Pero ya no era una niña y llevaba un proceso de terapia en el que había trabajado el trauma anterior, así que esta vez hable con mi otro hermano, con mi madre y mi padre. Todos se mostraron sorprendidos como yo por lo sucedido y mi madre dijo que lo correría de la casa, pero eso nunca sucedió.

Hombres y mujeres significamos el abuso sexual de maneras muy diferentes, porque la socialización en este mundo patriarcal nos da lentes muy distintos para verle y lo que para mí había sido un trauma a superar, un dolor inmenso que me acompañó años y que fui sacando de a poco con años de terapia, para mí hermano era totalmente otra cosa.

Entonces toda la maquinaria patriarcal se puso en juego y sucedió lo que es común en estos casos, se minimizo el hecho, mi madre me dijo “Yo sé que tiene que ir a terapia, pero no lo puedo obligar” “Tu hermano no te hizo nada” Y yo pensaba “¡¿Tenemos que esperar a que haga algo?!” nadie más tomo postura, dejaron pasar el tiempo esperando que yo olvidara, me llamaron exagerada. Esta vez como adulta decidí poner los límites yo, me fui de casa, con una familia que me recibió como una hija y me apoyo de manera incondicional por un año, hasta que pude pagar un alquiler sin dejar la Universidad.

Estuve muy enojada por algún tiempo, sabía que irme era lo mejor para mí, mi angustia bajó, pero me molestaba todo lo que perdía al ser yo la única en tomar postura. Trabajaba por las mañanas y por las tardes iba a la escuela, deje la danza, que era mi pasión y medio de catarsis en esos tiempos, pues no me daba tiempo de estudiar y obtener dinero. Mi furia crecía al pensar que con él simplemente no había pasado nada, seguía con su vida normalmente, como hasta la fecha.

Con el tiempo construí mi vida y dejé la furia, al menos la que no me dejaba vivir y me ponía a llorar todas las noches. Tal vez debí tomar otras acciones, pero en ese tiempo no podía más que tolerar el dolor mientras intentaba seguir con mi vida, no dejar los estudios, no tirarme en la autocompasión. Me alejé de mi familia por algunos años, algunos no entendieron mi comportamiento y me juzgaron. Construí otras familias, que han sido red y soporte hasta la fecha. Un día me di cuenta que estar tan lejos de mi familia biológica también me dolía y decidí acercarme. Me había alejado no sólo de mi familia nuclear, sino de la extensa, como si fuera yo la que tuviera algo que esconder.

Me di cuenta de las contradicciones que se viven en estos casos, odiaba al cínico, al victimario, pero extrañaba a mi hermano, con quién tuve otras experiencias. Esta es una de las trampas más terribles de estos casos, los victimarios, como se sabe, no son “Monstruos” son hijos sanos del patriarcado y cuando hemos crecido con alguien que abuso, también guardamos otro tipo de experiencias que extrañamos. Esto último ha sido sin duda lo más difícil de conciliar para mí. En algún momento decidí volver a estar en las cenas navideñas y en las comidas de cumpleaños, posar en la foto familiar, recordando siempre las palabras de mi terapeuta “Ya no soy una niña” si cualquier cosa no me gusta puedo irme, puedo usar mi voz, puedo poner límites, puedo protegerme.

¿Me pregunto cuál fue el entramado de discursos en los que él se sintió respaldado en eso que llaman hoy “libertad para importunar”? Esa “libertad”por la que claman se otorga sólo a los ya privilegiados y calla a las que de por si tienen una lucha interna por no callar. #Me too no es una “cacería de brujas”, no “queremos sus cabezas” sino hacer evidente el entramado que permite sostener estos actos, discursos provenientes de mitos familiares, de años de silencio, de nuestra educación católica (escoja la institución patriarcal de su preferencia) no hace falta más que observar a las instituciones que han decidido callar o minimizar el movimiento #metoo, a los varones que han aplaudido un discurso con el que se sienten cómodos y a quienes montadas en sus privilegios descalifican y minimizan una lucha que no entienden.

