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Matilde Montoya y Columba Rivera: dos mujeres pioneras en la lucha por la educación de las mujeres en México

Por La Fata Morgana*

Hoy es Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y vale la pena hablar un poco de dos mujeres pioneras en la lucha por la educación de las mujeres en México: Matilde Montoya Lafragua y Columba Rivera.

A finales del siglo XIX en México, las mujeres habían alcanzado ciertos derechos como el de la educación y el ejercicio de su profesión (Lau Jaiven & Ramos, 1993). A pesar de eso, el hecho de poder realizar legalmente ambas actividades no era un derecho reconocido por parte de la cultura machista; por el contrario, las mujeres únicamente eran bien vistas si sus estudios se encaminaban a ser educadoras o a la cultura, pero sólo si a pesar de estos estudios, sus deberes domésticos eran cubiertos de manera adecuada. Esto en defensa, claro, de la idea machista de que la mujer debía estar en el hogar porque su naturaleza la situaba ahí (Lau Jaiven & Ramos, 1993).

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Pensar con el género

Justo ayer terminé de leer el libro de Chimamanda Ngozi Adichie “Todos deberíamos ser feministas”, un libro corto y muy profundo. Al ir detallando lo difícil que puede resultar la vida al proclamarnos Feministas y cómo es que la cultura va exagerando las diferencias entre seres y, por si fuera poco, adjudicándolas al género, habla de lo complicado que es que los hombres piensen con el género, le cedo la razón.

Por eso, mientras estaba en el hospital esperando a pasar con el médico, me dediqué a escribir algunas de las cosas que para los hombres NO es pensar con el género, claro que sé que son millones, pero creo que 25 bastan para empezar a reflexionar: Seguir leyendo Pensar con el género

POMPAS IRIDISCENTES.

*Por Silvia Stella Velásquez López

La incomodidad que sentía no le dejaba escribir. La hoja, en un blanco impecable le reclamaba unas letras que no llegaban, entretanto, el cursor, esa barrita intermitente le insistía reclamándole acción.  En la esquina  inferior derecha de la pantalla, el tiempo transcurría como burlándose de su incapacidad, como si en una competencia estuvieran. Pero no se va a dejar ganar.

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Amén.

Antes de empezar quiero aclarar que el texto es mi opinión, misma que he generado con el tiempo y las experiencias que he tenido en mis 25 años. Entiendo que, como en todos los casos, siempre habrá excepciones a la norma (mis ejemplos cercanos son el Padre Solalinde y el Fray Cruz Alta), sin embargo, utilizaré la generalización para expresarme con mayor facilidad; además, estaré escribiendo dios y no Dios por el hecho de englobar a todos.

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De la intimidad a la venganza del macho

Gracias a la modernidad, que va rompiendo las brechas que se mantenían con las distancias, se han estado gestando nuevas maneras de entablar intimidad en las relaciones: el sexting -derivada de sex y texting en inglés- ha sido una de ellas que, bien utilizada, basada en la confianza y el respeto, puede ser sumamente placentera. Sin embargo, también ha tenido una cara oscura al convertirse en otra forma más de violentarnos por parte del macho ardido.

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Love, Love, Love: “Osito, estoy hot”

Por Palmira Telésforo Cruz *

En la peligrosa y controversial era del sexting, un grupo de adolescentes incitaba a una chica indecisa a mandar un sms con una leyenda aprendida en una revista de “modas” en la peluquería. Osito, ven. Estoy hot.

Usamos estas revistas en talleres de feminismo, como un método fácil y múltiplemente evidente, de señalar las exigencias que el mundo de consumo establece como patrón de identidad de las mujeres: también sucede que ni las conocemos o rechazamos por inservibles y agresivas, pero resultan relevantes como lugar de acceso a la información, de algunas de nuestras mujeres más jóvenes, sobre todo, quienes se encuentran en circunstancias de vulnerabilidad por sus condiciones de carencia económica y/o abandono familiar.

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Hombre, mujer o nada*

Por Maria Gourley**

Diversidad Sexual.

