Editorial (mayo)

El mes de mayo queremos reflexionar sobre los trabajos y las maternidades en contextos de vulnerabilidad y resistencia. Un gran problema que enfrentamos en México, como un síntoma global, es la precarización de la vida; es decir, no hay certezas de un futuro seguro, de escala social, bienestar en general, ni del reconocimiento y cumplimiento de los derechos humanos. Y cada vez que revisamos encuestas y proyectos locales-globales que intentan disminuir las brechas e iniquidades entre los géneros, aún son las mujeres quienes siguen siendo afectadas. 

Con la desmantelación de los servicios públicos y los estados de bienestar que traicionaron las izquierdas y sindicatos que lograron contratos colectivos de trabajo, la gran fuerza laboral que experimenta discriminación, abuso, horas no pagadas, sueldos injustos y despidos injustificados es, en su mayoría, las mujeres. La desigualdad y explotación laboral es un reflejo de la desigualdad que se vive en nuestras sociedades,  donde la distribución del trabajo se hace por roles de género basados en estereotipos. Trabajadoras de la limpieza, cuidadoras, cocineras, enfermeras y trabajos manuales miseramente pagados, son los ejemplos más claros de la feminización de la pobreza. No hay que ir muy lejos, que las maquiladoras en Ciudad Juárez, Puebla y Tlaxcala son un claro ejemplo de esa desigualdad y explotación laboral que atrajo a muchas mujeres creyendo que su calidad de vida mejoraría.

Algunas de ellas, al tener preparación universitaria, consideraron que su calidad de vida  mejoraría al ejercer su profesión. Sin embargo, al buscar trabajo y topar con la realidad, aceptan no tener un contrato regular, trabajar en empresas multiservicios, en casa como freelance o por proyectos, pero sin ningún tipo de seguridad. O bien, el exceso de trabajo hace que de la oficina a la casa, se siga trabajando con doble o triple jornada. Las oportunidades disminuyen si hay embarazo de por medio o crianza; las presiones de cumplir a tiempo provocan stress, frustración y una sensación de haber fallado.

Haber fallado… por “truncar el sueño profesional” debido a la maternidad, por haber migrado a otro lugar y comenzar de cero; haber fallado porque la gente de nuestro alrededor espera de nosotras que sigamos limpiando, cocinando, trabajando, complaciendo y criando; todo a la vez y al día. En la misma cara de la moneda, los embarazos y las maternidades adolescentes en México aumentan drásticamente sobre todo cuando niñas entre los 12 y 17 años viven con su pareja o se han casado, pasando a ser el 10% de mujeres mexicanas que se casan a edad temprana.  Esto aumenta las probabilidades de que las niñas abandonen los estudios, la casa donde crecieron, intentado cambiar su situación, logrando con ello, muchas veces lo contrario.

La precariedad de la vida entre mujeres, en su mayoría empobrecidas por este sistema social, económico, político, religioso y cultural de nuestro país es un grito que no podemos callar; sino todo lo contrario. Hacemos eco de las voces que hoy se levantan pidiendo condiciones justas y dignas de trabajo, seguridad social, libertad y derecho a decidir sobre los cuerpos porque también son nuestras demandas.

Hacemos eco a las voces de las trabajadoras que hacen paros, huelgas, escriben manifiestos y se organizan para acceder a los pocos beneficios que nos quedan y que los lugares de trabajo sean seguros; donde los roles de género sean abolidos y tengamos la oportunidad para el ocio y la rebeldía también. Hacemos eco a las mujeres que ejercen sus maternidades libres, amorosas, deseadas y que tejen redes de sororidad con otras mujeres que también han decidido, o no, ser madres. Hacemos eco a la voz de las mujeres que luchan por erradicar los matrimonios de niñas con adultos, no queremos generaciones de sonrisas apagadas ni más estadísticas de mujeres dejando la escuela, los espacios y tejidos sociales. Apoyamos a quienes han decidido también no ser madres y gestionan redes y saberes para despenalizar el aborto y/o prácticas que nos mantengan a todas seguras.

Desde Feminopraxis invitamos a resignificar y conmemorar diferente fechas como el pasado día de las madres. Miremos todas las realidades, sobre todo las más precarias, que no se trate sólo de un día para enaltecer estrategias de consumo que refuerzan estereotipos sobre las mujeres en la maternidad, que reflexionemos sobre el bienestar de las mujeres que decidieron ser madres y de aquellas que hoy viven maternidades no elegidas, ya sea porque no tuvieron acceso a la educación que les permitiera decidir o porque las leyes en sus Estados no se los permiten. Reflexionemos sobre el bienestar de las mujeres que han decidido no ser madres con o sin el permiso del Estado.

Y finalmente, que dichas reflexiones trasciendan el día festivo o la manifestación excepcional para llamar nuestra atención; porque en la cotidianidad, en el día a día que tras la rutina pasa desapercibido, todas las mujeres nos enfrentamos o estamos potencialmente expuestas a estas situaciones de desigualdad ya mencionadas y a otras más, por eso nuestro eco pide ¡Que se amplíe la discusión! ¡Que se expanda la lucha feminista! Para que los cambios que en nuestro favor logremos en la lucha diaria por una vida digna, se vuelvan cotidianos por ser una realidad para todas.

Feminopraxis 


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