No sé si después de mi escrito se me expulse de mis apellidos. Sólo sé que no quiero una historia silenciada, quiero darle voz a la niña interna y reafírmale que no tiene una historia para ser silenciada, no quiero contar cosas a medias, quiero sentirme libre y con la fuerza de escribirme, darle paz y congruencia a mi corazón. Porque si alguna vez tengo una hija, no quiero mirarla a la cara y decirle explícita o veladamente que yo calle, no quiero que herede de mí una predisposición a callar cualquier violencia. ¡Que la libertad de importunar sea para contar nuestras historias!.


** Solo Eliza Tabares Suárez

Yo sí te creo

Por Clara S. Quintana*

¿Cómo no iba a creerte? ¿Qué clase de persona sería si ignorase el despliegue de poder de la sociedad patriarcal para enredarlo todo de forma que los verdugos acaben pareciendo las víctimas? ¿Por qué iba a dudarlo? Yo, que he apretado el paso cuando volvía a casa en mitad de la noche, escapando de fantasmas de carne y hueso; yo, que he escuchado todo tipo de comentarios indeseados en un lapso de tiempo mínimo mientras esperaba a una amiga en su portal; yo, que me he cambiado de acera en una falsa sensación de seguridad, que me he escalofriado al oír testimonios de otras mujeres. Yo, que he bebido, que he divagado, que he necesitado de otros y he deseado, con fuerza, tener suerte y gente decente a mí alrededor en esos momentos. Continue reading “Yo sí te creo”

Rupi Kaur: poesía sanadora

there  is
nothing left
to worry about
the sun and her flowers are here.
-Rupi Kaur

 

En 2014, Rupi Kaur, poetisa india-canadiense nacida en 1992 e hija de migrantes indios, publicó milk and honey (leche y miel), un libro de poemas que narran el camino de la sanación del alma, la mente y el cuerpo, tras sufrir la pérdida de la inocencia a manos de una violación, amores perdidos y una cultura que enseña que las mujeres deben mantener la boca cerrada. El 3 de octubre pasado, publicó su más reciente antología: the sun and her flowers (el sol y sus flores), en donde se pueden leer, a lo largo de cinco capítulos, poemas que hablan de diferentes etapas de la vida a través del proceso de una planta, en donde marchitamos, caemos, enraizamos, crecemos y florecemos. Continue reading “Rupi Kaur: poesía sanadora”

¿Por qué soy feminista?*

Por Lucia Solis**

Creo que tenía 12 años, quizá un poco más. Iba de camino al colegio y era invierno. Solo eran 10 minutos a pie, un recorrido que hasta hoy podría hacer de memoria y con los ojos cerrados. Llevaba puesto mi uniforme plomo y chompa azul con el pelo goteando y una mochila celeste pesadísima. A veces usaba audífonos. Caminaba pensando en nada realmente. Todos los días eran iguales. Todos los días menos ese. Cuando pasé cerca de un parque, un hombre de unos 40 años que estaba del otro lado de la calle, cruzó todo el parque hasta quedar frente a mí. Traté de esquivarlo y el dio un paso al costado. No parecía ofensivo. Lo único que hizo fue desabrocharse el pantalón y mostrarme lo que tenía ahí. No fue un ataque físico pero mi inocencia acabó golpeada.

La segunda me tocó cuando tenía 13 años. Esta vez regresaba del colegio. Dejé a mi amiga en su casa, me despedí de ella y seguí caminando. Llevaba puesto mi uniforme plomo pero ya no la chompa azul. Hacía mucho calor. Iba por la vereda y tratando de no pisar las líneas –hay que distraerse un poco si vas caminando solo- cuando un taxi se plantó a mi lado. El tipo que conducía iba muy despacio, como si estuviera siguiéndome. Yo me giré hacia él, me miró y me dijo: te hago el amor. Volteé la cabeza asustada y empecé a caminar mucho más rápido. Esa voz horrible la sigo teniendo muy presente.

Ahí quedó todo. Dos eventos que jamás conté a nadie y que me guarde por mucho tiempo. Estoy segura que a cualquier niña o mujer le habrá pasado algo así a lo largo de su vida. No soy especial. Pude seguir viviendo, por supuesto, pero con algo quebrado. Desde ese momento fui consciente de la mirada de los hombres sobre mi ropa y mi cuerpo mientras caminaba, mientras estaba en el micro, siempre.