La intersexualidad propone en sí misma un debate que sobrepasa la demanda de derechos por parte de una porción de la sociedad o para un grupo específico y nos exige una nueva forma de reflexión que supere las subjetividades y se centre en preceptos legales, constitutivos y organizacionales a partir de lo estructural, para una construcción de género autónoma e independiente de la genitalidad

 

El tema de la pluralidad sexual es extenso y su reconocimiento en la era moderna se generó desde una perspectiva antropológica y feminista, y para la igualdad de derechos de la población homosexual. La sociedad postmoderna aunó a la demanda derechos para los sectores bisexual y transgénero, principalmente. Esto ha simbolizado una afrenta a la sociedad disciplinaria sin duda, ya que su estructuración se ha cimentando en dos identidades sexuales y de género que nos categorizan en un sistema compuesto por dos elementos complementarios: femenino y masculino.

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Amor propio

Por Zitlalli Carrington*

Ayer estaba viendo la televisión con mi marido, y en la historia el esposo tenía que sacrificar su vida laboral porque el trabajo de su esposa era mucho más importante. Mi marido, con un pesar, me dijo: –¿Te imaginas qué difícil hacer ese sacrificio para él? ¡Y más por la época!-. La serie está basada en los 40’s, posguerra…. Y mi cabeza solo recordó que así es, y ha sido, para la mayoría de las mujeres en toda la historia de la humanidad. Y sí, ¡¡¡¡qué difícil!!!!

Así que cuando la gente me dice que por qué tanto rollo con el tema de ser feminista, me encanta contarles que mi abuela, una mujer de un carácter súper fuerte y muy inteligente, se tuvo que escapar de casa de su padre, un médico militar, para ir a estudiar Ingeniería Química a la Ciudad de México. Fue una de las primeras mujeres en todo México en terminar una Ingeniería. Qué orgullo, ¿no? Pero ¿qué crees? Se enamoró y durante los siguientes 11 años de su vida procreó 7 hijos… y los vistió, y los alimentó… y así hasta que llegamos los nietos… y así hasta que murió. ¿Y los sueños? ¿Y la Ingeniería?

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Editorial (junio)

La violencia […] es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños.

-Margarita María Pintos

Este mes nos llevará a reflexionar sobre diversos temas que son de importancia para el quehacer y la articulación feminista a nivel global (el día mundial contra la educación sexista, a favor del nacimiento y parto respetados, así como el día del orgullo LGBTTI+). Sin embargo, existe una problemática particular que nos es de gran peso y requiere que hoy enfoquemos nuestro pensamiento en ella: la niñez en tiempos de guerras, ocupación territorial y desplazamientos; explotación laboral y precariedad de la vida.

El 4 de junio es el Día Internacional de lxs Niñxs Víctimas Inocentes de la Agresión, y el 12 de junio es el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. La primera, es una fecha asignada por la ONU como respuesta a la observación internacional que pedía un alto a actos violentos y encarcelamientos injustificados a niñxs palestinxs y libanesxs que fueron víctimas de agresión, por parte de Israel en su avanzada neocolonial. Los efectos de esas agresiones, no sólo han dejado huellas en la salud mental de lxs afectadxs directxs, sino en la ruptura del tejido social de generaciones que al hacer memoria, no dejan de nombrar los horrores de una guerra sin final.

Para lxs que nunca hemos vivido una guerra frontal, es difícil imaginar el horror de no poder dormir en tranquilidad esperando el siguiente estruendo que ponga en peligro la vida. La guerra no tiene ningún sentido excepto para la inhumanidad que provoca el capitalismo y para quienes se benefician de la venta de armas, las muertes y el conflicto político.

Volteando la mirada hacia la situación de las mujeres dentro de la guerra, encontramos las historias de niñas, madres y hermanas que han sido, o temen ser, violadas por soldados, propios y enemigos (recordemos que la violación colectiva es una más de las armas utilizadas en zonas de conflicto); que vieron morir a sus familias, a sus hijxs; mujeres que perdieron sus casas, que abrazan a niñxs que sueñan con disparos, que no pueden dormir por las noches.

