Los libros que nos han hecho feministas

Hoy es el Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor. Desde Feminopraxis no queremos dejar pasar la oportunidad de compartir con ustedes algunos de los libros que nos han marcado en nuestro andar, y compartir parte de nuestras bibliotecas personales.

Para La Fata Morgana, el feminismo, los libros y la lectura, van de la mano. Como en  toda formación ideológica o cultural, el acercamiento a la palabra escrita es básica en la construcción de nuestro pensamiento. Acercase a libros feministas, de teorías de género o simplemente a libros escritos por mujeres, ha reforzado su compromiso feminista, pero también ha servido para “sobrevivir” en un mundo machista. Sobrevivir porque, al asumirse feminista (o quizá sólo por el hecho de ser mujer) una debe, invariablemente, saber “defender” su postura frente a, generalmente, hombres que intentan invalidar las posturas del Movimiento; o frente a quienes simplemente no entienden que el Feminismo es mucho más importante para la sociedad en general de lo que sus detractorxs quieren probar. Por eso, sin libros escritos por mujeres, sin las mentes de mujeres expresando conocimiento, ideas, arte, el feminismo se queda corto en una batalla cultural. Necesitamos mujeres lectoras, y mujeres escritoras que nos recuerden que, como decía Virginia Woolf, “no hay cerrojo ni cerradura que puedan imponer a la libertad de mi mente”. Esa es la importancia de ser feministas lectoras. La Fata Morgana recomienda libros y autoras como Los Cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas de Marcela Lagarde y de los Ríos, Cuerpo: diferencia sexual y género de Marta Lamas, El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, las obras de Virginia Woolf, Elena Poniatowska, Mónica Roig y Rosario Castellanos, entre otras.

Para Lídice Villanueva los libros son vida. Es una manera de descubrir y llevar al límite la imaginación y la conciencia; una manera de acercarse al mundo que la rodea, de transformar la realidad y de encontrarse a sí misma; son el regalo más grande que le pudo hacer su padre. Antes de nacer, él ya tenía una biblioteca lista para ser explorada en el momento adecuado por una pequeña que aprendió sobre la virtud de los libros: cada uno llega cuando estás dispuestx a recibir su enseñanza. Los libros no son objetos, son personajes importantes en su vida, pues más que leer palabras que forman oraciones, siente que habla con el o la autora, que dialoga y con ello construye una nueva persona. Los libros son la casa de las revoluciones y como dice Ray Bradbury “No debes quemar libros para destruir una cultura. Sólo haz que la gente deje de leerlos.” Como defensora de la cultura y el conocimiento Lídice no permite que el leer se pierda con la excusa de que es “aburrido” o “de personas viejas.”

Eliza Tabares comparte que en cierta ocasión, una activista le dio dos consejos: “1. Enciérrate con las muertas y los muertos (se refería a lxs grandes autores) 2. Lee como desesperada, como si no hubiera mañana.” Ambos consejos los grabó en su corazón. Así que los libros le han dado miradas diferentes cuando siente que transita por un túnel, le han dado fuerza a través de las historias de grandes mujeres. “Los libros hacen inmortales a las mujeres que nos brindan sus enseñanzas, aún si no los leemos, las acciones de otras mujeres que nos influyen y que fueron a su vez, influenciadas por otras mujeres a través de sus escritos. Por eso creo que no podemos ni imaginarnos los impactos diferentes que tienen los libros en nuestra vida.” Acá algunas recomendaciones, El Club Persa de los negocios raros, poesía feminista de Carmen Saavedra, Demonios del Edén y Esclavas del poder de Lydia Cacho, Ceremonia del adiós de Simone de Beauvoir, El eterno femenino de Rosario Castellanos, Deshacer el género de Judith Butler y su lectura más reciente Manual de la buena lesbiana de Ana Francis Mor, es divertida y deliciosa.

Para Jael de La Luz, los libros fueron y serán libertad. Desde niña leyó mucho la Biblia y se sorprendía de los relatos protagonizados por mujeres que hicieron cosas grandes en un pueblo que se dijo ser elegido. Ella no cree en esos cuentos, sino en que las personas construyen su propia Historia personal y colectiva. Y así, entre la Biblia y clásicos de la literatura universal, leyó con voracidad los libros de Lecturas en la primaria. Sus días más felices los pasó en las bibliotecas de la UNAM y posteriormente ella formó su biblioteca personal. Ésta se ha dispersado por el nomadismo de su vida. Y en cada estación, vuelve a cobijarse de nuevos libros y nuevas experiencias. Ella se cansó de la teoría y textos académicos, y nunca dejo la poesía y la narrativa. Al descubrirse feminista, buscó lecturas dónde encontrar respuestas a realidades sobre la pobreza, colonialismo/decolonialidad, afrodescendencia y la espiritualidad. Así que constantemente lee biografías de mujeres, ficción y ensayos. Entre sus textos favoritos están las biografías/ensayos de Gloria Anzaldúa, Assata Shakur, Angela Davis, Rosa Luxemburgo, Emma Goldman, Roxane Gay, y novelas clásicas de Hasta no verte Jesús Mío de Elena Poniatowska y La Isla bajo el Mar de Isabel Allende. Del otro lado del charco descubrió a Chimamanda Ngozi Adichie y Zadie Smith, con quienes reflexiona dilemas identitarios.

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