Unos años después, a mis 17 más o menos, dudé si comprar una falda que me encantaba porque me aterrorizaba que me vieran demasiado en la calle o que algún otro hombre decida gritarme cosas. Me tomo solo unos segundos darme cuenta que no podía sacrificar mi propia satisfacción a costa de lo que unos cuantos pervertidos piensen. Desde ese momento dejó de preocuparme qué tanto mostraba o cómo debía vestirme para no ser atacada.

Esto que parece una especie de manifestación del girl power a los 17 años no era para nada una liberación feminista. Ni siquiera sabía qué era el feminismo. Ok, entendía más o menos de lo que se trataba pero no lo asociaba a lo que me pasaba como persona. Sabía de mujeres que se rebelaron en contra del maltrato laboral, que gracias a aquellas marchas yo puedo votar, puedo usar jeans, pude estudiar en la universidad, etc. Lo entendía pero nada más. No era mi lucha. Para mí, el acoso callejero era un piropo incómodo, las mujeres morían porque tuvieron la mala suerte de enamorarse de un asesino, las niñas violadas eran víctimas de su condición social, el Estado no tenía nada que ver y los hombres eran hombres, qué se podía hacer.

Pero felizmente seguí creciendo. Me hice más grande, cumplí más años, leí más, viajé más y conocí más. Comencé a descubrir libros, blogs, música, mujeres que tenían algo que decir. Entendí el rol del Estado y su responsabilidad frente a los derechos resquebrajados de las mujeres, comprendí que la Iglesia nos ataca, que los hombres no son hombres y ya está, que las mujeres somos violadas, golpeadas y asesinadas porque vivimos en un mundo que se construyó para dejarnos abajo. Somos hijas del patriarcado y por eso tenemos que pelear. Entendí la lucha del feminismo, nuestra lucha, y estoy intentando hacerla cada vez más mía.  El machismo está en la televisión, en nuestra casa, en el colegio, en la prensa… está en el aire.

Estudié periodismo, trabajé escribiendo pero me desencanté por completo al darme cuenta que las prioridades del periodismo peruano fluctuaban entre quién besó a quién y cuántos kilos subió quién (e incluso aquí hay machismo). Para escapar, escribía en mi blog sobre lo que me gustaba y pasaba. Fue algo así como una terapia. Hasta que no quise escribir más.

Cuando realmente me empezó a afectar niñas violadas todos los días en el noticiero o tal vez a una chica que podría ser yo siendo arrastrada por el piso de un hotel, se me hizo más difícil escribir, no sé,  sobre el chico que me gustaba. Hasta hoy. Quiero escribir. Quiero crear contenido sobre el feminismo que comunique, que explique directa o indirectamente cómo el sistema abominable y patriarcal en el que vivimos nos afecta en todos los ámbitos de nuestra vida. Mujeres que hablen de feminismo y expresen feminismo, hombres que comprendan nuestra lucha, historias importantes. Ahí está el por qué.

*El título de esta entrada ha sido modificado a petición de su autora
**Lucia Solis (Lima, 1992) periodista y feminista peruana. Creadora de www.cuartomenstruante.com

Puedes encontrarla en Twitter como @lamenstruante y su página de Facebook Cuarto Menstruante

Aviso: El texto anterior es parte da las aportaciones de la Comunidad para la sección Sororidades de Feminopraxis. La idea es dar libre voz a lxs lectorxs en este espacio. Por lo anterior, el equipo de Feminopraxis no edita los textos recibidos y no se hace responsable del contenido-estilo-forma de los mismos.  Si tú también quieres colaborar con tus letras, haz clic aquí para obtener más detalles sobre los requisitos.

Una agenda neoliberal y neoconservadora nos acecha.

Me topé con un texto muy sugerente, The politics of the Body. Gender in a neoliberal and neoconservative age, de la socióloga y antropóloga británica Alison Phipps. Al hojearlo y ver el índice, no dude en leerlo pues los temas que desarrolla Phipps son parte del actual debate en las agendas feministas, no sólo para el “estado de la cuestión de los estudios recientes sobre feminismo occidental” (capítulos 1 y 6), sino porque examina cuatro realidades que nos son muy cercanas y urgentes de comprender con mayor profundidad: la violencia sexual y políticas de la victimización; mujeres en el islam; el trabajo sexual femenino, políticas de la maternidad (parto y lactancia, en particular).

Continue reading “Una agenda neoliberal y neoconservadora nos acecha.”