Pensar estas dos fechas implica tomar una posición crítica sobre las narrativas nacionalistas, sustentadas en los pactos políticos kiriarcales y demandar su fin. Ya que quienes ganan únicamente son los señores de las guerras, y no la humanidad que sigue sangrando y clamando por justicia.

Nuestro país no está lejos de esa realidad. La Guerra Contra las Drogas, iniciada en el sexenio de Felipe Calderón ha llevado a vivir una guerra civil no declarada, donde miles de niñxs se ven expuestos a vivir agresiones por parte del crimen organizado y/o los enfrentamientos donde el ejército, los cárteles y la sociedad civil están en constante confrontación. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México, se calcula que desde el inicio de esta Guerra, han muerto por lo menos 2 mil niñxs, principalmente en los estados de Tamaulipas, Guerrero, Sinaloa, Morelos y Veracruz. Esta misma Red señala que los cárteles de droga reclutan niños que a esa temprana edad son adiestrados en el crimen organizado, mientras niñas y mujeres adolescentes son reclutadas con fines de explotación sexual.

En México poco se habla de las niñas y niños que son agredidxs por la violencia que viven a diario en estas zonas de guerra o que ven sus sueños truncados por la falta de oportunidades, en lugares donde la única actividad económica es el crimen organizado. Este contexto pone en riesgo el futuro de generaciones que no ven opciones de desarrollo personal e intelectual presente, o a futuro.

Estas situaciones tienen que cambiar, ya que ambas realidades son graves e inhumanas.

Lxs niñxs que comienzan a trabajar desde pequeñxs cumplen el rol de ayuda con el gasto familiar, y ya cargan con responsabilidades y emociones que no les corresponden, llegando a verse “obligadxs” a dejar los estudios para “seguir ayudando” y equilibrar así el ingreso; a la larga, esta acción contribuye a un círculo vicioso de empobrecimiento.

El panorama se torna negro cuando pensamos en niñxs en situación de calle, que trabajan para sobrevivir, que son explotadxs sexualmente o inducidxs a círculos de crimen y drogadicción. Pensar también en lxs niñxs jornalerxs que viven en las comunidades, rurales y urbanas, y que trabajan en la agricultura sin regulación alguna. En ambas situaciones los riesgos para su integridad física y psicológica aumentan y como resultado tenemos niñas y niños que crecen con las heridas de la desigualdad y la violencia marcadas en sus historias de vida.

Desde Feminopraxis hacemos un llamado a la reflexión y la acción locales. No podemos poner nuestra atención únicamente en guerras lejanas, atentados en países de Europa Occidental, o situaciones de pobreza en otras latitudes, y no ser capaces de visibilizar las propias tragedias. Tenemos una realidad miserable rodeándonos, por la que podemos y debemos alzar la voz. Ya que cuando decimos “La revolución será feminista o no será”, es porque creemos que las apuestas feministas no sólo apuntan a transformar las relaciones entre los sexos, desmantelando roles de género normalizadores, y reducir las brechas existentes accediendo a la plenitud de derechos, sino que también entendemos que el Feminismo no puede ser adultocentrista. Por tanto, pretendemos trabajar para cambiar este sistema global que deshumaniza desde edades tempranas, a través de la palabra escrita, la reflexión, la educación y las actividades que cada una realiza en la cotidianidad, la cual no se puede separar nunca de la reflexión política. No queremos generaciones venideras mutiladas emocional y mentalmente dispuestas a alinearse y dejar la resistencia, la disidencia y la convicción de creer que otro mundo y otras relaciones de poder son posibles.

Como feministas nos solidarizamos con niños y niñas, pero debido a que incluso en estas situaciones la mayor desventaja la llevan ellas (porque en las distintas escalas de opresión que tiene este sistema patriarcal, las niñas están por debajo de los niños), esta reflexión se concentra en las niñas y adolescentes que son explotadas por el narcotráfico y la trata de personas, las niñas en situación de pobreza extrema que anulan su derecho a soñar con una mejor vida mientras los sueños de sus hermanos tienen más oportunidades de cumplirse, en las niñas abusadas sexualmente de manera sistemática, asesinadas en una guerra que no entienden, forjada en un sistema que no las ve. En ellas nos concentramos y a ellas les debemos ¡nuestros gritos, nuestra lucha, nuestra sororidad y nuestros esfuerzos presentes y venideros!

-Feminopraxis

¿Podré hacer lo que me proponga?

¿Podré? Es una pregunta que me hago frecuentemente, en esos momentos que son íntimos y que con pocas personas me siento libre de compartir. ¿Podré estudiar la universidad?, ¿Podré hacer la tesis?, ¿Podré conseguir trabajo?, ¿Podré vivir con mi pareja? o ¿Podré ser una mujer trabajadora, activista, ama de casa y terapeuta? Al final de cuentas en cualquier etapa nueva a la que me meta está la pregunta ¿podré con esto? y eso muestra un poco, o bastante, inseguridad de mi persona pero a veces me pregunto si esta inseguridad brota de mí o es consecuencia de un adiestramiento social.

Si enjuiciarnos se trata somos les primeres en ejercerlos sobre nosotres mismes y más cuando de una u otra manera vemos en el acto y en la teoría que no se da el ancho en los parámetros sociales. ¿Cómo, tú tan feminista y cayendo en eso? ¡pues claro! ojalá hubiese nacido feminista para no sentir, pensar y actuar así en ocasiones pero no es el caso, nací en un sistema patriarcal-capitalista y machista que me ha enseñado que como mujer TENGO QUE y una de esas cosas que tengo que ser es multitareas, buena para aquello a lo que me dedique, buena ama de casa, buena esposa/pareja, buena madre, tener buen físico… ¿ya se entiende, no? pero cuesta deshacerse de esos estándares tan inalcanzables para las simples mortales.tumblr_mxecb5gI1j1sq4dkno1_500

Es difícil deconstruirse, es complicado replantearse quién y cómo quiero ser, pero si algo he aprendido este año es que soy capaz, aunque no me la crea en ocasiones (volvemos a lo mismo de antes, it’s a trap!). Saberme imperfecta es una de las llaves para llevar la vida a mi paso aún cuando el patriarcado y todo sus colegas quieran apresurar cosas que yo no quiero en mi vida o no las deseo en este momento.

Sin embargo, el que piense así y poco a poco lo lleve a la acción es parte de ciertos privilegios de los cuales soy consciente que tengo. Soy una mujer de 25 años, licenciada en una carrera que elegí por mi propio interés, heterosexual, blanca, clase media, capaz de vivir independiente de su padre/madre, con una pareja que la apoya y una red pequeña y sólida con la que también siento y vivo el apoyo. Por tanto me resulta fácil plantearme estas situaciones que en otro contexto no serían así de profundas o ni siquiera existirían.

La cuestión aquí es que si tienes la oportunidad de cuestionarte ¿quién quieres ser como mujer? o ¿cómo es tu manera de ser mujer? es magnífico, pero no por eso tendrías que imponer esa construcción a otras o juzgar a quienes no han tenido ni la oportunidad ni el tiempo, creo que al final cuando nos deconstruimos el ejemplo que demos al exterior será nuestra mejor carta contra el patriarcado y, de una u otra manera, ser sororales nos permitirá acompañar a la mujer que tenemos al lado en su tiempo y en su proceso de pensarse, sentirse y cambiarse.

 

 

Lídice Villanueva – Tapatía de 24 años. Psicóloga feminista buscando aprender y Foto del día 02-08-15 a las 13.32 #3compartir cosas nuevas. Adora leer y ver series o películas. Gusta del arte de la pintura y escritura, tanto practicarlo como apreciarlo. Pierde la cabeza por los perros y los búhos. Adicta a los tatuajes, a lo esotérico y lo oculto. Feminista, bruja e incómoda para machistas. Instagram Facebook Twitter